Industria de defensa

Susana Pascual: "El Defence & Tech Summit nace para poner a las pymes en el centro de la conversación"

  • La fundadora de PixelsHub reúne en LABoral, el 30 de septiembre y el 1 de octubre, a pymes, startups, centros tecnológicos y grandes tractoras, con la participación de la secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, y de organismos como la DIGEID, el CESTIC o ISDEFE.
  • El Summit llega en el año en que España ha aprobado un plan industrial de defensa de 10.471 millones y Europa moviliza hasta 150.000 millones en préstamos con el instrumento SAFE.
Susana Pascual, CEO de PixelsHub y coorganizadora del S / Foto: Marta Martin
photo_camera Susana Pascual, CEO de PixelsHub y coorganizadora del S / Foto: Marta Martin

Susana Pascual llegó a FEINDEF 2025 con las reuniones pedidas, las propuestas preparadas y los contactos trabajados de antemano. Hizo todo lo que hay que hacer. Y aun así volvió a Asturias con la misma sensación que conoce cualquier pyme que intenta entrar en defensa: en un recinto con más de 600 expositores, lo difícil no es tener algo que ofrecer, sino conseguir cinco minutos de la persona adecuada.

De ese viaje de vuelta sale el Defence & Tech Summit, que se celebra en LABoral el 30 de septiembre y el 1 de octubre. Lo organiza la propia Pascual, CEO de PixelsHub, junto a Cristina Caldueño, CEO de Castroalonso, con la idea de montar lo contrario de una gran feria: un encuentro pequeño, con las pymes en el centro y sin una sola presentación en PowerPoint.

Llevas más de diez años trabajando en defensa desde una pyme asturiana. ¿Cuándo te diste cuenta de que hacía falta un evento como este?

No hubo un único momento; fue una evidencia que se fue construyendo con los años. Desde PixelsHub he podido comprobar que en España existe muchísimo talento tecnológico e industrial, también fuera de los circuitos tradicionales de defensa, pero no siempre encuentra la forma de mostrar sus capacidades ni de llegar al interlocutor adecuado.

Tenemos grandes encuentros, como FEINDEF, que son imprescindibles para la proyección nacional e internacional del sector. Pero vimos espacio para algo complementario: un formato más pequeño, ágil y muy orientado a la pyme, a la startup, a los centros tecnológicos y a las empresas con tecnología dual. Un lugar diseñado para que la conversación empiece antes del evento y pueda continuar después. Cuando entendí que esa necesidad no era solo nuestra, sino compartida por muchas empresas, nació de verdad el Summit.

¿Hay un momento concreto -una reunión, un pliego, una puerta que no se abrió- que puedas contar y que explique de dónde sale esta idea?

Recuerdo especialmente FEINDEF 2025. Llegué con reuniones solicitadas, propuestas preparadas y muchos contactos trabajados previamente. Aun así, comprobé algo que cualquier pyme conoce: en una feria de más de 600 expositores y decenas de miles de profesionales, conseguir el tiempo y la atención del interlocutor adecuado exige muchísimo esfuerzo.

No lo viví como falta de interés. Al contrario: cuando lograba mantener una conversación, encontraba receptividad. El problema era el formato, el tiempo y la dificultad de identificar a la persona concreta dentro de organizaciones muy grandes. Volví pensando que hacía falta un espacio complementario, concebido desde el principio para facilitar ese encuentro. No depender de coincidir cinco minutos en un pasillo, sino llegar con las capacidades identificadas y con conversaciones que tengan sentido para ambas partes.

Tienes una empresa que dirigir. ¿Por qué meterte además en organizar un congreso nacional?

Porque conozco el problema desde dentro y porque creo que podemos convertir una dificultad compartida en una oportunidad colectiva. Organizar una primera edición de esta dimensión desde Asturias es exigente, por supuesto, pero también es coherente con mi trayectoria: llevo más de una década construyendo una empresa tecnológica, colaborando con industria y defensa y tratando de abrir caminos que al principio no parecían evidentes. Y siempre, intentando tender puentes para todos.

Además, no es un proyecto individual. El Summit está creciendo gracias a empresas, instituciones, asociaciones, universidades y profesionales que comparten la misma visión. Mi papel ha sido dar el primer paso, escuchar mucho y reunir voluntades alrededor de una idea muy sencilla: si facilitamos conexiones de calidad, fortalecemos a las pymes y también al conjunto de la industria.

