Química industrial

Un grano de fosfato, una tubería de ácido y 4,5 millones: la apuesta de Chemastur por quedarse en Avilés

Chemastur

Chemastur proyecta más de 4,5 millones de euros para modernizar su planta de fertilizantes del Puerto de Avilés entre 2026 y 2028: catorce actuaciones que van del lavado de gases a la inteligencia artificial, ligadas a la ampliación de su concesión portuaria. La cifra es discreta. La decisión que hay detrás, no: es una apuesta por quedarse.

Un grano de roca fosfórica tarda semanas en convertirse en noticia. Sale de una mina de Marruecos, Senegal o Egipto, cruza el mar en la bodega de un granelero y desembarca en San Juan de Nieva, en una fábrica que casi nadie mira al pasar.

Allí le espera el ácido sulfúrico, que ni siquiera ha necesitado barco: llega por tubería desde la metalúrgica vecina. Una de esas simbiosis industriales que no salen en las fotos pero sostienen medio puerto.

La fábrica es la de Asturiana de Fertilizantes, que opera bajo la marca Chemastur. Y esta semana ha pasado de la discreción al titular: la compañía proyecta invertir más de 4,5 millones de euros en modernizar su planta del Puerto de Avilés entre 2026 y 2028, según la información publicada este viernes por medios sectoriales.

Son catorce actuaciones que tocan casi todo lo que una planta química puede tocar: emisiones, ruido, agua, energía, seguridad, digitalización y hasta el aspecto de la instalación.

Nadie destina 4,5 millones de euros a un suelo del que piensa marcharse.

Vista desde fuera, una inversión modesta. Leída entera, otra cosa. El plan llega mientras la empresa tramita ante la Autoridad Portuaria una modificación sustancial de su concesión para ampliar el plazo, un expediente que salió a información pública en el BOE el pasado 25 de abril.

Ahí está la clave. Esto no es una reforma; es una decisión de permanencia. Hay además un segundo movimiento en este tablero que conviene guardar para más adelante: Chemastur no es la única empresa de fertilizantes que está apostando por este muelle.

Treinta millones de facturación sin hacer ruido

Para entender el tamaño real del movimiento conviene saber quién lo hace. Chemastur fabrica abonos, superfosfato en polvo y granulado y sulfato de magnesio granulado en San Juan de Nieva, en el municipio de Castrillón. Emplea a 36 personas de forma directa, genera una cifra similar de empleo indirecto y factura en torno a 30 millones de euros al año.

La ficha de Sekuens, la agencia de desarrollo del Principado, data la sociedad en 2003; las informaciones sectoriales sitúan su actividad en Asturias desde 2007. Y no es una nave cualquiera: figura en el registro estatal PRTR como instalación sometida al régimen europeo de emisiones industriales, con las mejores técnicas disponibles del sector químico como vara de medir.

El arte de fabricar sin que se note

La mitad del plan va de eso: de que una planta de fertilizantes en mitad de un puerto se haga notar lo menos posible. Las actuaciones publicadas incluyen una nave cerrada para el producto pulverulento, sistemas avanzados de lavado de gases en granulación y curado, el cerramiento acústico del edificio de molienda y transportadores herméticos tipo Redler.

Traducido: el grano que cruzó el mar ya no volverá a escaparse en forma de polvo, ni en el almacén ni por el camino.

Para una química portuaria, ese capítulo no es cosmética. Es licencia social de operar. Una instalación con autorización ambiental integrada, vecinos, inspecciones y un expediente concesional abierto sabe que cada nube de polvo difuso cuenta, y que confinar, lavar y cerrar es la diferencia entre renovar la confianza del territorio o gastársela.

Y el arte de hacerlo con menos

La otra mitad del plan va de eficiencia. Una nueva virola en el secadero para quemar menos combustible por cada tonelada producida, y la captación y reutilización de aguas pluviales para depender menos de la red.

El resto es un salto digital en toda regla: un sistema con capacidad de inteligencia artificial para producción, logística y operaciones, un SCADA mejorado, una báscula digital que habla con el ERP y accesos biométricos.

El matiz importa: la métrica deja de ser cuánto consume la planta y pasa a ser cuánto cuesta cada tonelada. Y toneladas hay muchas: la capacidad declarada de la planta ronda las 265.000 al año, según las mismas informaciones. Con ese volumen, cada punto de eficiencia se nota en la cuenta de resultados.

Por qué un puerto pequeño se está llenando de fosfato

Aquí llega lo que quedaba guardado, y explica por qué esta historia es más grande que una fábrica. La Autoridad Portuaria aprobó en marzo su plan estratégico 2030-2040, que apunta a modernización, transición energética y digitalización.

Y este mismo año ha otorgado a Fertinagro Biotech una concesión de 55.279 metros cuadrados en el Playón de Raíces para una nueva planta de fertilizantes, con 35 años de plazo y posible prórroga de cinco. Medios logísticos habían cifrado ese proyecto en unos 63 millones de euros y 500.000 toneladas anuales de capacidad.

Un puerto pequeño, dos plantas de fertilizantes y una materia prima crítica para Bruselas: la historia cambia de escala.

Dos fábricas de fertilizantes, una modernizándose y otra por construir, en un puerto que vive de los graneles. Eso ya no parece casualidad: empieza a parecer un corredor químico-fertilizante.

La lectura llega hasta Bruselas. La Comisión Europea incluye el fósforo y la roca fosfórica en su lista de materias primas críticas desde 2023, y en mayo presentó un plan de acción sobre fertilizantes que liga el sector a los precios energéticos, la dependencia exterior de insumos y la necesidad de inversión. El abono, que parecía cosa del campo, vuelve a ser política industrial.

¿Quién hará el trabajo?

Para el tejido proveedor, el plan de Chemastur es un mapa con fechas. Entre 2026 y 2028 habrá trabajo en ingeniería, obra civil, cerramientos industriales, tratamiento de gases, acústica, SCADA, ERP industrial, pesaje, sensórica, eficiencia energética y automatización de sólidos. Quien venda alguna de esas capacidades ya sabe dónde mirar.

Queda un matiz que el lector debe conocer: la cifra y el detalle de las actuaciones proceden de información sectorial, y la resolución final de la ampliación concesional no consta todavía como publicada. Por eso este plan se cuenta en modo proyecta y no en modo ejecutará.

Pero la dirección es nítida. La próxima vez que pase por delante de una fábrica fea y sin gracia, de esas que nadie fotografía, piense en el grano de fosfato que cruzó el mar y en la tubería de ácido que no sale en las fotos. Ahí, en ese feísmo funcional, se está decidiendo algo serio: si la industria se queda.

Claves de la operación

Actor Asturiana de Fertilizantes (Chemastur), planta del Puerto de Avilés, en San Juan de Nieva (Castrillón)
Movimiento Plan de modernización con 14 actuaciones: emisiones, ruido, agua, energía, seguridad, digitalización e integración visual
Dato Más de 4,5 millones de euros para el periodo 2026-2028, según información sectorial
Territorio Puerto de Avilés, con plan estratégico 2030-2040 y nueva concesión de Fertinagro Biotech en el Playón de Raíces
Cadena de valor Fosfato importado por mar, ácido sulfúrico por tubería, entre 25 y 36 escalas de graneleros y más de 200.000 toneladas marítimas al año
Por qué importa La inversión va ligada a la ampliación del plazo concesional: es una decisión de permanencia industrial en suelo portuario
Decisión que habilita Posicionarse como proveedor de ingeniería, tratamiento de gases, acústica, eficiencia energética, SCADA, ERP industrial, pesaje o automatización de sólidos en la modernización de plantas químicas