BIOTECNOLOGÍA ASTURIAS

Asturias busca una estrategia común para impulsar un sector biotecnológico que gana peso dentro de la economía regional

Jornada ‘El futuro de las ciencias de la vida en Asturias: retos, oportunidades y estrategia’, organizada por BioAsturias y celebrada ayer en el AS5-HUB / Fotos de Cristina Losada
BioAsturias inicia la elaboración de su hoja de ruta para el periodo 2027-2030 con la participación de empresas, centros tecnológicos, hospitales, Universidad y administración.

Hablar de biotecnología en Asturias ya no significa hablar de futuro, pues detrás del sector existe una realidad cada vez más visible formada por empresas, investigadores, centros tecnológicos, hospitales e infraestructuras científicas que llevan años construyendo capacidades en torno a las ciencias de la vida. La cuestión ahora es cómo aprovechar mejor todo ese conocimiento para impulsar nuevos proyectos, atraer inversión, generar actividad económica y reforzar el posicionamiento de la región en uno de los ámbitos con mayor proyección internacional.

Ese fue el punto de partida de la jornada ‘El futuro de las ciencias de la vida en Asturias: retos, oportunidades y estrategia’, organizada por BioAsturias y celebrada ayer en el AS5-HUB. El encuentro supuso el primer paso para la elaboración del Plan Estratégico del Sector Biotecnológico de Asturias 2027-2030 y reunió a representantes de empresas, asociaciones, centros tecnológicos, instituciones científicas y administraciones públicas con un objetivo claro: analizar dónde se encuentra actualmente el sector y definir cómo quiere evolucionar durante los próximos años. 

La asociación quiere que el futuro plan nazca desde el propio sector. Así lo explicó Pablo Fanjul -presidente de BioAsturias- durante la apertura de la jornada, donde insistió en la necesidad de construir una hoja de ruta participativa capaz de recoger las diferentes sensibilidades y necesidades del ecosistema. “Creemos que este proceso tiene que ser lo más participativo posible. Lo hemos de construir de abajo hacia arriba; cuantas más entidades aporten su punto de vista, construiremos un mejor plan”, señaló.

El objetivo es que durante los próximos meses empresas, Universidad, CSIC, FINBA, centros tecnológicos, hospitales y otros agentes vinculados a las ciencias de la vida contribuyan a identificar prioridades, oportunidades y retos para los siguientes tres años. Una idea que reforzó posteriormente Mateo Tuñón, gerente de la entidad organizadora, quien aseguró que la intención va mucho más allá de redactar un documento estratégico. “No venimos a hacer un papel mojado, sino a definir una estrategia real”, afirmó.

Para ello, explicó, resulta fundamental conocer experiencias de otros territorios que han logrado consolidar ecosistemas sólidos a partir de la colaboración continuada entre ciencia, empresa e instituciones, como la Comunidad Valenciana a través de Bioval.

Durante el encuentro también intervino David González, director de la Agencia Sekuens, quien destacó el papel que pueden desempeñar las nuevas infraestructuras científicas y tecnológicas que se están desarrollando en Asturias.

La importancia de conectar el ecosistema

La principal ponencia de la jornada corrió a cargo de Jesús Agüero, gerente de Bioval, el clúster biotecnológico de la Comunidad Valenciana, que este año celebra dos décadas de trayectoria.

Lejos de centrarse únicamente en cifras o resultados empresariales, Agüero puso el foco en uno de los aspectos que más se repitió: la necesidad de conectar capacidades. “Lo que va a hacer competitivo un ecosistema bio van a ser todas esas patas que lo van a conformar”, explicó en referencia a empresas, centros de conocimiento, talento, administración, financiación, mercado y entornos de validación.

Según defendió, disponer de buenos investigadores, empresas innovadoras o infraestructuras avanzadas resulta imprescindible, pero no suficiente. El verdadero salto se produce cuando todos esos elementos empiezan a colaborar de forma coordinada.

En este sentido, destacó el papel que pueden desempeñar entidades como los clústeres sectoriales, concebidos como “herramientas capaces de generar conexiones, facilitar proyectos colaborativos y actuar como punto de encuentro entre agentes” que, en muchas ocasiones, trabajan en ámbitos muy próximos sin llegar a conocerse.

Entre las funciones de los clústeres se encuentran las de “conectar, impulsar proyectos, atraer recursos, dar visibilidad al sector y anticipar tendencias”.

La experiencia de la Comunidad Valenciana sirvió como ejemplo de cómo una apuesta sostenida en el tiempo puede contribuir a consolidar un sector con mayor masa crítica.

Según los datos compartidos durante la jornada, actualmente existen 317 empresas activas relacionadas con la biotecnología y las ciencias de la vida en la región, de las cuales 135 pueden considerarse compañías biotecnológicas puras. Además, el sector representa ya una actividad económica significativa y se apoya en una red formada por empresas, centros tecnológicos, universidades, hospitales y entidades especializadas.

Agüero explicó que una de las características del ecosistema valenciano ha sido “la creación de espacios específicos para favorecer la colaboración y la innovación”. Entre ellos destacó el Parque Tecnológico de Paterna, el Parc Científic de la Universitat de València, el entorno innovador vinculado a la Universitat Politècnica de València y el BioHub Valencia, concebido como punto de encuentro para empresas, emprendedores e iniciativas relacionadas con las ciencias de la vida.

Otro de los elementos diferenciales ha sido la creación de ‘Innoagents’, la red de agentes de innovación impulsada por la Generalitat Valenciana; una iniciativa que reúne a profesionales especializados en transferencia tecnológica e innovación con el objetivo de generar nuevas oportunidades de colaboración: “Es una red que junta agentes de universidades, centros tecnológicos y asociaciones empresariales para empujar todos hacia un mismo punto”, explicó.

De las capacidades a los casos de éxito

La intervención permitió también conocer algunos ejemplos concretos surgidos dentro del ecosistema valenciano. Casos que muestran cómo la combinación de conocimiento científico, financiación, colaboración y visión estratégica puede traducirse en proyectos empresariales de alcance internacional.

Entre ellos mencionó compañías como Bionanopharma, nacida como una spin-off científica y convertida posteriormente en una empresa farmacéutica con presencia global; Health in Code, especializada en diagnóstico genético; Igenomix, referente internacional en medicina reproductiva con actividad en numerosos países; o la multinacional Edwards Lifesciences, que eligió Valencia para desarrollar parte de su actividad mediante una inversión superior a los 300 millones de euros.

También destacó el papel de firmas como Columbus Venture Partners, con más de 400 millones de euros bajo gestión, como ejemplo de la importancia que tiene la existencia de capital especializado para acelerar el crecimiento de las empresas biotecnológicas.

Tras las ponencias, la jornada dio paso a una dinámica participativa organizada en diferentes mesas temáticas vinculadas a ámbitos como la biomedicina, la bioeconomía, la alimentación, la salud o la biotecnología aplicada.

Los participantes compartieron su visión sobre la situación actual del sector, las oportunidades de crecimiento, las tecnologías emergentes con mayor potencial, los desafíos que afrontan las empresas y las posibles vías para reforzar la cooperación entre organizaciones.

Más que buscar respuestas definitivas, el objetivo era recoger perspectivas diversas que permitan construir un diagnóstico compartido sobre el momento que atraviesan las ciencias de la vida en Asturias y así elaborar ese plan estratégico con el que BioAsturias pretende reforzar la colaboración entre los distintos agentes del ecosistema y contribuir a acelerar el desarrollo de un sector que cada vez tiene una mayor presencia dentro del tejido innovador regional.