125.000 millones, 3.100 en venture capital y una pregunta incómoda: ¿sabe España escalar lo que crea?
El ecosistema tecnológico español ha multiplicado por 2,3 su valor desde 2020, genera una startup de IA por cada cinco que se fundan y ha producido 40 compañías que superan los 100 millones de dólares en ingresos o los 1.000 millones en valoración. La OCDE lo considera uno de los ecosistemas europeos más dinámicos, aunque todavía inmaduro en puntos clave. Dealroom lo documenta. Y sin embargo, la brecha que separa a España de los ecosistemas que realmente escalan sigue abierta.
Hay una forma fácil de contar esta historia. Se puede decir que el ecosistema tecnológico español vale ya 125.000 millones de euros, que ha multiplicado por 2,3 su tamaño desde 2020, que en 2025 las startups españolas captaron 3.100 millones de euros en venture capital -tercer mejor año de la historia-, que la inteligencia artificial es el nuevo motor de todo y que España es el octavo ecosistema de Europa y el segundo que más crece. Todo eso es verdad. Todo eso está documentado por el Spain Tech Ecosystem Report 2026 de Dealroom y por el Entrepreneurial Ecosystem Diagnostics de la OCDE, dos de las referencias más completas publicadas este año sobre la materia. Y todo eso ya lo han contado decenas de medios.
Pero hay otra forma de contar esta historia. Una que no se queda en las cifras de cabecera sino que mira lo que hay debajo. Y lo que hay debajo es un ecosistema que ha ganado el derecho a ser tomado en serio, pero que todavía no ha resuelto las tensiones que separan a un sistema prometedor de uno verdaderamente competitivo a escala global. España crea startups como nunca. La pregunta incómoda es si sabe escalar lo que crea.
Los números que lo cambian todo (y los que no)
Empecemos por lo que sí ha cambiado, porque es mucho y es real. En cinco años, el valor agregado del ecosistema tecnológico español ha pasado de unos 54.000 millones a 125.000 millones de euros. Eso convierte a España en el octavo ecosistema de Europa y en el segundo que más ha crecido en el continente desde 2020, solo por detrás de Bélgica. El país cuenta ya con más de 3.300 startups respaldadas por venture capital, 257 compañías en fase breakout, 48 scaleups que superan los 100 millones de euros en financiación acumulada y 40 compañías que han alcanzado los 100 millones de dólares en ingresos o los 1.000 millones de dólares en valoración.
Los 3.100 millones de euros en VC captados en 2025 son el tercer mejor registro histórico, después de los 4.400 millones de 2021 y los 3.600 de 2022. Las rondas más grandes del año lo ilustran bien: Multiverse Computing (189 millones, Serie B), Perk (antigua TravelPerk, 182 millones, Serie E) y Auro Travel (180 millones). Las etapas early y breakout registraron algunos de sus mejores años históricos. El capital doméstico representó el 55% de la inversión total en 2025, lo que convierte a España en el cuarto mercado europeo en inversión nacional en fases tempranas. Y el número de exits -44 operaciones, incluyendo las adquisiciones de vLex, Wallapop y Onum- fue el tercero más alto de la historia.
Casi la mitad del valor del ecosistema lo generan compañías fundadas en la última década. Más de la mitad corresponde a empresas privadas. Eso significa que hay valor latente, compañías que aún no han salido a bolsa ni han sido adquiridas y que tienen recorrido de crecimiento por delante. La base es ancha y está creciendo.
Y ahora, lo que no ha cambiado tanto. El late stage -las rondas y megarrondas que permiten financiar expansión global- alcanzó los 783 millones de euros en 2025. Es una mejora respecto a 2023 y 2024, pero sigue muy lejos de los máximos de 2021-2022 y, sobre todo, sigue representando una proporción del total sensiblemente inferior a la de los principales ecosistemas europeos. España sabe crear startups. Las financia bien en fases tempranas. Pero cuando llega el momento de escalar de verdad -el momento en que una startup necesita capital de crecimiento para competir globalmente-, el ecosistema se estrecha.
Es la brecha que define al ecosistema español en 2026. Y es la brecha que necesita cerrarse para que las cifras de cabecera no sean solo un retrato de crecimiento, sino de competitividad real.
Radiografía de un ecosistema que ha multiplicado por 2,3 su valor en cinco años y que busca resolver su asignatura pendiente: el salto de escala
Valor agregado del ecosistema tecnológico español en 2026. Octavo de Europa y segundo que más crece.
× 2,3 desde 2020La inteligencia artificial como motor y como espejo
Si hay un sector que resume las luces y las sombras del ecosistema español es la inteligencia artificial. Casi una de cada cinco startups fundadas en España desde 2021 opera en el ámbito de la IA. Desde 2020, las compañías españolas de IA han captado 3.300 millones de euros en financiación, lo que sitúa al país en el sexto puesto europeo por volumen de inversión en el sector y en el cuarto por número de rondas. El crecimiento ha sido de 3,7 veces entre 2020 y 2025, el tercero más rápido de Europa. El peso de la IA dentro del ecosistema ha pasado del 7% al 12% del valor total en cinco años, y representa ya el 19% de toda la inversión venture capital captada desde 2020.
