Europa activa un fondo de 5.000 millones para disputar las megarrondas tecnológicas
El diagnóstico lleva años sobre la mesa y siempre acaba en el mismo punto: Europa sabe crear empresas tecnológicas, pero cuando esas empresas necesitan cien, doscientos o quinientos millones para dar el salto, el dinero suele venir de fuera. Y con el dinero se va, muchas veces, el centro de decisión. A cerrar ese hueco apunta el Scaleup Europe Fund, que la Comisión Europea acaba de dejar formalmente constituido.
El fondo nace impulsado por la Comisión y conectado con la estrategia inversora del Consejo Europeo de Innovación, pero con una gestión separada e independiente. Tiene un objetivo de captación de 5.000 millones de euros, de los que la Comisión aporta 1.000, e invertirá en fases de crecimiento y tardías en compañías de sectores estratégicos: inteligencia artificial, tecnologías cuánticas, semiconductores, robótica y sistemas autónomos, energía, espacio, biotecnología, tecnologías médicas, materiales avanzados y agritech. Las primeras operaciones se esperan en las próximas semanas.
La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, resumió el propósito al anunciarlo: garantizar que las scaleups europeas encuentren aquí lo que necesitan para convertirse en compañías de referencia mundial.
Un fondo privado con dinero público, no un programa de ayudas
Conviene entender bien qué es esto, porque no se parece a ningún instrumento europeo anterior y eso condiciona quién puede beneficiarse.
Lo gestiona EQT, una firma sueca de capital privado seleccionada mediante concurso, que a partir de ahora toma las decisiones de inversión de forma independiente y en condiciones de mercado. La Comisión y el resto de inversores participan en la gobernanza como tales, pero no dirigen operaciones concretas. Esa separación, explican desde Bruselas, es lo que permite al fondo competir con agilidad y credibilidad frente a los grandes vehículos internacionales.
La consecuencia práctica es importante: no hay convocatoria ni solicitud. Una empresa no puede presentarse. Es EQT quien busca oportunidades y selecciona compañías, como haría cualquier fondo de capital riesgo, mediante un proceso que la Comisión describe como abierto, transparente y basado en el mérito. Y haber pasado antes por instrumentos del EIC puede ser relevante, pero no otorga trato preferente. La cartera actual del EIC podrá servir como cantera, sin vínculo formal ni obligatorio.
El universo potencial de inversión incluye compañías ubicadas en un Estado miembro o en países asociados al pilar correspondiente de Horizon Europe —o con intención de establecerse allí— que desarrollen tecnologías estratégicas y busquen importes elevados. El fondo cubre precisamente el tramo que el EIC no alcanza hoy: sus instrumentos actuales llegan como máximo a 30 millones por operación.
Junto a la Comisión, el grupo de inversores fundadores incluye a Novo Holdings, el fondo danés EIFO, CriteriaCaixa, Santander/Mouro Capital, Fondazione Compagnia di San Paolo con Intesa Sanpaolo y Fondazione Cariplo, APG Asset Management en nombre del fondo de pensiones holandés ABP, Wallenberg Investments y Allianz. La captación sigue abierta hasta alcanzar los 5.000 millones.
España tiene ya las empresas. Le faltan los inversores
Para el ecosistema español, el fondo llega en un momento revelador. Porque España ha dejado de tener un problema de creación de startups y tiene otro distinto: la falta de continuidad del capital cuando las rondas superan los cien millones.
Los datos lo dibujan con claridad. La inversión en fases tardías pasó de apenas 205 millones de euros en 2024 a 783 millones en 2025, una mejora notable que sigue muy por debajo de los 1.900 millones de 2021. Y en esos dos ejercicios completos solo se cerraron seis rondas superiores a 100 millones de euros: una en 2024 y cinco en 2025, encabezadas por Multiverse Computing, Perk, Auro, SpliceBio y Lingokids.
En la comparación europea, en los últimos cuatro trimestres España destinó el 46% del capital captado a rondas de gran tamaño, frente al 54% de la media europea, el 53% de Alemania y el 60% de los países nórdicos, según Dealroom. La brecha se ha estrechado, pero persiste.
El ejemplo que mejor ilustra el problema es PLD Space. La compañía ilicitana cerró en marzo una Serie C de 180 millones para industrializar su lanzador MIURA 5 y dar el salto al servicio orbital, y el inversor líder fue una corporación japonesa, Mitsubishi Electric, con acompañamiento de instituciones públicas españolas. Tecnología estratégica europea, ronda de tamaño europeo, y ningún fondo europeo privado liderando la operación. Eso es exactamente lo que el nuevo vehículo pretende corregir.
Lo que la presencia española sí significa, y lo que no
CriteriaCaixa y Santander llegan al fondo desde estrategias tecnológicas ya en marcha. La primera relanzó en julio su actividad inversora en compañías científicas y tecnológicas con dos vehículos y un objetivo de 300 millones hasta 2030. El segundo cuenta con una plataforma más veterana: Mouro Capital cerró en mayo su tercer fondo con 400 millones de dólares y acumula más de 1.000 millones comprometidos desde 2015, a lo que suma su participación en venture debt y su presencia, vía Santander Alternative Investments, en operaciones como la ronda de hasta 500 millones que Multiverse Computing anunció la semana pasada.
Ahora bien, conviene precisar el alcance de esa presencia. Ni la Comisión ha desglosado el compromiso económico de los inversores españoles, ni existe mecanismo alguno de retorno geográfico: ninguno de los dos podrá orientar inversiones hacia compañías españolas ni reservar cuota para España. Las decisiones son de EQT.
Lo que aporta su participación es otra cosa: coloca capital e instituciones españolas dentro del primer gran vehículo europeo diseñado para disputar las megarrondas tecnológicas, y da acceso a conocimiento sobre un mercado —el del capital de crecimiento paneuropeo— donde España ha estado tradicionalmente en la periferia.
Tampoco conviene sobredimensionar el instrumento. Cinco mil millones repartidos por toda Europa financiarán un número limitado de compañías, y esa cifra sigue siendo un objetivo de captación y no capital desembolsado.
El fondo no resuelve la ausencia de fondos españoles capaces de mover 200 o 500 millones, ni la debilidad de las salidas a bolsa, ni la escasa presencia de los fondos de pensiones en el capital riesgo nacional.
Pero cambia algo. Hasta ahora, cuando una empresa española alcanzaba el tamaño suficiente para levantar una gran ronda, la conversación se trasladaba casi automáticamente a Estados Unidos, Asia o a los organismos públicos. A partir de ahora existirá, al menos, un interlocutor europeo con capacidad para liderar esas operaciones. Que lo haga o no en España dependerá de una gestora sueca decidiendo con criterios comerciales.