España tiene fibra. Tiene 5G. Tiene centros de supercomputación, cientos de nodos edge, programas públicos de digitalización, una estrategia cuántica, inversiones en semiconductores y un ecosistema empresarial que en apenas un año prácticamente ha duplicado la adopción de inteligencia artificial.
La transformación digital española difícilmente puede explicarse ya como una carrera por alcanzar a Europa.
Los últimos datos de la Comisión Europea dibujan una situación bastante más interesante. España ha conseguido construir buena parte de los cimientos tecnológicos necesarios e incluso supera la media comunitaria en varios indicadores empresariales. Sin embargo, cuando esas capacidades tienen que traducirse en una adopción más profunda, empresas tecnológicas de mayor tamaño, especialistas suficientes o sistemas capaces de proteger todo lo digitalizado, aparecen las diferencias.
Es la paradoja que recorre el Digital Decade 2026 Country Report dedicado a España. Bruselas reconoce una infraestructura de conectividad robusta, una población con buenas capacidades digitales y unos servicios públicos muy desarrollados, pero advierte de que el país todavía no aprovecha plenamente esas fortalezas en algunos ámbitos empresariales.
Los números permiten entender bien las dos caras.
España cerró 2025 con una cobertura de fibra hasta las instalaciones del 95,97% de la población, frente al 74,13% de la Unión Europea. El 5G alcanza el 99,17%, por encima del 96,79% comunitario. Incluso en zonas escasamente pobladas, España aventaja ampliamente a la media europea en fibra y conectividad móvil.
También las empresas han avanzado. El 75,35% de las pymes españolas alcanza al menos un nivel básico de intensidad digital, frente al 71,39% europeo. España también supera ligeramente a la UE entre las pymes con un nivel de digitalización muy alto: 10,95% frente a 9,07%.
Y la inteligencia artificial ha dejado de ser una debilidad estadística.
En 2024 la utilizaba el 11,31% de las empresas españolas. Un año después, el porcentaje había ascendido al 20,27%, ligeramente por encima del 19,95% europeo. El crecimiento en un solo año fue del 79,2%, frente al 48% registrado en la UE.
Con la analítica de datos la ventaja es mayor: la utiliza ya el 47,07% de las empresas españolas, frente al 39,85% europeo. Entre las pymes españolas el porcentaje alcanza el 45,97%, más de siete puntos por encima de la media comunitaria.
Los porcentajes empiezan además a convertirse en aplicaciones concretas.
Iberdrola asegura haber integrado inteligencia artificial y talento humano en más de 450 proyectos de su operativa diaria, desde la atención al consumidor hasta la gestión de infraestructuras energéticas. La compañía utiliza estas capacidades en redes, renovables, mantenimiento de activos o atención al cliente y ha desarrollado un modelo específico de gobierno de la IA.
Gestamp ofrece otro ejemplo desde la industria. El fabricante pasó de siete modelos de IA desarrollados en 2024 a veinte en 2025 y ha fijado para 2026 el objetivo de integrar estas herramientas en los procesos cotidianos de las plantas, de manera que dejen de funcionar como apoyos puntuales y pasen a formar parte de la operación.
Es una evolución que conecta con algo que ya analizábamos en Conecta: Europa puede acelerar la construcción de centros de datos y capacidad de computación, pero el siguiente cuello de botella de la inteligencia artificial empieza a aparecer dentro de las propias empresas.
También ocurre con el edge. El Observatorio Europeo de Edge estima 587 nodos desplegados en España en 2025, dentro de los 7.451 contabilizados en toda la Unión Europea. La Comisión sitúa al país entre los de mejor comportamiento, aunque advierte de que un cambio metodológico impide comparar directamente la cifra con estimaciones anteriores.
La infraestructura sigue extendiéndose: Telefónica, por ejemplo, ha completado este año una red de 17 nodos edge comerciales distribuidos por España.
