El dron hace tiempo que dejó de ser únicamente una cámara que vuela. Conectividad 5G, inteligencia artificial, sensores, edge computing y automatización están convirtiéndolo en una herramienta capaz de inspeccionar infraestructuras, detectar incendios, monitorizar el territorio o responder ante una emergencia sin necesidad de desplazar previamente a un piloto.
Ángel Alves, responsable de Innovación B2B en Telefónica España que está al frente de la iniciativa de drones de la compañía en territorio nacional, analiza un sector que afronta ahora su verdadero salto: pasar de demostrar lo que la tecnología puede hacer a integrarla de forma recurrente, escalable y económicamente viable en la operativa de empresas y administraciones. El futuro, sostiene, llegará precisamente cuando dejemos de hablar de drones y empecemos a hablar del servicio que prestan.
Ángel, hoy lideras la iniciativa de drones en Telefónica España pero tu trabajo va mucho más allá de la propia tecnología. ¿Cómo definirías el papel que desempeñas en la compañía y el momento que vive este ámbito?
Mi papel es llevar la tecnología desde la innovación hasta una solución útil, escalable y con impacto real para el cliente.
Llevo años trabajando en innovación ligada a 5G, Edge computing, IoT, realidad virtual, Inteligencia Artificial, etc, y durante los últimos años he estado centrado en convertir las posibilidades de los drones conectados en una capacidad real de negocio. He tenido la oportunidad de vivir una evolución muy interesante en el mundo de los drones. Al principio el reto era demostrar que un dron podía conectarse por 5G, transmitir vídeo en tiempo real o ser operado a distancia. Hoy esas piezas tecnológicas son suficientemente maduras y el desafío es otro: conseguir que todo eso funcione conjuntamente como un servicio fiable, seguro, escalable y con sentido económico para un cliente.
Y ahí es donde mi trabajo va mucho más allá del dron. Hay que entender la necesidad del cliente, elegir el dron y los sensores adecuados, proveer la conectividad, integrar software y analítica, diseñar la operación, trabajar en las autorizaciones aeronáuticas, definir procedimientos, procesos y contingencias, coordinar a fabricantes y partners y, finalmente, construir un modelo que pueda pasar de un piloto a una operación recurrente.
Precisamente esa ha sido la evolución de la iniciativa que lidero en Telefónica: hemos pasado de experimentar con drones conectados a construir un servicio comercial extremo a extremo, superando además barreras regulatorias muy relevantes, como conseguir una autorización para operar con pilotos deslocalizados a cientos de kilómetros del dron, un modelo todavía muy poco habitual en Europa. Hoy tenemos drones desplegados físicamente donde se necesitan y pilotos que pueden operarlos desde nuestro centro de pilotaje remoto en Madrid. Telefónica hizo público este salto este mismo año con el lanzamiento de Telefónica Dron Center, integrando pilotaje remoto, Drone-in-a-Box, 5G, inteligencia artificial, edge computing y gestión de permisos.
Durante años la pregunta era: ¿qué podemos hacer con un dron? Ahora la pregunta realmente interesante es: ¿cómo conseguimos que ese dron forme parte de la operativa diaria de una empresa o una administración?
Los drones siempre se asociaron a la captura de imágenes o al ocio, sin embargo hoy se ha convertido en una herramienta con muchas otras aplicaciones. ¿Podrías contarnos en qué sectores está incidiendo esta tecnología y de qué modo?
Creo que una buena manera de entender esta evolución es dejar de pensar en sectores durante un momento y pensar en qué puede hacer realmente un dron. Un dron puede ver, medir, actuar, transportar… Puede ver, por ejemplo, el estado de una infraestructura, un incendio o una instalación industrial. Puede medir temperatura, gases, calidad del aire o múltiples variables mediante diferentes sensores. Puede actuar integrando un altavoz para dar instrucciones en remoto, un foco para dar luz u otros dispositivos. Y puede transportar pequeños elementos de alto valor cuando el tiempo es crítico, como un desfibrilador.
