En el BOE, una futura acería puede aparecer por algo tan pequeño y aparentemente poco relevante como el trazado de dos arroyos.
El 3 de marzo de 2026, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir sometió a información pública la solicitud de Hydnum Steel para modificar el recorrido del Arroyo del Zorro y del Arroyo de la Nava, dentro del proyecto de planta de acero verde previsto en Puertollano. El anuncio hablaba de autorización administrativa, de cauces, de masa de agua superficial, de Directiva Marco del Agua y de interés público superior. Nada parecido al lenguaje brillante con el que suele presentarse la transición energética.
Pero quizá por eso el detalle sirve para entender mejor la historia.
Una acería limpia no empieza en la fotografía de una primera piedra ni en el día en que sale la primera bobina. Empieza antes, en el choque entre una idea industrial y un terreno concreto. En una parcela que tiene arroyos, permisos, red eléctrica, accesos, servidumbres, informes ambientales, administración, vecinos, memoria y expectativas. Ahí es donde se mueve Eva Maneiro.
La CEO de Hydnum Steel y Russula Corporación no está intentando lanzar una tecnología ligera ni un producto que pueda corregirse con una actualización. Su apuesta pesa bastante más: levantar en Puertollano la primera planta de acero limpio de la península ibérica, un proyecto que acaba de recibir 60 millones de euros del PERTE de descarbonización industrial y que prevé movilizar alrededor de 1.650 millones de inversión.
La noticia tiene un tamaño suficiente para ser contada como celebración, pero conviene resistir esa tentación.
Porque lo importante, en este caso, no es que Hydnum Steel haya conseguido entrar en el mapa de los grandes proyectos industriales. Lo importante es lo que viene después: demostrar que el acero limpio puede salir del expediente, atravesar la obra y llegar al mercado.
Una promesa con dirección postal
La descarbonización industrial suele explicarse desde lugares altos: Bruselas, ministerios, planes estratégicos, fondos europeos, hojas de ruta climáticas. Hydnum nos obliga a bajarla a una ciudad concreta.
Puertollano no es un decorado escogido por casualidad. Es una ciudad acostumbrada a que la energía y la industria organicen algo más que la economía. Durante décadas, su identidad ha estado unida a plantas, turnos, reconversiones, proyectos, cierres, nuevas promesas y conversaciones sobre empleo. Por eso una fábrica nueva no se lee allí solo como inversión. También se lee como pregunta.
¿Qué industria viene ahora? ¿Qué empleo dejará? ¿Qué perfiles necesitará? ¿Cuánto se quedará en el territorio? ¿Qué agua usará? ¿Qué empresas auxiliares arrastrará? ¿Qué ocurrirá si los plazos se retrasan? ¿Qué parte de la promesa acabará siendo real y estructural y qué parte se quedará en una presentación?
Maneiro ha defendido en público que Hydnum quiere convertir Puertollano en un referente europeo del acero limpio. En mayo, en un encuentro del Club Conecta en Madrid, presentó el proyecto como una inversión de gran impacto para Castilla-La Mancha, apoyada en electrificación, reutilización de recursos y producción de acero a partir de chatarra.
La elección de Puertollano tiene una lectura industrial clara: tradición energética, ubicación, cultura fabril y disponibilidad para atraer nueva actividad. Pero también tiene una lectura política y social. Una planta así no se coloca simplemente en un mapa. Tiene que encontrar su sitio en una comunidad que conoce de sobra el precio de depender de grandes proyectos.
La gallega del acero
Eva Maneiro no llega a esta historia desde la retórica climática ni desde el universo startup. Su biografía pública está mucho más cerca de la siderurgia real.
Nacida y formada en Galicia, acumula cerca de tres décadas de experiencia en el sector siderúrgico. Desde Russula Corporación, grupo industrial español con proyectos en más de 35 países, ha trabajado en ingeniería, automatización, modernización de acerías, digitalización y tecnologías industriales aplicadas al acero.
Ese origen explica parte del interés del perfil. Maneiro no procede de una compañía que descubra ahora el acero porque la descarbonización se ha vuelto atractiva. Viene de una empresa que conoce la fábrica por dentro: sus ciclos, sus cuellos de botella, sus inversiones, sus márgenes, su dependencia energética y su dificultad para cambiar sin perder competitividad.
Hydnum Steel aparece así como un salto de posición. Russula ha pasado años ayudando a otros a construir, modernizar o automatizar plantas siderúrgicas. Con Hydnum, el movimiento es más delicado: participar en la definición y promoción de una acería nueva, concebida desde el principio para reducir emisiones, operar con una fuerte capa digital y responder a una demanda industrial que ya no quiere comprar solo acero, sino también una huella más defendible.
No es lo mismo mejorar una fábrica existente que comprometerse con una fábrica que aún no existe. Ese paso convierte a Maneiro en algo más que una ejecutiva de proyecto. La coloca en una zona poco cómoda: entre la ingeniería que sabe calcular y la industria que tiene que arriesgar.
