Idonial, el centro tecnológico que rediseña la industria desde los materiales, los datos y las personas que la hacen posible
Existen espacios que se entienden por lo que albergan y otros que empiezan a explicarse desde el modo en que se dejan recorrer. La sede de Idonial en Gijón, centro tecnológico de referencia, pertenece a esta segunda categoría.
Nada más entrar da la impresión de que siempre hay algo más al fondo, una nueva capa de actividad, una tecnología distinta o una conversación de la que saldrán grandes ideas. En el trayecto aparecen brazos robóticos, sensores, estructuras mecánicas, pantallas, dispositivos que observan, miden o anticipan, humanoides con una presencia a medio camino entre lo experimental y lo inminente, que bailan o ejecutan movimientos cual ninjas.
Pero si algo se percibe con claridad allí es que la tecnología no ocupa el espacio de las personas, sino que lo acompaña. Lo que sostiene el centro son los humanos, que prueban, ensayan, calculan, conectan disciplinas y trabajan sabiendo que la industria ya no puede pensarse de forma individual.
Eso es también lo que se respira al hablar con Patricia López, directora gerente de Idonial, y con Pedro Javier Sáez, director de Transformación Digital, IA y Sistemas Ciberfísicos. Los dos describen un centro tecnológico que no se limita a observar lo que está ocurriendo en la industria, sino que participa en su reformulación.
La transformación de la industria empieza antes de la fábrica
La reindustrialización no pasa solo por producir más, sino mejor; con más inteligencia, menos impacto y mayor capacidad de adaptación. El término se repite en los debates europeos, en las agendas políticas y en los discursos empresariales, pero ¿qué implica? En Idonial, la idea se aterriza desde la convicción de que la industria necesita transformarse y hacerlo, además, en dos planos: “Hay que apoyar a la industria en la doble transición, tanto verde como digital”, apunta Patricia.
En la parte verde, “el centro cuenta con un conocimiento muy sólido vinculado a materiales, procesos de fabricación y sostenibilidad”. En la digital, esa base se complementa “con automatización, optimización de procesos, robotización, sensórica e IA”. La combinación de ambas permite acompañar a las empresas en una transformación que ya no se limita a incorporar una nueva tecnología o a mejorar un proceso, sino que afecta a la forma de concebir el producto, fabricarlo, mantenerlo y reintegrarlo en el ciclo.
Desde su punto de vista, tiene también que ver con no perder autonomía, con reforzar la capacidad europea para responder a sus propias necesidades y con no depender de terceros en aspectos críticos. Por eso Patricia pone el foco en el terreno de las materias primas, un asunto que considera básico para entender el momento actual. “Europa está en un cambio de paradigma en el que nos hemos dado cuenta de que hay que reindustrializarse; no podemos perder capacidades o depender de otros países para según qué cosas”, asegura. Y añade, “hay un pilar muy importante de la reindustrialización, el European Critical Raw Materials Act. Si no tienes materia prima no puedes fabricar nada”.
Ahí es donde Idonial encuentra uno de sus espacios de aportación. “Tenemos mucho conocimiento en materias primas; un bagaje muy amplio en toda la parte de materiales metálicos y no metálicos, y también en los procesos”, explica.
La importancia que Patricia concede a los materiales atraviesa parte de su discurso: “Podemos hacer un nuevo material más inteligente, sostenible, con unos procesos de fabricación más eficientes, estudiar su comportamiento a lo largo del ciclo de vida. Y después ver qué hacer con él para volverlo a meter en el ciclo”. Esa doble transición, dice, parte ya desde el diseño.
A ello se suma una capa nueva, decisiva, y es la capacidad de trabajar con volúmenes masivos de datos. Los materiales ya no se desarrollan solo a base de prueba y error físico, sino también con apoyo de algoritmos capaces de acelerar procesos, anticipar comportamientos y reducir iteraciones.“Nosotros no vendemos un producto, sino que asesoramos sobre cuáles son los mejores procesos y sistemas para sus necesidades, para que sean más eficientes”, resume.
Residuos, huella de carbono y eficiencia
“Los desafíos que nos plantean las empresas son múltiples. Uno de ellos es el de los residuos, qué podemos hacer con ellos, cómo los puedo aprovechar o valorizar. A lo mejor le sirve de materia prima para otra industria”, explica Patricia.
A ese reto se suman otros presentes en el día a día de las empresas: “La reducción de huella de carbono, la mejora de propiedades, que un material sea más resistente, que se repare mejor, son temas recurrentes. Y el de la optimización, es decir, cómo podemos hacer un proceso más eficiente, más resistente, fabricarlo más rápido, automatizar procesos…”.