Cuando trasladamos esas capacidades a sectores concretos aparecen muchísimas aplicaciones. En energía e industria hablamos de inspección de subestaciones, líneas eléctricas, plantas industriales, parques solares o eólicos. En transporte, de inspección ferroviaria, carreteras, puertos o grandes infraestructuras. En seguridad y emergencias, de vigilancia, búsqueda de personas, accidentes o primera respuesta ante incendios. En medio ambiente, de masas forestales, emisiones, vertidos o evolución del territorio...
En el caso de emergencias hay además un cambio especialmente importante: tradicionalmente había que llevar el dron y al piloto hasta el incidente. Con estaciones automáticas dron in a box podemos tener el dron ya desplegado sobre el terreno y lanzarlo en remoto en pocos minutos. Lo estamos aplicando, por ejemplo, a prevención y respuesta temprana ante incendios forestales: ante una alerta, el dron puede acudir al punto de la emergencia, enviar vídeo visual y térmico y proporcionar una primera evaluación antes incluso de que lleguen los primeros efectivos al terreno. Ese modelo ya se está utilizando en algunas Comunidades Autónomas españolas con gran acogida por parte de los cuerpos de emergencias.
Por eso creo que la cámara sigue siendo importante, pero ya no define al dron. El dron se está convirtiendo en un sensor móvil conectado capaz de estar en el lugar adecuado, obtener un dato y hacerlo llegar en el momento en que ese dato tiene valor.
¿En qué punto se encuentra actualmente el mercado de los drones en España? ¿Consideras que estamos ya en una fase de adopción o todavía queda recorrido para que su uso se generalice?
Diría que hoy conviven dos mercados de drones en dos fases diferentes.
Por un lado, existe un mercado bastante maduro en operaciones relativamente convencionales: audiovisual, topografía, fotogrametría, agricultura, determinadas inspecciones o trabajos en los que un piloto se desplaza al lugar y opera el dron en un entorno controlado. Aquí la tecnología está consolidada, hay profesionales especializados y los casos de uso están perfectamente demostrados.
Sin embargo, incluso en este mercado todavía queda un ámbito con muchísimo margen de mejora: la automatización de todo lo que ocurre antes de que el dron despegue. Preparar una operación puede implicar comprobar zonas geográficas UAS, analizar las restricciones aplicables, realizar coordinaciones con aeródromos, helipuertos o proveedores de servicios de tránsito aéreo cuando corresponda, gestionar permisos y autorizaciones y efectuar determinadas comunicaciones administrativas. Muchos de esos procesos siguen estando bastante fragmentados y requieren intervenir.
“El dron se está convirtiendo en un sensor móvil conectado capaz de estar en el lugar adecuado, obtener un dato y hacerlo llegar en el momento en que ese dato tiene valor”
Creo que la siguiente evolución de este mercado no vendrá solamente de mejores drones, sino también de automatizar la operación desde el punto de vista administrativo. El verdadero salto estará en conseguir que toda esa complejidad deje de recaer sobre el operador y se integre de forma mucho más sencilla en el propio proceso de planificación de la misión.
Y después existe un segundo mercado, que es el que me parece especialmente transformador: operaciones recurrentes, vuelos más allá de la línea de vista del piloto -BVLOS-, drones desplegados permanentemente en estaciones automáticas y pilotaje remoto desde centros de control. Este mercado se encuentra en otra fase de industrialización. La tecnología ya permite realizar muchas de estas operaciones, pero todavía no se puedan desplegar con la misma facilidad con la que hoy se instala cualquier otra infraestructura tecnológica.
El reto ya no es conseguir que un dron haga una misión BVLOS determinada, sino poder desplegar decenas o cientos de ellos bajo un modelo operativo común, con procedimientos estandarizados y una carga regulatoria y operativa asumible.
¿Qué papel juegan redes como el 5G o tecnologías emergentes como la inteligencia artificial en la evolución de los drones y en las posibilidades que ofrecen? ¿Hasta qué punto está siendo esa convergencia tecnológica la que está impulsando la verdadera transformación del sector?
