En el artículo que abrió esta serie nos preguntábamos si España está preparada para escalar las startups que crea. Allí comprobábamos que el ecosistema nacional ya no se limita a generar nuevas empresas tecnológicas, sino que comienza a construir las condiciones necesarias para que puedan crecer y competir a escala internacional.
La primera parada nos llevó hasta Madrid, donde el liderazgo se explica por la concentración de talento, inversión, grandes corporaciones y agentes especializados capaces de acelerar el crecimiento empresarial.
El País Vasco representa un modelo completamente distinto. Aquí el emprendimiento no gira alrededor del volumen de startups ni de la concentración de capital, sino de la capacidad para conectar industria, conocimiento y tecnología. Es un ecosistema construido durante décadas sobre la colaboración entre empresas, centros tecnológicos, universidades e instituciones públicas, donde muchas startups nacen ya vinculadas a necesidades reales del tejido productivo.
Su fortaleza reside precisamente ahí. Mientras otros territorios destacan por la cantidad de empresas que consiguen poner en marcha, el País Vasco lo hace por la calidad tecnológica de muchos de sus proyectos y por una especialización que ha permitido consolidar uno de los ecosistemas deep tech más relevantes del país. La gran incógnita ya no es si puede generar innovación, sino si ese modelo será capaz de seguir transformando conocimiento científico e industrial en compañías globales.
Más allá de Madrid y Barcelona
Cuando se analiza el mapa de la innovación española, Madrid y Barcelona continúan concentrando buena parte de la inversión y de la actividad emprendedora. Sin embargo, los datos de Dealroom muestran que cada vez existen más polos capaces de construir propuestas de valor propias y atraer proyectos tecnológicos altamente especializados.
Es en ese contexto donde el País Vasco ha conseguido ocupar una posición singular. Según Dealroom, San Sebastián captó 206 millones de euros de inversión venture capital durante 2025, situándose entre las ciudades más dinámicas del país fuera de los grandes hubs tradicionales. Bilbao alcanzó los 68 millones de euros, mientras que Vitoria registró 12 millones.
Pero el verdadero valor del ecosistema vasco no se explica únicamente a través de la inversión recibida. Su principal diferencial reside en la capacidad para convertir investigación, ingeniería e innovación industrial en nuevas empresas tecnológicas. Mientras otros territorios han orientado buena parte de su crecimiento hacia el software o los servicios digitales, el País Vasco ha construido un ecosistema especialmente fuerte en ámbitos como la fabricación avanzada, la inteligencia artificial aplicada a la industria, la robótica, la energía, la ciberseguridad o la salud.
El resultado es un territorio donde muchas startups encuentran desde sus primeras etapas un entorno especialmente favorable para validar tecnologías complejas, acceder a conocimiento especializado y desarrollar modelos de negocio con vocación internacional.
No se trata únicamente de disponer de centros de investigación o de empresas industriales. La diferencia está en la densidad de las relaciones que se establecen entre ellos. Las startups pueden encontrar retos empresariales reales, instalaciones para probar sus soluciones, capacidades científicas avanzadas, posibles clientes industriales y agentes especializados en acompañar su desarrollo.
El efecto Multiverse: cuando el deep tech deja de ser una promesa
Si existe una empresa capaz de simbolizar el momento que vive actualmente el ecosistema startup del País Vasco, esa es Multiverse Computing.
La compañía, nacida en San Sebastián en 2019, se ha convertido en la mayor empresa de software cuántico de Europa y en uno de los grandes referentes del continente en inteligencia artificial. En junio de 2026, el Gobierno autorizó a la SETT a invertir hasta 107 millones de euros adicionales en la empresa, una operación que eleva el respaldo público acumulado por encima de los 166 millones y constituye la mayor apuesta del Estado por una única compañía deep tech española. Su crecimiento ha contribuido a situar al territorio dentro del mapa internacional de las tecnologías profundas y a demostrar que desde el norte de España también es posible desarrollar empresas capaces de competir en ámbitos donde la barrera tecnológica resulta especialmente elevada.
Sin embargo, el verdadero interés de Multiverse no reside solo en sus cifras. Su trayectoria ilustra una de las principales características del ecosistema vasco: la capacidad para transformar conocimiento científico avanzado en actividad empresarial.
La computación cuántica es probablemente el ejemplo más visible, pero no el único. Durante los últimos años han surgido en la región empresas vinculadas al hidrógeno, la robótica, la inteligencia artificial industrial, la ciberseguridad, los nuevos materiales o las tecnologías médicas.