Estamos encontrando un respaldo muy valioso. Gijón Impulsa entendió desde el principio la capacidad del Summit para generar actividad, visibilidad y oportunidades para el tejido empresarial; el Cluster TIC de Asturias aporta la conexión con un ecosistema tecnológico muy potente; y la Consejería de Cultura del Principado contribuye a hacer posible esa mirada diferente que nace también de celebrar el encuentro en LABoral Centro de Arte. Son apoyos distintos, pero todos expresan algo importante: este proyecto se construye desde Asturias con vocación nacional.

Pero nada de esto sería posible sin el apoyo, el compromiso y la visión del Ministerio de Defensa y de la Secretaría de Estado de Defensa, que conocen el Summit y han contribuido decisivamente a abrirlo a agentes de enorme interés para las empresas asistentes, como la DIGEID, el CESTIC o ISDEFE. Y, por supuesto, contaremos con la participación de la propia secretaria de Estado de Defensa, María Amparo Valcarce. Para nosotros, ese respaldo institucional es una muestra de confianza y también una responsabilidad: construir un encuentro verdaderamente útil para el conjunto del ecosistema.

Susana Pascual, CEO de PixelsHub / Foto: Marta Martín
Susana Pascual, CEO de PixelsHub / Foto: Marta Martín

El sector defensa en España está en el mejor momento de su historia en cifras. ¿Eso se nota abajo, en las pymes, o de momento se queda arriba?

Se empieza a notar, aunque no de forma inmediata ni homogénea. En 2025 España puso en marcha un Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa con una inversión adicional de 10.471 millones de euros. Además, los programas aprobados movilizarán cerca de 34.000 millones a lo largo de varios años. Son dos magnitudes distintas y conviene no confundirlas, pero ambas muestran la escala del cambio.

Nosotros mismos participamos en un programa estratégico como FCAS, dentro de la nube de combate, y sabemos que una pyme puede aportar tecnología de alto valor. También sabemos que llegar hasta ahí requiere tiempo, inversión, confianza y constancia. Los anuncios presupuestarios pueden ser rápidos; la homologación, la contratación y la transferencia efectiva hacia la cadena de suministro tienen otros ritmos.

La señal positiva es que hay una necesidad real de ampliar capacidades. Las grandes compañías están reforzando sus ecosistemas de proveedores y las instituciones están poniendo el foco en la industria nacional, las tecnologías duales y la autonomía estratégica. El reto ahora es que ese impulso alcance a más empresas y territorios de manera ordenada y útil.

¿Cuáles son las barreras reales que se encuentra una pyme tecnológica que quiere entrar en la cadena de valor de la defensa?

La primera es comprender el sector: quién decide, quién compra, qué necesidades operativas existen y cómo convertir una buena tecnología en una solución que pueda integrarse en sistemas complejos. Defensa exige requisitos específicos de seguridad, certificación, trazabilidad, calidad y continuidad de suministro. No basta con tener un producto excelente; hay que demostrar que es fiable, integrable y sostenible durante ciclos de vida muy largos.

La segunda barrera es encontrar al interlocutor adecuado. El ecosistema está formado por el Ministerio de Defensa, la Secretaría de Estado de Defensa, la DGAM, la DIGEID, los ejércitos, organismos como el CDTI, las grandes tractoras, asociaciones, clústeres, universidades y centros tecnológicos. Para una empresa que llega por primera vez, comprender ese mapa y saber a qué puerta llamar puede llevar años.

La tercera es una cuestión de escala. Las licitaciones, los avales, la inversión previa, los procesos de homologación y los plazos de contratación pueden resultar difíciles de asumir para una estructura pequeña.

La buena noticia es doble. Por una parte, existe una voluntad creciente de facilitar ese camino. Nuestra experiencia con el Ministerio de Defensa y con la Secretaría de Estado de Defensa ha sido siempre constructiva, basada en la escucha, el apoyo y la voluntad de abrir oportunidades. Desde el Summit queremos ayudar a que esa disposición se traduzca en conexiones y proyectos concretos.

Por otra parte, Asturias no parte de cero. Contamos con un ecosistema empresarial que reúne grandes compañías tractoras, industria tradicional y empresas tecnológicas especializadas que ya están desarrollando proyectos de enorme interés para defensa, con capacidad técnica e industrial acreditada. Hablamos de compañías como GDELS–Santa Bárbara Sistemas, Rheinmetall o Indra, pero también de empresas como OLMAR, Oxiplant, TSK, Galeo Tech, The Next Pangea o CIS Robotics, entre otras.

