Diez empresas españolas que convierten el reto ambiental en innovación
- España está en primera línea del cambio climático: degradación del suelo, estrés hídrico, pérdida de biodiversidad, contaminación plástica y costas cada vez más vulnerables.
- En el Día Mundial del Medio Ambiente, una mirada a diez compañías españolas que aplican ciencia, tecnología e industria a problemas que ya no admiten respuestas genéricas.
A España no le faltan diagnósticos ambientales. Le sobran. Lo que empieza a necesitar con urgencia son soluciones que funcionen, datos que se puedan medir y empresas capaces de pasar del discurso a la ejecución.
El contexto es conocido, pero no por eso menos incómodo. Buena parte del territorio español está expuesto a procesos de degradación y desertificación; el agua se ha convertido en un recurso cada vez más estratégico; el Mediterráneo soporta una presión creciente por plásticos y microplásticos; y la adaptación al cambio climático ya no es una conversación de futuro, sino una variable de negocio, inversión, infraestructuras y territorio.
La sostenibilidad empresarial ha abusado tanto de las grandes palabras que conviene volver a lo básico: qué problema resuelve cada compañía, con qué tecnología, en qué fase real está y qué datos permiten seguirle la pista.
El 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, suele servir para recordar el tamaño del problema. Pero también puede servir para mirar hacia otra parte menos habitual: la de quienes están construyendo respuestas desde la empresa, la ciencia y la tecnología.
No son empresas que “salven el planeta”, porque esa frase ya no dice nada. Son compañías españolas que atacan problemas concretos: retirar residuos del mar, capturar microplásticos, reducir pérdidas de agua, anticipar riesgos climáticos, leer el suelo, regenerar bosques, medir biodiversidad o explorar nuevos usos industriales para las algas.
Y eso, hoy, ya es bastante más interesante.
Gravity Wave - Economía circular desde el mar
Hay imágenes que explican un problema mejor que cualquier informe: redes de pesca abandonadas, plásticos flotando en el Mediterráneo y residuos que siguen circulando durante años por un mar que soporta más presión de la que aparenta.
Gravity Wave trabaja justo ahí. La empresa ha retirado ya más de un millón de kilos de plástico y redes de pesca del Mediterráneo mediante una red de colaboración con pescadores, puertos y compañías. Pero su propuesta no se queda en limpiar. Lo importante viene después: clasificar, procesar y transformar esos residuos en materiales reciclados que pueden utilizarse en mobiliario, construcción, interiorismo o nuevos productos.
No basta con sacar plástico del mar. Hay que conseguir que ese plástico no vuelva a convertirse en residuo sin salida. Ahí es donde muchas campañas ambientales se quedan cortas y donde la economía circular empieza a jugarse de verdad.
En 2025, Gravity Wave dio un paso especialmente interesante junto a B100 y Ayúdame3D: producir filamento 3D reciclado a partir de redes de pesca del Mediterráneo para aplicarlo a prótesis. Es un buen ejemplo de economía circular cuando deja de ser un concepto abstracto y se convierte en un objeto útil.
Mitiga Solutions - Anticipar el riesgo climático antes de que llegue el golpe
El cambio climático no solo destruye cuando llega una inundación, un incendio o una ola de calor. También genera riesgo mucho antes: en una cartera inmobiliaria, una infraestructura energética, una póliza de seguros, una inversión o una cadena de suministro.
Ahí trabaja Mitiga Solutions. Nacida del entorno científico del Barcelona Supercomputing Center, la compañía combina inteligencia artificial, modelización climática y computación de alto rendimiento para evaluar riesgos físicos asociados al clima. Sus herramientas permiten analizar exposición a incendios, inundaciones, viento extremo, calor u otros peligros climáticos en activos concretos.
En 2023 cerró una Serie A de 13,25 millones de euros con participación del Microsoft Climate Innovation Fund, convirtiéndose en la primera startup española respaldada por ese fondo. En 2026 sumó financiación del EIC Accelerator: 2,4 millones de euros en subvención y 6 millones en inversión de capital para escalar soluciones de inteligencia climática enfocadas al sector energético.
La lectura empresarial es clara: adaptarse al clima ya no es solo una cuestión ambiental. Es gestión de riesgo. El cambio climático ha entrado en los consejos de administración, en los mapas de activos y en las hojas de cálculo. Quien no lo mida, lo acabará pagando igual.
Aganova - Encontrar el agua que se pierde bajo tierra
Una parte importante del agua que entra en las redes de distribución nunca llega al grifo. Se pierde por fugas, averías o infraestructuras envejecidas. Es un problema silencioso: no se ve, pero cuesta dinero, energía y recursos en un contexto de estrés hídrico creciente.
Aganova, con origen en Málaga, ha convertido ese problema invisible en un campo tecnológico propio. Su sistema Nautilus introduce una esfera inteligente dentro de tuberías en funcionamiento. La esfera viaja empujada por el flujo del agua, registra información acústica y permite localizar fugas sin cortar el suministro.
