España estrena la fotovoltaica flotante en mar abierto con una plataforma de tecnología propia
La plataforma Paiporta, desarrollada por la ingeniería española BlueNewables con el apoyo de Naturgy, ha llegado al puerto de Valencia para iniciar dos años de pruebas en condiciones reales de mar: es la primera instalación solar flotante marina a escala precomercial de España, con una potencia total prevista de 1 MW.
Instalar placas solares a flotar en mar abierto suena a idea temeraria. El mar es un entorno hostil, corrosivo y en movimiento constante, lo contrario del terreno firme y seco que la fotovoltaica necesita. Y sin embargo, esa idea aparentemente imposible acaba de convertirse en realidad flotando en el puerto de Valencia. La plataforma Paiporta, la primera instalación de energía solar flotante marina de España, ha llegado a aguas valencianas para iniciar su fase de pruebas, y lo ha hecho con tecnología, ingeniería e industria íntegramente españolas.
El proyecto lo lidera BlueNewables, una ingeniería especializada en energías renovables marinas con base en Vigo, con el respaldo de Naturgy y en el marco del programa RENMARINAS coordinado por la Autoridad Portuaria de Valencia y financiado por el IDAE con fondos europeos. La plataforma que ha llegado ahora es la primera de dos unidades de 500 kW que, juntas, completarán un demostrador de 1 MW. La segunda está previsto que llegue a finales de verano.
Una placa solar que se refrigera con el mar
La tecnología, bautizada como PV-bos (PhotoVoltaic-BlueNewables Offshore Solutions), no es una simple balsa con paneles encima. Su diseño responde a los problemas concretos que plantea el mar, y ahí está buena parte de su valor. La plataforma adopta una arquitectura tipo catamarán, optimizada para soportar el oleaje, que eleva los paneles a una altura segura sobre el agua. Eso mejora el rendimiento y, sobre todo, facilita el mantenimiento, uno de los grandes quebraderos de cabeza de cualquier instalación marina.
A esa base se suman dos ventajas técnicas que la fotovoltaica terrestre no puede replicar. La primera son los paneles bifaciales, que generan electricidad tanto con la radiación solar directa como con la luz reflejada en la superficie del mar, lo que incrementa la producción. La segunda es más ingeniosa todavía: el sistema aprovecha el agua del mar como refrigerante natural. Los paneles solares pierden eficiencia cuando se calientan, un problema serio en los climas cálidos donde más sol hay; al estar sobre el agua, los módulos se mantienen a menor temperatura y rinden más. El mar, que parecía el enemigo, se convierte en aliado.
La instalación completa generará alrededor de 1.500 MWh al año, energía suficiente para abastecer a unos 500 hogares, y evitará la emisión de más de 600 toneladas de CO₂ anuales. Son cifras modestas, propias de un demostrador, pero el objetivo de esta fase no es producir a gran escala, sino validar que la tecnología funciona en condiciones reales de mar abierto antes de dar el salto comercial.
El músculo industrial que hay detrás
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto, y que a menudo queda oculto tras el titular tecnológico, es la cadena industrial española que lo ha hecho posible. La estructura se construyó en el astillero San Enrique de Vigo, un ejemplo de cómo la industria naval tradicional puede reinventarse abordando los retos de la nueva economía marina. Y las estructuras de aluminio las fabricó Alusín Solar, una empresa asturiana de Avilés especializada en soportes para paneles solares, con presencia en más de una treintena de países.
Su director general, Javier Fernández-Font, relataba en redes la reacción que tuvo cuando desde BlueNewables le plantearon el encargo: "¿Podéis fabricar estructuras para poner paneles solares en el mar?". La respuesta, entre la incredulidad y el entusiasmo, resume bien el espíritu de un proyecto que, en sus palabras, "no llegaba buscando un proveedor, sino compañeros de viaje" para "resolver problemas que todavía nadie había resuelto". Ese es precisamente el tipo de innovación aplicada que mueve a la industria: convertir una idea que parece imposible en algo que un día aparece flotando en el mar. Como él mismo apuntaba, todas las tecnologías que hoy nos parecen normales fueron, en su momento, una apuesta arriesgada.
Detrás del proyecto hay, por tanto, una alianza que combina ingeniería especializada, industria naval e industria auxiliar, con respaldo institucional. Es un retrato de capacidades industriales repartidas por el país, con un fuerte peso del noroeste —Galicia y Asturias— que se coordinan para sacar adelante una tecnología puntera que se prueba en el Mediterráneo.
Por qué la fotovoltaica se va al mar
El interés de esta tecnología va más allá de la proeza técnica. Responde a un problema real y cada vez más acuciante: el suelo. Los grandes proyectos fotovoltaicos terrestres necesitan enormes extensiones de terreno, lo que genera tensiones por el uso del suelo, competencia con la agricultura y rechazo social en algunos territorios. Llevar la generación solar al mar abre un espacio prácticamente ilimitado y sin esos conflictos.
Además, la fotovoltaica flotante marina tiene un potencial estratégico que encaja con otra de las grandes apuestas energéticas del país: la hibridación con la eólica marina. Compartir espacio e infraestructura entre aerogeneradores flotantes y plataformas solares permitiría aprovechar mejor las zonas habilitadas en el mar y generar energía de forma más constante. Es una vía complementaria a otros desarrollos de energía marina que se están explorando en España, como los sistemas para almacenar hidrógeno verde en plataformas eólicas flotantes en alta mar. Todas apuntan en la misma dirección: convertir el mar en un espacio de generación de energía limpia.
El proyecto tiene también una carga simbólica que sus responsables han querido subrayar. La plataforma se ha bautizado como Paiporta en homenaje al municipio valenciano, uno de los más golpeados por la DANA de 2024. Un gesto que vincula una tecnología orientada a combatir el cambio climático con una de sus consecuencias más dolorosas y recientes en España.
Ahora empieza lo más importante: probar, medir y aprender. Durante los próximos dos años, Naturgy y BlueNewables analizarán el comportamiento de la plataforma en condiciones reales, recopilando datos de rendimiento, incidencias y costes que determinarán si esta tecnología está lista para dar el salto del mar de pruebas al mercado. Si las matemáticas de los ingenieros resisten el embate de las olas y la sal, España se habrá situado entre los primeros países del mundo en dominar una tecnología con un mercado global por delante.