Muchas de ellas están ya representadas en el Hub de Defensa de Asturias, del que formo parte y desde el que trabajamos precisamente para identificar, conectar y posicionar nuestras capacidades industriales y tecnológicas en un momento crucial para el sector. Esto va mucho más allá de lo que hacemos nosotros en PixelsHub: Asturias posee una base empresarial sólida, con conocimiento, experiencia y tecnologías transferibles, que merece ganar visibilidad y participar activamente en las nuevas oportunidades de la industria de defensa.

¿Es un problema de desconocimiento, de procedimientos o de que el sector no mira hacia ahí?

Es una combinación de los tres factores, pero no lo plantearía como falta de interés. El sistema se configuró durante décadas alrededor de programas largos, grandes plataformas y un número limitado de actores. Ahora las necesidades han cambiado: hacen falta ciclos de innovación más cortos, resiliencia industrial, tecnologías digitales y duales y una cadena de suministro más amplia.

Eso obliga a conocernos mejor. Las pymes debemos aprender el lenguaje, los requisitos y los tiempos de defensa; las grandes compañías y las instituciones necesitan mecanismos más ágiles para descubrir capacidades que hoy están dispersas. No se trata de sustituir lo que funciona, sino de ampliarlo. Hay voluntad pública y privada; nuestro reto es convertirla en procesos, contactos y proyectos. Y eso es precisamente lo que queremos que pase en el Summit.

Muchas empresas tienen tecnología que ya es dual y no lo saben. ¿Cómo de grande es ese desconocimiento?

Es considerable. Hay empresas excelentes en robótica, ciberseguridad, inteligencia artificial, fabricación avanzada, materiales, energía, comunicaciones, simulación o sensórica que nunca se han definido como empresas de defensa. Sin embargo, su conocimiento puede responder a necesidades reales del sector. Y ocurre también con la industria tradicional: compañías con décadas de experiencia en fabricación, ingeniería, mantenimiento, calidad, materiales o producción en serie poseen un conocimiento industrial extraordinariamente valioso que puede adaptarse a la cadena de defensa.

Eso no significa que una aplicación civil pueda trasladarse automáticamente a defensa. Hace falta adaptación, validación, seguridad y comprensión del contexto operativo. Pero el primer paso es reconocer la capacidad. Una empresa que inspecciona infraestructuras con drones, protege entornos industriales o crea sistemas inmersivos de formación puede tener una base tecnológica dual muy valiosa. Queremos ayudarla a formular qué aporta, para quién puede ser relevante y qué recorrido necesita para integrarse. Por eso el programa incluye una conversación específica sobre cómo trasladar y adaptar el conocimiento de la industria tradicional a la industria de defensa.

¿Qué está cambiando en Europa que obliga a que las pymes entren en esa cadena?

Europa está pasando de debatir sobre autonomía estratégica a crear instrumentos concretos para reforzarla. La Agencia Europea de Defensa estimó 381.000 millones de euros de gasto de los Estados miembros en 2025, frente a 343.000 millones en 2024, y cerca de 130.000 millones destinados a inversión en defensa.

A eso se suman SAFE, que moviliza hasta 150.000 millones de euros en préstamos para compras e inversión conjunta, y el Programa Europeo para la Industria de Defensa, EDIP, con 1.500 millones en subvenciones para 2026 y 2027. Dentro de EDIP hay medidas específicas para producción, compra conjunta, innovación y financiación de startups, pymes y pequeñas empresas de mediana capitalización.

El mensaje es claro: Europa quiere producir más, cooperar mejor y reducir dependencias críticas. Para conseguirlo no basta con las grandes tractoras; se necesita una red extensa de proveedores especializados, innovadores y capaces de escalar. Ahí las pymes tienen una oportunidad real, pero también la responsabilidad de prepararse.

¿Y qué papel juegan las tractoras en esto? ¿Están de verdad interesadas en abrir su cadena de suministro o es una obligación normativa?

El interés es real porque también responde a una necesidad empresarial. Las tractoras deben ejecutar programas cada vez más ambiciosos, incorporar tecnologías que evolucionan muy deprisa y asegurar capacidad de producción y suministro. Ninguna organización puede hacerlo todo internamente.

Muchas están reforzando sus programas de innovación abierta, sus encuentros con proveedores y sus mecanismos de colaboración. El desafío no es tanto convencerlas de que necesitan a las pymes como conseguir que ambas partes se encuentren en el momento adecuado, con una propuesta concreta y con expectativas realistas.

Los procesos de homologación y contratación seguirán siendo exigentes, porque deben serlo. Lo que sí podemos hacer es reducir el tiempo perdido: identificar mejor las capacidades, dirigir cada propuesta al interlocutor correcto y preparar a las empresas para cumplir los requisitos. El Summit quiere contribuir precisamente a eso.

