Movilidad 4.0

Es innegable que el vehículo eléctrico ya ha llegado para quedarse en aquellos usos que son rentables económicamente.

El mundo está cambiando, y la industria manufacturera tiende desde hace tiempo a reducir sus stocks haciendo compras cada vez más pequeñas y frecuentes, ya que cada vez es más difícil hacer una buena previsión de la demanda de pedidos y los productos que demandan los clientes son cada vez más personalizados. Se busca también una reducción de los costes fijos minimizando el material inmovilizado y, por consiguiente, reduciendo el espacio del almacén, equilibrando así el aprovisionamiento con la expedición.

Tanto el comprador industrial como el consumidor particular son, en su mayoría, digitales y online, apenas se desplazan a los comercios; el e-commerce es un sistema en continuo desarrollo que evoluciona rápidamente, se especializa y crece. De hecho, si no estás (o al menos no se te encuentra) en internet, no existes.

El cambio es imparable; el transporte de mercancías crece y se necesita una logística digital que aporte valor dando información en tiempo real, optimice rutas, maximice las cargas completas y minimice los tiempos de tránsito y transiciones eficientes.

Por otro lado, la movilidad de personas está evolucionando de manera más lenta; es natural, ya que nos cuesta salir de la zona de confort. A pesar de ello, se rechaza el uso personalista y abusivo del vehículo propio por otras formas de movilidad.

La movilidad 4.0 no es ya el debate sobre si es mejor un vehículo eléctrico o uno de combustión, sino que va más allá y desarrolla otras formas de movilidad en las que ya no es tan protagonista el vehículo propio, sino el compartido o alquilado —según las necesidades de cada momento―, y donde la tecnología —y no la mecánica―, la interacción con el usuario y la inteligencia artificial sean los protagonistas, combinando transporte público y medios individuales sostenibles. Y es que la próxima movilidad urbana, sin lugar a dudas, va a dejar fuera de las ciudades el uso privado, ya sea eléctrico o de combustión, de los vehículos. Si las ciudades fueran fábricas donde los edificios son las máquinas, los vehículos, las carretillas elevadoras y los peatones fueran operarios desplazándose a pie por la fábrica, comprobaríamos que el riesgo de accidente circulando carretillas elevadoras a velocidades en torno a 50 Km/h  cerca de las personas, separadas de ellas únicamente por una acera que levanta un palmo del pavimento y sin equipos de protección, sería tan alto que los servicios de prevención de riesgos laborales deberían parar la producción —y por tanto la fábrica― de inmediato por el alto riesgo de accidente.

Es innegable que el vehículo eléctrico ya ha llegado para quedarse en aquellos usos que son rentables económicamente. Se habla mucho del vehículo eléctrico, de sus enormes ventajas, de su autonomía y puntos de carga, pero deberíamos hablar más de cómo generar la energía limpia que cargue estos vehículos y del proceso de fabricación y reciclaje de las baterías con el objetivo de aumentar su autonomía.

Juan Martínez Baragaño
Ingeniero industrial y emprendedor.
A los 28 años, cofundé Sacema que lideró en solitario desde los 30.
A los 35 fundé CONECTAiNDUSTRiA.
Papá de 2 super-peques y corredor de montaña amater. Mayor éxito deportivo, finisher en Travesera de Picos y Desafío Somiedo en el 2018.
Linkedin:
https://www.linkedin.com/in/juansacema/

Deja tu comentario

Comentarios

  • Sé el primero en comentar

Utilizamos cookies propias y de terceros para obtener datos estadísticos de la navegación de nuestros usuarios y mejorar nuestros servicios. Si acepta o continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Acepto