Sin aditivos - Opinión a fuego lento
Cuando tenía 18 años quise estudiar cocina. No pudo ser, por motivos que tampoco vienen al caso, pero algo de ese sueño frustrado se quedó por ahí rondando. Crecí ayudando a mi madre en la cocina, viendo documentales de cocineros, leyendo libros de recetas con la misma atención con la que otros veían la televisión.
Con el tiempo llegué a una conclusión que sigo defendiendo: puedes conocer más a una persona por lo que cocina -y por cómo lo cocina- que por casi cualquier otra cosa que haga en su vida. El que se tira tres horas preparando un plato que se come en diez minutos tiene una forma de estar en el mundo. El que resuelve la comida en cinco minutos porque hay cosas más importantes tiene otra. Ninguna es mejor ni peor. Pero son distintas. Y esa diferencia creo que dice mucho.
Anthony Bourdain me lo confirmó. No como chef -aunque lo era, y de los buenos- sino casi como un filósofo moderno, como sociólogo, como alguien que usaba la cocina para leer culturas, sociedades y personas. Su libro Confesiones de un Chef me enseñó que la cocina es, sobre todo, una cuestión de honestidad. De saber distinguir el ingrediente real del sucedáneo bien presentado. De no dejarse engañar por el emplatado cuando el fondo no tiene sustancia.
Eso es lo que quiero hacer en Sin aditivos.
Llevo siete años dirigiendo Conecta. Y hay algo que me parece importante decirte desde el principio: yo no soy periodista. No estudié periodismo, no vengo del oficio y no tengo ese carnet. Lo que tengo es curiosidad, muchas ganas de entender cómo funcionan las cosas, y la costumbre de hacerme preguntas cuando algo no me cuadra. En estos años he tenido la oportunidad y la suerte de haber hablando con cientos de empresas, investigadores, inversores e instituciones, leyendo más de lo que debería y equivocándome las veces necesarias.
No lo digo como excusa. Lo digo porque creo que a veces la mirada de alguien que no viene del oficio ve cosas que el oficio ya da por sentadas. Y porque me parece más honesto contártelo que esconderlo.
Sin aditivos es mi espacio para hacer exactamente eso. Coger un informe, una estrategia, una noticia o un dato, y leerlo sin el filtro del comunicado oficial. A veces para cuestionar lo que parece obvio. A veces para reivindicar lo que nadie está mirando. Siempre con datos, con contexto y con rigor, pero con mi criterio. No el de Conecta como entidad. El mío.
Antes de seguir, quiero ser transparente contigo en tres cosas.
Una: esto es opinión. Intentaré que sea fundada, documentada, pero opinión. Me puedo equivocar. Si te parece que me equivoco, me lo dices.
Dos: no lo sé todo. Llevo siete años en esto y sigo aprendiendo cada semana. Cuando no sepa algo, lo diré. Cuando tenga dudas, las nombraré. No voy a fingir una seguridad que no tengo.
Tres: para escribir esto uso a nuestra querida ¿amiga? la inteligencia artificial. Claude, ChatGPT, lo que tenga a mano. Las uso para investigar, contrastar datos y encontrar contexto que de otra manera me llevaría días. No me escondo. La IA no opina por mí (del mismo modo que Google no escribía por los periodistas que lo usaban para buscar fuentes).
Es una herramienta. El criterio, el ángulo, la incomodidad (si es que la hay) cuando algo no cuadra… eso sigue siendo mío. Lo digo porque en un medio que cubre innovación sería bastante contradictorio esconder que usamos las herramientas que existen.
Como decía, cada tribuna de Sin aditivos parte de algo concreto -un documento, una cifra, una noticia- y lo trata de desarmar o lo reivindicar desde dentro. Con el lenguaje de la cocina como hilo conductor, porque me parece la metáfora más honesta que tengo: al final, de lo que hablamos siempre es de ingredientes reales, de recetas que funcionan o no, y de distinguir lo que está bien cocinado de lo que es pura presentación.
Bienvenido a mi cocina.
💡 Sin aditivos se publica cuando hay algo que merece ser dicho más allá del titular.