Energía y geopolítica

El refino que Europa despreció ahora salva a España: Brufau reivindica una industria estratégica en plena crisis energética

El presidente de Repsol defendió en la Junta General de Accionistas que el sistema de refino español -el más eficiente de Europa, con ocho refinerías- está permitiendo al país afrontar el shock energético desde una posición más sólida que el resto del continente, mientras Europa ha cerrado 35 refinerías en los últimos quince años.

Durante años, el refino fue señalado en Europa como parte del problema energético. Las presiones regulatorias, la narrativa de la transición y la lógica del mercado llevaron al continente a cerrar 35 refinerías en los últimos quince años. Hoy, con el suministro de queroseno y diésel bajo presión por el conflicto en Oriente Medio y el cierre del estrecho de Ormuz, esa decisión tiene un coste concreto y visible. España, que no siguió ese camino, está pagando un precio mucho menor que sus vecinos europeos.

Eso es precisamente lo que el presidente de Repsol, Antonio Brufau, quiso subrayar este miércoles ante los accionistas de la compañía en la Junta General de 2026. "El refino es estratégico para España y para Europa y necesita ser competitivo", afirmó, en una intervención que fue mucho más allá del balance corporativo habitual para convertirse en una defensa explícita de la industria de los hidrocarburos como pilar de la soberanía energética europea. Un mensaje que, en el contexto actual, tiene una resonancia que hace apenas dos años habría resultado difícil de imaginar.

"Aunque sea tarde, bienvenido sea", dijo Brufau al referirse al reconocimiento que está recibiendo ahora la industria del refino español, en la que Repsol ha invertido durante años sin apoyo regulatorio. Una frase que encierra cierta ironía: la industria que fue señalada como parte del problema es hoy reconocida como parte de la solución.

España aguanta mejor, y el refino explica por qué

Mientras buena parte de Europa encadena dificultades de suministro, España está afrontando el shock energético "desde una posición más fuerte que el resto del continente", según Brufau. La explicación es estructural: el país cuenta con ocho refinerías abastecidas por crudos muy diversos, producidos mayoritariamente en la cuenca atlántica, lo que reduce su exposición a las disrupciones del Golfo Pérsico. Una infraestructura que convierte al sector del refino español en el más eficiente de Europa.

El contraste con el resto del continente es llamativo. La Unión Europea importa casi el 60% de la energía que consume, lo que la sitúa, en palabras de Brufau, en una posición de "vulnerabilidad" frente a la autosuficiencia de Estados Unidos. Treinta y cinco refinerías cerradas en quince años, una dependencia energética estructural y un marco regulatorio que ha desincentivado la inversión en infraestructuras convencionales: esa es la ecuación que explica por qué Europa está pagando ahora un precio más alto que España.

Un nuevo marco para la energía europea

Más allá del diagnóstico, Brufau lanzó propuestas concretas. La primera: que la Unión Europea elimine las barreras a la inversión en infraestructuras e industrias relacionadas con el petróleo y el gas. La segunda: que la regulación incentive los combustibles renovables en igualdad de condiciones que la electricidad renovable, evitando que el marco normativo favorezca estructuralmente una tecnología sobre otra.

El trasfondo de ambas propuestas es el mismo: Europa no puede permitirse una transición energética que sacrifique la seguridad de suministro. "Lo contrario que Estados Unidos, que es autosuficiente", recordó Brufau, apuntando al riesgo de que Europa imponga costes excesivos a su industria mientras sus competidores globales operan sin esas restricciones.

En ese marco, el presidente de Repsol defendió un modelo energético que combine todas las fuentes disponibles: los combustibles convencionales —que hoy representan el 60% del mix energético mundial y seguirán siendo necesarios durante décadas—, las energías renovables, la diversificación de importaciones y el desarrollo de tecnologías emergentes como los combustibles sintéticos.

La hoja de ruta de Repsol: renovables, retribución y Puertollano

Al margen del debate estratégico, el consejero delegado Josu Jon Imaz repasó el desempeño de la compañía y actualizó las proyecciones del Capital Markets Day de marzo. Los datos financieros reflejan una empresa en posición sólida: el dividendo por acción crecerá entre un 6% y un 9% anual hasta 2028, y en 2026 ya se sitúa en 1,051 euros brutos por acción, un 7,8% más que el año anterior. La rentabilidad total para el accionista alcanzó el 47% en 2025, frente a una media del 14% de sus comparables europeos.

En el plano operativo, las noticias más relevantes las protagoniza el negocio industrial y la generación baja en carbono. La planta de combustibles renovables de Puertollano ha comenzado ya su proceso de puesta en marcha, la planta demostrativa de combustibles sintéticos de Bilbao está en desarrollo y la Ecoplanta de Tarragona —orientada a la economía circular— prevé entrar en operación en 2029. En renovables, Repsol prevé poner en operación 1 GW al año para alcanzar 9 GW a finales de 2028.

Imaz también subrayó el compromiso de la compañía con la seguridad de suministro para sectores clave de la economía española, como el turismo, especialmente expuesto a la disponibilidad de queroseno en el contexto actual. Un recordatorio de que la geopolítica energética no es una abstracción: se mide también en vuelos, en temporadas turísticas y en la capacidad de un país para mantener su actividad económica cuando los mercados globales de energía se tensan.