Y empieza a entrar directamente en la industria. Vodafone implantó una red privada 5G SA para conectar las doce empresas de INZU Group, combinando IoT, inteligencia artificial y edge computing. En Mina Muga, en Navarra, la operadora ha desplegado junto a Geoalcali una red privada 5G para conectar trabajadores, maquinaria y sensores y soportar aplicaciones como drones, videovigilancia, comunicación entre máquinas o gemelos digitales.
España, por tanto, no parte de una posición de atraso tecnológico generalizado. Precisamente por eso resultan especialmente relevantes las cinco brechas que continúan abiertas.
1. Cloud: la gran excepción tecnológica
Si la inteligencia artificial y la analítica de datos muestran una evolución favorable, el cloud ofrece una fotografía muy distinta.
Solo el 37,92% de las empresas españolas utiliza servicios cloud, frente al 46,69% de la Unión Europea. Entre las pymes la distancia es prácticamente idéntica: 36,71% en España frente al 45,74% comunitario.
La tendencia, eso sí, juega a favor de España.
En 2023 la adopción se encontraba en el 27,25%. Desde entonces ha crecido a un ritmo anual del 18%, casi el doble del 9,5% europeo. La diferencia continúa siendo considerable, pero se está reduciendo.
El contraste resulta especialmente significativo porque España no presenta el mismo comportamiento en las otras grandes tecnologías digitales analizadas por Bruselas. Cuando se agrupan IA, cloud y analítica de datos, el 62,41% de las empresas españolas utiliza al menos una de ellas, prácticamente en línea con el 63,2% de la UE.
Por eso la Comisión identifica expresamente la nube entre las prioridades españolas y recomienda continuar impulsando la digitalización empresarial poniendo especial atención en cerrar esta diferencia.
Pero la conversación empresarial sobre cloud también está cambiando. Ya no se limita a decidir qué cargas trasladar o qué proveedor contratar. Seguridad, ubicación de los datos, dependencia tecnológica y soberanía empiezan a pesar en las decisiones.
Minsait y Google Cloud, por ejemplo, ofrecen en España un modelo de controles soberanos que mantiene los datos en la región española de Google Cloud mientras las claves que los cifran son gestionadas por Minsait Cyber desde España, bajo legislación nacional y fuera de la infraestructura de Google.
España está avanzando rápidamente en cloud. Pero sigue siendo la gran tecnología empresarial donde su posición relativa contrasta con los resultados conseguidos en IA o datos.
2. Ciberseguridad: cuanto más se digitaliza una empresa, más tiene que proteger
La segunda brecha nace, en parte, del propio avance tecnológico.
España ha desarrollado durante los últimos años nuevos programas, capacidades operativas, regulación e inversiones en ciberseguridad. INCIBE, por ejemplo, financió durante 2025 a 86 empresas —más del 80% pymes— para desarrollar 153 proyectos de I+D+i en este ámbito.
El diagnóstico empresarial de Bruselas sigue siendo, sin embargo, exigente.
La Comisión concluye que, pese a los avances realizados, persisten amenazas que todavía no están suficientemente abordadas, especialmente en las empresas. Su recomendación vuelve a poner el foco en apoyar al tejido empresarial y reforzar las medidas necesarias para mejorar la protección de las infraestructuras críticas.
Algunas compañías ya están llevando esa protección mucho más cerca de sus operaciones.
Viscofan ha implantado con Telefónica Tech un Security Operations Center gestionado para centralizar la seguridad de sus fábricas y filiales internacionales. El sistema unifica la supervisión, automatiza parte de la respuesta ante incidentes y establece un marco común de gobierno para un entorno industrial global, además de incorporar requisitos asociados a NIS2, ENS o ISO 27001.
GMV presentó en marzo los resultados finales del Programa Luis Valle, desarrollado durante cerca de tres años dentro de la iniciativa de Compra Pública Innovadora de INCIBE. Uno de los proyectos ha creado un SOC específicamente diseñado para anticipar, detectar y mitigar amenazas contra infraestructuras satelitales y centros de control.
Dos casos muy diferentes que apuntan hacia una misma dirección: cuando datos, máquinas, instalaciones y procesos críticos están cada vez más conectados, la ciberseguridad deja de ser una capa añadida al final de la digitalización para convertirse en una condición necesaria para seguir avanzando.
