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PLD Space encara la recta decisiva: qué le falta a MIURA 5 para pasar de cohete a servicio orbital

El equipo de PLD Space junto a MIURA 5. La compañía ilicitana ha reunido tecnología, capital e infraestructura para dar el salto orbital; ahora le queda demostrar lo más difícil: volar. / Foto: PLD Space

Con más de 350 millones de euros captados, una misión comercial contratada con Sateliot para 2027 y un complejo de lanzamiento en construcción en la Guayana Francesa, PLD Space ha reunido las capacidades para dar el salto orbital, pero aún debe demostrar lo más difícil: que MIURA 5 vuela de forma fiable y repetida.

Construir un cohete es difícil. Convertirlo en un negocio que ponga satélites en órbita de forma regular y fiable lo es mucho más. Esa es, en una frase, la distancia que separa a PLD Space de su objetivo, y el punto exacto en el que se encuentra la compañía ilicitana en este momento. Tras más de una década desarrollando tecnología de propulsión, instalaciones de ensayo y capacidad industrial, la empresa afronta ahora la fase más decisiva de su historia: transformar todo ese trabajo acumulado en un lanzador orbital operativo. El vehículo se llama MIURA 5, y la pregunta pertinente no es si PLD Space ha avanzado -lo ha hecho, y mucho-, sino qué le queda por demostrar.

La respuesta corta es: lo más importante. MIURA 5 todavía no ha volado. Y hasta que no lo haga, con éxito y de forma repetida, PLD Space seguirá siendo una empresa que desarrolla cohetes, no un operador comercial de lanzamientos. La distinción no es menor, y entenderla es la mejor manera de calibrar dónde está realmente el proyecto.

Catorce años construyendo capacidades

La historia de PLD Space no empieza con MIURA 5, ni siquiera cerca. La compañía fue fundada en Elche en 2011 por Raúl Torres y Raúl Verdú, y durante más de una década se dedicó a lo que en el sector se conoce como acumular capacidades: desarrollar motores de propulsión, construir bancos de pruebas, iterar diseños, encadenar ensayos fallidos y exitosos, levantar capacidad de fabricación y captar financiación ronda tras ronda. Nada de eso es glamuroso, pero es la base sin la cual ningún cohete llega a existir.

En el centro, Ezequiel Sánchez, presidente ejecutivo de PLD Space, flanqueado por los cofundadores de la compañía, Raúl Torres y Raúl Verdú. / Foto: PLD Space

El punto de inflexión llegó el 7 de octubre de 2023, cuando la empresa lanzó con éxito MIURA 1 desde el Arenosillo, en Huelva. Fue el primer cohete privado europeo en volar, y demostró que PLD Space era capaz de diseñar, fabricar y operar un vehículo espacial. Pero conviene entender bien qué probó y qué no probó aquel hito. MIURA 1 era un cohete suborbital: subió al espacio y volvió, sin llegar a poner nada en órbita. MIURA 5 es un animal completamente distinto. El éxito del primero aportó experiencia y validó tecnologías, pero no equivale, ni de lejos, a tener listo un lanzador orbital.

MIURA 1 despega desde el Centro de Experimentación de El Arenosillo (Huelva) en octubre de 2023. Fue el primer cohete privado europeo en volar y validó tecnologías que hoy hereda MIURA 5. / Foto: PLD Space

Por qué el salto orbital es tan difícil

Aquí está el corazón del asunto. Pasar de un demostrador suborbital a un lanzador orbital es uno de los saltos tecnológicos más exigentes de la ingeniería aeroespacial. MIURA 5 es un vehículo de dos etapas diseñado para colocar pequeños satélites en órbita baja, con capacidad para transportar hasta algo más de una tonelada. Eso exige motores más potentes, sistemas de navegación y control capaces de guiar el cohete con precisión, estructuras que soporten esfuerzos extremos, aviónica, un sistema de alimentación de propelentes, separación de etapas, operaciones terrestres complejas e integración de las cargas útiles de los clientes.

