SEMANA TRANSFERENCIA CONOCIMIENTO

La Universidad de Oviedo impulsa la transferencia de conocimiento para responder a las necesidades de empresas y sociedad

II edición de las Jornadas de Transferencia organizadas por la Universidad de Oviedo / Marta Martín
En la segunda edición de estas jornadas, la institución propone mesas de debate, diagnóstico de necesidades y espacios de encuentro.

La transferencia del conocimiento, en esencia, parte de una idea tan sencilla como poderosa: hay problemas que necesitan soluciones y hay conocimiento capaz de proporcionarlas. El reto está en lograr que ambos mundos, el académico y el productivo, se encuentren, se entiendan y colaboren. Esa es la premisa que atraviesa la segunda edición de La Semana de la Transferencia, iniciativa que celebra la Universidad de Oviedo y que se traduce en un espacio concebido para tender puentes entre la investigación universitaria y las necesidades reales que tiene tanto la sociedad como las empresas. Ayer, 20 de enero, se celebró la segunda jornada del programa en el Edificio Severo Ochoa de Oviedo. Cristina González, directora general de Universidad del Gobierno del Principado, recordó que la transferencia del conocimiento es “un concepto muy complejo, que lleva muchos años siendo cuestionado y sometido a debate”, pero que constituye una de las funciones fundamentales de la educación superior universitaria. 

En el ámbito normativo, explicó, se define como “la colaboración entre docentes y universitarios y el entorno externo en áreas como investigación, desarrollo, innovación, consultoría, formación especializada y actividades artísticas”, un proceso que a menudo se articula a través de contratos y convenios entre organizaciones. No obstante, subrayó que la transferencia “es mucho más que esta definición normativa”, ya que implica “conectar el saber más avanzado con el entorno productivo y social, poniendo la educación superior al servicio de la sociedad en su conjunto”.

La transferencia como diálogo entre universidad y empresa

Tras la intervención institucional, tomó la palabra Susana Luque, vicerrectora de Transferencia y Relaciones con la Empresa de la Universidad de Oviedo, quien se detuvo en las principales conclusiones de la jornada celebrada el día anterior. Luque recordó que el encuentro del 19 de enero reunió a 27 grupos de investigación, que presentaron sus capacidades y líneas de trabajo, así como a más de 25 representantes de empresas e instituciones, con la participación del CEEI Asturias y de dos asociaciones de estudiantes. Un despliegue que, a su juicio, “refleja el ecosistema de transferencia que existe en la Universidad de Oviedo”, y que pone de manifiesto la diversidad de actores implicados en este tipo de procesos.

Susana Luque, vicerrectora de Transferencia y Relaciones con la Empresa de la Universidad de Oviedo y Cristina González, directora general de Universidad del Gobierno del Principado / Marta Martín

Durante esa primera jornada, explicó, se abordaron distintas temáticas clave para la colaboración universidad-empresa. Entre ellas, destacó el análisis de modelos de transferencia en universidades punteras como la Universidad de Santiago de Compostela, una referencia en este ámbito que incluso cuenta con un fondo de inversión propio, porque, como señaló Luque, “hay que fijarse en los mejores para mejorar”. También se escucharon las opiniones y necesidades del tejido empresarial, especialmente en cuestiones como el talento, las cátedras universitarias y los retornos, tanto directos como estratégicos a largo plazo, entendidos estos últimos como beneficios sostenidos en el tiempo derivados de una colaboración estable. 

Asimismo, se reflexionó sobre el contexto TIC, el papel de las microcredenciales universitarias y la importancia de que el personal docente mantenga “una visión abierta sobre la transferencia”. En este sentido, Luque subrayó que, aunque la Universidad de Oviedo cuenta con más de 200 grupos de investigación, esa capacidad “solo se convierte en impacto con diálogo”, y defendió que la colaboración entre universidad y empresa es “un win-win” en el que resulta fundamental “favorecer el encuentro, la colaboración y el intercambio de ideas”.

Qué buscan hoy las empresas para innovar 

La identificación de necesidades reales del tejido productivo centró la intervención de Jorge Julián Álvarez, representante de Bayer y presidente del Clúster de la Industria Química y de Proceso de Asturias, quien explicó los resultados de una encuesta impulsada el pasado año con motivo del 25º aniversario del clúster, una entidad “muy ligada a la Universidad de Oviedo”. Según detalló, el objetivo del estudio era claro: “preguntar directamente a las empresas en qué les interesa investigar en I+D+i y qué necesidades formativas detectan en el personal que necesitan incorporar”.

