Industria de defensa en Asturias: el tercer ciclo industrial y las decisiones pendientes en 2026
Lo esencial. Asturias concentra a abril de 2026 más de 160 millones de euros de inversión industrial comprometida en defensa terrestre, articulada en torno a tres empresas tractoras: GDELS-Santa Bárbara en Trubia, Indra Land Vehicles en El Tallerón (Gijón) y Rheinmetall Expal en Trubia.
El cluster, agrupado en Asturias Hub Defensa, supera los 50 socios. En enero de 2026 ha incorporado a Indra Group, Piedrafita Systems y The Next Pangea. La región se convierte así, sobre los rescoldos del segundo ciclo industrial —la mina y la siderurgia pública—, en el segundo polo de defensa terrestre de España, solo por detrás del eje Madrid-Sevilla.
El empleo directo del cluster se estima entre 2.500 y 3.500 trabajadores en 2025, con proyección de 4.500 a 6.000 en 2030 si se materializan los Programas Especiales de Modernización comprometidos.
Pero el calendario aprieta: el ciclo del Fondo de Transición Justa expira en 2027, el programa estrella del cluster acumula 16 años de retraso, hay decisiones de ubicación que llevan meses pendientes. A todo eso se suma que el Tribunal Supremo dirime una pugna industrial entre Indra y General Dynamics. Esto es lo que está en juego y por qué los próximos veinticuatro meses son decisivos.
Hay regiones que hacen una sola gran reconversión industrial y todavía hablan de ella cien años después. Asturias va por la tercera. La primera fue la mina y la siderurgia del XIX, levantada sobre un mapa que a finales del siglo era irreconocible. La segunda fue Ensidesa, Hunosa, la térmica: el modelo público que dio de comer a tres generaciones antes de desmontarse entre 1990 y 2020 en silencio, expediente a expediente.
Asturias enterró ese segundo ciclo sin tener claro cuál sería el siguiente.
Lo tiene ahora. Y, sin cursilería, es la mejor ventana industrial en treinta años.
Los datos están sobre la mesa, son recientes, los firma quien tiene que firmarlos y son verificables. Indra invierte 43 millones en El Tallerón, la nave de Duro Felguera comprada por 3,65 millones en julio de 2025, con objetivo de 850 trabajadores en 2027. General Dynamics tiene la concesión de Trubia prorrogada hasta 2031 con horizonte a 2036, plantilla en torno a 700 directos, plan industrial 2025-2030 e inversiones de cerca de 12 millones ejecutadas en 2025. Rheinmetall Expal opera la planta de munición de Trubia con unos 300 empleados y previsión al alza.
Asturias Hub Defensa supera los 50 socios. En enero de 2026 ha sumado a Indra, Piedrafita Systems y The Next Pangea, además de incorporarse al AsDIH coordinado por Sekuens. La Vega tiene convenio firmado, BOE publicado, plan estratégico de cultura aprobado y, encima, candidatura europea de capitalidad cultural en juego para 2031.
La cuenca minera, antes problema, hoy es donde se va a construir la pista de pruebas de blindados de Indra. Las naves vacías de Duro Felguera, las salas de máquinas amortizadas de la térmica de La Pereda, los terrenos restaurados de Hunosa: todo lo que durante quince años fue inventario de lo perdido es ahora inventario de lo posible.
La defensa terrestre necesita calderería pesada, soldadura especializada, mecanizado avanzado, fundición y suelo. Asturias tiene los cuatro y las naves donde hospedarlos. El tercer ciclo no se ha inventado de cero, se está construyendo encima del esqueleto del segundo. La metáfora del fénix renaciendo de las cenizas queda demasiado heroica para lo que es. La que sirve es más prosaica y más asturiana: estamos haciendo una rehabilitación. Las paredes maestras aguantan. Hay que tirar tabiques, redistribuir, modernizar la instalación eléctrica y meter ventanas de doble cristal. El edificio sirve.