Muchas de ellas comparten un mismo patrón: desarrollan soluciones altamente especializadas que encuentran en la industria un primer cliente, un socio tecnológico o un entorno donde demostrar su viabilidad.
Ese contacto con el tejido productivo resulta especialmente importante en los proyectos deep tech. A diferencia de otros modelos empresariales, estas compañías suelen enfrentarse a procesos de desarrollo prolongados, necesidades elevadas de financiación y tecnologías que deben validarse en condiciones reales antes de llegar al mercado.
Es precisamente esa conexión entre ciencia, empresa e industria la que explica que el ecosistema vasco, sin ser el más numeroso del país, haya conseguido posicionarse como uno de los más avanzados desde el punto de vista tecnológico.
Un ecosistema construido para colaborar
Si Madrid destaca por la capacidad de concentrar talento, inversión y grandes corporaciones en un mismo espacio, el País Vasco lo hace por la manera en que consigue coordinar a los agentes que intervienen en la innovación.
Detrás del ecosistema aparecen instituciones como SPRI, la Agencia Vasca de Desarrollo Empresarial, responsable de impulsar la innovación, la internacionalización y el emprendimiento tecnológico; iniciativas como Up!Euskadi, que conecta startups, inversores y corporaciones, y la red de Business Innovation Centers, que acompaña a numerosas empresas durante sus primeras etapas.
A ellas se suman centros tecnológicos como Tecnalia, Vicomtech e IKERLAN, además de centros de investigación cooperativa como CIC energiGUNE, CIC nanoGUNE o CIC biomaGUNE, referentes en investigación aplicada, generación de conocimiento y transferencia tecnológica.
El País Vasco cuenta desde hace décadas con una infraestructura científico-tecnológica diseñada para acercar la investigación a las necesidades empresariales. Los centros tecnológicos no funcionan únicamente como espacios donde se genera conocimiento, sino también como socios para el desarrollo de productos, la validación de tecnologías y la creación de nuevas actividades empresariales.
También desempeñan un papel relevante la Universidad del País Vasco, MONDRAGON Unibertsitatea y la Universidad de Deusto, que alimentan el ecosistema con talento, investigación y nuevas iniciativas surgidas del conocimiento científico.
Esta estructura permite que las relaciones entre startups, empresas, centros tecnológicos, universidades e instituciones no se produzcan de manera puntual. Forman parte de un modelo de innovación desarrollado durante años y muy vinculado a la propia configuración económica del territorio.
El País Vasco dispone de una base industrial sólida, formada por grandes compañías, pymes especializadas, cooperativas y proveedores tecnológicos que operan en sectores como la automoción, la máquina herramienta, la energía, la movilidad, la electrónica o la fabricación avanzada.
Para una startup industrial, esa proximidad supone la posibilidad de identificar necesidades concretas, desarrollar soluciones junto a potenciales clientes y validar su tecnología en escenarios productivos reales.
El caso MONDRAGON: emprendimiento conectado a la industria
Dentro de este modelo de colaboración, MONDRAGON ocupa una posición singular. La Corporación, nacida en País Vasco y construida sobre un modelo cooperativo, agrupa alrededor de 90 cooperativas autónomas que desarrollan su actividad en ámbitos como la industria, la distribución, las finanzas y el conocimiento, empleando a más de 71.000 personas. Su vinculación con el territorio, su presencia internacional y la conexión entre empresas, universidad y centros tecnológicos le permiten observar el emprendimiento desde las necesidades reales del tejido productivo.
A través de MONDRAGON Ventures, su plataforma corporativa para el desarrollo del emprendimiento y de nuevas actividades empresariales, la Corporación conecta a sus cooperativas con startups y tecnologías que pueden ayudarles a responder a nuevos retos, diversificar sus negocios o abrir futuras líneas de actividad.
Para Joseba Sagastigordia, director de MONDRAGON Ventures, aunque País Vasco no puede competir con otros grandes territorios por número de startups, sí está ganando espacio como “un polo de emprendimiento tecnológico industrial”, apoyado en instrumentos financieros especializados, programas de aceleración conectados con la industria y fondos comprometidos con el crecimiento del tejido empresarial.
Desde esta perspectiva, la industria no funciona solo como un posible mercado para las startups, sino como un espacio en el que detectar problemas, desarrollar soluciones y probarlas en condiciones reales: “En el contexto de MONDRAGON, entendemos la industria como un espacio de oportunidad para el emprendimiento tecnológico, donde las startups surgen muchas veces como respuesta directa a retos reales de competitividad, eficiencia y transformación”, explica Sagastigordia. Las corporaciones pueden actuar así como clientes, socios o impulsoras de nuevas iniciativas.
