Quinientos millones de euros y una valoración que se multiplica por cinco en un solo año. Con esas cifras, Multiverse Computing deja de ser una promesa del ecosistema tecnológico español para situarse entre los nombres de referencia de la inteligencia artificial en Europa. La compañía de País Vasco, con sede en Donostia-San Sebastián, ha anunciado una ronda de financiación de Serie C de hasta 570 millones de dólares (unos 500 millones de euros), sobre una valoración previa a la inversión de 1.700 millones de dólares (1.500 millones de euros), cinco veces superior a la que tenía en su ronda anterior, cerrada hace poco más de un año.
La operación, aún abierta a la incorporación de algún inversor estratégico adicional, elevará la financiación total acumulada por la empresa a unos 800 millones de dólares. Es una de las mayores rondas protagonizadas por una startup española y confirma el ascenso vertiginoso de una compañía que en el primer trimestre de 2026 multiplicó sus ventas por 96 respecto al año anterior, según sus propias cifras, y que ha multiplicado por más de diez sus ingresos anualizados desde junio de 2025.
Quién pone el dinero: capital público y privado, nacional y global
La composición de la ronda es, en sí misma, una de las claves de su relevancia. Está co-liderada por tres fondos internacionales —Forgepoint Capital International, el BNP Paribas Solar Impulse Venture Fund y Bullhound Capital—, pero lo llamativo es la coalición que se ha sumado detrás, donde conviven el capital público y el privado, y lo nacional con lo global.
Por el lado público y nacional participan la SETT (la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica, dependiente del Ministerio para la Transformación Digital), el fondo Hazten del Gobierno Vasco, Kutxa Fundazioa y el fondo del Consejo Europeo de Innovación. A ellos se unen inversores internacionales de primer orden como Santander Alternative Investments, Tikehau Capital, HP, Orange Ventures, Scania, el brazo inversor del National Bank of Canada, el Qatar Development Bank o Zouk Capital. La presencia de fondos soberanos y estatales junto a grandes tecnológicas refleja el doble interés que despierta la compañía: como oportunidad de inversión y como pieza de autonomía tecnológica.
Ese respaldo público no es nuevo, sino que consolida una apuesta sostenida. Hace apenas un mes, España ya había reforzado su inversión en la compañía cuando la SETT destinó 107 millones adicionales a blindar la soberanía en inteligencia artificial. La nueva ronda amplía y multiplica esa confianza, ahora con una base inversora mucho más internacional.
Qué hace a Multiverse distinta: hacer más con menos
La tesis que ha convencido a los inversores se puede resumir en una idea: que la inteligencia artificial no tiene por qué ser cara y voraz en energía. El sector ha asumido durante años que los modelos potentes exigen infraestructuras costosas y un consumo eléctrico enorme. Multiverse sostiene lo contrario, y su tecnología es la prueba de esa apuesta.
En el corazón de su plataforma está CompactifAI, una tecnología de compresión que aplica las llamadas redes tensoriales —un marco matemático procedente de la física cuántica— al problema de reducir el tamaño de los modelos de IA. El resultado, según la compañía, es una reducción de entre el 80% y el 95% del tamaño de los grandes modelos de lenguaje con una pérdida de precisión mínima. Traducido a la práctica, eso significa modelos que corren más rápido, consumen menos energía y pueden desplegarse allí donde enviar los datos a un gran proveedor de nube resulta demasiado caro, demasiado lento o directamente no está permitido.
Esa última posibilidad es la que conecta con dos de las grandes conversaciones tecnológicas del momento. La primera es la IA en el "edge": llevar la inteligencia artificial directamente a los dispositivos —móviles, drones, cámaras, satélites, vehículos, infraestructura de telecomunicaciones— en lugar de depender siempre de centros de datos remotos. La segunda es la soberanía: poder ejecutar modelos potentes en la propia infraestructura, sin ceder datos sensibles a terceros. Como resume el cofundador y consejero delegado de la compañía, Enrique Lizaso, han demostrado que la IA puede funcionar a pleno rendimiento en un teléfono, dentro de un centro de datos soberano o en una fábrica sin conexión a la nube, y esta ronda es el momento de escalar esa capacidad a todas las industrias que la necesitan.
Una pieza en la estrategia española de IA soberana
El destino de los fondos ayuda a entender el encaje de la compañía en el tablero tecnológico español y europeo. Multiverse prevé usar el capital para ampliar su biblioteca de modelos eficientes, seguir investigando en sus algoritmos, reforzar su presencia en mercados clave de Asia oriental, el Sudeste Asiático, Oriente Medio, Canadá y Estados Unidos, y, de forma significativa, invertir en infraestructura de gigafactorías de IA soberana y en el software necesario para sostenerlas.
Ese último punto la sitúa en el centro de la estrategia europea. Multiverse participa como socio tecnológico en el consorcio con el que España aspira a albergar una de las gigafactorías europeas de inteligencia artificial, la infraestructura llamada a dar capacidad de cómputo soberana al continente. Y su tecnología ya se está aplicando en casos concretos: hace pocos días, sin ir más lejos, se conocía su alianza con Mitiga Solutions para llevar la inteligencia artificial eficiente al análisis del riesgo climático. Sus modelos, según la compañía, ya se despliegan en millones de dispositivos y sistemas, y su cartera de clientes incluye nombres como Allianz, Bosch, Iberdrola, Indra, PwC, Telefónica o el Banco de Canadá.
La operación tiene también una lectura de país. Que una empresa nacida en San Sebastián de la investigación en software cuántico alcance esta dimensión, y que lo haga con respaldo de fondos públicos españoles y vascos junto a capital internacional, envía una señal sobre la capacidad del ecosistema deeptech nacional para generar campeones tecnológicos.
Uno de los inversores lo expresaba sin rodeos: durante años Europa ha temido no poder competir en la frontera de la IA, y una compañía como esta, surgida de Donostia, permite ejecutar modelos potentes en la propia infraestructura y sin depender de nadie. En un momento en que la autonomía tecnológica se ha convertido en prioridad política y empresarial, esa promesa vale hoy 500 millones.