Con ese diagnóstico encima de la mesa, ¿qué hueco viene a ocupar el Defence & Tech Summit? ¿Qué hace que no haga ningún otro encuentro del sector en España?

Viene a ocupar un espacio complementario y muy definido: poner a las pymes, startups y capacidades duales en el centro de la conversación y conectarlas con tractoras, instituciones, inversión, talento y conocimiento. También queremos dar protagonismo a los centros tecnológicos, porque son una pieza esencial entre la investigación y su aplicación industrial. Algo que vimos claro de la mano de CTIC Centro Tecnológico, ya que efectivamente los centros tienen mucho que aportar no sólo en inteligencia artificial y tecnologías digitales, sino también en transferencia y acompañamiento a empresas y en talento, lo que encaja plenamente en el Summit.

FEINDEF es la gran plataforma internacional del sector en España y cumple una función imprescindible de escala, exposición y proyección exterior. Nosotros proponemos otra experiencia: más concentrada, cercana y orientada a la conexión útil. Queremos conocer las capacidades de quienes vienen, facilitar afinidades y crear un entorno donde una empresa pequeña pueda explicar con claridad qué sabe hacer y encontrar a quien realmente necesita escucharlo.

Habláis de un hub de alianzas y no de un congreso. ¿Qué significa eso en la práctica para alguien que compre una entrada?

Significa que la experiencia no se limita a ocupar una butaca. Habrá conversaciones en escenario, talleres temáticos, espacios de relación profesional, la competición de startups y pymes y herramientas para identificar capacidades e intereses.

Queremos que cada participante llegue con un propósito: encontrar un socio, comprender una vía de financiación, acercarse a una tractora, detectar talento o validar el encaje de su tecnología. Y queremos ayudar a que esa intención se convierta en contactos relevantes. No podemos prometer contratos, ojalá fuera tan fácil, pero sí podemos crear las condiciones para que comiencen conversaciones que de otro modo serían mucho más difíciles, y es justo lo que queremos hacer. Lo demás ya…

El evento se organiza en seis verticales. ¿Por qué esa estructura y no una agenda de ponencias al uso?

Porque el acceso de las pymes a defensa no depende de una sola pieza. Requiere talento; transferencia desde universidades, centros tecnológicos, asociaciones y clústeres; capacidad industrial y tecnológica; inversión; conexión con las tractoras; y un marco institucional que oriente y genere confianza.

Esos seis verticales representan el ecosistema completo. En transferencia, por ejemplo, los centros tecnológicos pueden ayudar a convertir conocimiento avanzado en soluciones aplicables y a reducir la distancia entre una necesidad y una tecnología. En talento queremos reunir a empresas, universidades, Formación Profesional y estudiantes, porque la falta de perfiles especializados ya es uno de los grandes retos del sector.

Susana Pascual, CEO de PixelsHub y coorganizadora del Defence & Tech Summit / Foto: Marta Martin

Por eso hemos reservado un cupo limitado de entradas para estudiantes, con condiciones especiales. No queremos hablar de talento sin que el talento joven esté presente. Y también queremos incorporar a la industria tradicional, que posee conocimiento crítico sobre fabricación, procesos, mantenimiento, calidad y escalado. Tendrá una conversación específica sobre cómo adaptar esa experiencia a las exigencias y oportunidades de la industria de defensa.

La estructura nos permite ordenar el contenido alrededor de necesidades reales y reunir en cada conversación a perfiles que pueden hacer algo juntos. Habrá inspiración, por supuesto, pero con intervenciones breves y formatos ágiles. La idea es que lo escuchado en el escenario continúe después en un taller, una reunión o un café.

¿Qué tipo de conversación quieres que ocurra en el escenario? ¿De qué se va a hablar realmente esos dos días?

Te puedo decir lo que seguro que no habrá; no habrá presentaciones en powerpoint, ponencias o intervenciones de más de 20 minutos. 

Y no lo habrá porque necesitamos generar conversaciones honestas sobre cómo construir una industria de defensa más innovadora, abierta y preparada: qué capacidades se necesitan, cómo se incorpora tecnología dual, cómo se forma y atrae talento, cómo se financia el crecimiento y cómo pueden colaborar empresas de tamaños muy distintos. Hablaremos también de cómo una empresa industrial que nunca ha trabajado en defensa puede reconocer sus capacidades transferibles, comprender los requisitos del sector y empezar a recorrer ese camino con rigor.