Madrid y Barcelona figuran entre los diez principales hubs europeos de talento investigador en IA. Y empresas como Multiverse Computing -con su ronda de 189 millones y una valoración que negocia superar los 1.500 millones-, Clarity AI, Sherpa.ai o LuzIA están demostrando que el talento español en IA puede competir a escala global.
Pero la IA es también un espejo que refleja las limitaciones del ecosistema. Aunque la creación de startups de IA se ha disparado, las rondas grandes siguen siendo menos frecuentes que en los ecosistemas líderes y dependen en buena medida de la capacidad de atraer capital internacional. Y la capacidad de retener a las compañías de IA más exitosas en España -es decir, de evitar que su crecimiento las lleve a mover su sede o su centro de decisiones a Londres, Nueva York o San Francisco- es una pregunta que todavía no tiene respuesta clara.
El efecto multiplicador: cuando los unicornios producen más unicornios
Uno de los indicadores más reveladores de la madurez de un ecosistema no es cuánto dinero capta, sino cuánto talento recicla. Y aquí España está viviendo un fenómeno que los ecosistemas más avanzados del mundo ya conocen: el efecto multiplicador.
Los exempleados de los primeros unicornios y scaleups españoles -Glovo, Cabify, Job&Talent, Factorial, Typeform- están fundando la siguiente generación de startups. No son emprendedores novatos: son profesionales que han vivido desde dentro el escalado de una empresa de alto crecimiento, que entienden cómo funciona la financiación internacional, que tienen redes de contactos globales y que cometen menos errores que sus predecesores.
Los casos documentados son elocuentes. De Cabify han salido más de 80 exempleados que han fundado casi 90 compañías nuevas, según datos de Endeavor. De Glovo, más de un centenar de profesionales han dado el salto para fundar o incorporarse a startups propias, además de invertir en decenas de organizaciones. De Job&Talent han nacido más de 50 empresas fundadas por antiguos empleados, incluyendo TaxDown y LuzIA. Los fundadores de Factorial crearon Itnig Capital, un fondo que ha invertido y mentorizado a más de 20 startups emergentes.
Es exactamente el ciclo que vivieron Silicon Valley en los 90, Londres en los 2000 y Berlín en los 2010. Los fundadores exitosos se convierten en inversores ángeles, mentores y referentes. Sus empleados absorben know-how de escalado y lo aplican a sus propios proyectos. El ecosistema se alimenta de su propio éxito. Y lo más importante: los fundadores de segunda generación aprenden de los errores de los primeros y avanzan más rápido.
España acaba de entrar en esa fase. Es probablemente la señal más potente de que el ecosistema ha dejado de ser una colección de startups aisladas para convertirse en un sistema que se retroalimenta.
Los unicornios españoles están produciendo la siguiente generación de startups
Los exempleados de las primeras scaleups se convierten en fundadores, inversores y mentores. El ecosistema se alimenta de su propio éxito.
Es el mismo ciclo que vivieron Silicon Valley en los 90, Londres en los 2000 y Berlín en los 2010. Los fundadores exitosos se convierten en inversores, mentores y referentes. Sus empleados absorben know-how de escalado y lo aplican a sus propios proyectos. El ecosistema se alimenta de su propio éxito.
La universidad española por fin produce empresa
Hay otro dato del informe Dealroom que merece atención y que ha pasado relativamente desapercibido: España suma ya más de 360 spinouts respaldadas por venture capital, con un valor combinado de 10.500 millones de dólares -cuatro veces más que en 2019- y un récord histórico de más de 500 millones de dólares captados solo en 2025.
La Universidad Politécnica de Madrid, la Universitat Politècnica de Catalunya, la Universidad del País Vasco, la Universidad de Barcelona, el CSIC, el Barcelona Institute of Science and Technology e ICREA figuran entre las instituciones más activas en generación de empresa desde la investigación. La novedad no es que las universidades y centros de investigación españoles investiguen bien -eso ya se sabía-. La novedad es que, por primera vez, están generando empresa a un ritmo comparable al de sus equivalentes europeas.
Es un cambio estructural. Durante décadas, la transferencia tecnológica fue el gran agujero negro de la I+D española: mucha investigación de calidad que se publicaba, se citaba y se quedaba en el paper. Que las spinouts hayan cuadruplicado su valor en cinco años indica que algo se ha movido en la relación entre laboratorio y mercado. No lo suficiente, probablemente. Pero lo suficiente como para que el dato aparezca en un informe internacional como un activo, no como una carencia.
Defense tech: la categoría que nadie esperaba
Si la IA es el motor reconocido del ecosistema, hay una categoría emergente que está creciendo en silencio y que tiene implicaciones estratégicas que van mucho más allá del venture capital: la tecnología de defensa y uso dual.
