Las dos primeras jornadas del encuentro de AMETIC dejaron un anuncio de gigafactoría y una medición incómoda de la adopción real. La tercera se dedicó a las tecnologías profundas, y con ella el debate de tres días encontró por fin su diagnóstico: el problema no es la tecnología ni el talento. Es el dinero paciente y quién compra.
Lo dijo con todas las letras Teresa Riesgo, secretaria general de Innovación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades: "no es un problema de talento ni de innovación". El cuello de botella, según explicó, está en encontrar inversores dispuestos a asumir riesgo y esperar retornos a largo plazo.
Deep Tech: 8.000 millones y trece ministerios
El anuncio institucional lo puso Juan Cruz Cigudosa, secretario de Estado de Ciencia, Innovación y Universidades, con la presentación de la Estrategia Nacional Deep Tech 2026-2030, la primera estrategia española dedicada a las tecnologías profundas. Está dotada con más de 8.000 millones de euros, de los que el 80% irá directamente a las empresas.
El dato que más dice sobre su ejecución no es el presupuesto, sino la gobernanza: la estrategia coordina a trece ministerios, algo que, según relató Riesgo, sorprendió a la OCDE cuando se lo presentaron. Cualquiera que haya trabajado con fondos públicos entiende por qué: la fricción interministerial suele costar más plazos que la propia tecnología.
Como instrumento financiero, Cigudosa destacó el fondo Deep Start, gestionado junto al Fondo Europeo de Inversiones y dotado con 358 millones de euros, del que ya ha salido Montaña, dedicado a deep tech para la salud infantil. Y aportó una cifra de contexto sobre el sistema científico: España ha recuperado 23.000 científicos, más del doble de los 10.000 que perdió durante la crisis.
Entre los ejemplos citados, dos son estrictamente industriales: IFMIF-DONES, en Granada, único centro del mundo para testar materiales de fusión nuclear, y el proyecto WISER, orientado a desarrollar un reactor de fusión industrial. Sumó también el papel del Barcelona Supercomputing Center como ancla de la futura gigafactoría de IA. "España ya no está en la mesa de los niños: está en la mesa de los mayores. No vamos a llegar tarde a esta transformación, la vamos a liderar", concluyó.
Riesgo fijó el listón para medirlo: dentro de cuatro años, poder decir que España lidera tecnologías concretas, "no solo en desarrollo, sino también en mercado y adopción". Y pidió a las grandes empresas que ejerzan de tractoras de la innovación disruptiva "en lugar de esperar a que todo esté ya probado".
Por qué Europa no tiene Big Tech
El análisis más afilado de las tres jornadas lo firmó Judith Arnal, consejera del Real Instituto Elcano, y no fue complaciente.
Explicó que la ausencia de gigantes tecnológicos europeos no es casualidad ni mala suerte, sino consecuencia de tres mecanismos económicos: los efectos de red, las economías de escala y de alcance y la ventaja del primero en llegar. Estados Unidos y China han jugado con ventaja en los tres porque cuentan con un mercado interior propio y homogéneo. Europa, en cambio, sigue fragmentada: sin mercado único real, con los hogares invirtiendo en ladrillo antes que en riesgo, y con una política de competencia históricamente más estricta.
Su descripción de la situación actual fue la frase más citable del día: "la economía está literalmente colgada de un chip". Y la respaldó con dos datos: las "siete magníficas" representan un tercio de la capitalización del S&P 500, y cerca del 40% del crecimiento reciente de la economía estadounidense depende de la inversión en inteligencia artificial.
Sobre los tres modelos en competencia —libre mercado estadounidense, intervención estatal china, regulación de derechos europea—, sostuvo que están convergiendo poco a poco en sus herramientas, aunque no en su filosofía. Y cerró con una recomendación que contradice buena parte del discurso institucional de las jornadas anteriores: elegir con criterio dónde dar la batalla —semiconductores y computación cuántica selectiva— y apostar por la adopción masiva de tecnología en el resto de ámbitos, evitando el proteccionismo. "Made in Europe es una mala idea. Tenemos que ir por la vía del Made with Europe".
Cuatro deep techs y una advertencia
La mesa que presentó Javier Ponce, director general de la SETT, aterrizó el discurso con cuatro compañías españolas en las que la sociedad estatal ya ha invertido. Ponce resumió la lógica del sector en siete palabras: "en digital, o llegas el primero, o no llegas". La SETT lleva dos años de vida y 2.500 millones invertidos.
Eduard Puig (IDEADED) presentó una tecnología de semiconductores no basados en silicio que, según la compañía, puede reducir hasta un 70% el consumo energético de los centros de datos. Su argumento sobre el riesgo fue directo: "si no hubiera riesgos no habría capacidad de soberanía, de liderazgo, ni posibilidad de hacer cosas que hoy están lejos de nuestro alcance".