El área industrial de MONDRAGON pone el foco en iniciativas orientadas a la industria y al mercado B2B, capaces de incidir sobre procesos productivos o cadenas de valor. Suelen ser proyectos con una base tecnológica sólida, vinculada a la ingeniería, la fabricación avanzada o la digitalización, y conectados con universidades y centros tecnológicos. A ello se suman la vocación internacional desde las primeras etapas, la fortaleza técnica de los equipos y una creciente profesionalización en ámbitos como la gestión, el liderazgo o la apertura de mercados.
Las oportunidades se concentran, según MONDRAGON Ventures, en tecnologías donde el País Vasco dispone ya de conocimiento y capacidades industriales: automatización, inteligencia artificial aplicada, robótica, visión artificial y gemelos digitales; electrificación, eficiencia energética, hidrógeno y redes inteligentes; movilidad sostenible; materiales avanzados y economía circular; además de digitalización y ciberseguridad industrial. El potencial, sostiene Sagastigordia, reside en aquellos proyectos “capaces de combinar tecnología, industria y propósito para generar impacto económico y social”.
El desafío aparece al intentar trasladar esas capacidades a una escala mayor. Los proyectos industriales suelen necesitar más capital, atravesar ciclos de desarrollo largos y competir por perfiles que combinen conocimientos técnicos con experiencia en gestión e internacionalización. Se trata, en palabras de Sagastigordia, de escalar estos proyectos “manteniendo su identidad, su arraigo y su ventaja competitiva” y evitando que el crecimiento se desvincule de la creación de valor sostenible y de su impacto en el territorio.
Diez startups que reflejan el momento del ecosistema vasco
Más allá de los datos de inversión, de los agentes que impulsan el ecosistema o de las políticas públicas de apoyo al emprendimiento, la mejor forma de entender hacia dónde evoluciona un territorio es observar las empresas que están surgiendo en él.
En el caso del País Vasco, muchas de las startups más relevantes comparten un mismo patrón: desarrollan tecnologías complejas, mantienen una estrecha relación con la industria y nacen en ámbitos donde el conocimiento científico y la ingeniería desempeñan un papel determinante. Inteligencia artificial, computación avanzada, transición energética, ciberseguridad, salud o nuevos materiales son algunos de los sectores que mejor representan esa evolución.
Las siguientes compañías no constituyen un ranking, sino una selección editorial de proyectos que ayudan a explicar algunas de las principales fortalezas del ecosistema startup vasco y su creciente capacidad para competir en mercados internacionales.
Sherpa.ai - Inteligencia artificial para compartir datos sin perder la privacidad
Fundada por Xabi Uribe-Etxebarria, Sherpa.ai desarrolla soluciones de inteligencia artificial especializadas en análisis avanzado de datos, privacidad y colaboración entre organizaciones sin necesidad de compartir información sensible.
En julio de 2026 cerró una ronda de 18 millones de dólares con la entrada del fondo estadounidense Forgepoint Capital y el respaldo de inversores como Mundi Ventures, Ekarpen, Allegra Holdings y la SETT. La operación permitirá acelerar el desarrollo y la comercialización de su plataforma de inteligencia artificial segura y escalable, especialmente orientada a sectores regulados como la sanidad, las finanzas, la industria o el sector público.
H2SITE - Hidrógeno para acelerar la transición energética
Dirigida por Andrés Galnares, H2SITE desarrolla reactores de membrana capaces de producir, separar y purificar hidrógeno de alta pureza, facilitando su transporte mediante moléculas como el amoníaco o el metanol.
Es una de las startups deep tech más relevantes del País Vasco en transición energética. En 2025 cerró una ronda Serie B de 36 millones de euros, destinada a acelerar su industrialización y expansión internacional.
Legit.Health - IA para transformar el diagnóstico dermatológico
Cofundada y dirigida por Andy Aguilar, Legit.Health aplica inteligencia artificial al diagnóstico y seguimiento de enfermedades dermatológicas mediante el análisis automatizado de imágenes clínicas.
Representa el punto de encuentro entre salud digital e inteligencia artificial. En los últimos años ha incorporado a su accionariado entidades como Mutua Madrileña, Wayra, Grupo Ribera o Angels, consolidando su crecimiento dentro del ecosistema healthtech.
CounterCraft - Ciberseguridad para anticiparse a los ataques
Bajo el liderazgo de David Barroso, CounterCraft desarrolla soluciones de deception technology y threat intelligence capaces de detectar, analizar y contener ataques mediante entornos digitales señuelo.
