Dos deeptech españolas se alían para convertir el riesgo climático en una métrica financiera
Multiverse Computing licenciará la plataforma EarthScan de Mitiga Solutions bajo un compromiso comercial de varios millones de euros y actuará como asesor tecnológico de la compañía, en un acuerdo que combina la ciencia climática de una spin-off del Barcelona Supercomputing Center con la IA eficiente de la tecnológica donostiarra.
"El riesgo climático físico se está convirtiendo en un riesgo financiero y operativo directo para los activos más valiosos del mundo". La frase es de Alejandro Martí, cofundador y consejero delegado de Mitiga Solutions, y resume bien por qué su compañía acaba de firmar una alianza comercial con Multiverse Computing: cuando un fenómeno ambiental deja de ser un asunto de sostenibilidad y pasa a ser una variable de balance, el mercado que se abre es otro.
Las dos empresas han anunciado un acuerdo estratégico por el que Multiverse licenciará la plataforma de inteligencia climática EarthScan de Mitiga mediante un compromiso comercial de varios millones de euros —las compañías no han detallado la cifra exacta— y actuará como asesor tecnológico en la evolución de sus soluciones. El acuerdo incluye además la distribución de los productos de Mitiga a través de los canales empresariales y de socios globales de Multiverse.
Es una alianza entre dos perfiles complementarios del ecosistema deeptech español. Mitiga, con sede en Barcelona, es una spin-off del Barcelona Supercomputing Center especializada en riesgo climático, y ya apareció en el mapa de empresas españolas que están convirtiendo el reto ambiental en tecnología aplicada. Multiverse, radicada en Donostia-San Sebastián, se ha convertido en una de las referencias europeas en IA eficiente y compresión de modelos, con más de un centenar de clientes globales.
De la ciencia del clima a la hoja de cálculo
El activo que se licencia merece explicación, porque es el corazón del acuerdo. EarthScan combina ciencia climática, computación de alto rendimiento e inteligencia artificial para evaluar el riesgo físico asociado al clima sobre activos concretos, ante distintos peligros —inundación, incendio forestal, viento extremo, granizo, calor, sequía o actividad volcánica—, en diferentes escenarios y horizontes temporales.
La parte diferencial, y la que explica el interés empresarial, es la traducción de ese riesgo a métricas económicas. La plataforma no se limita a decir dónde existe el peligro, sino a estimar cómo puede afectar al rendimiento de un activo, a su tiempo de inactividad, al coste de reparación, a su valor o a la asignación de capital. Genera indicadores como el valor y los ingresos en riesgo por causas climáticas o la probabilidad de superar determinados umbrales de pérdida.
Eso convierte la información climática en algo utilizable por perfiles que hasta ahora no la manejaban: propietarios de infraestructuras que necesitan anticipar degradación y paradas, bancos y gestoras que deben cribar carteras y asignar capital, aseguradoras que ajustan precios y coberturas, o instituciones públicas que planifican resiliencia operativa y cadenas de suministro. Y abre la puerta a una capa adicional, la de la transferencia del riesgo: cuando la exposición climática se mide de forma auditable, puede decidirse si se reduce mediante adaptación, se retiene en balance, se asegura o se traslada a los mercados de capitales.
Por qué Multiverse y no cualquier otro
La aportación de la tecnológica vasca está en su especialidad: la compresión de modelos. Su tecnología CompactifAI reduce el tamaño, el coste y el consumo energético de los modelos de inteligencia artificial preservando su rendimiento. Aplicado a la inteligencia climática, eso permite que un análisis exigente en cómputo pueda desplegarse de forma más portátil y barata, incluso en entornos regulados o sensibles a la soberanía del dato: nube privada, instalaciones propias del cliente o plataformas de distribución.
Ese es justamente el terreno donde Multiverse ha ido construyendo su posición, con acuerdos como el que firmó recientemente para llevar la IA soberana a sectores regulados como la banca, la energía o el sector público. La compañía participa además como socio tecnológico en el consorcio público-privado español que aspira a una de las gigafactorías europeas de inteligencia artificial, dentro del programa InvestAI. La inteligencia climática es, precisamente, el tipo de aplicación de alto valor que esa infraestructura pretende habilitar: IA no solo potente, sino eficiente y económicamente útil.
Un cambio de modelo de negocio para ambas
El acuerdo tiene además una lectura empresarial que va más allá de la tecnología. Para Mitiga, acelera su tránsito desde un modelo de software por suscripción y consultoría hacia un negocio escalable de datos como servicio, con productos y agentes que los clientes puedan consumir vía API o marketplaces en lugar de encargar análisis especializados uno a uno. Para Multiverse, aporta un caso de uso exigente y crítico en una de las categorías de riesgo empresarial que más rápido está creciendo.
"La IA eficiente es lo que convierte modelos potentes en herramientas cotidianas", ha señalado Enrique Lizaso, cofundador y consejero delegado de Multiverse Computing, quien sitúa el valor de la alianza en poder llevar datos climáticos con calidad para la toma de decisiones a más clientes, más canales y más entornos sensibles a la soberanía del dato.
Mitiga llega a este acuerdo con credenciales recientes: la firma de análisis Chartis Research la ha situado como la principal startup europea de riesgo climático, y el Consejo Europeo de Innovación la seleccionó para escalar inteligencia climática orientada a infraestructuras renovables y de red, con una combinación de subvención e inversión de capital.
La alianza dibuja, en conjunto, un movimiento poco habitual en el ecosistema español: dos empresas nacidas de la ciencia —una de un centro de supercomputación, otra de la computación cuántica aplicada— que se unen no para investigar juntas, sino para vender. Y lo hacen en un terreno donde la sostenibilidad ha dejado de ser un capítulo de la memoria anual para convertirse en una línea del análisis de riesgos.