Ana Moya y el astillero que ya no construye solo barcos
En una fragata F-110, una luz del techo puede hacer bastante más que iluminar.
Detrás de ella hay un procesador. Alrededor, sensores, cámara, altavoz y conectividad. El mismo nodo puede participar en la localización de personas y equipos, transmitir avisos, servir de punto de comunicaciones, recoger información del entorno o ayudar a detectar una incidencia.
Habrá cerca de 1.900 de estos dispositivos distribuidos por cada buque. Al concentrar funciones que antes requerían sistemas independientes, Navantia calcula que pueden evitar hasta cinco toneladas de peso respecto a una arquitectura convencional.
Navantia lo llama Sistema de Servicios Integrados, SSI. La definición más gráfica es otra: el sistema nervioso del barco.
Ana Moya lo mostró este año durante la cumbre internacional REAIM sobre inteligencia artificial militar celebrada en A Coruña. Allí explicó que esa red puede conectarse con el gemelo digital y trasladar al mundo virtual lo que está sucediendo físicamente a bordo.
La iluminación permite así entender una transformación bastante mayor. El barco sigue necesitando acero, tuberías, motores, cableado y soldadura. Pero una parte creciente de lo que será capaz de hacer depende también de sensores, software y datos.
El otro buque
La primera F-110, la F-111 Bonifaz, ya está a flote en Ferrol.
Fue botada en septiembre de 2025 y actualmente atraviesa la instalación y puesta en marcha de sus principales sistemas antes de las pruebas de mar. Su entrega a la Armada está fijada para 2028. Detrás vendrán otras cuatro unidades de un programa valorado en 4.325 millones de euros.
Pero cada una tendrá también otra existencia.
La F-110 es el primer programa naval español que incorpora un gemelo digital desde su concepción. La réplica virtual recibe información procedente de los sensores del barco y combina tecnologías como Internet de las Cosas, computación en la nube y aprendizaje automático para apoyar la operación, el mantenimiento, la toma de decisiones y el entrenamiento de las dotaciones.
No se trata únicamente de contemplar una maqueta tridimensional en una pantalla. El objetivo es que el modelo evolucione junto al buque físico.
Si cambia el comportamiento de un equipo, el sistema puede utilizar esos datos para anticipar mantenimiento. Si se modifica una configuración, la réplica permite analizarla. Y si el barco permanece en servicio durante décadas —como ocurre habitualmente con una fragata—, esa segunda versión puede seguir acompañándolo mientras cambian sus sistemas y sus misiones.
El SSI añade algo esencial a ese esquema: una infraestructura distribuida por todo el barco que genera y mueve información continuamente.
Una bombilla acaba convertida en un punto de entrada al gemelo digital.
Veinticinco años dentro del astillero
Ana Moya lleva prácticamente toda su carrera profesional dentro de Navantia.
Es ingeniera naval por la Universidad Politécnica de Madrid y se incorporó a la compañía en 2001. En su trayectoria ha pasado por responsabilidades ligadas a la ingeniería conceptual, la I+D y la innovación; en 2022 figuraba ya como directora de Ingeniería Conceptual e I+D y posteriormente asumió la responsabilidad de Innovación y Tecnología.
En julio de 2025, Navantia reorganizó su estructura y creó una Dirección de Tecnología y Transformación Digital situada directamente en el primer nivel de la compañía. Moya quedó al frente.
Su responsabilidad abarca el desarrollo tecnológico de Navantia, la innovación y transformación digital y también las áreas de tecnologías de la información y calidad. Actualmente forma parte del comité de dirección.
El movimiento tiene interés más allá del nombramiento.
Durante décadas, la tecnología de un astillero podía asociarse fundamentalmente a ingeniería naval, materiales, propulsión o sistemas de combate. Ahora Navantia coloca bajo una misma dirección cuestiones que van desde gemelos digitales e inteligencia artificial hasta tecnologías de información y transformación de procesos.
Y esa digitalización afecta tanto al producto como a la forma de construirlo.