Me gusta resumirlo de una forma muy sencilla: el 5G cambia el modelo de operación del dron y la inteligencia artificial cambia el valor del dato que obtiene. Tradicionalmente, el piloto está físicamente cerca del dron y mantiene con él un enlace radio directo. Cuando utilizamos una red móvil, podemos desacoplar ambas cosas; el dron puede estar en Cáceres, Andalucía o Madrid mientras el piloto se encuentra en un centro de control a cientos de kilómetros.
Esto cambia la economía de la operación. Ya no necesitas desplazar continuamente personas y equipos. Ahí el 5G aporta mucho más que velocidad. Importan la latencia, la estabilidad de la conexión, la capacidad de transmitir vídeo de alta resolución, la posibilidad de priorizar comunicaciones mediante Network Slicing y conocer y gestionar de forma cada vez más precisa las condiciones de conectividad que tendrá una misión.
Y la IA resuelve el otro gran problema: un dron puede generar una cantidad enorme de información, pero generar datos no equivale a generar valor. Si estamos inspeccionando cien kilómetros de infraestructura, no queremos que una persona tenga que revisar horas y horas de vídeo; queremos que un algoritmo identifique una anomalía y nos diga dónde mirar. Si estamos monitorizando un monte, queremos detectar un posible foco de calor. Si inspeccionamos una instalación industrial, queremos localizar una fuga o un comportamiento anómalo.
Pero el verdadero salto se produce cuando todas estas tecnologías convergen. La transformación no se produce cuando añadimos inteligencia artificial a un dron, sino cuando conseguimos integrar el dron dentro de un proceso empresarial completo. Imaginemos una infraestructura energética. Un sistema detecta una anomalía y genera una alerta. Esa alerta podría desencadenar una misión; el dron despega desde su estación automática, inspecciona el activo, transmite la información mediante 5G, un algoritmo analiza las imágenes y determina si existe realmente una incidencia. Esa información se incorpora después al sistema de mantenimiento del cliente, a su centro de control o incluso al gemelo digital de la infraestructura.
El resultado ya no es un vídeo; puede ser directamente una alerta, una incidencia o una orden de mantenimiento. Ese cambio es muy importante porque durante años el sector se ha concentrado mucho en la aeronave: autonomía, cámara, velocidad, alcance… Todo eso sigue siendo necesario, pero cada vez es menos diferencial por sí solo. El valor se está desplazando hacia la capacidad de integrar el dron con comunicaciones, inteligencia artificial, plataformas de datos y sistemas corporativos. Y aquí considero que el cliente no debería necesitar una nueva pantalla para cada nueva tecnología que incorpora. Si un servicio de drones obliga al responsable de mantenimiento o al servicio de emergencias a modificar completamente su forma de trabajar, tendremos más dificultades para conseguir la adopción.
¿Cuáles son las aplicaciones que más potencial tienen a corto y medio plazo y cuáles te parecen especialmente prometedoras, aunque todavía sean poco conocidas?
Cuando se habla del futuro de los drones suelen aparecer enseguida escenarios como el transporte de pasajeros o el reparto masivo de paquetería a domicilio, pero yo voy a poner el foco en aplicaciones quizá menos espectaculares pero mucho más cercanas.
A corto plazo veo muchísimo potencial en aplicaciones donde coinciden tres factores: una necesidad recurrente, una superficie o infraestructura grande y un coste elevado de desplazar personas hasta el lugar. Por eso creo que crecerán especialmente la inspección industrial y de infraestructuras, la seguridad, la vigilancia de grandes áreas y la respuesta ante emergencias. Tener una red de drones desplegados en estaciones automáticas en lugares estratégicos permite obtener una primera visión de un incendio, un accidente o una emergencia en cuestión de minutos.
“El 5G cambia el modelo de operación del dron y la inteligencia artificial cambia el valor del dato que obtiene”
A medio plazo veremos crecer las operaciones sobre infraestructuras lineales. Ahí tendrán cada vez más importancia aeronaves Vertical Take Off and Landing (VTOL) de ala fija capaces de recorrer decenas de kilómetros y supervisar líneas eléctricas, ferrocarriles, carreteras, conducciones o grandes extensiones de territorio.
