Cuatro trayectorias que muestran el papel de La Curtidora como motor empresarial durante 30 años
A lo largo de 2025, el Centro de Empresas La Curtidora celebró su 30 aniversario convertido en una de las principales infraestructuras de apoyo al emprendimiento en Asturias. Tres décadas después de su puesta en marcha, el antiguo espacio industrial de Avilés no solo puede mirar atrás para comprobar el número de empresas que han pasado por sus instalaciones, sino también el impacto real que ha tenido en momentos clave de muchas de ellas. Desde proyectos que dieron allí sus primeros pasos hasta compañías que encontraron un lugar donde recomenzar o consolidar su crecimiento, La Curtidora ha acompañado trayectorias muy distintas bajo una misma filosofía: ofrecer un entorno flexible, accesible y orientado al desarrollo empresarial.
Cuatro empresas que representan bien la diversidad de caminos y sectores, como son Aloha Clouds, DXC, Cancomar y Wind Service Hub, comparten un vínculo con La Curtidora en momentos y contextos distintos, y todas ayudan a entender por qué este centro sigue siendo una pieza clave del ecosistema empresarial de Avilés.
Aloha Clouds: especialización tecnológica desde el primer día
Aloha Clouds es un ejemplo de cómo un proyecto puede empezar a tomar forma en La Curtidora desde una idea muy clara. Esta consultora informática ‘boutique’, especializada en la plataforma ServiceNow, nació en el centro de empresas de Avilés con una fuerte orientación internacional y una apuesta decidida por la especialización.
“Estamos totalmente centrados en ServiceNow, lo que nos permite ofrecer tanto consultoría de procesos como implementación con un alto nivel de conocimiento y calidad”, explica Pablo Martínez, CEO de la compañía. Esa focalización responde a la experiencia previa de los socios fundadores, con más de 15 años de trayectoria profesional vinculada a la plataforma y participación en proyectos tanto en Europa como en Estados Unidos.
Los primeros pasos de Aloha Clouds se dieron en La Curtidora, entorno que les permitió arrancar con rapidez. “Nos dio la agilidad de poder empezar a trabajar desde el primer día, con un espacio preparado y con todo lo necesario para nuestra actividad”, recuerda Martínez. A medida que el equipo fue creciendo, también lo hicieron sus necesidades de espacio, lo que les llevó a ocupar hasta tres oficinas distintas en apenas dos años. “Cada vez que íbamos a hablar con Ana, la directora del centro, yo creo que ya se esperaba una nueva petición de oficina”, comenta entre risas.
Para la empresa, iniciar su actividad en La Curtidora supuso algo más que disponer de una oficina. “Te da las herramientas para empezar muy rápido y comprobar si el negocio funciona. Además, es un lugar donde puedes encontrar acompañamiento, networking e incluso oportunidades de colaboración”, señala su CEO. Tras esa etapa inicial, Aloha Clouds dio el salto a unas oficinas propias en el centro de Avilés, desde donde hoy en día cuenta con un equipo cercano a las 30 personas y trabaja con clientes de distintos países europeos.
DXC se muestra como espacio de transición hacia una visión global
La relación de DXC con Avilés y con La Curtidora se enmarca en una trayectoria mucho más larga, ligada al crecimiento progresivo de una multinacional tecnológica que hoy es uno de los grandes actores del sector en Asturias. Su presencia en la región comenzó a finales de los años 90, pero fue entre 2008 y 2011 cuando La Curtidora se convirtió en una pieza clave dentro de su proceso de expansión.
“Fue un paso lógico por la combinación de talento, tejido industrial y el apoyo institucional”, recuerda Jesús Daniel Salas, director de la compañía en Avilés. La Curtidora les ofreció un espacio flexible y bien conectado en un momento en el que la empresa necesitaba crecer antes de dar el salto definitivo a su sede en el Parque Empresarial Principado de Asturias (PEPA).
