HORIZONTES DE FUTURO

Horizontes de Futuro arranca para pasar de la conversación a la acción y aterrizar la Inteligencia Artificial en las empresas

Organizadores y participantes del primer Horizonte celebrado en el edificio de Gijón Impulsa y que puso el foco en la IA / Marta Martín

Hablar de Inteligencia Artificial se ha convertido casi en una obligación en cualquier foro empresarial. Se habla de su potencial, de cómo cambiará el mercado laboral, de automatización, de eficiencia y de oportunidades. Pero, entre titulares, promesas y discursos que muchas veces se quedan en la superficie, no siempre resulta fácil entender qué está pasando ya, qué decisiones se están tomando en las empresas y cómo empezar a aplicar esta tecnología con sentido.

Con esa idea nació la nueva edición de Horizontes de Futuro, el proyecto propio de Conecta que arrancó ayer, 23 de abril, en el edificio de Gijón Impulsa, con una primera jornada centrada en ‘IA: del potencial a la adopción’. Un encuentro concebido no tanto para volver a hablar de esta herramienta desde lo teórico, sino para pasar de la conversación a la acción, poner sobre la mesa casos reales, aprendizajes concretos y experiencias prácticas que permitan a empresas y profesionales entender por dónde empezar, qué errores evitar y dónde está hoy el verdadero valor.

Y si algo quedó claro durante la jornada es que la IA no es un ‘¿qué pasará?’, sino que ya está redefiniendo procesos, transformando modelos de negocio, alterando la forma en que trabajamos y obligando a repensar estrategias. Pero también está abriendo debates que conectan con otras de las grandes temáticas que forman parte del ciclo: el impacto en las personas y en el empleo, la necesidad de reforzar la ciberseguridad o la búsqueda de eficiencia y sostenibilidad dentro de las organizaciones.

Ese es, precisamente, uno de los enfoques de Horizontes de Futuro. Aunque la edición de 2026 se estructura en torno a cuatro grandes ejes -IA, energía, personas y ciberseguridad-, el objetivo no es abordarlos como compartimentos estancos, que también, sino como capas que se entrelazan. Ayer se habló de Inteligencia Artificial, sí, pero también de liderazgo, adaptación, cultura empresarial, protección del dato, eficiencia operativa y consumo energético.

“Tenemos una nueva compañera”

El primer Horizonte reunió a representantes institucionales, empresas tecnológicas y expertos para compartir una visión práctica y realista sobre la adopción de la IA en el tejido empresarial.

La bienvenida institucional corrió a cargo de Luis Díaz, director gerente de Gijón Impulsa, y Magali Costales, responsable de Instituciones en Caja Rural de Asturias, quienes coincidieron en la necesidad de acompañar al tejido empresarial en este proceso de transformación.

Díaz defendió el papel de lo público, no solo como facilitador de financiación o programas de apoyo, sino también como agente de concienciación y acompañamiento: “Debemos procurar concienciar sobre el uso responsable de estas tecnologías, estar preparados y anticipar el impacto que pueden tener en el empleo y en el mundo de la empresa”, vino a señalar. En su intervención recordó que desde Gijón Impulsa trabajan en programas que ayudan a acercar estas herramientas a empresas que quizá no conviven en su día a día con la innovación tecnológica, ayudándolas a diagnosticar necesidades, dibujar hojas de ruta y encontrar soluciones concretas.

Luis Díaz, director gerente de Gijón Impulsa / Marta Martín

También puso el foco en la necesidad de conectar al tejido empresarial generalista con compañías especializadas en IA capaces de aportar conocimiento, herramientas y acompañamiento en los procesos de adopción.

Por su parte, Costales ofreció una reflexión cercana y pedagógica sobre el momento actual. “Tenemos una nueva compañera”, señaló, al referirse a la Inteligencia Artificial como una herramienta capaz de aprender rápido y estar siempre disponible. “Debemos aprender a integrarla para sacar todo su potencial y maximizarla”, defendió. 