La dificultad de limpiar un material imprescindible
El acero tiene una ventaja narrativa: aparece en casi todo. Está en coches, trenes, barcos, edificios, maquinaria, infraestructuras energéticas, torres eólicas, equipos industriales y plantas que fabrican otras plantas. Incluso las tecnologías que se presentan como parte de un futuro descarbonizado necesitan acero para existir. La transición energética no elimina la necesidad de acero. La multiplica en nuevos lugares.
El problema es que producirlo sigue siendo una de las actividades industriales más intensivas en emisiones. World Steel Association sitúa las emisiones de la industria siderúrgica en torno al 7-8% de las emisiones antropogénicas globales de gases de efecto invernadero, mientras que la Agencia Internacional de la Energía calcula que el hierro y el acero representan alrededor del 7% de las emisiones globales de CO2 del sistema energético.
Ese dato impide contar Hydnum Steel como un proyecto verde más. La siderurgia es uno de los lugares donde la transición deja de ser amable. No basta con sustituir una fuente de energía en una factura. Hay que intervenir sobre procesos industriales, materias primas, hornos, logística, agua, suministro eléctrico, certificaciones, clientes y costes.
Maneiro prefiere hablar de acero limpio antes que de acero verde. En el Club Conecta defendió esa diferencia al explicar que la sostenibilidad industrial no puede limitarse a reducir emisiones de CO2, sino que también debe atender a recursos como el agua. La futura planta, según esa presentación, apostará por reutilizar aguas grises, residuales e industriales para no emplear agua destinada al consumo humano o al riego. La precisión importa. “Verde” puede quedarse en etiqueta. “Limpio” obliga a mirar el proceso completo.
La planta como sistema
Hydnum Steel no se sostiene sobre una sola tecnología milagrosa. Esa es otra razón para tomar el proyecto en serio sin convertirlo en propaganda.
El consorcio está formado por Russula Corporación como promotor principal; Siemens, para digitalización avanzada, automatización y ciberseguridad; ABEI Energy, en generación renovable e hidrógeno verde; y Primetals Technologies, como proveedor de tecnología metalúrgica.
La futura instalación se plantea como una planta nativa digital para industria pesada. Cinco Días recoge que incorporará digitalización integral de procesos productivos y mantenimiento, sistemas avanzados de monitorización y control, tecnología Endless Strip Production para producción continua de banda laminada en caliente y un sistema Zero Liquid Discharge para evitar vertidos y reducir consumo de agua dulce.
La palabra “planta” se queda corta si se entiende solo como un conjunto de máquinas. Una acería de este tipo será también una arquitectura de datos: trazabilidad de materias primas, consumo energético, calidad del producto, emisiones, agua reutilizada, mantenimiento, seguridad, producción, pedidos y certificaciones.
Por fuera, acero. Por dentro, cálculo permanente. Ese es uno de los puntos más interesantes de Maneiro como protagonista. No encarna la digitalización que sustituye a la industria, sino la digitalización que intenta hacer viable otra forma de industria pesada. La fábrica no desaparece detrás del software. El software entra en la fábrica porque el margen de error se ha estrechado demasiado.
El calendario ya no pertenece al titular
El último hito de Hydnum Steel es relevante porque ordena los tiempos. La adjudicación de los 60 millones del PERTE II permite, según la compañía, articular el cronograma previsto. Maneiro explicó a Cinco Días que la previsión es iniciar las obras en diciembre, una vez obtenido el permiso del ayuntamiento, y que el plazo de construcción será de 24 meses.
Ese párrafo contiene más verdad industrial que muchos discursos sobre reindustrialización.
La fábrica todavía depende de permisos. La obra debe empezar. La financiación debe sostenerse. La cadena de proveedores debe responder. La conexión eléctrica debe operar. Los clientes deben mantener su apuesta. La ciudad debe comprobar que el proyecto no solo se anuncia, sino que se instala.
Hydnum cuenta con un elemento clave: el permiso de acceso a 500 MW de capacidad en la red eléctrica nacional a través del nudo de Brazatortas, concedido en febrero por el Ministerio para la Transición Ecológica. En abril, además, el Gobierno de Castilla-La Mancha le otorgó el estatus de Proyecto de Singular Interés para acelerar los plazos.
Aun así, la industria se mide en una escala distinta a la de la comunicación. Un anuncio puede salir en un día. Una acería necesita años. Entre una cosa y otra hay ingeniería de detalle, compras, movimiento de tierras, licencias, autorizaciones ambientales, contratación, formación y pruebas. Maneiro está precisamente ahí, en el tramo donde los proyectos empiezan a perder ligereza.
La parte que el mercado sí entiende
Una de las fortalezas de Hydnum Steel es que no se presenta solo como apuesta pública o aspiración territorial. Hay demanda industrial detrás.
La compañía prevé producir 1,5 millones de toneladas anuales de acero limpio laminado en una primera fase y llegar a 2,7 millones en años posteriores. Según Cinco Días, Maneiro aseguró que el 100% de la capacidad de producción está prevendida para los próximos cinco años, con acuerdos firmados con clientes como Thyssenkrupp, Gestamp y Knauf Interfer.