Elisabet Del Valle (Onalabs Inno-Hub) explicó su tecnología para convertir el sudor en datos biomédicos continuos, con un cálculo que ordena la escala: "el 80% del gasto público en sanidad se destina a cronicidad. Si con tecnología pudiéramos reducir solo un 1% ese gasto, hablamos de 800 millones de euros al año".
Marta P. Estarellas (Qilimanjaro Quantum Tech), la única empresa española capaz de diseñar, construir y poner en producción ordenadores cuánticos completos, aportó un resultado poco habitual en cuántica: "con nuestros algoritmos cuánticos hemos conseguido reducir un 30% las listas de espera para cirugías en hospitales con los que trabajamos". Y lanzó la advertencia más dura de la jornada: existe el riesgo de que "Europa se convierta en un supermercado de propiedad intelectual" si no se moviliza más capital privado.
Carlos García Blanco (kumoriSystems) puso el dato que mejor cuantifica la dependencia de la que se llevaba tres días hablando: "prácticamente todo el gasto en software cloud en España, que este año superará los 8.000 millones de euros, se compra hoy fuera de Europa".
Los cuatro coincidieron en el mismo par de peticiones: más capital privado paciente y una contratación pública que dé una oportunidad real a la tecnología europea. AMETIC anunció, por boca de Francisco Hortigüela, la creación de un club de empresas financiadas por la SETT, con Qilimanjaro y Multiverse Computing entre ellas.
La financiación existe; falta saber a qué puerta llamar
La mesa sobre instrumentos financieros, moderada por Josep Aracil (secretario general de AMETIC), llegó a una conclusión que conviene retener porque contradice el tópico.
Carolina Rodríguez, consejera delegada de ENISA, lo formuló así: "el dinero importa indudablemente, pero esto no explica por sí solo la problemática. El principal reto sigue siendo que las empresas consigan alcanzar mayor tamaño en España". Carlos de la Cruz, director de Tecnología e Internacionalización del CDTI, apuntó en la misma dirección: "me gustaría tener más empresas grandes que hagan investigación y desarrollo, para poder competir con los americanos y los chinos no solo en nicho, sino en la primera división".
Desde el Banco Europeo de Inversiones, María Romano detalló el despliegue europeo: el grupo ha creado 15 megafondos, dos de ellos en España, con inversión en 47 compañías, doce de ellas unicornios. Su nueva Iniciativa Europea de Campeones Tecnológicos busca movilizar 80.000 millones de euros en los 27 Estados miembros. Su lema, "born in Europe and grow in Europe", responde exactamente al problema que este medio ha documentado en varias operaciones recientes: compañías fundadas aquí que escalan fuera.
La conclusión compartida de la mesa: la financiación existe, pero falta acompañamiento continuo para que cada empresa sepa a qué puerta llamar y en qué momento.
El espacio, la criptografía y una idea inesperada sobre accesibilidad
La ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, dedicó su intervención al espacio con una definición útil: "el espacio ya no es solo el lugar al que vamos, es una infraestructura desde la que hacemos funcionar la Tierra".
Los datos que aportó dibujan un sector en expansión acelerada: España aporta ya 455 millones anuales a la Agencia Espacial Europea, el triple que en 2018, y es la cuarta potencia de la ESA junto a Alemania, Francia e Italia. La industria espacial española crece por encima del 15% anual y alcanzó en 2025 una facturación récord de 1.500 millones. Citó la adjudicación de esta misma semana a PLD Space, de 158,9 millones, y el liderazgo del Instituto de Física de Cantabria en la misión Arrakis de la ESA.
Antonio Hernando, secretario de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales, planteó el problema de seguridad que casi nadie tiene en la agenda: la criptografía postcuántica. El cifrado actual se apoya en dos problemas matemáticos que la computación tradicional no puede resolver en tiempos razonables pero la cuántica sí resolverá, lo que pone en riesgo datos de defensa, inteligencia y firmas digitales. Y el calendario se ha acelerado: "hace dos años se hablaba de 2050 para tener soluciones comercializables, hoy la previsión es hacia 2035". Pidió avanzar en cuatro frentes: inventariar los sistemas críticos, fijar un calendario de migración a partir de 2030-2031, impulsar empresas y tecnología españolas capaces de prestar estos servicios y coordinar el trabajo con el Centro Criptológico Nacional y el Ministerio del Interior.
Y el hallazgo más inesperado del día lo trajo José Luis Martínez Donoso, director general de Fundación ONCE, con una tesis que nadie esperaba en una jornada de deep tech: "la accesibilidad no solo ayuda a las personas, también ayuda a las máquinas".
