Fabricación avanzada

Un nuevo centro gallego permitirá a la industria española probar la fábrica del futuro antes de construirla

Un nuevo centro gallego permitirá a la industria española probar la fábrica del futuro antes de construirla / Cedida

El centro tecnológico AIMEN ha inaugurado un nuevo espacio de fabricación inteligente y sostenible tras una inversión de 5,8 millones de euros, con 2.372 metros cuadrados y dos plantas piloto donde empresas, startups y universidades podrán validar tecnologías de Industria 5.0 en condiciones reales antes de llevarlas a producción.

Adoptar la tecnología de fabricación más avanzada tiene un problema que suele pasar desapercibido: el riesgo. Una empresa industrial que quiere incorporar robótica colaborativa, inteligencia artificial o fabricación aditiva a su línea de producción se enfrenta a una inversión enorme sin garantía de que la tecnología funcione en su caso concreto.

Equivocarse cuesta millones. Y ese miedo a fallar frena la modernización de buena parte del tejido industrial. El nuevo centro que acaba de inaugurar AIMEN ataca precisamente ese cuello de botella: ofrecer un lugar donde probar la fábrica del futuro antes de construirla.

El centro tecnológico, con sede en O Porriño (Pontevedra), ha puesto en marcha un nuevo espacio de fabricación inteligente y sostenible tras una inversión de 5,8 millones de euros. Son 2.372 metros cuadrados concebidos como un entorno de experimentación industrial donde empresas, startups, universidades y centros de investigación pueden desarrollar, validar y demostrar tecnologías en condiciones reales de operación, un paso intermedio decisivo entre el laboratorio y la implantación en fábrica.

Dos plantas piloto para dos retos industriales distintos

El corazón del nuevo centro son dos plantas piloto que reproducen escenarios de fabricación reales, cada una orientada a un tipo de reto.

La primera, denominada OPF-FAST, está diseñada para la producción de alto volumen. Reproduce entornos de fabricación en serie donde la velocidad, la repetibilidad y la eficiencia son críticas, e integra robótica, automatización avanzada e inteligencia artificial para optimizar procesos que después las empresas podrán replicar en sus propias líneas. Es el escenario típico de sectores como la automoción o los componentes.

La segunda, OPF-XXL, aborda el desafío contrario: la fabricación de grandes componentes, esos que por su tamaño no caben en una cadena convencional. Aquí entran en juego robots móviles capaces de desplazarse alrededor de la pieza, exoesqueletos para asistir a los operarios en tareas físicamente exigentes y realidad aumentada para guiar el montaje. Son las necesidades de sectores como el naval, el eólico, el aeronáutico o la energía, donde el objeto a fabricar puede medir metros.

Esa doble configuración permite al centro cubrir un espectro muy amplio de la industria, desde la producción masiva de piezas pequeñas hasta el ensamblaje de grandes estructuras, dos mundos que rara vez conviven en una misma instalación demostradora.

Qué es la Industria 5.0 y por qué el operario vuelve al centro

El nuevo espacio se enmarca en el concepto de Industria 5.0, una evolución del paradigma de la Industria 4.0 que introduce un matiz relevante. Si la 4.0 puso el foco en la digitalización, la automatización y la conexión de las máquinas, la 5.0 devuelve a las personas al centro del proceso: se trata de que la tecnología no sustituya al trabajador, sino que colabore con él, potencie sus capacidades y haga su trabajo más seguro y menos penoso.

Los exoesqueletos que asisten en el manejo de cargas, la robótica colaborativa que trabaja codo con codo con los operarios o la realidad aumentada que guía el montaje son ejemplos concretos de esa filosofía. A ello se suma un fuerte componente de sostenibilidad, con tecnologías orientadas a reducir el consumo de energía y materiales, en línea con las exigencias de descarbonización que afronta toda la industria europea.

El centro integra además capacidades en fabricación aditiva (la impresión 3D industrial), visión artificial para el control de calidad e inteligencia artificial aplicada a la optimización de procesos. Es, en la práctica, un catálogo de las tecnologías que definirán la fábrica de la próxima década, reunidas en un mismo espacio para que las empresas puedan verlas funcionar y adaptarlas a sus necesidades.

Un recurso para toda la industria, no solo para Galicia

Aunque la instalación está en Pontevedra, su vocación es servir al conjunto del tejido industrial. AIMEN prevé que el nuevo centro dé servicio a más de 500 investigadores al año y a un amplio número de empresas de sectores como la automoción, la aeronáutica, el naval, la energía o los bienes de equipo. Su función de demostrador lo convierte en una infraestructura de país: un lugar donde cualquier empresa española puede reducir el riesgo de sus decisiones de inversión tecnológica probando antes de comprometerse.

AIMEN no es un actor menor en este terreno. El centro forma parte de consorcios europeos de referencia en fabricación avanzada y robótica, como el proyecto GRAIL, la iniciativa que busca construir el primer modelo europeo de inteligencia artificial para robótica industrial, en el que participa junto a una veintena de socios de diez países. Esa proyección internacional es la que respalda la ambición del nuevo centro, concebido no como una instalación local, sino como un nodo español dentro del mapa europeo de la fabricación avanzada.

En un contexto donde la competitividad industrial europea depende cada vez más de la capacidad de adoptar tecnología puntera con agilidad, disponer de espacios donde ensayar esa tecnología sin asumir todo el riesgo es una ventaja estratégica. La fábrica del futuro no se construye de golpe: se prueba, se ajusta y se valida primero. Y para eso hacen falta lugares como este.