La encuesta se dirigió no solo a las empresas integradas en el propio clúster, sino que amplió su alcance con la participación de organizaciones como FEMETAL, el clúster TIC y el clúster ECCO, con el fin de obtener una visión más amplia del ecosistema industrial asturiano. En cuanto a las áreas de interés en investigación e innovación, Álvarez señaló que las empresas apuntaron a ámbitos “muy vinculados a los grandes retos actuales”, como la optimización del tratamiento de aguas residuales y la minimización de emisiones, la generación de hidrógeno verde, los procesos de descarbonización y los métodos de captura de CO2. A ello se suman la implantación de sistemas avanzados de automatización, monitorización digital e inteligencia artificial, el desarrollo de nuevas formulaciones farmacéuticas y tecnologías de producción sostenible, así como la búsqueda de materiales alternativos a los PFAS.

Jorge Julián Álvarez, representante de Bayer y presidente del Clúster de la Industria Química y de Proceso de Asturias / Marta Martín

En el ámbito de la formación, el presidente del clúster subrayó que las empresas no demandan únicamente perfiles altamente especializados, sino también competencias transversales. “No solo se trata de formación específica, sino de contar con personas capaces de desarrollar proyectos”, afirmó, en referencia a habilidades como la comunicación, el liderazgo o el trabajo en equipo. Entre las necesidades detectadas mencionó también itinerarios mixtos entre formación profesional y universidad, especializaciones transversales y proyectos duales que conecten el ámbito TIC con la industria. Asimismo, destacó la importancia creciente de la economía circular y la sostenibilidad, junto a la digitalización y el tratamiento de datos, especialmente en lo relativo a disponer de información en tiempo real para la toma de decisiones, con campos como la ciberseguridad, la industria 4.0, el blockchain o los métodos BIM. Finalmente, Álvarez apuntó que áreas como la IA, el aprendizaje automático y la computación cuántica se perfilan como ámbitos estratégicos en los que será imprescindible reforzar la formación y el talento disponible.

De las encuestas a las personas

El paso de las necesidades detectadas a través de encuestas a las expresadas en primera persona llegó con la mesa redonda moderada por Mateo Tuñón, gerente de Bioasturias, quien recordó que el clúster, con cuatro años de trayectoria, agrupa a cerca de cincuenta empresas a lo largo de la cadena de valor del sector biosanitario. Un ámbito “muy amplio”, señaló, en el que el objetivo del encuentro era “buscar colaboraciones y oportunidades”, a partir de la experiencia concreta de las compañías participantes del debate. En este coloquio participó Claudio Hidalgo, CEO de Microviable Therapeutics, empresa biotecnológica que desarrolla medicamentos biológicos basados en bacterias de la microbiota para abordar necesidades médicas no cubiertas, con foco en oncología y enfermedades infecciosas; Natalia Cuervo, directora científica de FourStrain, compañía biotecnológica que trabaja en bioproducción/biotecnología industrial, con una apuesta destacada por la fermentación de precisión para desarrollar proteínas recombinantes e ingredientes sostenibles con aplicaciones como cosmética y también alimentación; Desirée Guerrero, socia fundadora de PROPHAREX SL, empresa especializada en la distribución y comercialización (B2B) de productos para farmacia y parafarmacia, incluyendo cosmética/dermocosmética, productos sanitarios, ortopedia, complementos alimenticios y cuidado personal, además de trabajar con marcas propias y exclusivas.; y Álvaro Fueyo, responsable del Laboratorio de Genética de TAXUS Medio Ambiente, consultoría ambiental que integra ciencia y tecnología para prestar servicios de evaluación ambiental y biodiversidad, con un área fuerte de genética ambiental.

Preguntados por su relación con la universidad, Claudio Hidalgo explicó que la colaboración forma parte de la trayectoria de su empresa: “Tenemos mucha vinculación con organismos públicos de colaboración, tanto a nivel nacional como internacional, y también con la Universidad de Oviedo”, afirmó, destacando que la institución académica “forma parte de la primera patente de Microviable”, un dispositivo médico desarrollado por la compañía. En la misma línea, Natalia Cuervo señaló que FourStrain mantiene colaboración con la universidad a través del área de Tecnologías de Bioprocesos Tractores, lo que les permite “acceder a infraestructuras universitarias”, además de trabajar con el equipo de NanoBioMem, con el que cuentan con “una propuesta de codirección de tesis”.