Patricia lo subraya con insistencia: “La descarbonización la vemos como una tarea transversal, no es una línea de trabajo concreta, sino que tenemos que analizar cómo cualquier proyecto de los que hacemos ayuda a reducir la huella de carbono”.
La misma lógica se aplica a la economía circular. “No es exclusivo de materiales, sino que debería estar integrado en la concepción de cualquier proyecto, tenerlo diseñado desde el principio con esos parámetros de valor”.
Esa manera de entender la innovación toma cuerpo en proyectos muy distintos entre sí, pero conectados por una misma idea: anticiparse, mejorar, transferir conocimiento y construir industria con más criterio.
En el ámbito de los materiales multifuncionales, Idonial participa en SURFERA_DEF, un proyecto nacional integrado en la Red de Centros Tecnológicos de Excelencia Cervera que sitúa el foco en la ciencia de superficies. Su trabajo se centra en el desarrollo de tratamientos y materiales avanzados capaces de operar en condiciones de fuego y temperaturas extremas, así como en superficies de baja detectabilidad para aplicaciones furtivas. El proyecto cuenta con el apoyo del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades a través del CDTI.
En paralelo, desarrolla iniciativas que ponen el acento en los procesos de fabricación y, sobre todo, en el factor humano que los hace posibles. Una de ellas es OCEAN, un proyecto europeo del programa Erasmus+ que aborda el gran reto del reconocimiento del talento técnico. La propuesta gira en torno a una solución digital para el Reconocimiento de Aprendizajes Previos, de forma que la experiencia adquirida ‘a pie de máquina’ en ámbitos como la fabricación aditiva y las tecnologías de unión y soldadura pueda validarse y certificarse oficialmente conforme a estándares internacionales de cualificación. El proyecto está financiado por la Unión Europea.
También dentro del programa Erasmus+, grAceful AM responde a otra necesidad creciente: la formación especializada en tecnologías avanzadas de fabricación para sectores como el aeroespacial o la automoción. En este caso, el núcleo del proyecto es una plataforma de aprendizaje basada en IA, capaz de ofrecer una formación técnica personalizada y retroalimentación inmediata. Está financiado por la Unión Europea.
Y otra iniciativa, Vitaweld, financiada también por la Unión Europea a través de Horizon Europe, está orientada a la colaboración humano-robot en soldadura mediante un sistema basado en IA e interfaces naturales que facilita la interacción del operario y mejora el control de calidad gracias a la monitorización y el análisis en tiempo real. La propuesta busca aumentar la eficiencia y reducir retrabajos en procesos de soldadura industrial.
Del robot al dato, del dato a la decisión
Pedro Javier Sáez pone el foco en la parte tangible de la digitalización industrial. Su campo es el de la transformación digital y los sistemas ciberfísicos. “Nosotros solemos hacer el cerebro del robot”, explica. En algunos casos, sobre plataformas ya existentes; en otros, desarrollando el sistema completo. Una manera de trabajar que no se queda en la programación o en el software aislado, sino que combina electrónica, control, diseño mecánico, visión y conocimiento del entorno industrial donde esa tecnología tendrá que operar.
En su departamento conviven varias líneas complementarias. La parte de robótica, la de IA, la de procesos industriales, la de wearables y también la simulación numérica: “Hacemos IA física capaz de detectar en tiempo real si, cuando tú estás haciendo una soldadura, vas a tener deformaciones en el futuro”, explica.
La planta productiva es otro objeto de análisis. No solo interesa automatizar una tarea, sino repensar el funcionamiento de conjunto; qué se puede sensorizar, dónde tiene sentido introducir un robot, en qué máquinas incorporar IoT, cómo reorganizar un espacio para que sea más eficiente. “Vamos a las empresas y les decimos cómo organizar la planta para que funcione de la mejor manera posible y darle un punto tecnológico.
Durante años, recuerda, buena parte de la narrativa sobre industria 4.0 se articuló en torno a la digitalización total y a una idea de sustitución del factor humano. Hoy el planteamiento es otro: “Nos hemos dado cuenta de que el humano siempre va a estar ahí. Intentamos una industria 5.0 donde, como hay que tener en cuenta al humano, vamos a tratar de que este tenga capacidades aumentadas”.
Junto a esa capa está la simulación, que describe como una herramienta para anticipar comportamientos y reducir incertidumbres. “Si en una fábrica voy a meter en un horno una pieza, podemos analizar cómo va a ser su comportamiento termodinámico”, ejemplifica.
Idonial actúa como puente: “Nuestro papel es ser ese puente entre universidad y empresa; nuestro TRL siempre está entre 5 y 8”, señala. Es decir, el centro trabaja en ese espacio intermedio donde la investigación deja de ser puramente académica, pero todavía necesita desarrollo, prueba y validación antes de convertirse en solución plenamente industrializada.