En su intervención insistió en la importancia de la formación, del aprendizaje continuo y del conocimiento en un momento en el que la tecnología empieza a redefinir cómo trabajamos y cómo nos relacionamos. “No sobrevive quien es más fuerte, sino quien mejor se adapta a los cambios”, recordó.

Magali Costales, responsable de Instituciones en Caja Rural de Asturias / Marta Martín

El alma de la IA

La keynote de la jornada, ‘InteligencIA con alma’, corrió a cargo de Saúl González, Lead Engineering Manager en Hiberus, quien ofreció una de las ponencias más aterrizadas y técnicas del encuentro.

Su intervención arrancó con una idea clara: la IA está obligando al sector tecnológico y, por extensión, a todas las empresas, a salir de su zona de confort. “Lo importante es entender cómo están sucediendo las cosas y por qué”, planteó.

Como ejemplo de la velocidad a la que avanza esta tecnología, recordó que en apenas unas semanas Google Gemini, ChatGPT/OpenAI y Anthropic han lanzado actualizaciones y nuevos modelos que mejoran entre un 20% y un 30% respecto a sus versiones anteriores, por lo que, desde su punto de vista, “estamos viviendo un aumento exponencial”.

Durante su intervención mostró ejemplos concretos de agentes de IA capaces de coordinar subagentes, trabajar por especificaciones, interactuar con ordenadores o analizar capturas de pantalla para ejecutar tareas. Lo importante para las empresas “es saber qué están haciendo esos agentes cuando les pedimos cosas”, explicó, defendiendo la necesidad de ofrecer trazabilidad, confianza y capacidad de razonamiento.

Saúl González, Lead Engineering Manager en Hiberus / Marta Martín

También puso sobre la mesa casos ligados a la ciberseguridad, como el de Glasswing, una herramienta orientada a detectar vulnerabilidades en sistemas operativos, aplicaciones de gobiernos o entornos de defensa antes de que estas se hagan públicas. “La postura correcta es parchear antes de que salga al público”, dijo.

Y dejó una de las imágenes más llamativas del día al hablar de ‘Rent a human’, una plataforma que permite a los agentes de IA pagar a las personas por completar tareas del mundo real.

Eso sí, cerró con una reflexión sobre el uso responsable. Esta herramienta, apuntó, “está revolucionando la forma en la que hacemos las cosas, aumenta nuestras capacidades y nos vuelve más eficientes. Sin embargo, su impacto en agua y energía es brutal”, advirtió, introduciendo otra de las capas del debate: la sostenibilidad.

De la teoría a la aplicación real

La mesa redonda posterior, moderada por Armando Pérez, responsable de desarrollo de negocio en CTIC Centro Tecnológico, sirvió para aterrizar aún más la conversación.

Javier García-Calvo, Global Head of Digital Experience Platforms en Hiberus; Miguel López, CEO y fundador de Cadabit; e Isabel Lombardía, directora general de Grupo Espiral MS, compartieron una visión práctica sobre cómo están aplicando ya estas herramientas en sus empresas y en proyectos con clientes.

La mesa de debate aterrizó la teoría sobre la IA y puso el foco en su aplicación real / Marta Martín

Los tres coincidieron en que la IA ya forma parte de su día a día, aunque desde perspectivas diferentes. Javier explicó que en Hiberus comparan distintos modelos según el resultado que buscan en cada área del negocio; Miguel apuntó que trabaja principalmente con OpenAI y Anthropic en proyectos de automatización o tratamiento de grandes bases de datos; e Isabel reconoció que ha incorporado herramientas como ChatGPT, Gemini o Claude tanto en su trabajo diario como en procesos internos de la compañía.

Uno de los bloques más interesantes fue el de los errores más habituales en la adopción de la IA. “El mayor fracaso que estamos viendo en los clientes es cuando nos preguntan qué pueden hacer con inteligencia artificial sin tener una estrategia definida”, explicó Javier García-Calvo. A su juicio, antes de buscar eficiencia o lanzar pilotos, las empresas deben tener claro qué objetivo persiguen y cómo encaja esta tecnología en su cadena de valor. “La IA son datos, y si no hay estrategia del dato, la IA va a ayudar poco”, resumió.

