La transición verde en ciudades industriales: lo que Avilés y 9 ciudades europeas han aprendido
Cuando pensamos en antiguas ciudades industriales, a menudo evocamos imágenes de un pasado glorioso pero superado. Sin embargo, lejos de ser reliquias, muchas de estas ciudades se están reinventando silenciosamente como pioneras de la transición verde, demostrando una resiliencia y una capacidad de innovación extraordinarias.
Este es el caso de una red de diez ciudades europeas que, en el marco del programa URBACT y con cofinanciación de la Unión Europea, han colaborado bajo el paraguas del proyecto In4Green para diseñar planes de acción integrados que transformen sus economías locales. Su viaje ofrece una visión realista y práctica, alejada de los grandes discursos teóricos sobre la sostenibilidad.
In4Green es una Action Planning Network de URBACT, cofinanciada por la Unión Europea, creada para impulsar la transición verde en ciudades industriales pequeñas y medianas. Durante junio de 2023 a diciembre de 2025, diez ciudades trabajaron en paralelo en sus Planes de Acción Integrados, apoyándose en grupos locales (ULG), herramientas comunes y un intercambio transnacional continuo (visitas, sesiones de aprendizaje y revisión entre pares). Además de Avilés, la red incluye Sabadell (España), Solingen (Alemania), Salerno (Italia), Larissa (Grecia), Navan (Irlanda), Vila Nova de Famalicão (Portugal), Dąbrowa Górnicza (Polonia), Bijelo Polje (Montenegro) y Žďár nad Sázavou (República Checa).
En este artículo, compartiremos cinco lecciones y de gran impacto extraídas directamente de su experiencia. Utilizando a la ciudad de Avilés como ejemplo central, exploraremos cómo estas comunidades industriales no solo están afrontando su futuro, sino que están trazando un nuevo camino para todos.
¿Por qué Avilés? Porque representa un caso especialmente interesante: combina una fuerte herencia industrial con una escala manejable y una red de actores local consolidada, lo que la convierte en un laboratorio realista para experimentar cómo puede aterrizarse la transición verde sin perder competitividad ni cohesión social.
1. No existe una receta única: la fortaleza está en la diversidad de caminos
Aunque las diez ciudades de la red In4Green compartían el mismo desafío fundamental -hacer más verdes sus economías industriales-, sus soluciones fueron intencionadamente diversas. La primera gran lección es que no existe un modelo único para la transición ecológica. De hecho, esta diversidad de caminos no fue vista como una debilidad, sino como su mayor fortaleza.
Cada ciudad identificó su propio “punto de entrada” basándose en su estructura económica, sus activos y sus necesidades particulares. Avilés, por ejemplo, centró su Plan de Acción Integrado en tres áreas clave interconectadas: la descarbonización de procesos productivos, el impulso de la economía circular para optimizar recursos y la regeneración de áreas industriales. Este enfoque aprovecha su herencia industrial para transformarla en un motor de sostenibilidad
En contraste, una ciudad como Solingen (Alemania) optó por un punto de entrada diferente, poniendo el foco en el apoyo a las pymes y en la formación y capacitación de los trabajadores para las nuevas tecnologías verdes. Esta diversidad demuestra que el cambio efectivo no se logra importando planes maestros, sino construyendo estrategias arraigadas en la realidad y las fortalezas de cada lugar.
2. “Integración” no es solo una palabra de moda: es una herramienta visual y práctica
El término “enfoque integrado” a menudo suena a jerga abstracta y burocrática. Sin embargo, la experiencia de la red In4Green revela que, con las herramientas adecuadas, puede convertirse en un principio de diseño muy práctico. La clave fue el uso del “Mandala de Enfoque Integrado”, un instrumento visual sorprendentemente útil
Este mandala ayudó a las ciudades a mapear todas las dimensiones de su plan de acción. En una sola vista, podían analizar desde los sectores políticos implicados (energía, urbanismo, economía) y los actores clave (empresas, universidades, ciudadanía), hasta los plazos, los niveles de gobernanza, el enfoque espacial (¿barrios o toda la ciudad?) y la coherencia con otras estrategias ya existentes.
El propósito de esta herramienta no era obligar a las ciudades a hacerlo todo a la vez. Al contrario, su valor residía en ayudar a identificar prioridades, detectar posibles lagunas o “puntos ciegos” y tomar decisiones conscientes sobre dónde concentrar los esfuerzos. Para ciudades como Avilés, el mandala transformó un concepto abrumador en una tarea de diseño manejable, facilitando debates más claros y productivos entre los actores locales.