3. Talento TIC: muchos graduados, pero no suficientes especialistas en las empresas
La tercera brecha no está en las máquinas, sino en las personas necesarias para utilizarlas.
España presenta un buen nivel de competencias digitales básicas. El 66,5% de la población dispone al menos de ellas, frente al 60,4% de la Unión Europea.
Sin embargo, los especialistas TIC representan el 4,8% del empleo español, por debajo del 5% europeo.
La diferencia porcentual puede parecer pequeña. Lo relevante aparece al analizar qué está ocurriendo detrás.
La Comisión destaca que España cuenta con una proporción comparativamente alta de graduados TIC y que el número de profesionales tecnológicos continúa aumentando. Sin embargo, ese incremento apenas eleva su peso dentro del empleo total. Bruselas detecta expresamente una brecha entre la presencia de graduados TIC y su incorporación al mercado laboral y considera que las medidas adoptadas hasta ahora todavía no son suficientes.
España está destinando recursos a ampliar esa cantera.
Las Cátedras Chip cuentan con 45 millones de euros para formar a 1.000 profesionales altamente cualificados durante cuatro años. Talento Hacker, impulsado por INCIBE, proporcionó durante 2025 formación intensiva en ciberseguridad a más de 10.000 estudiantes y programas especializados a más de 500 profesionales TIC.
El problema, por tanto, no se resuelve únicamente formando más personas.
También exige que las empresas sean capaces de incorporarlas, retenerlas y ofrecerles carreras y proyectos suficientemente atractivos. Porque disponer de centros tecnológicos, infraestructuras o programas de IA sirve de poco si faltan los profesionales que deben convertirlos en actividad económica.
4. España crea empresas tecnológicas, pero le cuesta más hacerlas grandes
Otra diferencia aparece cuando una buena tecnología necesita convertirse en una gran compañía.
A comienzos de 2026 España tenía 12 unicornios. Son uno más que un año antes, pero apenas la mitad de los 24 que la propia hoja de ruta española había previsto alcanzar al terminar 2025.
La Comisión considera que el país está por detrás de su trayectoria prevista y reclama facilitar la creación y expansión de empresas, reforzar las conexiones entre ciencia y mercado y ampliar el acceso a financiación para compañías en fases de crecimiento.
El problema coincide con otra fotografía que ya había aparecido al analizar el mercado español de capital riesgo.
En Conecta examinamos cómo España ha construido un ecosistema tecnológico valorado en unos 125.000 millones de euros, con miles de startups, pero sigue encontrando dificultades cuando esas compañías necesitan grandes rondas para crecer.
La respuesta pública intenta cubrir parte de ese espacio.
Durante 2025, SETT invirtió 347,2 millones de euros a través de Next Tech. De ellos, 111,95 millones correspondieron a inversiones directas en compañías digitales y otros 235,25 millones se canalizaron a través de fondos de capital riesgo especializados en tecnologías digitales y disruptivas.
El desafío está en convertir un ecosistema capaz de producir muchas compañías jóvenes en otro capaz también de generar más empresas tecnológicas de gran tamaño.
No es una cuestión menor. Ahí se decide dónde permanecen el empleo más cualificado, la propiedad intelectual, los centros de decisión y una parte considerable del valor económico generado cuando una innovación consigue llegar al mercado internacional.
5. De financiar tecnología a construir industria
La quinta brecha es probablemente la más compleja porque sus resultados no se pueden medir de un año para otro.
Los semiconductores permiten observarla con claridad.
El PERTE Chip nació con una dotación prevista de 12.250 millones de euros. Tras la modificación del Plan de Recuperación aprobada en enero de 2026, su presupuesto quedó reducido a 1.936 millones.
La Comisión atribuye el ajuste a cambios en el contexto geopolítico, falta de inversión privada y retrasos en la asignación de fondos y considera que supone una reducción significativa respecto a las expectativas iniciales españolas de liderazgo y soberanía tecnológica.
Pero interpretar ese recorte como el abandono de la política española de semiconductores ofrecería una imagen incompleta.