La tecnología puede inspeccionar redes en operación sin interrumpir el servicio y localizar pérdidas con precisión inferior a un metro. La compañía ha llevado su solución a mercados internacionales y ha colaborado con Microsoft en iniciativas de detección de fugas y reposición hídrica.
En un país donde el agua es cada vez más estratégica, su propuesta tiene una ventaja evidente: antes de construir más recursos, conviene dejar de perder los que ya existen. No tiene la épica de una gran infraestructura, pero puede ser igual de decisivo.
Captoplastic - Cazar microplásticos antes de que lleguen al agua
Hay contaminación que se ve y contaminación que no. Los microplásticos pertenecen a la segunda categoría, que suele ser la más incómoda: partículas diminutas, difíciles de detectar, difíciles de retirar y cada vez más presentes en la agenda ambiental, industrial y regulatoria.
Captoplastic nace de tecnología desarrollada en el entorno de la Universidad Autónoma de Madrid y trabaja en soluciones para detectar, cuantificar y capturar microplásticos en aguas residuales, industriales y potables. Su campo no tiene la fuerza visual de una playa llena de residuos, pero probablemente será cada vez más relevante para empresas, administraciones y gestores de agua.
La compañía se constituyó en 2020 y se presenta como una empresa de base tecnológica especializada en este problema concreto. En 2025 cerró una ronda de dos millones de euros para escalar su negocio de eliminación de microplásticos y cuenta con una cartera tecnológica basada en varias patentes.
Su entrada en esta lista tiene sentido porque completa una parte que a menudo queda fuera del relato ambiental: no todo residuo flota en la superficie ni aparece en una foto impactante. A veces el problema está en lo que no se ve. Y precisamente por eso hace falta tecnología capaz de medirlo y capturarlo.
TAXUS MEDIO AMBIENTE - Medir bien antes de decidir
Antes de restaurar, compensar, construir o corregir, hay que medir. No es la parte más vistosa de la sostenibilidad, pero probablemente sea una de las más importantes. TAXUS lleva más de dos décadas trabajando precisamente ahí: en la parte científica y técnica que permite tomar mejores decisiones sobre el territorio.
Esta empresa asturiana con presencia nacional e internacional combina consultoría ambiental, trabajo de campo, laboratorio, genética ambiental y análisis técnico para proyectos vinculados a biodiversidad, energías renovables, costas, infraestructuras, acústica, agua o cambio climático. No es ya una pequeña consultora especializada: en 2024 rondaba el centenar de profesionales y ha desarrollado proyectos dentro y fuera de España.
Uno de sus desarrollos más interesantes es el laboratorio de ADN ambiental. A partir de una muestra de agua, puede detectar la presencia de especies en un ecosistema sin necesidad de capturarlas. Traducido: convierte algo invisible para cualquiera en información útil para conservar biodiversidad, tramitar proyectos o diseñar planes de gestión.
En 2025, TAXUS se incorporó además a la comunidad B Corp, un reconocimiento que exige estándares de impacto social, ambiental, transparencia y responsabilidad. Su caso recuerda algo básico: sin datos ambientales fiables, la sostenibilidad se queda en intuición. Y de intuiciones ya vamos bastante servidos.
Nantek - El plástico que no tiene salida también puede ser materia prima
No todo el plástico puede reciclarse de forma mecánica. Hay residuos mezclados, degradados o poco rentables que acaban fuera del circuito. Ese es precisamente el espacio en el que trabaja Nantek.
La empresa vasca utiliza pirólisis para transformar residuos plásticos difíciles de reciclar en productos de valor, como aceites que pueden emplearse como materia prima industrial. Su proyecto más visible está en Córdoba, donde Sadeco adjudicó a Nantek una planta para valorizar residuos plásticos no reciclables mecánicamente.
La operación conviene contarla por fases. La primera prevé una inversión inicial de 22 millones de euros y una capacidad de hasta 16.000 toneladas anuales. El proyecto completo podría alcanzar los 65 millones de euros y superar las 54.000 toneladas al año. El objetivo municipal es avanzar hacia el “Vertido Cero de Plásticos” en 2027.
Lo relevante aquí no es solo la tecnología, sino el cambio de enfoque: tratar el residuo plástico problemático como una materia prima industrial y no como un final de trayecto. El matiz importa, porque el residuo que nadie quiere suele ser el que decide si la circularidad es real o solo bonita en una presentación.
Biome Makers - Leer el suelo para tomar mejores decisiones agrícolas
El suelo no es un soporte inerte. Es un ecosistema vivo lleno de microorganismos que condicionan la salud de los cultivos, la productividad agrícola y la capacidad de una explotación para resistir estrés climático.
Biome Makers, fundada por emprendedores españoles y con raíces en Valladolid, ha construido una de las grandes bases de datos de microbioma agrícola del mundo. Su plataforma BeCrop analiza la biología del suelo y traduce esa información en recomendaciones para agricultores, productores y empresas agroalimentarias.
La compañía trabaja ya con datos procedentes de seis continentes y decenas de millones de microorganismos identificados. En 2026, BeCrop fue reconocida como ganadora del AI for ALL Global Impact Challenge en el India AI Impact Summit, entre candidaturas procedentes de más de 60 países.