Cada uno de esos sistemas debe funcionar, y debe funcionar en conjunto. Por eso el desarrollo de un lanzador se estructura en campañas de calificación: pruebas sucesivas que validan cada subsistema por separado y, después, integrados. La segunda etapa de MIURA 5 -que integra la aviónica, el sistema de alimentación, el control de reacción y las estructuras, todo desarrollado y fabricado por la propia compañía- se encuentra inmersa en esa campaña.

El desarrollo de MIURA 5 se apoya en un modelo de integración vertical: PLD Space diseña y fabrica en casa las estructuras, la aviónica y los sistemas del lanzador. / Foto: PLD Space

Y está dando sus frutos. A mediados de julio de 2026, PLD Space anunció que había calificado el sistema de presurización de MIURA 5: validó la arquitectura de presurización de los tanques en condiciones nominales de flujo de propelente, junto con la aviónica de control, el PID del software de vuelo y los sistemas de presurización y venteo de la primera y la segunda etapa. Es un avance concreto y verificable, y la propia empresa señala que su siguiente hito será el inicio de los ensayos de etapa completa, un paso más exigente en el que ya no se prueba un subsistema aislado, sino el conjunto integrado, y que precede al ensayo estático de fuego en Teruel.

Es un progreso tangible. Pero es importante leerlo con precisión: calificar un subsistema, por relevante que sea, no significa que el desarrollo esté completo. La calificación es, precisamente, parte del desarrollo. Antes del primer vuelo aún deben validarse los sistemas restantes, completarse los ensayos de etapa completa y, según la hoja de ruta de la empresa, ensamblarse la unidad de vuelo definitiva que viajará a la base de lanzamiento. La compañía mantiene el objetivo de un primer vuelo de prueba en 2026, un calendario ambicioso que, como todos en este sector, está sujeto a los resultados de las pruebas.

El dinero: más de 350 millones, pero conviene distinguir

Ningún proyecto de estas dimensiones sale adelante sin una financiación sostenida durante años, y en este terreno PLD Space ha dado pasos de gigante en 2026. Pero las cifras hay que leerlas con cuidado, porque no todo el dinero es igual.

En enero de 2024, el CDTI designó a la empresa como contratista para el desarrollo del prototipo del lanzador español de pequeños satélites, con una dotación de hasta 40,5 millones de euros dentro del PERTE Aeroespacial. Después, en marzo de 2026, la compañía cerró una ronda Serie C de 180 millones de euros, liderada por el gigante japonés Mitsubishi Electric, con participación de COFIDES a través del fondo FOCO, del CDTI mediante Innvierte y de la gestora Nazca Capital. Y en abril de 2026, el Banco Europeo de Inversiones anunció un préstamo de 30 millones en modalidad de venture debt para apoyar la fase final del desarrollo de MIURA 5.

Ensayo de fuego estático de un motor de MIURA 5. Los motores se validan en el banco de pruebas de las instalaciones de la compañía en Teruel antes de integrarse en el vehículo. / Foto: PLD Space

La suma de la Serie C y el préstamo del BEI da los 210 millones captados en 2026, y el total acumulado por la compañía desde su fundación supera los 350 millones. Ahora bien, conviene no meter todo en el mismo saco: una cosa es la inversión en capital (la Serie C, donde los inversores entran en el accionariado), otra la deuda (el préstamo del BEI, que hay que devolver), otra los contratos y fondos públicos condicionados a hitos, y otra distinta la financiación anunciada frente a la efectivamente desembolsada. Son instrumentos con naturalezas y riesgos diferentes, y sumarlos como si fueran equivalentes distorsiona la foto.

Hay, eso sí, un matiz especialmente significativo en la entrada de Mitsubishi Electric: el fabricante japonés no invierte solo como financiero, sino como cliente estratégico. El acuerdo contempla que PLD Space le preste servicios de lanzamiento para Japón y la región de Asia-Pacífico. Que un cliente se convierta en inversor es una señal de confianza comercial más potente que un simple cheque, porque implica que alguien con necesidades reales de lanzamiento apuesta por el vehículo.