El sector captó 219 millones de euros en 2025, más del doble de los 93 millones de 2024. España ya ocupa la séptima posición en Europa por inversión VC en tecnología de defensa. Y lo que es más significativo: ese crecimiento está anclado en rondas de fases avanzadas, no en experimentación temprana. Compañías como Sateliot, LuxQuanta, FOSSA Systems o XRF han dejado de ser proyectos prometedores para convertirse en actores establecidos de un sector que solo va a crecer en importancia estratégica en el contexto europeo actual.
La confluencia entre la inversión europea en rearme, la demanda de autonomía tecnológica y la existencia de un tejido industrial español con capacidades reales en defensa, aeroespacial y ciberseguridad convierte a esta categoría en una de las más interesantes del ecosistema a medio plazo. Y probablemente en una de las que más capital va a atraer en los próximos tres años.
Los tres cuellos de botella que la OCDE pone nombre
El informe de la OCDE, publicado en marzo de 2026, es el primero que aplica al caso español su nuevo marco de diagnóstico de ecosistemas emprendedores. Sus conclusiones son positivas —sitúa a España como uno de los ecosistemas más dinámicos de Europa, aunque todavía inmaduro en áreas clave—, e identifica con precisión tres cuellos de botella que limitan el siguiente salto de escala.
El primero es el acceso al capital en fases avanzadas. La inversión en etapas tempranas está bien cubierta, con Enisa como actor público clave -casi 7.850 empresas financiadas históricamente y más de 2.100 startups certificadas-. Pero cuando una startup necesita capital de crecimiento para escalar globalmente, el ecosistema español se queda corto. La brecha del late stage no es solo un dato de Dealroom: es un diagnóstico de la OCDE.
El segundo es la aversión cultural al riesgo. España ha mejorado en este frente -la Ley de Startups de 2022 fue un hito-, pero la percepción social del fracaso empresarial sigue siendo más punitiva que en ecosistemas anglosajones o nórdicos. El emprendimiento como opción profesional ha ganado respetabilidad, pero todavía no es la primera opción para la mayoría del talento técnico que sale de las universidades.
El tercero es el déficit de perfiles tecnológicos especializados. Ingenieros de machine learning, científicos de datos, especialistas en ciberseguridad, desarrolladores de software de alta complejidad: los perfiles que las startups más avanzadas necesitan para escalar son exactamente los perfiles más difíciles de encontrar en el mercado laboral español. La base universitaria es buena, pero la demanda está creciendo mucho más rápido que la oferta.
Tres cuellos de botella que, si se resuelven, pueden convertir al ecosistema español en un competidor real a escala europea. Y si no se resuelven, pueden mantenerlo exactamente donde está: creciendo rápido en la base, pero sin capacidad para producir los gigantes tecnológicos que otros ecosistemas sí generan.
La geografía del capital: Madrid, Barcelona y todo lo demás
Madrid y Barcelona concentraron en 2025 más de dos tercios de toda la inversión venture capital captada en España. Madrid alcanzó los 1.200 millones de euros y un valor de ecosistema de 48.100 millones. Barcelona captó 1.100 millones y acumula un valor de 51.800 millones. Son los dos grandes polos, y previsiblemente lo seguirán siendo.
Pero el informe Dealroom identifica un fenómeno que, para un medio como Conecta, es especialmente relevante: el crecimiento de hubs emergentes fuera del eje Madrid-Barcelona. Valencia cerró 2025 con 229 millones captados, según Dealroom, y supera las 1.689 startups activas según el Observatorio de Startup Valencia. San Sebastián y Bilbao consolidan su posición como polos de deep tech e IA cuántica. Y en otras comunidades autónomas -Galicia, Cantabria, Castilla y León, Asturias, Andalucía- están emergiendo ecosistemas más pequeños pero con especialización sectorial propia: biotecnología, energía, industria 4.0, agrotech.
Esa descentralización incipiente es quizás la tendencia más interesante a medio plazo. Los ecosistemas que funcionan no son los que concentran todo el capital en una ciudad, sino los que generan polos especializados complementarios. Israel tiene Tel Aviv pero también Haifa y Beersheba. Alemania tiene Berlín pero también Múnich, Hamburgo y Stuttgart. Francia tiene París pero también Lyon, Toulouse y Grenoble. España está empezando a construir ese mapa multicéntrico. Y la velocidad a la que lo haga determinará en buena medida si el ecosistema se queda en 125.000 millones o da el salto al siguiente nivel.
Dónde se concentra la inversión startup en España y en qué se especializa cada hub
Madrid y Barcelona absorben más de dos tercios del venture capital. Pero fuera de ese eje, algo se está moviendo.
Los ecosistemas que funcionan no concentran todo el capital en una ciudad. Generan polos especializados complementarios. Israel tiene Tel Aviv pero también Haifa. Alemania tiene Berlín pero también Múnich. España está empezando a construir ese mapa multicéntrico.