Para él, el valor diferencial de Idonial es el mundo físico: “Ahí es donde somos muy fuertes”, afirma. Y esa fortaleza se entiende por la combinación de áreas que conviven dentro del centro. La capa digital no está para sustituir el resto, sino para complementarlo.
Los ejemplos ayudan a visualizarlo. Uno de ellos está vinculado al sector agro, con un sistema basado en cámaras y visión artificial capaz de recorrer el campo y determinar, en función del estado de las plantas, qué sustrato necesita cada una. “Aquí se define el alcance. El diseño propio se hizo con fabricación, montaje, toda la electrónica, o algoritmos de visión”. Otro proyecto, ‘Sicobotia’, aborda el control de una línea de producción entera, automatizando el flujo de piezas y el montaje a través de brazos robóticos en un entorno de prueba piloto.
A partir de ahí, Pedro introduce una línea de trabajo con mucho recorrido futuro: la preparación para la llegada de robots humanoides a entornos de taller y planta. Los presenta como un horizonte al que conviene adelantarse.
Lo interesante es cómo justifica la posición de Idonial en esa carrera. Frente a una empresa puramente TIC, el centro cuenta con un equipo que conoce no solo el software, sino también la mecánica, la electrónica, los actuadores, la potencia, el comportamiento físico del sistema. “Yo soy ingeniero informático, pero la gente que me rodea son ingenieros industriales, electrónicos, mecánicos… Que conocen cómo funciona la estructura del robot, los actuadores, qué pasa con la potencia cuando les decimos que movamos un brazo”.
De ahí nace una de sus apuestas: preparar una estación hardware y software que permita adaptarse a distintos robots según las necesidades de cada empresa, de forma que el cerebro del sistema esté ya listo para operar sobre diferentes plataformas.
Especialización con comunicación
Pese a la sofisticación técnica, tanto Patricia como Pedro devuelven la conversación al mismo punto: las personas vistas como un elemento estructural del centro y de su forma de trabajar.
Patricia reconoce que los perfiles de Idonial son muy especializados: “Tenemos gente especializada tanto de FP como de ingenierías y titulaciones científico-técnicas, y muchos de ellos con másters y doctorados; contamos con un 20% de doctores”.
Pero enseguida aparta el foco de los currículums para situarlo en otra dimensión. “Lo que pondría en valor son las soft skills; eso está cambiando”, afirma. “Necesitas gente muy especialista en un área pero con capacidad de hablar, conversar y crear junto con otras disciplinas. Ahí está la riqueza”. Desde su punto de vista, una de las grandes fortalezas de Idonial está en reunir distintas áreas de conocimiento y facilitar esa colaboración interna. “Gente que sepa crear, que tenga imaginación, que converse con el de al lado aunque su área no tenga nada que ver. De ahí seguro que sale un proyecto”.
Otro punto destacable de Idonial es la transferencia de conocimiento, no solo vista como licencias, patentes o resultados de proyecto, sino también como tránsito de personas, aprendizajes y experiencias. “Acogemos prácticas, estudiantes de máster, doctorado, trabajo de fin de grado… Ahí ya existe cierta transferencia”, explica. Jóvenes que pasan por el centro durante una estancia formativa, conocen la realidad científico-técnica desde dentro y, después, continúan su camino profesional en otros ámbitos. “Puede que luego se queden o no, pero lo que es seguro es que se incorporarán a algún lugar a trabajar después de haber podido tener ese contacto con la parte científico-técnica”.
La transferencia está también en los proyectos desarrollados con empresas, en el acompañamiento para integrar nuevas tecnologías, diseños o materiales y en la propia gestión de los resultados.
El horizonte que Idonial quiere construir
Para Patricia, en las materias primas se concentra gran parte del reto y de la oportunidad: “Esta parte es muy interesante y un reto a nivel europeo además de una oportunidad, porque es donde Europa está poniendo el foco”. Y recuerda que suele ir acompañado de convocatorias y apoyo financiero.
Pero otro vector de futuro que le interesa es la consolidación del centro como referencia para el tejido industrial. En ese punto menciona el convenio firmado con el Principado, que dará apoyo a Idonial para convertirse en centro de referencia a lo largo de los próximos tres años. “Eso no te lo da un papel, se consigue con el trabajo y creando esa confianza en nuestros usuarios”, afirma.
Por todo esto, cuando a la directora de este centro se le pregunta qué es lo que más le sigue motivando, no habla de máquinas, ni de proyectos o de grandes hitos, sino de “la capacidad del equipo, es decir, las personas”.