Cuando una región quiere apostar por la industria del futuro, una de las decisiones de fondo es dónde va a instalarse esa industria y con qué vecinos. El País Vasco ha respondido a esa pregunta con una estrategia clara: multiplicar el espacio de sus parques tecnológicos y, sobre todo, especializar cada uno en un ámbito concreto, para que las empresas de un mismo sector se concentren, colaboren y atraigan talento e inversión. Es una apuesta por los polos tecnológicos especializados como palanca de reindustrialización.
El Parque Tecnológico de Euskadi, que este año cumple cuatro décadas, ha entrado en una fase de expansión en todos sus frentes. La infraestructura no es menor: sus campus reúnen ya a 692 empresas, en las que trabajan más de 24.000 personas —7.700 de ellas dedicadas a I+D—, y que facturaron conjuntamente 9.257 millones de euros en 2025, un 12,3% más que el año anterior. La inversión en I+D de esas compañías creció un 30% en un solo año, hasta los 854 millones. Son cifras que dan la medida de por qué el espacio disponible se ha quedado corto.
Duplicar el mayor campus
El movimiento más llamativo afecta al campus de Zamudio/Derio, el mayor y más veterano, cuya creación hace cuarenta años dio origen al parque. Con una ocupación del 97% y 265 empresas instaladas, el campus se ha quedado sin sitio, y la respuesta es una ampliación de gran escala: la incorporación de los terrenos de Mantuliz, en Derio, sumará 1,2 millones de m2 y prácticamente duplicará su superficie actual. La operación, enmarcada en la reserva estratégica de suelos del Plan de Industria Euskadi 2030, prevé la implantación de las primeras empresas a partir de 2030. Este campus concentra actividad en fabricación avanzada, energía y sectores con potencial tractor como el aeroespacial, el biosanitario o las soluciones digitales.
Pero la expansión no se limita a Zamudio. El plan es integral y, sobre todo, especializado, que es donde está la parte más interesante desde el punto de vista industrial.
Un campus, una tecnología
La lógica que recorre la estrategia vasca es la de la especialización. En lugar de campus genéricos donde conviven empresas de cualquier sector, cada sede se orienta hacia un ámbito tecnológico concreto, buscando la masa crítica que hace que un polo funcione: proveedores, talento, centros de investigación y clientes del mismo campo, todos cerca.
Así, el campus de Bilbao, en la Punta Norte de la isla de Zorrotzaurre, se está consolidando como el espacio de referencia para las tecnologías digitales avanzadas: inteligencia artificial, analítica de datos y ciberseguridad. Allí han ido agrupándose compañías y centros como Idom, Mondragon, Vicomtech, Ikerlan y, recientemente, la firma de software industrial Lantek. Es el modelo de campus urbano, integrado en la ciudad, que busca atraer a los perfiles jóvenes que estas disciplinas demandan.
El campus de Donostia, por su parte, se orienta hacia las biociencias. Su ampliación en la zona de Illunbe albergará una red de referencia internacional en ciencias de la vida, y es ahí donde se enmarca uno de los movimientos más recientes: el traslado de BIC Gipuzkoa, la agencia de referencia en emprendimiento científico-tecnológico del territorio, a una nueva sede.
Illunbe y la incubación de empresas científicas
El caso de BIC Gipuzkoa ilustra bien el tipo de actividad que estos polos especializados quieren potenciar. La agencia se trasladará en el primer trimestre de 2027 a una nueva sede de cerca de 5.000 metros cuadrados en el campus de Donostia, en Illunbe, dentro del hub SOKAI, concebido como un espacio de innovación en ciencias de la vida que reúna ciencia, emprendimiento, industria, talento y capital.
Las nuevas instalaciones multiplicarán su capacidad de incubación con laboratorios especializados —incluidos laboratorios de bioseguridad, salas blancas y de cultivo—, espacios de biocoworking y módulos para startups. El objetivo es acompañar a las empresas de base científica desde sus primeras fases hasta su consolidación, un tramo especialmente difícil para este tipo de compañías, que necesitan infraestructuras caras y plazos largos antes de llegar al mercado.
El historial del centro da una idea de por qué se apuesta por reforzarlo. Según sus datos, en la última década BIC Gipuzkoa ha acompañado la creación de 460 empresas innovadoras, con una notable tasa de supervivencia del 80% nueve años después de su constitución —muy por encima de la media de las empresas de nueva creación—, que han generado 3.243 empleos. "La nueva sede supone un salto cualitativo para BIC Gipuzkoa y para el conjunto del ecosistema", ha señalado su directora gerente, Marisa Arriola, quien subraya que el acceso a laboratorios y espacios compartidos permitirá a las empresas emergentes disponer de recursos estratégicos para acelerar su llegada al mercado.
Un modelo a observar
Más allá del caso vasco, la estrategia tiene interés para el conjunto de la industria española, porque plantea una forma concreta de abordar la reindustrialización: no dispersar la actividad, sino concentrarla en polos especializados capaces de competir internacionalmente en un ámbito determinado. Es un modelo que otras comunidades observan, y que conecta con un debate más amplio sobre cómo España debe elegir en qué tecnologías puede desarrollar capacidades diferenciales en lugar de intentar abarcarlo todo.
La apuesta vasca —expansión de suelo, especialización por campus y foco en incubar empresas de alto valor añadido— es una respuesta posible a esa pregunta. Su éxito dependerá, como siempre, de que las infraestructuras se llenen de proyectos reales y de que las empresas incubadas lleguen a consolidarse y crecer. Pero el planteamiento de fondo, concentrar y especializar en lugar de dispersar, marca una dirección que va más allá de Euskadi y que resume bien hacia dónde apunta buena parte de la política industrial europea: construir ecosistemas densos donde la ciencia, la industria y el capital se encuentren en un mismo lugar.