Fabricar uno no es fabricar muchos

Uno de los aspectos que más se subestima al hablar de cohetes es la diferencia entre construir las primeras unidades y sostener una producción regular. PLD Space aspira a operar hasta 30 misiones anuales hacia 2030, con una producción intermedia que la compañía sitúa en varios cohetes al año. Pero conviene subrayar que esa cadencia es hoy un objetivo empresarial, no una capacidad que ya exista.

Para acercarse a ella, la empresa está construyendo capacidad industrial en varios frentes. Hoy opera su fábrica de Elche, con más de 12.500 metros cuadrados de fabricación avanzada, y sus instalaciones de ensayo en Teruel, donde valida motores, estructuras y sistemas. La plantilla, que ronda los 450 empleados, prevé crecer en al menos un centenar de personas a lo largo de 2026.

PLD Space cuenta con una plantilla en torno a los 450 empleados, que prevé ampliar en al menos un centenar de personas a lo largo de 2026. / Foto: PLD Space

Pero el salto de escala que la compañía tiene entre manos es mucho mayor. PLD Space ha presentado ante la Generalitat Valenciana un Proyecto de Interés Autonómico para levantar una gran factoría en la partida de Les Vallongues, en Elche: un campus industrial de 720.000 metros cuadrados que se desarrollaría en tres fases, con una inversión inicial de 65 millones de euros y una nave principal de más de 95.000 metros cuadrados destinada a la fabricación e integración de lanzadores. El proyecto contempla arrancar las obras a principios de 2027 y tener la primera fase operativa hacia mediados de 2028, con una previsión de entre 700 y 1.000 empleos directos estables y alrededor de 2.000 indirectos en la cadena de valor una vez a pleno rendimiento. La instalación busca centralizar en un mismo lugar la ingeniería, la producción y la logística, manteniendo Teruel como centro de ensayos y El Arenosillo y Kourou como bases de lanzamiento.

Detrás de esa inversión hay una apuesta por la producción en serie, el verdadero cuello de botella del negocio. La compañía proyecta pasar de una facturación de unos 53 millones de euros en 2026 a cientos de millones anuales a partir de comienzos de la próxima década, una previsión que depende enteramente de que consiga fabricar de forma recurrente y fiable. Levantar la fábrica es, en ese sentido, una declaración de intenciones: la de una empresa que se prepara no solo para volar, sino para hacerlo muchas veces. Pero, como con el propio cohete, disponer de los planos y los permisos no es lo mismo que tener la planta produciendo. Es un reto industrial de primer orden que muy pocas compañías en el mundo han resuelto.

Kourou: tener la base no es lo mismo que poder lanzar

El lanzamiento de MIURA 5 está previsto desde el Centro Espacial Guayanés, en Kourou (Guayana Francesa), el puerto espacial europeo. En junio de 2025, PLD Space y el CNES -la agencia espacial francesa- formalizaron el acuerdo para desarrollar allí un nuevo complejo de lanzamiento, y en junio de 2026 la compañía anunció que elevaba su inversión en esas instalaciones hasta los 35 millones de euros.

Disponer de un complejo de lanzamiento es un requisito imprescindible, pero de nuevo hay que precisar qué significa exactamente. Construir la base es una parte del proceso; después son necesarias las validaciones técnicas, las evaluaciones de seguridad y las autorizaciones administrativas correspondientes antes de poder ejecutar una misión concreta. Tener el complejo y estar autorizado para lanzar son dos cosas distintas, y entre una y otra media un proceso de certificación que no depende solo de PLD Space.

Detalle de la ingeniería de MIURA 5. Cada subsistema —propulsión, aviónica, presurización— debe superar su propia campaña de calificación antes del primer vuelo. / Foto: PLD Space

Un cliente real: Sateliot en 2027

En febrero de 2026, PLD Space firmó su primer contrato comercial de una misión dedicada: lanzar en 2027 dos satélites Tritó, de unos 160 kilogramos cada uno, para la española Sateliot. Las dos compañías presentaron el acuerdo como la primera misión espacial con una cadena de valor íntegramente española, desde la fabricación del satélite hasta el lanzamiento, las operaciones y la comercialización.

