Por una energía segura, limpia, estable y accesible

La energía es un servicio básico para cualquier actividad, suponiendo este un coste importante en la mayoría de los fabricantes y crítico en la gran industria.

Mucho se habla en estos tiempos de la energía, del coste que tiene para las empresas, especialmente las industriales, del mix energético y de los costes repercutidos al recibo, como los derechos de emisión de CO2, primas a las renovables, o moratoria nuclear. Lo que está claro es que la energía es un servicio básico para cualquier actividad, suponiendo este un coste importante en la mayoría de los fabricantes y crítico en la gran industria, por lo que debería ser una prioridad del Gobierno de la nación desarrollar una política energética segura, limpia, estable y sostenible. Tiene que ser segura, ya que debemos garantizar el suministro frente a la demanda, sea cual sea y en constante aumento; tiene que ser limpia, porque el cambio climático no es ninguna broma y no solo se está jugando con la salud de las personas y del entorno, sino que se está comprometiendo el modo de vida de las generaciones futuras; tiene que ser estable, pues  el suministro debe ser de calidad, y tiene que ser accesible, porque debe tener un coste asumible por las familias y las empresas sin que comprometa su viabilidad.

El sistema energético español está bastante penalizado por diversos motivos, véanse la escasa conexión con Europa, las regasificadoras infrautilizadas, las primas a renovables y los derechos de emisión, entre otros. Incluso siendo un suministro básico, la factura eléctrica se ve gravada con un impuesto especial —en mi caso particular es 5,11 %— que hace que compitamos en desventaja con la mayoría —no todos— de los países de nuestro entorno.

Las empresas industriales tienen competidores en cualquier parte del mundo, y muchos de ellos se encuentran en lugares como Asia, donde la energía es hasta 3 veces más barata  y donde incluso alguna gran industria tiene acceso energético gratuito.  El caso Alcoa es un claro ejemplo de que las plantas asturianas y gallegas compiten contra otras fábricas del mismo grupo industrial situadas en países —como Arabia Saudí— que les regalan el suministro eléctrico.

Este paradigma no debe ser una excusa para quejarse o entrar en victimismos, sino un reto para que la industria se esfuerce en reducir el consumo energético, aplique mejoras tecnológicas y utilice buenas prácticas energéticas.

Empezaremos a ver industrias que se autoabastecerán energéticamente, usarán fuentes de energía limpia, o al menos valorizando residuos industriales suyos o de otros, pero sin hacer la trampa de vender a la red todo lo que generan para comprar todo lo que consumen y hacer negocio así con su autoabastecimiento energético —que haberlas, haylas—. Algunas, las más osadas, se desconectarán directamente de la red.

Tras esta reflexión, queridos lectores, llega la despedida. Habiendo sacado a la luz este medio de comunicación con mucha ilusión, talento y trabajo, llegan tiempos de vacaciones y menor actividad en la industria, por lo que hemos de anunciaros que no sacaremos la edición en agosto; pero eso sí: volveremos en septiembre con mucha más fuerza tras un merecido descanso.

Juan Martínez Baragaño
Ingeniero industrial y emprendedor.
A los 28 años, cofundé Sacema que lideró en solitario desde los 30.
A los 35 fundé CONECTAiNDUSTRiA.
Papá de 2 super-peques y corredor de montaña amater. Mayor éxito deportivo, finisher en Travesera de Picos y Desafío Somiedo en el 2018.

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