Hispasat dirigirá el segmento terreno de IRIS2, una infraestructura de 1.600 millones
Hispasat, la operadora de satélites integrada en Indra Group, será la contratista principal del segmento terreno de IRIS², el programa europeo de comunicaciones seguras por satélite. Es decir, de toda la infraestructura de antenas, sistemas de control y conexión con las redes terrestres necesaria para gestionar y operar las distintas capas orbitales de la constelación, con un presupuesto superior a los 1.600 millones de euros.
La designación llega tras concluir la negociación entre la Comisión Europea, la Agencia Espacial Europea y el consorcio SpaceRISE, que integran los tres principales operadores europeos: la española Hispasat, la francesa Eutelsat y la luxemburguesa SES. En esas conversaciones se han fijado la hoja de ruta y el calendario para desarrollar, producir y desplegar los 342 satélites de la constelación —330 en órbita baja y 12 en órbita media—, su infraestructura de soporte en tierra y los servicios para usuarios gubernamentales y comerciales. Los primeros lanzamientos están previstos para 2029 y la entrada en servicio, para 2030.
Qué significa ser contratista principal
Conviene precisar el papel, porque la cifra puede confundir. Los 1.600 millones son el presupuesto del segmento terreno completo, no un contrato que Hispasat vaya a ejecutar en solitario: como contratista principal, le corresponde dirigir el desarrollo y coordinar a los proveedores que construirán las instalaciones, repartidas en varias ubicaciones y sometidas a los requisitos de seguridad y resiliencia propios de un programa gubernamental.
Aun así, la posición es la relevante. El segmento terreno es la parte del sistema que decide cómo se opera la constelación, quién la controla y con qué garantías, y en un programa de comunicaciones seguras esa capa es tan estratégica como los satélites.
El acuerdo incluye dos elementos más. Hispasat liderará el desarrollo de la capa orbital muy baja del sistema, por debajo de los 750 kilómetros, donde se concentrarán las misiones más innovadoras: conectividad directa a dispositivos móviles e internet de las cosas. Y obtiene acceso a órbitas no geoestacionarias en regiones de interés estratégico y comercial, complementando la flota geoestacionaria que ya explota. A cambio ha comprometido una inversión de hasta 600 millones de euros.
Esa capa baja es también la puerta de entrada de otros. Según la propia compañía, permitirá dar acceso al ecosistema de empresas emergentes y pymes europeas que trabajan en soluciones espaciales, un terreno donde España cuenta ya con operadores propios como Fossa Systems, la empresa española con más satélites en órbita.
El tercer pilar de la estrategia espacial europea
IRIS² completa el trípode sobre el que Europa ha construido su política espacial: observación de la Tierra con Copernicus, navegación y geolocalización con Galileo y, a partir de ahora, comunicaciones gubernamentales seguras.
Su modelo de financiación es una colaboración público-privada. Los tres miembros de SpaceRISE aportarán en conjunto hasta 4.000 millones de euros, que se suman a 11.600 millones de inversión pública, hasta un total superior a los 15.600 millones.
El anuncio se produce además pocos días después de que el Gobierno comunicara un Programa Especial de Modernización dotado con hasta 2.000 millones de euros para financiar una contribución nacional adicional y asegurar capacidades satelitales propias, con cobertura nacional y despliegues de interés para la defensa.
De construir piezas a dirigir el programa
Aquí está lo que distingue esta operación de otras participaciones españolas en programas europeos.
Hace apenas unos días, siete empresas españolas veían despegar el nuevo satélite meteorológico europeo con tecnología suya a bordo: España construye la mitad del satélite que vigilará las tormentas de Europa, pero no lo dirige. Estructura, óptica, electrónica, segmento terreno: mucho valor añadido, ninguna capacidad de decisión sobre el programa.
Lo de IRIS² es distinto. Ser contratista principal de un segmento completo y formar parte del consorcio que controla la constelación coloca a una empresa española en la mesa donde se toman las decisiones, no solo en la lista de proveedores. Es el mismo salto que persiguen otras compañías del sector desde ángulos diferentes, como PLD Space, que encara la recta decisiva para convertir el Miura 5 en un servicio orbital: dejar de aportar capacidades a programas ajenos para controlar una parte del sistema.
El consejero delegado de Hispasat, Luis Mayo, sitúa el acuerdo en esa clave al hablar de reforzar la posición de la compañía en el grupo de cabeza de la industria espacial europea y de consolidarse como operador multiórbita. Su presidente, Pedro Duque, subraya la contribución española a la autonomía estratégica europea en comunicaciones y la dinamización del tejido industrial español y europeo.
Queda por ver, eso sí, lo más difícil: que un programa de 342 satélites, miles de millones de inversión y tres operadores con intereses propios cumpla el calendario que acaba de fijarse. Los primeros lanzamientos son en 2029 y el servicio, en 2030. Hasta entonces, lo verificable es el reparto de responsabilidades que se ha cerrado ahora.