El razonamiento es técnico. Los agentes de IA necesitan webs bien etiquetadas —títulos, botones, formularios, textos alternativos en imágenes— para navegar, comparar o responder. Cuando no lo están, la máquina tiene que reconstruir esa información, y eso cuesta cómputo. Los datos que presentó: una web accesible reduce hasta un 86% el trabajo computacional necesario; los formularios bien etiquetados, hasta un 90%; las imágenes con texto alternativo, hasta un 98% del tiempo de proceso. En una entidad con un millón de visitas anuales, eso equivale a 16.800 kWh, hasta 175.000 litros de agua de refrigeración, cuatro toneladas de CO₂ y 186.000 euros de ahorro.
"No estamos hablando de un gasto necesario porque lo marque la ley, sino de una inversión con un retorno claro", subrayó. Y frente al informe Draghi, que reclama más centros de datos y servidores para competir, planteó la vía complementaria: reducir el cálculo innecesario en lugar de añadir capacidad.
Altamira: 3.600 millones y una petición de red
Cantabria aprovechó la sede para presentar su gran proyecto. Altamira es el primer proyecto declarado estratégico por el Gobierno regional: 3.600 millones de euros de inversión, un centro de supercomputación cuántica y conexión directa al cable submarino de mayor capacidad del mundo, que Google replicará para unir Santander con Estados Unidos.
Lo presentaron Eduardo Arasti, consejero de Industria, Empleo, Innovación y Comercio; Pablo Coto Millán, catedrático de la Universidad de Cantabria, y Javier García Gonzalo, consejero delegado de XDC Properties y promotor. El estudio de impacto que expuso Coto sitúa la inversión en más del 20% del PIB de Cantabria: durante la construcción, entre 2026 y 2032, aportaría entre el 5% y el 12% del PIB regional según el escenario, con hasta 1.550 empleos; ya en funcionamiento, su impacto anual sería comparable al del aeropuerto de Santander.
"Estamos ante una revolución tecnológica comparable a la de la máquina de vapor en el siglo XVIII. Sin centros de datos no puede haber inteligencia artificial, y sin inteligencia artificial no puede haber ni ciencia ni tecnología", afirmó Arasti.
La clausura dejó el matiz que convierte el anuncio en asunto pendiente: la presidenta de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga, destacó que la comunidad ha movilizado ya el 98% de los 400 millones de su Agenda Digital y pidió expresamente conectar a la red eléctrica el Campus Tecnológico Altamira. Un proyecto de 3.600 millones que necesita, antes que nada, un punto de conexión.
El sector, en cifras, y un pacto de Estado
AMETIC presentó la décima edición de su Barómetro de la Economía Digital, de la mano de Jorge Morillo y Celestino García Romero. La industria digital factura ya más de 146.000 millones de euros, un 6,4% más que el año anterior, con 36.851 empresas y 842.596 empleos. Su impacto en el PIB alcanza el 27% y su impacto en innovación, el 20,1%, el mayor de cualquier sector. España sube una posición en el ranking de la década digital y se sitúa séptima.
El acto de clausura, presidido por el vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, junto al rector de la UIMP, Hortigüela, la vicepresidenta de Banco Santander España Isabel Tocino y Sáenz de Buruaga, dejó el anuncio de mayor calado político de las tres jornadas.
Cuerpo contrapuso dos escenarios ante el avance de la IA: uno optimista, en el que la tecnología abarata la investigación, agiliza los diagnósticos médicos y rompe el círculo de baja productividad en las pymes; y otro pesimista, marcado por la desinformación, el aumento de los ciberdelitos y la pérdida de soberanía digital. Para el ministro, el resultado no depende de la tecnología en sí, sino de quién la controle y cómo se repartan sus beneficios.
"En las próximas semanas, el presidente del Gobierno promoverá la firma de un acuerdo tripartito con los agentes sociales para situar el diálogo social en el centro del desarrollo tecnológico", anunció. Ese contrato social sobre inteligencia artificial integrará a expertos, tejido industrial y a los sectores científico, educativo y sanitario, con el objetivo de garantizar un reparto justo de sus beneficios y proteger los servicios públicos.
Lo que queda después de tres días
Tres jornadas, más de 175 ponentes y una conclusión que no estaba en ningún programa.
El primer día se discutió qué significa soberanía y se manejaron al menos seis definiciones distintas. El segundo se midió cuánta transformación real hay debajo: una de cada seis pymes, el 17% de la industria. El tercero puso por fin nombre al obstáculo, y no es tecnológico. Es que casi todo el gasto en cloud se compra fuera, que falta capital privado dispuesto a esperar y que la contratación pública todavía no da oportunidad real a la tecnología europea.
Lo que no tiene instrumento todavía es lo que pedía Judith Arnal: elegir dónde dar la batalla. Porque 8.000 millones repartidos entre todas las tecnologías profundas del país son mucho dinero para un ministerio y muy poco para competir de frente con quien mueve un tercio del S&P 500. La próxima cita es en septiembre de 2027, y para entonces se sabrá si hubo elección o hubo reparto.