Durante esa etapa, DXC vivió un crecimiento acelerado, reforzó sus equipos y se integró en la dinámica empresarial de la ciudad. “Al principio algunos empleados lo veían como un ‘destierro’, pero pronto valoraron la comodidad, el transporte público y el entorno”, explica Salas. Más allá de la anécdota, la experiencia confirmó el valor de los centros de empresas como espacios de transición para compañías en plena expansión.
Hoy, DXC emplea a alrededor de mil profesionales en Asturias y desarrolla proyectos globales desde Avilés en ámbitos como modernización de aplicaciones, datos, inteligencia artificial o ciberseguridad. Su paso por La Curtidora forma parte de ese recorrido que explica cómo se construyen proyectos tecnológicos de largo alcance sin perder el arraigo local.
Cancomar: recomenzar con seguridad y comunidad
La historia de Cancomar refleja otra de las funciones esenciales de La Curtidora: ser un lugar donde recomenzar. Tras superar una pandemia que sacudió con fuerza al sector servicios, la empresa afrontó en 2021 un momento decisivo en el que necesitaba replantear su ubicación y su futuro. Avilés y La Curtidora se presentaron entonces como una opción natural.
“Buscábamos un lugar donde recomenzar con seguridad, rodeados de otras empresas y con servicios compartidos. La Curtidora nos ofreció todo eso y, además, una sensación muy humana de ‘estar en casa’ desde el primer día”, recuerda Federico Fernández-Trapa, socio mayoritario de la empresa.
Cancomar comenzó su nueva etapa en una oficina de apenas 25 metros cuadrados, que en pocos años se amplió hasta alcanzar los 200. “El salto de 25 a 200 metros fue un cambio de mentalidad”, admite Federico. Ese crecimiento vino acompañado de una mayor estructuración interna, inversión en tecnología y definición de procesos.
La vida diaria en La Curtidora dejó también anécdotas que reflejan el espíritu de comunidad del centro, como aquella mudanza exprés en la que “medio centro ayudó a mover cajas, equipos y muebles”. Tras consolidar esta nueva etapa, Cancomar dio el salto a su propia sede y puso en marcha Cancomar Service, su división de reparación y mantenimiento naval, con un varadero propio en el puerto de Avilés.
Wind Service Hub o cómo crecer en un sector estratégico
En un contexto marcado por la transición energética, Wind Service Hub encontró en La Curtidora el entorno adecuado para consolidar su modelo de servicios técnicos para el sector eólico. La empresa nació con el objetivo de cubrir determinados vacíos en la operación y mantenimiento de parques eólicos, apostando por equipos altamente cualificados y procesos estandarizados.
“Observamos que el éxito en la operación de un parque eólico depende en gran medida de contar con equipos técnicos especializados y una gestión eficiente”, explica Rubén González, fundador de la empresa. Desde La Curtidora, Wind Service Hub pudo estructurar su proyecto, invertir en formación y desarrollar una red de colaboradores.
Para González, el impacto de iniciar la actividad en un centro como este fue muy importante. “Contar con un entorno empresarial dinámico y con acceso a recursos de apoyo nos permitió acelerar procesos clave en la consolidación de la compañía”, señala. Destaca también el ecosistema de colaboración que se genera al convivir con otras iniciativas emprendedoras, donde las conexiones surgen de forma natural.
Hoy, la empresa trabaja en proyectos en España y mantiene una clara vocación internacional, con la vista puesta en mercados europeos y en el ámbito offshore. La transición energética, subraya González, “es una oportunidad para generar empleo cualificado y retener talento”, algo en lo que centros como La Curtidora juegan un papel fundamental.
Treinta años después de su puesta en marcha, La Curtidora de Avilés sigue demostrando que su valor va más allá de ofrecer espacio físico a las empresas. Las trayectorias de Aloha Clouds, DXC, Cancomar y Wind Service Hub muestran cómo este centro ha sabido adaptarse a realidades muy distintas, acompañando proyectos en momentos clave de su evolución. Historias diferentes que comparten un mismo punto de partida (o de inflexión) y que ayudan a explicar por qué La Curtidora continúa siendo un motor silencioso del tejido empresarial asturiano.