También queremos introducir miradas menos previsibles. Por eso LABoral Centro de Arte y Creación Industrial no es solo la sede, sino parte del planteamiento. Su directora, Semíramis González, abrirá una reflexión sobre la relación entre arte, creatividad, tecnología y defensa. Durante esos días LABoral acogerá además *Iconoclast*, de Daniel Canogar, una obra generativa que transforma mediante un algoritmo imágenes de figuras de poder y reflexiona sobre la imagen, la tecnología y los mecanismos de legitimación en la cultura digital.

En un momento marcado por la inteligencia artificial, la desinformación y la vulnerabilidad de nuestra identidad digital, esa mirada tiene mucho sentido. La defensa no es únicamente industria y presupuesto: también es tecnología, percepción, confianza y sociedad. Queremos que la gente salga con contactos útiles, pero también con preguntas nuevas.

La Startup & SMEs Competition tiene un premio de 10.000 euros de Gijón Impulsa. ¿Qué buscáis exactamente en las candidaturas?

Buscamos empresas con una capacidad tecnológica o industrial sólida y con potencial para responder a necesidades de defensa y seguridad. Pueden proceder ya del sector o llegar desde ámbitos civiles con una tecnología dual que todavía no hayan explorado plenamente.

Valoraremos la relevancia de la solución, su grado de madurez, la capacidad del equipo, su potencial de integración y crecimiento y, por supuesto, la claridad para explicarla. No buscamos únicamente un buen discurso: buscamos capacidades que merezca la pena conocer.

El premio de 10.000 euros es un incentivo importante. Pero el valor añadido está también en la visibilidad ante empresas, instituciones, inversores y agentes del ecosistema, y en los contactos que puedan surgir durante el proceso y el propio Summit. Cualquier difusión concreta de candidaturas se realizará dentro de las bases, con conocimiento y consentimiento de las empresas participantes.

¿Qué tiene que haber pasado el 2 de octubre, cuando se apaguen las luces, para que esto haya merecido la pena?

Que las personas se vayan pensando: “ha valido la pena venir”. Y que también lo digan si es posible.

Creo que esta primera edición ofrece una oportunidad especialmente valiosa. El Summit nace para repetirse y crecer, como han crecido todos los grandes encuentros del sector, pero precisamente por ser la primera edición tendrá previsiblemente una escala más cercana y menos masificada. Eso puede facilitar algo que en los grandes eventos resulta más difícil: conversar con calma, identificar a las personas adecuadas y acceder con mayor cercanía a profesionales con capacidad real de decisión.

Quienes participen ahora no solo asistirán a un evento: estarán formando parte de su nacimiento y ayudando a construir una comunidad que crecerá con él. Me gustaría que una pyme identificara al interlocutor que llevaba meses buscando; que una tractora descubriera una capacidad que no tenía localizada; que un centro tecnológico encontrara una empresa con la que transferir conocimiento; que una universidad o un centro de FP abriera una nueva vía para su talento; que un estudiante descubriera que puede desarrollar su carrera en este sector; o que una empresa industrial reconociera una oportunidad que hasta entonces no había contemplado.

No podemos garantizar que de cada conversación salga un contrato, porque sería poco serio. Pero sí estamos diseñando un entorno excepcionalmente favorable para que las personas que tienen capacidades y las que tienen necesidades puedan encontrarse. Si el 2 de octubre esas conversaciones han comenzado y continúan después en forma de reuniones, colaboraciones o proyectos, habrá merecido la pena.

Como decía antes, no sería serio prometer contratos cerrados en dos días. Pero sí podemos aspirar a algo muy concreto: conversaciones de calidad, conexiones improbables y una comprensión más clara del ecosistema. Y, por supuesto, que cuando pasen unos días y recuperemos el aliento todos tengamos ganas de construir la siguiente edición.

¿Esto nace para quedarse o depende de cómo salga esta primera edición?

Nace con vocación de continuidad. La necesidad que aborda no termina el 2 de octubre: la industria seguirá creciendo, las pymes seguirán necesitando acceso y las tractoras, las instituciones y las Fuerzas Armadas seguirán buscando innovación, talento y una cadena de suministro más resiliente.

Esta primera edición también será un ejercicio de escucha. Mediremos qué ha sido verdaderamente útil, qué conexiones han prosperado y qué debemos mejorar. Queremos crecer con rigor, sin perder la cercanía ni el foco en la pyme. Si conseguimos mantener ese propósito, Defence & Tech Summit se convertirá sin duda en la cita anual de referencia para las pymes del sector y para Asturias.

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