En esa línea, Miguel López advirtió de que existe una tendencia a querer hacerlo todo con esta herramienta: “Hay que introducirla con cabeza; a veces no tiene sentido”, señaló, al tiempo que alertó sobre otro de los grandes retos: la seguridad de la información y la sensibilidad de determinados datos.

Miguel López, CEO y fundador de Cadabit / Marta Martín

Isabel Lombardía puso el foco en otra de las barreras habituales, la resistencia al cambio. Según explicó, incluso en entornos tecnológicos la adopción de estas herramientas no siempre se produce con la rapidez esperada, en parte por la inseguridad y la falta de confianza que todavía generan.

La conversación derivó después hacia la regulación, uno de los grandes debates que acompañan hoy a esta tecnología. En este sentido, López defendió que el foco debe ponerse en educar y formar antes que en limitar. “Si seguimos con restricciones, nos estaremos tirando piedras en nuestro propio camino”, afirmó. García-Calvo recordó que “el mal uso de la tecnología no ha venido con la IA, sino que siempre ha existido”, aunque defendió la necesidad de un uso responsable. Por su parte, Isabel desplazó el foco hacia quienes desarrollan los propios modelos. “Más que controlar a quien usa la solución, habría que poner mucho más el foco en que los modelos sean éticos”, defendió.

La ciberseguridad apareció también de forma natural dentro del debate. Lombardía explicó que buena parte de los proyectos que están desarrollando actualmente tienen una componente predictiva orientada a la detección de anomalías en tiempo real, especialmente en ámbitos próximos a la vigilancia y la protección frente a patrones no habituales. En ese contexto, mencionó iniciativas en colaboración con INCIBE, reforzando la idea de que la IA y la ciberseguridad forman ya un binomio inseparable.

Isabel Lombardía, directora general de Grupo Espiral MS / Marta Martín

Más allá de los debates teóricos, la mesa permitió aterrizar casos concretos de aplicación empresarial. Javier aseguró que uno de los ámbitos donde más impacto están viendo es en la optimización y eficiencia de procesos, con mejoras de entre el 30% y el 40% en algunos proyectos: “Estamos optimizando procesos y generando nuevos modelos de negocio”, señaló.

Miguel incidió en que muchas empresas todavía no son conscientes del alcance real de esta tecnología. “Cuando les enseñas lo que se puede hacer, se les iluminan los ojos”, apuntó, defendiendo el valor de las pruebas de concepto para demostrar resultados rápidos.

En este punto surgió uno de los pocos matices de la mesa. Mientras Javier defendía que los proyectos deben partir de una estrategia clara, Isabel y Miguel reivindicaron la importancia de empezar con pequeños pilotos. “A veces he conseguido ir más rápido con un piloto que con una estrategia”, reconoció la directora de Grupo Espiral MS.

Javier García-Calvo, Global Head of Digital Experience Platforms en Hiberus / Marta Martín

La mesa puso el broche con una reflexión sobre el impacto de la IA en las personas y en el empleo. Bajo este paraguas, una de las frases más contundentes de la mañana resumió bien el tono del debate: “La persona que copie y pegue, está muerta”. Los participantes coincidieron en que no se trata tanto de destrucción de empleo como de reconversión. “No vamos a quedarnos sin trabajo”, aseguró Miguel López, quien añadió que “las cosas van a cambiar, pero el valor estará en el criterio y en cómo enfoquemos la tecnología”.

Javier García-Calvo fue en la misma línea, pues considera que "más que desaparecer, muchos puestos tendrán que reconvertirse”. A su juicio, la IA asumirá tareas repetitivas y las personas aportarán contexto, interpretación y sentido.

La conclusión compartida fue clara: las empresas que consigan acompañar a sus equipos en esa transición serán las que mejor preparadas estén para competir en este nuevo escenario.

Con esta primera jornada, Horizontes de Futuro arrancó una nueva edición cumpliendo con el propósito con el que nació, que no es otro que convertir grandes conversaciones en ideas accionables. Fue organizada por Conecta y contó con la colaboración de Gijón Impulsa, así como con el patrocinio de Hiberus y Caja Rural de Asturias.