El contrato es importante porque aporta lo que todo desarrollo tecnológico necesita para justificarse: un cliente y una misión concreta. Pero, una vez más, la lectura precisa es clave: se trata de una misión contratada y prevista para 2027, no de una misión ya realizada. Su ejecución depende enteramente de que MIURA 5 complete su calificación y esté operativo para entonces. Es un voto de confianza comercial, no una prueba de capacidad ya demostrada.

El marco europeo y una precisión necesaria

PLD Space compite además en el terreno de la política espacial europea. La empresa figura entre las seleccionadas en el European Launcher Challenge de la Agencia Espacial Europea (ESA), el programa con el que Europa busca dotarse de más proveedores comerciales de lanzamiento y reducir su dependencia exterior en el acceso al espacio, un problema que se ha agravado en los últimos años.

Aquí conviene hacer una precisión importante, porque se ha prestado a confusión. El programa establece que las empresas seleccionadas deberán demostrar un vuelo orbital con éxito, como máximo en 2027, para confirmar su participación, y una mejora de capacidad antes de 2028. Cualquier apoyo económico europeo está vinculado a esos hitos, contratos y condiciones. No es correcto afirmar que la compañía haya recibido de forma automática una cantidad determinada: las cifras que han circulado corresponden a topes máximos por participante en fases previas, no a fondos ya ingresados. En el espacio, como en casi todo, el dinero llega cuando se cumplen los hitos.

Uno de los asuntos que requiere más cautela es el de la supuesta primera licencia de operador espacial que PLD Space tendría concedida por la Agencia Espacial Española. A día de hoy, esa afirmación no puede darse por confirmada, sencillamente porque no existe una resolución oficial que la acredite.

El lanzador orbital MIURA 5 en las instalaciones de PLD Space. El vehículo, de dos etapas, está diseñado para poner en órbita baja cargas de hasta algo más de una tonelada. / Foto: PLD Space

Lo que sí es verificable es que España está construyendo ahora mismo el marco jurídico que regulará esta materia. La Agencia Espacial Española abrió en noviembre de 2025 una consulta pública sobre el Anteproyecto de Ley de Actividades Espaciales, reconociendo que la normativa vigente es parcial y que genera inseguridad para los operadores. Esa futura ley busca precisamente establecer un régimen único de autorizaciones, regular los espaciopuertos y ordenar la actividad espacial bajo jurisdicción española, alineándose con el futuro marco europeo. Es decir, el sistema de licencias que permitiría hablar con propiedad de un "operador espacial" autorizado está todavía en construcción. Hasta que la ley se apruebe y, en su caso, se resuelva un expediente concreto, lo prudente es no dar por hecho lo que aún no lo es.

Entre la ambición y la demostración

La idea de que MIURA 5 puede situar a España como referente espacial y reforzar la autonomía estratégica europea aparece con frecuencia en el discurso institucional. En mayo de 2026, durante el Congreso del Espacio, el presidente del Gobierno se refirió al proyecto en esos términos. Es una aspiración legítima y compartida por buena parte del sector, pero conviene contrastarla con la realidad de los hitos pendientes. Ser un referente espacial no depende solo de desarrollar un vehículo: depende de poner cargas en órbita, cumplir los calendarios, mantener la financiación, fabricar de forma recurrente y, sobre todo, demostrar fiabilidad vuelo tras vuelo.

PLD Space ha llegado más lejos que ninguna otra empresa privada española en este camino, y se ha situado en un grupo muy reducido de compañías en el mundo capaces de desarrollar un sistema de lanzamiento completo. Ha reunido tecnología, capital, respaldo institucional, infraestructura y clientes. Tiene, en definitiva, casi todas las piezas sobre la mesa. Lo que le queda por delante es, paradójicamente, lo más difícil de todo: encender los motores, ver volar el cohete y demostrar que puede hacerlo una y otra vez. Ese es el examen que ninguna ronda de financiación ni ningún acuerdo institucional pueden aprobar por él. Solo lo aprueba el vuelo.