Durante 2025, SETT destinó 812,3 millones de euros a proyectos estratégicos de semiconductores y microelectrónica. España ha financiado además líneas piloto de fotónica integrada, centros de competencia y proyectos relacionados con diseño, materiales, fabricación, encapsulado, automatización y test.
Lo que ha cambiado es la forma de construir esa capacidad.
Como ya analizamos en Conecta, España pasó de situar una gran fábrica avanzada en el centro de sus aspiraciones a desarrollar una red más distribuida de capacidades especializadas en semiconductores.
El siguiente paso consiste en conectar esas piezas.
Valencia, por ejemplo, está intentando convertir su concentración de empresas, universidades y centros tecnológicos en un ecosistema reconocible a escala europea y ya se ha movido ante la creación del futuro sello europeo para regiones de excelencia en semiconductores.
La computación cuántica se aproxima a una situación parecida.
España aprobó una Estrategia de Tecnologías Cuánticas 2025-2030 dotada con 808 millones de euros. Ya hay un ordenador cuántico instalado en el Barcelona Supercomputing Center, proyectos de comunicaciones cuánticas, cinco líneas piloto europeas con participación española e inversiones públicas en compañías como Multiverse Computing y Qilimanjaro Quantum Tech.
La propia Comisión pide ahora dar el siguiente paso: acelerar la industrialización, acercar investigación y empresa y convertir infraestructuras y proyectos tecnológicos en aplicaciones capaces de desplegarse ampliamente.
Ahí está probablemente una de las cuestiones industriales más importantes de los próximos años. España ha demostrado capacidad para financiar investigación, crear infraestructuras y activar proyectos. La prueba siguiente será comprobar cuántos consiguen transformarse en productos, fábricas, proveedores y cadenas de valor asentadas en el país.
26.230 millones llegan al final de una etapa
Las cinco brechas adquieren todavía más importancia por el momento en el que aparece este diagnóstico.
La hoja de ruta española para la Década Digital reúne 67 medidas. Según la Comisión Europea, el 87% habrá llegado a su fecha prevista de finalización cuando termine 2026.
Las actuaciones afectadas concentran 26.230 millones de euros de presupuesto público, equivalentes al 98% de toda la financiación pública recogida en esa hoja de ruta.
La cifra exige una precisión: no significa que el 1 de enero de 2027 desaparezca la financiación para transformación digital ni que España deje de impulsar nuevos programas tecnológicos.
Sí marca el final de una etapa excepcional por la cantidad de recursos movilizados.
Solo Kit Digital llegó al cierre de sus últimas convocatorias después de haber concedido alrededor de 870.000 ayudas. El portal del programa contabilizaba más de 902.300 bonos concedidos y más de 3.587 millones de euros en subvenciones asignadas. A ello hay que sumar programas de conectividad, inteligencia artificial, espacios de datos, ciberseguridad, semiconductores, tecnologías cuánticas o financiación de empresas innovadoras.
Durante esos años España ha construido buena parte de las condiciones necesarias para competir en una economía cada vez más digital.
Tiene una de las mejores coberturas de fibra y 5G de Europa. Sus pymes están por encima de la media comunitaria en digitalización básica. La adopción de inteligencia artificial ha acelerado hasta superar ligeramente a la UE y la analítica de datos presenta una ventaja considerable. Existen proyectos capaces de llevar 5G, edge, IA o ciberseguridad directamente hasta fábricas e infraestructuras críticas.
Pero permanecen cinco diferencias suficientemente importantes como para condicionar el siguiente paso: una adopción cloud todavía inferior a la europea, puntos débiles en ciberseguridad empresarial, dificultades para trasladar todo el talento tecnológico al mercado laboral, un ecosistema que crea empresas con más facilidad de la que consigue hacerlas grandes y tecnologías estratégicas que todavía tienen que transformar años de inversión en capacidad industrial.
Ahí está la paradoja digital española de 2026.
España ha avanzado mucho en construir las condiciones para transformarse. Ahora empieza la parte en la que esas condiciones tienen que demostrar cuánto pueden cambiar realmente sus empresas, su productividad y su industria.