Y existe otro ámbito del que todavía se habla relativamente poco: el dron como plataforma de sensórica. No tiene por qué llevar únicamente una cámara, podemos incorporar sensores de gases, calidad del aire, radiación, cámaras ultravioletas para localizar determinados defectos eléctricos, sistemas de muestreo de agua o muchos otros dispositivos. También creo mucho en la logística, pero probablemente no empezaremos por el reparto masivo de paquetes a domicilios que durante años se presentó como el gran futuro del sector.
¿Qué oportunidades ves para que los drones desempeñen un papel relevante en desafíos como la protección del medio ambiente, la gestión del territorio o la adaptación al cambio climático?
Los drones tienen la capacidad de permitir observar el territorio con gran resolución, de forma recurrente y con mucha flexibilidad. Eso abre posibilidades muy interesantes en la gestión forestal, el seguimiento de la vegetación y del estrés hídrico, la detección de cambios en cauces y zonas costeras, el control de vertidos, la vigilancia de espacios protegidos, el seguimiento de procesos de erosión o incluso la evaluación de trabajos de reforestación y recuperación ambiental.
Para mí, una de sus mayores ventajas es la repetibilidad. Si realizamos periódicamente la misma misión podemos comparar cómo evoluciona una zona a lo largo del tiempo. Dejamos de trabajar con fotografías aisladas y empezamos a construir series de datos que permiten detectar cambios, identificar tendencias y actuar antes de que determinados problemas sean evidentes a simple vista.
En adaptación al cambio climático esto puede resultar útil. Necesitaremos conocer mejor cómo evolucionan nuestros bosques, cultivos, costas, recursos hídricos e infraestructuras ante fenómenos cada vez más extremos. Los drones pueden aportar una capa de información muy precisa entre la observación satelital y los sensores instalados sobre el terreno.Y, por supuesto, esa misma capacidad cobra todavía más valor cuando ocurre una emergencia, porque permite evaluar rápidamente los daños provocados por un episodio meteorológico extremo.
¿Hasta qué punto resulta clave colaborar con fabricantes, startups, administraciones y otros agentes del ecosistema para acelerar el desarrollo de nuevas soluciones?
La colaboración es imprescindible porque un servicio de drones es, en realidad, un sistema de sistemas. Necesitamos la aeronave, la estación automática, los sensores, las comunicaciones, el software de gestión de flotas, la inteligencia artificial, la ciberseguridad, la operación aeronáutica, la integración de datos y el conocimiento específico del sector donde vamos a trabajar. Es prácticamente imposible que una única compañía sea la mejor en todas esas capas.
Por eso nuestro enfoque en Telefónica es deliberadamente abierto. No queremos depender de una única plataforma de dron porque las necesidades de diferentes servicios pueden ser completamente diferentes. Trabajamos con distintas tecnologías y distintos socios e integramos la solución que tiene sentido para cada caso.
Pero además de fabricantes, startups y centros tecnológicos hay tres actores que considero fundamentales:
El primero son las autoridades aeronáuticas y los organismos responsables de la regulación y la seguridad aérea. En un sector regulado no podemos desarrollar la tecnología por un lado y pensar después cómo encajarla en la normativa; el segundo es la Administración pública en un sentido más amplio, tanto por su capacidad para impulsar la adopción como por ser usuaria directa de muchas de estas soluciones. Creo que debe ser capaz de identificar aquellos ámbitos en los que los drones aportan una capacidad realmente diferencial frente a los medios tradicionales; y el tercer actor es el usuario final. Trabajar con bomberos, técnicos de mantenimiento, responsables de infraestructuras o gestores del territorio cambia completamente la forma en la que diseñas una solución. Son ellos quienes conocen el problema real, qué información necesitan y cómo debe integrarse en su forma de trabajar.
Cuando una organización se plantea incorporar drones a sus operaciones, ¿cuáles suelen ser las principales barreras? ¿Hablamos más de regulación, tecnología, inversión o, incluso, de un cambio cultural dentro de las propias empresas?
