Convertir la ciencia en riqueza

Descubrimos los secretos del CINN en Nanomateriales y Nanotecnología.

El CINN (Centro de Investigación en Nanomateriales y Nanotecnología) es un centro mixto de investigación creado en el año 2007 por iniciativa conjunta del CSIC, el Gobierno del Principado de Asturias y la Universidad de Oviedo. Desde su sede en El Entrego, este equipo compuesto por jóvenes investigadores detecta necesidades sociales, científicas y tecnológicas, estudia los mercados y busca financiación para generar conocimiento en esos campos. Las investigaciones del CINN abarcan sectores tan dispares como la biomedicina, la seguridad, las tecnologías de la información y la comunicación, y la industria; de hecho, fabrican desde materiales ultraduros para el blindaje de chalecos antibalas hasta espejos para satélites de observación terrestre.

El camino desde el laboratorio hasta el mercado

El centro, que cuenta con 17 patentes desde el año 2013, lleva a cabo una investigación interdisciplinar de alta calidad que combina con actividades de demostración científico-tecnológica, y tiene entre sus muchos objetivos la creación de nuevas empresas de base tecnológica. Una de ellas es Nanoker, una «spin off» situada en Olloniego, que ha obtenido un proyecto de la Unión Europea para la utilización de los biovidrios en los implantes dentales. La novedad que aporta Nanoker está en la utilización de un componente cerámico y el biovidrio que lo recubre para impedir que se deposite el sarro y que se desarrollen enfermedades como la piorrea. Además de ésta, se han puesto en marcha una firma de sustitutivos óseos, Advanced Science and Technology (AST), y otra de materiales para satélites y para la fabricación de microchips, Ultra Stable Materials (USM Space).

Entre otros, el CINN desarrolla actualmente «Ecoplackaging», un proyecto europeo orientado a desarrollar materiales plásticos biodegradables para envases.  El objetivo es desarrollar un nuevo polímero totalmente biodegradable que permita sustituir los derivados del petróleo y reducir así el impacto medioambiental de los plásticos. Cuenta para ello con un presupuesto de 670.000 euros y la colaboración de investigadores españoles, checos y portugueses.

El arte, es otro de los sectores a los que el CINN ofrece sus innovadores servicios, y de estos se benefició muy recientemente una de nuestras joyas prerrománicas más importantes: Santa Cristina de Lena, en cuyo interior se realizó un escaneado de alta resolución por láser para crear un holograma del edificio, declarado Monumento Nacional y Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

El CINN, por su parte, tiene muy claro que, para dar soluciones desde la investigación y la innovación, es imprescindible la colaboración con otros centros de investigación y centros tecnológicos, pero sobre todo con empresas

Desde el Gobierno del Principado parten elogios hacia el centro de El Entrego, y también promesas, como las de Adrián Barbón, quien, tras visitar el CINN el pasado mes de mayo, aseguraba que su gobierno sería cercano a los científicos y concentraría todas las competencias en innovación en una consejería, además de incrementar la inversión pública hasta un 2% del PIB y lograr la transferencia del conocimiento a la actividad económica. Señaló también que «este centro es generación de actividad económica y es el mejor ejemplo del futuro que le queremos dar a las cuencas mineras y al desarrollo de nuestro territorio». La alcaldesa por aquel entonces de Gijón, Carmen Moriyón, visitó las instalaciones por las mismas fechas y mostró interés por los proyectos que se están desarrollando en El Entrego, comprometiéndose a apoyar la construcción del nuevo edificio tecnológico que reclaman los responsables del centro. Lorena Gil, la candidata de Podemos, también mostraba su deseo de «dar estabilidad al talento investigador», y Juan Vázquez, candidato de Ciudadanos, reconocía de igual modo la magnífica labor científica del CINN y la importancia del mismo en el futuro de la región.

El CINN, por su parte, tiene muy claro que, para dar soluciones desde la investigación y la innovación, es imprescindible la colaboración con otros centros de investigación y centros tecnológicos, pero sobre todo con empresas, pues solo así, a partir de la unión del conocimiento explícito e implícito, es posible llevar los productos hasta el mercado. La reciente apertura de una delegación del CSIC en el edificio de la Cámara de Comercio de Oviedo se presenta, por lo tanto, como una oportunidad para potenciar la transferencia tecnológica al tejido empresarial de la región, pues compartir instalaciones con la Cámara ofrece muchas posibilidades para generar sinergias, uno de sus principales objetivos.

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