Combustibles renovables

Repsol arranca la producción a gran escala de combustibles 100% renovables en Puertollano y consolida su liderazgo en descarbonización del transporte

Repsol arranca la producción a gran escala de combustibles 100% renovables en Puertollano y consolida su liderazgo en descarbonización del transporte / Cedida

La nueva planta, en la que la compañía ha invertido 130 millones de euros, tiene capacidad para producir 200.000 toneladas anuales de combustibles renovables a partir de aceite de cocina usado y residuos de la industria agroalimentaria, y evitará la emisión de 700.000 toneladas de CO₂ al año considerando todo el ciclo de vida del producto.

La descarbonización del transporte por carretera y marítimo no se va a resolver con una sola tecnología. Va a requerir electrificación masiva, hidrógeno verde, eficiencia, y también combustibles líquidos de origen renovable que permitan reducir emisiones inmediatamente sobre la flota ya existente, sin necesidad de cambiar motores ni infraestructuras de repostaje. Es en ese frente donde Repsol acaba de dar un paso significativo: la compañía ha iniciado la producción a gran escala de combustibles 100% renovables en su Complejo Industrial de Puertollano (Ciudad Real), su segunda planta dedicada en exclusiva a este tipo de combustibles en la península ibérica.

La operación tiene tres lecturas que conviene leer en conjunto: una industrial, una estratégica y una climática. Las tres coinciden en señalar el mismo movimiento: Repsol está transformando físicamente sus complejos de refino para que pasen de producir derivados del petróleo a producir moléculas renovables, manteniendo la infraestructura existente y reduciendo así el coste y la complejidad del proceso de descarbonización.

Una refinería convertida en planta de combustibles renovables

El núcleo técnico del proyecto es probablemente lo más interesante. Por primera vez en la península ibérica, Repsol ha transformado una unidad de refinería que procesaba materia prima de origen fósil en una instalación capaz de utilizar aceite de cocina usado y otros residuos de la industria agroalimentaria. Eso significa que la planta no se ha construido desde cero: se ha reconvertido. Y esa reconversión es la palanca que permite a la compañía escalar la producción de combustibles renovables sin la inversión multimillonaria que supondría levantar instalaciones nuevas en otros emplazamientos.

La inversión total ha superado los 130 millones de euros. La planta tiene capacidad para producir 200.000 toneladas anuales de diésel renovable, que se suman a las 250.000 toneladas anuales que ya produce la planta de Cartagena. Con ambas unidades operativas, Repsol alcanza una capacidad combinada de 450.000 toneladas anuales de combustibles renovables en la península, una cifra que consolida a la compañía como primer productor y comercializador de este tipo de combustibles en el mercado ibérico.

"El inicio de la producción de esta planta supone un paso más en la apuesta de Repsol por los combustibles líquidos de origen renovable, así como en la transformación de nuestro complejo, con el objetivo de consolidarse como un centro multienergético", señaló Antonio Lorenzo, director del Complejo Industrial de Repsol en Puertollano.

Aceite usado y residuos agroalimentarios como materia prima

La economía circular es el corazón del modelo. La planta procesa aceite de cocina usado —el que se recoge en restaurantes, hoteles y hogares— junto a residuos de la industria agroalimentaria que en otros escenarios irían a vertedero o a aprovechamientos de menor valor. El producto final es un diésel renovable de alta gama que puede utilizarse de forma inmediata en coches, camiones y barcos sin ninguna modificación de los motores ni de las infraestructuras de repostaje existentes.

Las cifras de impacto climático son significativas. El uso de las 200.000 toneladas anuales de combustible renovable producidas en Puertollano permitirá evitar la emisión de 700.000 toneladas de CO₂ al año considerando todo el ciclo de vida del producto —desde la recogida de la materia prima hasta su combustión final— en comparación con los combustibles convencionales a los que sustituyen.

El Diésel Nexa, el combustible de más alta gama de Repsol y de origen 100% renovable, ya está disponible en más de 1.600 estaciones de servicio en España y Portugal y es compatible con todos los motores diésel. Una distribución capilar que diferencia esta solución de otras alternativas tecnológicamente más sofisticadas pero todavía limitadas en alcance, como el hidrógeno verde aplicado al transporte pesado.

Una pieza más de la estrategia de transformación industrial

El arranque de Puertollano encaja en la estrategia que Repsol viene defendiendo en los últimos meses con creciente intensidad. En su Junta General de Accionistas de mayo, el presidente Antonio Brufau reivindicó el refino como industria estratégica europea y defendió que la transición energética debe construirse aprovechando las infraestructuras y conocimiento industrial existentes en lugar de descartarlos como un activo del pasado.

Puertollano es exactamente esa lógica aplicada al detalle: una unidad concebida para procesar petróleo se transforma en una unidad que procesa residuos orgánicos, manteniendo los oleoductos, los tanques de almacenamiento, los sistemas de carga y la conexión logística con la red comercial. Es un planteamiento que reduce el coste industrial de la descarbonización y, simultáneamente, mantiene el empleo y la actividad económica de la comarca.

El proyecto ha implicado durante su construcción a 80 empresas del sector industrial —la mayoría de la comarca de Puertollano—, con una media de más de 100 trabajadores diarios y picos de hasta 250 personas durante las fases más intensivas. Un impacto laboral significativo en una zona donde la industria de proceso es uno de los principales motores económicos.

El siguiente eslabón: e-fuels y combustibles sintéticos

La producción de Puertollano no es el final del camino, sino un eslabón en una cadena que Repsol está construyendo a velocidad creciente. La compañía ya opera una planta demostrativa de combustibles sintéticos —e-fuels producidos a partir de hidrógeno verde y CO₂ capturado— en su complejo de Bilbao, y prevé poner en marcha en 2029 la Ecoplanta de Tarragona, orientada a la economía circular y a la producción de metanol a partir de residuos.

El conjunto dibuja una estrategia clara: producir combustibles líquidos con cada vez menor huella de carbono, aprovechando las infraestructuras industriales existentes y manteniendo la compatibilidad con el parque de vehículos y embarcaciones ya operativos. En un escenario donde la electrificación del transporte pesado y marítimo enfrenta limitaciones técnicas reales, los combustibles renovables emergen como una de las palancas más realistas de descarbonización a corto y medio plazo. Y Repsol acaba de poner en marcha una pieza significativa de ese tablero.