Ese dato cambia la conversación. El acero limpio no será relevante si solo funciona como símbolo. Tendrá que encajar en cadenas de suministro reales: automoción, construcción, bienes industriales, maquinaria, componentes, fabricantes sometidos a presión regulatoria y clientes que buscan reducir la huella de sus propios productos.
También introduce una exigencia mayor. Cuando una producción está comprometida, la promesa deja de mirar solo hacia las instituciones y empieza a mirar hacia empresas que necesitan precio, calidad, plazos y certificación. La transición industrial tiene esa parte incómoda: puede nacer de una política pública, pero solo se consolida cuando encuentra mercado.
El territorio también examina
Puertollano no solo aportará suelo, historia industrial y ubicación. También hará de termómetro.
El Ayuntamiento ha presentado el proyecto como una oportunidad para que la ciudad sea parte de Hydnum Steel, y la empresa ha desplegado un plan de participación ciudadana. En ese marco se han anunciado iniciativas como la implantación en Puertollano de Sbayt, compañía de inteligencia artificial de la corporación, y un programa de becas vinculado a la Universidad de Castilla-La Mancha.
Estos movimientos ayudan, pero no sustituyen al resultado. La licencia social de una instalación industrial no se obtiene en una sola reunión. Se construye a medida que el proyecto responde a preguntas concretas: empleo local, formación, proveedores, impacto ambiental, agua, tráfico, integración urbana, transparencia y capacidad de cumplir lo prometido.
En ese sentido, Eva Maneiro tiene por delante una tarea doble. Debe dirigir un proyecto siderúrgico complejo y, al mismo tiempo, sostener una relación con un territorio que no necesita discursos genéricos sobre industria. Puertollano sabe distinguir bastante bien entre una promesa de empleo y una fábrica funcionando.
Esa puede ser una de las claves del perfil. Maneiro no aparece aquí como una figura carismática construida desde la visibilidad mediática. Aparece como la cara de un proceso en el que muchas piezas deben encajar antes de que haya resultado. Y eso, para esta sección, tiene valor.
El riesgo de llamar futuro a lo que todavía es obra
Hydnum Steel reúne casi todos los ingredientes de una historia atractiva: acero limpio, hidrógeno verde, electrificación, fondos europeos, soberanía industrial, Puertollano, empleo, digitalización, clientes comprometidos y una directiva que llega desde el corazón de la siderurgia.
Justamente por eso conviene escribirlo con prudencia.
La planta aún no produce. La obra todavía no ha arrancado. Los permisos no son una formalidad menor. La tecnología tendrá que integrarse en una operación rentable. El agua y la energía serán observadas de cerca. El mercado del acero seguirá sometido a competencia internacional, sobrecapacidad y presión de costes. La industria europea no compite en condiciones fáciles, y el acero limpio tendrá que demostrar que puede ser ambientalmente defendible sin convertirse en económicamente inviable.
Ese es el punto donde Eva Maneiro se vuelve interesante. No por haber llegado al final de una transformación, sino por estar en el momento más expuesto: cuando ya hay suficiente avance como para que la promesa sea seria, pero todavía falta lo bastante como para que el resultado no pueda darse por descontado.
La innovación industrial rara vez tiene la limpieza de una presentación. Se parece más a un expediente que avanza, a una obra que empieza tarde o temprano, a un permiso que condiciona el calendario, a un cliente que pregunta por la fecha de entrega, a una ciudad que mira desde cerca y a un horno que algún día tendrá que demostrar si todo lo anterior estaba bien calculado.
Lo que decidirá esta historia
Hydnum Steel se entenderá mejor por sus próximos hitos que por sus adjetivos.
Habrá que seguir el permiso municipal, el cierre de la tramitación ambiental, el inicio real de las obras, la contratación de proveedores, la formación de perfiles locales, la conexión eléctrica, la evolución de los acuerdos comerciales, la relación con Puertollano y la capacidad de mantener el calendario de 24 meses una vez arranque la construcción.
También habrá que mirar si Russula consigue trasladar a Hydnum su experiencia acumulada en ingeniería siderúrgica internacional. Según la información publicada en Castilla-La Mancha, la compañía ha participado en proyectos en más de 35 países y se ha consolidado en soluciones de ingeniería, automatización, modernización de acerías y tecnologías industriales avanzadas.
El acero limpio tiene una virtud frente a otras promesas tecnológicas: no admite demasiada ambigüedad. Llegará un momento en que habrá que ver si la planta existe, si produce, si cumple especificaciones, si reduce emisiones, si vende, si crea empleo y si Puertollano reconoce en ella una nueva etapa industrial.
Hasta entonces, el perfil de Eva Maneiro es importange porque señala un tipo de cambio menos vistoso que otros, pero mucho más difícil de fingir. No se trata de convencer a un mercado con una demo. Se trata de levantar una fábrica. Y una fábrica, al final, siempre pide algo muy sencillo: que lo que se dijo en el papel aguante el peso de la materia.