Desde una perspectiva distinta, Desirée Guerrero reconoció que hasta ahora PROPHAREX no ha colaborado directamente con la universidad porque “no hacemos investigación directa”, aunque apuntó que muchos de los productos que distribuyen, como ensayos o test que avalan su uso, “suelen desarrollarse en universidades”, lo que despierta su interés por conocer “qué podría aportar la Universidad de Oviedo” en ese ámbito. Por su parte, Álvaro Fueyo explicó que TAXUS mantiene “cuatro convenios directos con la Universidad de Oviedo, dos con Genética y otros dos con Zoología”, además de colaboraciones con otras universidades, como la de León. “TAXUS siempre ha tenido que estar en la I+D; a TAXUS se la estudia en las universidades”, afirmó, recordando que hace años aprovecharon ese conocimiento para iniciar “un campo completo dedicado a la I+D”, del que surgió un nuevo departamento de genética ambiental.

En la mesa de debate sobre identificación de necesidades empresariales participaron (de izquierda a derecha en la foto): Claudio Hidalgo, CEO de Microviable Therapeutics; Natalia Cuervo, directora científica de FourStrain; Desirée Guerrero, socia fundadora de PROPHAREX SL; y Álvaro Fueyo, responsable del Laboratorio de Genética de TAXUS Medio Ambiente / Marta Martín

Talento, validación y tiempo

El debate se centró después en las necesidades concretas de las empresas, donde las intervenciones se volvieron especialmente directas. Álvaro Fueyo señaló la falta de perfiles en bioquímica y química que permitan “mejorar los sistemas de captación de ADN ya que el muestreo sigue siendo un factor limitante y necesitamos alguien que lo consiga optimizar”. Desde PROPHAREX, Desirée Guerrero puso como ejemplo una de sus marcas propias, una crema que promocionan en eventos deportivos y que llega a deportistas profesionales, cuyo contenido en CBD debe estar certificado. “Necesitamos un test que valide que la cantidad de CBD es la adecuada, un sistema de control, validación y homologación”, explicó.

Natalia Cuervo lanzó dos demandas muy concretas desde FourStrain. Por un lado, la necesidad de realizar “una primera validación de los productos cosméticos”, con test de eficacia, resistencia y durabilidad. Por otro, la incorporación de perfiles con conocimientos en bioinformática, análisis de datos, modelado y dinámica molecular, que les permitan “saber qué resultados vamos a tener después”. Fue en ese contexto cuando desde el público un investigador con formación en Física intervino para ofrecer su ayuda, preguntando por los rangos de medida con los que trabajaban. Cuervo explicó que las cápsulas se mueven “entre los 200 y los 300 nanómetros” y apuntó que el principal problema que se encuentra cuando lo intenta hacer ella es “un colapso del programa, seguramente por saturación de átomos”, lo que dificulta la extrapolación de datos.

En su intervención final, Claudio Hidalgo lanzó una reflexión crítica sobre la colaboración universidad-empresa. “Siempre hablamos de hacer colaboraciones, pero luego no se hace tanto”, afirmó, advirtiendo de que, cuando existe un interés real, “no se puede esperar al último momento de las convocatorias de subvenciones”. En su opinión, es necesario “establecer la conexión con tiempo, conocerse y generar confianza”. En cuanto al talento, subrayó la falta de perfiles “más puros de matemáticas, ingeniería de datos y análisis”, ya que, aunque desde la empresa pueden formar en la parte biológica, “necesitamos ese otro factor más digital”. Una idea que reforzó el propio Tuñón al señalar que desde Bioasturias las empresas también demandan perfiles de ámbitos como los recursos humanos, la educación o la psicología, evidenciando el carácter cada vez más transversal de la innovación.

De la universidad al impacto real

Susana Luque explicó que la transferencia del conocimiento responde a una cadena lógica que va desde la investigación, como generación de conocimiento, hasta su impacto en la sociedad, pasando por la valorización y protección de los resultados y su aplicación en la empresa como innovación. Para facilitar ese recorrido, la Universidad de Oviedo dispone de una estructura específica de apoyo que acompaña tanto a investigadores como a empresas en cada fase del proceso.

Susana Luque, vicerrectora de Transferencia y Relaciones con la Empresa de la Universidad de Oviedo / Marta Martín

La principal puerta de entrada es la Oficina de Transferencia de Conocimiento (OTC), donde se identifican y valorizan los resultados de investigación, se protegen mediante patentes u otras fórmulas y se gestionan contratos, acuerdos y licencias con empresas, así como la creación de spin-offs y startups. A este servicio se suman la Fundación Universidad de Oviedo, encargada de la gestión de contratos de I+D+i; los Servicios Científico-Técnicos, que ponen la capacidad tecnológica universitaria al servicio de la innovación aplicada; las cátedras universidad-empresa y las microcredenciales universitarias, orientadas a una formación ágil y adaptada a las necesidades del mercado. Todo ello se refuerza mediante alianzas estratégicas con entidades como el CEEI Asturias o el Ayuntamiento de Avilés, que amplían las oportunidades de colaboración y transferencia al territorio.