Aun así, conviene no engañarse: una ventana abierta no es una operación cerrada.
Lo que tiene de inédito esta vez
El programa estrella del cluster, el VCR 8x8 Dragón, acumula 16 años de retraso desde el primer plan de 2007 y sanciones de 9,19 millones por incumplimientos de plazo. Ha pasado de calendario en calendario como un paciente al que nadie quiere dar el alta.
La adjudicación de los obuses autopropulsados por 7.240 millones, el contrato civil-militar más jugoso de la década, ha desembocado en una guerra abierta entre Indra y General Dynamics que se dirime en el Tribunal Supremo. La pista de pruebas de Indra en las cuencas todavía no tiene ubicación final entre Mieres y Langreo. El centro tecnológico de Indra en La Vega lleva meses casi cerrado pero sin cerrar.
La declaración del proyecto como Proyecto Industrial de Interés Estratégico Regional (PIER), presentada en septiembre de 2025, sigue en análisis siete meses después. Y el ciclo del Fondo de Transición Justa europeo, del que Asturias recibe 262,85 millones, expira en 2027, antes de que la mayor parte de las inversiones aquí descritas haya terminado de fructificar.
Visto en conjunto, pinta bien; pieza por pieza, deja deberes.
Lo singular de esta tercera reconversión es que no la está haciendo ni el Estado solo, ni las multinacionales solas, ni las pymes asturianas solas. La está haciendo, por primera vez en mucho tiempo, un consorcio de los tres niveles más o menos articulado.
El convenio de La Vega lo firmaron a tres bandas el Ministerio de Defensa, el Principado y el Ayuntamiento. Asturias Hub Defensa la preside la multinacional. La coordina Idonial. La nutren las cincuenta y tantas pymes. Sekuens articula con AsDIH la capa de innovación digital. La Universidad de Oviedo y la Escuela Politécnica de Mieres proveen el talento. La Cámara hace de mediadora cuando hace falta.
En una región que ha sufrido durante décadas la falta crónica de coordinación interna, que esa coordinación exista es probablemente más decisivo que cualquier cifra. Es lo que distingue una oportunidad de un boom.
Y es también, paradójicamente, lo más frágil. Coordinar es difícil siempre, pero coordinar política industrial es difícil al cubo: una elección general nacional, un cambio de gobierno autonómico o un relevo en alcaldía de Oviedo o Gijón pueden recolocar prioridades y romper acuerdos que costaron años. La industria de defensa, además, opera en régimen casi monopsónico frente al Ministerio: si el cliente cambia de criterio, el efecto en planta es inmediato.
España aprobó en abril de 2025 el Plan Industrial y Tecnológico de Seguridad y Defensa, dotado con 10.471 millones, con vocación de horizonte 2030-2037. La pregunta no es si los fondos van a llegar, es si van a llegar a tiempo de aterrizar las inversiones físicas que ya están comprometidas. El reloj corre.
Los cinco expedientes que marcan los próximos 24 meses
Si la tesis es que Asturias tiene que ejecutar, lo honesto es decir qué tiene exactamente que ejecutar. La región no tiene veinte frentes abiertos. Tiene cinco que pesan más que todos los demás juntos.
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Aprobar el PIER de Indra Land Vehicles. Solicitud presentada en septiembre de 2025. Sería el primer Proyecto Industrial de Interés Estratégico Regional declarado en la historia del Principado. Lleva siete meses en análisis. Cada mes que pasa sin decisión es un mes que la inversión ejecuta a pulmón.
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Decidir la ubicación de la pista de pruebas de blindados. Mieres o Langreo. Acuerdo Indra-Hunosa de septiembre de 2025 sobre terrenos restaurados. Sin ubicación no hay licencia urbanística, y sin licencia no hay obra.
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Cerrar el centro tecnológico de Indra en La Vega. La nave existe, el convenio lo permite, Indra tiene interés declarado. Falta firma.