Su caso demuestra que la innovación ambiental no siempre está en grandes máquinas o infraestructuras. A veces empieza por entender qué está pasando bajo nuestros pies. Literalmente.
Pack2Earth - Envases compostables para sustituir plásticos difíciles
El plástico no solo es un problema cuando aparece en el mar, en una tubería o convertido en microfragmentos. Muchas veces empieza antes, en el diseño del envase.
Fundada en Barcelona en 2022, Pack2Earth desarrolla materiales biobasados y compostables a temperatura ambiente. Su foco está en una de las partes más complicadas del packaging: sustituir plásticos convencionales en aplicaciones que requieren barrera, resistencia y contacto con productos líquidos o semilíquidos.
En julio de 2025 cerró una ronda de 1,6 millones de euros liderada por Swanlaab Venture Factory. La compañía prevé reforzar su I+D, crear un laboratorio propio y ampliar actividad comercial en mercados internacionales.
Pack2Earth no es todavía una empresa de impacto masivo ni una solución industrial desplegada a gran escala. Es una apuesta tecnológica en una fase en la que todavía tiene que demostrar escala, coste y adopción. Pero el problema que aborda es real: el envase sostenible lleva años prometiendo mucho y resolviendo menos de lo necesario.
Su valor no está en prometer que el envase “desaparece”, una expresión demasiado cómoda para un problema demasiado complejo. Lo relevante es desarrollar materiales que reduzcan la dependencia del plástico fósil sin trasladar el problema a microplásticos, residuos tóxicos o procesos industriales inviables. En packaging, la sostenibilidad se decide menos en el eslogan y más en la barrera, la resistencia, el coste y el final de vida.
Bosquia - El reto no es plantar árboles, es que el bosque funcione
Después del suelo viene el territorio. Y pocas ideas son tan fáciles de vender y tan difíciles de ejecutar bien como plantar árboles.
Bosquia nació en 2019 en Gijón con una propuesta sencilla: ayudar a empresas a compensar parte de su huella de carbono mediante proyectos forestales. Pero la clave no está solo en plantar, sino en diseñar proyectos con especies autóctonas, adaptadas al territorio, con seguimiento y trazabilidad.
La compañía ha superado los 400 proyectos y trabaja con empresas que buscan acciones de reforestación, compensación o participación corporativa con impacto ambiental. Su propuesta combina proyectos de absorción registrados en España con créditos certificados bajo estándares internacionales como Verra o Gold Standard, según la necesidad de cada organización.
En un mercado donde la compensación de carbono puede sonar a trámite o a maquillaje verde, Bosquia tiene un reto claro: demostrar que el bosque no es una foto de equipo con una azada, sino una infraestructura natural que debe sobrevivir, crecer y computar de forma verificable. Porque plantar es fácil de contar. Lo difícil es que aquello siga vivo cuando ya no hay cámaras.
MacroCarbon - Algas para descarbonizar materiales y combustibles
El recorrido termina en una frontera todavía emergente: cultivar macroalgas en el océano para transformarlas en materias primas bajas en carbono, biocombustibles avanzados, biochar y compuestos de valor.
MacroCarbon, vinculada a Gran Canaria, desarrolla tecnologías para el cultivo flotante de sargazo y su posterior conversión industrial. La parte más llamativa de su propuesta es el vínculo con la aviación: la compañía investiga la conversión de biomasa marina en SAF, combustible sostenible de aviación, un sector donde la descarbonización sigue siendo especialmente compleja.
Hablamos de una tecnología en fase de desarrollo y escalado, no de una solución ya desplegada a escala comercial. Y esa prudencia no la hace menos interesante; al contrario, la coloca donde debe estar: en el terreno de las apuestas tecnológicas que habrá que seguir de cerca.
En 2025 arrancó Ocean Gardens, un proyecto europeo coordinado por MacroCarbon para desarrollar un modelo escalable y modular de cultivo oceánico de algas con aplicaciones en productos sostenibles, eliminación de CO2 y beneficios para ecosistemas marinos. El proyecto tiene calendario hasta 2028 y sitúa a Canarias como zona principal de demostración.
Si funciona, la compañía puede conectar tres mundos que normalmente se miran por separado: acuicultura, carbono azul e industria energética. No es una promesa cerrada. Es una hipótesis industrial ambiciosa. Y eso, bien contado, también merece sitio.
Diez empresas, una misma lectura
La innovación ambiental española ya no cabe en una sola etiqueta. Hay consultoras científicas, startups deep tech, compañías industriales, empresas de economía circular y proyectos que todavía están en fase piloto pero apuntan a mercados enormes.
Lo importante no es presentarlas como héroes verdes. Es entender qué problema aborda cada una, en qué fase está y qué datos permiten seguir su evolución.
La sostenibilidad empresarial empieza a madurar cuando deja de venderse como relato y empieza a comportarse como infraestructura, tecnología, medición y gestión del riesgo. O dicho de otra manera: menos épica verde y más capacidad de ejecución. Ese es el mapa que merece la pena mirar este Día Mundial del Medio Ambiente.