3. La colaboración real necesita más que buenas intenciones: necesita método
Reunir a los actores locales es fundamental para cualquier transformación urbana. En la red In4Green, esto se hizo a través de los Grupos Locales URBACT (ULG), que congregaron a representantes del ayuntamiento, empresas, sindicatos, entidades sociales y otros actores relevantes. Pero una de las lecciones más importantes fue que no basta con sentar a todos en la misma mesa; se necesitan herramientas estructuradas para que la conversación se convierta en acción.
Una de las herramientas más efectivas fue la “matriz de impacto/esfuerzo”. Este sencillo cuadrante permite a los grupos clasificar posibles acciones en cuatro categorías: “Victorias rápidas” (alto impacto, bajo esfuerzo), “Grandes proyectos” (alto impacto, alto esfuerzo), “Tareas de relleno” (bajo impacto, bajo esfuerzo) y “Tareas ingratas” (bajo impacto, alto esfuerzo).
Imaginemos al grupo local de Avilés utilizando esta matriz. Los representantes empresariales podrían defender un “gran proyecto” como la modernización energética de todo un polígono industrial, mientras que las organizaciones vecinales podrían abogar por una “victoria rápida” como un nuevo programa de reciclaje para pymes. La matriz no da una respuesta mágica, pero estructura el debate, obliga a negociar prioridades de forma transparente y ayuda a construir un plan de acción factible, convirtiendo el consenso general en una hoja de ruta implementable.
4. Copiar no es la solución: el verdadero aprendizaje está en la adaptación crítica
La idea de encontrar un proyecto exitoso en otra ciudad y simplemente “copiarlo” es tentadora, pero rara vez funciona. La red In4Green adoptó un enfoque mucho más sofisticado para el aprendizaje entre pares, construyendo una base de conocimiento compartida con 49 buenas prácticas de las ciudades socias.
El foco nunca estuvo en celebrar los éxitos, sino en analizarlos críticamente. Cada buena práctica se documentó prestando especial atención a las lecciones aprendidas, los factores de éxito y, sobre todo, las condiciones para su transferibilidad. Se trataba de entender el “porqué” y el “cómo” detrás del éxito, no solo el “qué”.
Por ejemplo, una de las buenas prácticas de Avilés fue “Avilés Innova”, un pacto público-privado orientado a promover desarrollo económico y sostenibilidad. Otra ciudad de la red no buscaría replicar el texto exacto del acuerdo, sino que analizaría por qué funcionó en el contexto de Avilés -la confianza existente entre actores, el marco institucional, los incentivos, los roles claros- para adaptar esos principios subyacentes a su propia realidad. Esta forma de aprendizaje es más madura y efectiva: la inspiración conduce a una adaptación reflexiva, no a una imitación ciega.
5. Para pensar en grande, empieza en pequeño: el poder de la experimentación
La planificación urbana tradicional, basada en rígidos “planes maestros” a largo plazo, a menudo choca con la velocidad del cambio. La red In4Green demostró el valor de un enfoque más ágil, contrastando este viejo modelo con el poder de la experimentación a pequeña escala. A través de “acciones de testeo” y actividades piloto, las ciudades pudieron probar sus ideas en el mundo real antes de comprometerse con ellas.
Estos pequeños experimentos ofrecieron beneficios invaluables. Proporcionaron retroalimentación tangible sobre la viabilidad de una idea, permitieron generar evidencia para justificar inversiones mayores, involucraron a los actores locales en iniciativas concretas y, fundamentalmente, ayudaron a reducir el riesgo asociado a la innovación.
Los conocimientos obtenidos en estas pruebas a menudo llevaron a las ciudades a refinar, ajustar o incluso rediseñar por completo algunas propuestas. Esta filosofía de “aprender haciendo” es crucial para navegar la incertidumbre de una transición tan compleja, permitiendo a ciudades como Avilés construir impulso y confianza a través de pasos pequeños pero tangibles.
Conclusión: un nuevo camino para las ciudades industriales
La experiencia de la red In4Green nos enseña que la transición verde en las ciudades industriales no es una solución técnica impuesta desde arriba, sino un viaje dinámico y colaborativo de aprendizaje y adaptación. Sus Planes de Acción Integrados no son “planes maestros” estáticos, sino marcos vivos diseñados para evolucionar.
La fortaleza de estos planes no reside en ser documentos perfectos e inamovibles, sino en estar construidos sobre la base de la apropiación local y la validación en el mundo real. Avilés -y el resto de ciudades de la red- demuestran que el cambio es posible cuando se combina visión con acción local.
Y quizá lo más importante: el primer paso no es una gran inversión, sino una buena pregunta compartida. ¿Cuál sería ese primer movimiento -pequeño, realista y medible- que tu propia comunidad podría activar para empezar a girar el rumbo?