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Cumplir el calendario del 8x8 Dragón. 122 unidades previstas en 2026, 120 en 2027, 49 en 2028. Cualquier retraso adicional al ya acumulado mueve hacia atrás todo el plan industrial de Indra y de GDELS.
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Vertebrar la formación profesional especializada. Soldadura cualificada, mecatrónica industrial, fabricación aditiva, mecanizado avanzado. La región tiene tasas de paro del 17-18 % en las cuencas y, a la vez, vacantes industriales sin cubrir. Eso solo se resuelve con política activa de FP dual.
Cinco decisiones. Ninguna heroica, todas resolubles dentro del marco jurídico y presupuestario actual. Si Asturias las aterriza en los próximos veinticuatro meses, el tercer ciclo industrial está hecho. Si no, tendremos otra década hablando de lo que pudo ser.
Lo que tiene que ejecutar Asturias en los próximos veinticuatro meses
Lo que tiene que hacer Asturias en los próximos veinticuatro meses es bastante más prosaico que lo que pueda contar cualquier nota de prensa de cualquier ministerio. Tiene que ejecutar.
No le hace falta pedir más fondos, ya tiene los que necesita para esta fase. Tiene que aprobar el PIER y dejar de tenerlo en análisis siete meses. Tiene que decidir entre Mieres o Langreo, y dejar de marear el balón. Tiene que cerrar lo de La Vega o decir que no se cierra. Tiene que poner en marcha la formación profesional que el sector demanda con urgencia.
Tiene que evitar que la pelea Indra-GDELS por el liderazgo del polo terrestre acabe siendo doble ejecución mediocre en lugar de doble ejecución buena. Y tiene que quedarse con los ingenieros que se forman en la Universidad de Oviedo en lugar de mandárselos a Madrid, Múnich y Brujas.
Nada de esto es épico. Es ejecutivo. Es ir y resolver.
Hay un riesgo asturiano clásico que conviene nombrar, el riesgo de vivir el ciclo en lugar de aprovecharlo. El riesgo de quedarse contemplando la oportunidad, de celebrar cada anuncio en cada acto institucional, de salir en la foto de cada visita ministerial y, entretanto, no aprobar el expediente que está sobre la mesa, no decidir la ubicación que lleva seis meses sin decidirse, no firmar el convenio de FP que sigue en borrador.
Asturias ha hecho esto otras veces: cuando reconvirtió la minería sin haber preparado lo siguiente, cuando perdió los últimos trenes de la automoción. Esta vez los contratos están firmados y las naves están compradas. Esta vez no hay coartada.
Memoria de los dos ciclos anteriores
El tercer ciclo no va a ser como el primero ni como el segundo. No va a tener cien mil empleos directos, no va a poblar valles enteros, no va a definir generaciones por el simple hecho de existir. Será más capilar, más tecnológico, más distribuido entre tres ejes: defensa terrestre, biotecnología-IA y energía-transición.
Pero tiene una ventaja que los otros dos no tuvieron: memoria. Asturias sabe lo que pasa cuando se confía todo a una tractora pública, cuando la formación profesional se desacopla de la industria real, cuando una región se acomoda a vivir de las subvenciones de la reconversión en vez de a producir. Lo sabe porque lo ha vivido.
La pregunta del titular no era retórica. Asturias tiene encima de la mesa la mejor ventana industrial en treinta años. La cuestión no es si existe; es si vamos a ejecutarla, decisión a decisión, las que están pendientes. Y la respuesta no la dará un ministerio ni un consejo de administración. La darán las firmas, los plazos cumplidos y los expedientes resueltos.
Eso es prosaico, sí. Pero el segundo ciclo industrial asturiano, el que llenó de luces todos los valles del centro durante cincuenta años, tampoco se construyó con épica. Se construyó con ejecución. Y se acabó por falta de ejecución.
Estamos a tiempo. Pero la palabra clave en esa frase es «a tiempo». No es eterna.