La compañía se ha convertido en uno de los referentes europeos en ciberseguridad avanzada, colaborando con organizaciones de sectores críticos como banca, defensa o infraestructuras.
Alias Robotics - Proteger la robótica del futuro
Especializada en ciberseguridad aplicada a robots industriales y sistemas automatizados, Alias Robotics trabaja actualmente en soluciones que combinan inteligencia artificial, automatización y protección de infraestructuras críticas.
La compañía refleja uno de los ámbitos donde el ecosistema vasco presenta mayores fortalezas: la convergencia entre robótica, fabricación avanzada e industria conectada. Su CEO es Endika Gil-Uriarte.
Irisbond - Tecnología que permite comunicarse con la mirada
Fundada por Eduardo Jáuregui, Irisbond desarrolla sistemas de eye tracking basados en inteligencia artificial que permiten controlar dispositivos mediante el movimiento de los ojos.
Su tecnología, orientada especialmente a personas con limitaciones motoras, se utiliza ya en más de una veintena de países. En 2025 captó 4,5 millones de euros para impulsar su expansión internacional.
Deneb Medical - Innovación para una cirugía más precisa
Deneb Medical, cofundada por Aritz Lazkoz y Juan Arregui, desarrolla soluciones quirúrgicas basadas en tecnología láser y robótica con el objetivo de mejorar la precisión de las intervenciones de columna.
La compañía representa el crecimiento del segmento medtech dentro del ecosistema vasco, donde convergen ingeniería, fotónica y tecnología médica de alta especialización.
Basquevolt - La apuesta por la batería del futuro
Basquevolt trabaja en el desarrollo de baterías de estado sólido mediante electrolitos avanzados que permitan fabricar dispositivos más seguros, ligeros y eficientes.
Con participación de entidades como el Gobierno Vasco, Iberdrola, Enagás, CIE Automotive, EIT InnoEnergy o CIC energiGUNE, se ha convertido en una de las grandes apuestas industriales y tecnológicas del territorio. Está dirigida por Pablo Fernández-Santos.
BCARE - Del laboratorio a la industria energética
Spin-off de CIC energiGUNE, BCARE desarrolla soluciones para diagnosticar, monitorizar y predecir el estado de salud de baterías y supercondensadores.
Su trayectoria ilustra cómo la investigación científica puede convertirse en nuevas empresas capaces de responder a uno de los grandes retos de la transición energética.
Lookiero - La moda personalizada también se exporta
Fundada por Oier Urrutia, Lookiero combina tecnología y asesoramiento personalizado para ofrecer un servicio de personal shopper online adaptado a cada usuario.
Tras su integración con la alemana Outfittery, la compañía ha dado origen a uno de los principales grupos europeos especializados en compras personalizadas de moda. En 2026 cerró una ronda de 17 millones de euros destinada a impulsar la inteligencia artificial, reforzar su logística y acelerar su crecimiento internacional.
Cuando la especialización también escala
Si Madrid demuestra que el acceso a financiación, talento y grandes corporaciones puede acelerar el crecimiento de una startup, el País Vasco plantea una respuesta distinta a la misma pregunta. Su ventaja competitiva no reside tanto en el volumen como en la capacidad para transformar conocimiento científico e industrial en empresas con un alto componente tecnológico.
Casos como Multiverse Computing, H2SITE, Sherpa.ai, Basquevolt, CounterCraft o Irisbond evidencian que el territorio ya no solo genera innovación, sino también compañías capaces de competir en algunos de los sectores tecnológicos más exigentes del mundo.
El siguiente desafío consiste en que un número cada vez mayor de estos proyectos consiga recorrer todo el camino: desde el laboratorio, la universidad o el centro tecnológico hasta convertirse en empresas globales capaces de mantener su actividad, su talento y su centro de decisión en el territorio que las vio nacer.
El acceso a financiación en fases avanzadas continúa siendo una de las principales dificultades, especialmente para empresas industriales intensivas en capital y con ciclos de maduración más largos. A ello se suma la necesidad de atraer perfiles especializados no solo en ciencia o ingeniería, sino también en gestión, liderazgo e internacionalización.
Metodología y fuentes
Este artículo se ha elaborado a partir del análisis del Spain Tech Ecosystem Report 2026 de Dealroom, el informe Entrepreneurial Ecosystem Diagnostics de la OCDE, información pública de SPRI y Up!Euskadi, documentación corporativa y pública de los agentes, centros tecnológicos, universidades y compañías mencionados, así como las respuestas facilitadas por Joseba Sagastigordia, director de MONDRAGON Ventures.