La regulación suele recibir casi toda la atención porque es una barrera muy visible, pero mi experiencia es que el reto real es mucho más amplio. De hecho, no es extraño encontrar organizaciones que deciden crear su propia capacidad de drones, compran aeronaves, forman a algunas personas y, pasado un tiempo, descubren que vuelan mucho menos de lo que esperaban. No porque la tecnología no funcione, sino porque alrededor de cada vuelo existe una complejidad operativa, regulatoria y organizativa que muchas veces se infravalora al principio. La tecnología puede funcionar perfectamente en una demostración y, aun así, estar muy lejos de convertirse en un servicio.
Cuando queremos realizar operaciones BVLOS, volar en determinados entornos o abordar escenarios de mayor riesgo, no basta con disponer de un buen dron: hay que demostrar ante la autoridad aeronáutica que todo el sistema y la operación son seguros. En Telefónica conocemos bien esa complejidad porque hemos conseguido una de las autorizaciones operacionales más complejas que ha tramitado AESA hasta la fecha, precisamente para poder realizar operaciones con pilotos deslocalizados respecto al lugar donde se encuentra el dron. Detrás de una autorización de este tipo hay meses de ingeniería, análisis de riesgos, procedimientos, evidencias y definición de contingencias.
Pero la regulación es solo una parte. Elegir correctamente la aeronave y los sensores también es crítico, pues no existe un dron válido para todos los casos de uso.
Después está la operación. Mantener una capacidad propia exige disponer de pilotos suficientes, formación recurrente, mantenimiento, procedimientos, planificación de misiones y capacidad para responder ante incidencias. Y cuando se quiere escalar, esa complejidad crece.
Por supuesto, el caso de negocio. Una demostración puede ser espectacular, pero una empresa no compra una demostración, sino una mejora concreta: reducir tiempos de inspección, disminuir el riesgo para sus trabajadores, responder antes, disponer de información valiosa para la toma de decisiones, etc. Si no existe un beneficio medible, es muy difícil justificar una estructura permanente alrededor de los drones.
“Una demostración puede ser espectacular, pero una empresa no compra una demostración, sino una mejora concreta”
Y finalmente existe una barrera cultural. Incorporar drones obliga a modificar determinados procesos y a generar confianza entre quienes van a utilizarlos.
Si pensamos en los próximos cinco o diez años, ¿Qué avances crees que marcarán realmente la diferencia y qué papel aspira a desempeñar Telefónica en ese futuro?
En los próximos cinco o diez años veremos cómo los drones dejan de ser una herramienta puntual para integrarse de forma habitual en las infraestructuras y en los procesos de empresas y administraciones.
Tecnologías como los sistemas Detect and Avoid, la gestión digital del tráfico mediante U-space, la inteligencia artificial, el edge computing, el 5G avanzado o la conectividad satelital como complemento serán fundamentales para hacer posibles operaciones cada vez más complejas y de mayor alcance. También mejorarán las propias aeronaves: tendremos más autonomía, plataformas especializadas, drones VTOL de ala fija capaces de cubrir grandes distancias y sensores cada vez más ligeros y precisos. Pero probablemente el avance más importante será la capacidad de integrar todo el ecosistema.
En Telefónica aspiramos a desempeñar un papel relevante como integrador extremo a extremo haciendo posible que los drones se conviertan en una capacidad real para empresas y administraciones sin que el cliente tenga que asumir toda la complejidad tecnológica, operativa y regulatoria que existe detrás.
Y creo que existe además una evolución interesante para una compañía como Telefónica: explorar en el futuro un papel como proveedor de servicios U-space. A medida que aumente el número de drones y las operaciones BVLOS, será necesario gestionar de forma cada vez más digital y automatizada el espacio aéreo en el que operan. Muchas de las capacidades que necesita ese modelo forman parte del ADN de una compañía de telecomunicaciones como la nuestra.
Sabremos que el mercado ha madurado cuando los clientes ya no piensen en 'proyectos de drones' y lo vean como una herramienta más para detectar antes un incendio, inspeccionar una infraestructura sin poner en riesgo a una persona, conocer en tiempo real el estado de un activo o reducir el tiempo de respuesta ante una emergencia.