La propia F-110 está actuando como palanca para transformar el astillero de Ferrol. Navantia está poniendo en marcha allí una fábrica digital de bloques y desarrolla un ecosistema en el que diseño, fabricación y operación utilizan progresivamente la misma información digital.
Cuando Europa intenta hablar el mismo idioma
La segunda escala del trabajo de Moya está fuera de España.
Navantia ha liderado EDINAF, European Digital Naval Foundation, un proyecto del Fondo Europeo de Defensa que durante tres años ha reunido a 31 entidades de ocho países para definir las bases de una arquitectura digital común para futuros buques militares europeos. La Comisión Europea comprometió hasta 29 millones de euros para su desarrollo.
El asunto puede parecer técnico, pero afecta a una cuestión estratégica.
Los futuros buques europeos incorporarán sistemas de combate, sensores, vehículos no tripulados, comunicaciones, nube, inteligencia artificial y aplicaciones que evolucionarán mucho más deprisa que el casco que los contiene. Una arquitectura común pretende facilitar que esas capacidades puedan integrarse, actualizarse y comunicarse entre sí sin tener que reconstruir el barco alrededor de cada nueva tecnología.
EDINAF ha trabajado precisamente en especificaciones para plataformas digitales, gestión de datos, conectividad, integración de sistemas y gemelos digitales.
La fase inicial culminó a finales de 2025 en Ferrol con una demostración en la que un buque digital se conectaba con su base y coordinaba sensores, sistemas de combate y un vehículo de superficie no tripulado mientras el escenario incluía incluso un ciberataque simulado. Participaron representantes de siete marinas europeas.
Moya situó entonces el proyecto dentro de la búsqueda europea de interoperabilidad y soberanía estratégica.
Para Navantia, conseguir que parte de esa arquitectura se convierta en referencia para futuras fragatas, corbetas, submarinos o buques auxiliares europeos supondría algo más que exportar un barco. Significaría participar en la definición de la capa tecnológica sobre la que otros podrán construirlos.
Más allá de la F-110
El terreno de Moya continúa ampliándose. En junio, Navantia puso en marcha en Cartagena el Centro Tecnológico de Submarinos, creado junto a la Armada y abierto a la colaboración empresarial. Sus líneas incluyen ciberseguridad, robótica y sistemas autónomos, materiales avanzados e inteligencia artificial.
Al mismo tiempo, la compañía trabaja en vehículos no tripulados, inteligencia artificial industrial, fabricación avanzada y nuevas formas de integrar sistemas físicos y digitales.
La lógica común es bastante clara: el buque militar está dejando de ser una plataforma tecnológica relativamente cerrada durante gran parte de su vida útil. Tendrá que absorber software, sensores, algoritmos y capacidades autónomas que todavía pueden no existir cuando se corta su primera chapa.
Eso obliga también a diseñar de otra manera. La arquitectura importa porque determina cuánto podrá cambiar después el barco.
Qué habrá que seguir
La F-111 será la primera prueba a escala real. Durante los próximos meses continuará la puesta en marcha de sus sistemas antes de las pruebas de mar. Cuando entre en servicio, el SSI y el gemelo digital dejarán de ser principalmente desarrollos tecnológicos para enfrentarse al uso diario de una dotación militar.
También habrá que observar hasta dónde viaja esa tecnología. Navantia sostiene que el SSI puede instalarse en otros buques e incluso tener aplicaciones terrestres, mientras la Universidad de Vigo continúa trabajando en su desarrollo para la F-111 hasta 2028.
Y está Europa. EDINAF ha terminado su primera gran etapa; ahora deberá comprobarse cuánto de esa arquitectura común acaba incorporándose a futuros programas navales y si una industria formada por compañías y armadas nacionales distintas consigue compartir suficientes estándares digitales.
Ana Moya llegó a Navantia en 2001, cuando una transformación digital como esta difícilmente formaba parte del vocabulario cotidiano de un astillero.
Veinticinco años después dirige el área encargada de conseguir que el buque físico y todo lo que ocurre alrededor de su versión digital evolucionen juntos durante una vida operativa que puede prolongarse varias décadas.
Quizá por eso una luz del techo sea un buen lugar para observar el cambio.