Mediterranean Algae llegó a vender un sérum facial. Después decidió cerrar la tienda.
En 2022, Siwid fue el primer producto comercial de la empresa: un cosmético elaborado con activos extraídos de tres especies mediterráneas, presentado en el Parque Científico de la Universidad de Alicante y financiado inicialmente mediante una campaña de micromecenazgo. Tres años después, Yago Sierras explicó que mantener una marca de cosmética obligaba al equipo a competir por cada venta en un mercado dominado por grandes compañías. Habían aprendido a fabricar el ingrediente, pero no querían dedicar la empresa a vender el envase.
La renuncia ayuda a entender mejor al personaje que muchos premios empresariales. Mediterranean Algae encontró una primera salida al mercado, comprobó que funcionaba y decidió abandonarla para concentrarse en aquello que consideraba más difícil de replicar: el cultivo controlado de macroalgas, la extracción de compuestos y la aplicación de esa biotecnología a problemas industriales y ambientales.
El movimiento tampoco fue una iluminación solitaria. Sierras, graduado en Turismo y Administración y Dirección de Empresas por la Universidad de Alicante, construyó la compañía junto a Silvia Antón, Guillermo del Barco y Alejandro Simón, reuniendo conocimientos de ciencias del mar, biotecnología, acuicultura y desarrollo de negocio. La empresa nació formalmente en 2021, después de que el confinamiento les permitiera observar desde Alicante la rapidez con la que la costa recuperaba actividad biológica cuando descendía la presión humana.
La compañía que la Comisión Europea destacó en junio de 2026 se parece poco a aquella pequeña marca cosmética. Ahora habla de puertos, telemetría, piscifactorías, efluentes industriales y biomasa. Las algas siguen en el centro, pero ya no aparecen solo como ingrediente. También trabajan.
El negocio que apareció al dejar otro
El giro hacia el mercado empresarial llevó a Mediterranean Algae por dos caminos que terminaron conectándose.
El primero consistía en desarrollar ingredientes marinos para otras compañías. El segundo, en utilizar las macroalgas como biofiltros capaces de absorber parte de los nutrientes presentes en aguas portuarias, acuícolas o industriales.
Esa segunda línea terminó cambiando la escala de la empresa. Una macroalga como la Ulva necesita nitrógeno y fósforo para crecer. En concentraciones excesivas, esos mismos elementos contribuyen a la eutrofización: proliferación descontrolada de organismos, pérdida de oxígeno y deterioro del ecosistema. Mediterranean Algae planteó utilizar el problema como alimento del proceso.
Su sistema Bioremed Algae hace circular el agua por módulos de cultivo en los que las macroalgas capturan nutrientes y generan biomasa. Posinode, la capa de monitorización, utiliza sondas para seguir en continuo variables como temperatura, pH, turbidez, conductividad, oxígeno disuelto, nitratos, clorofila o hidrocarburos. El cliente puede tratar el agua y, al mismo tiempo, conservar un registro de cómo evoluciona.
La combinación resulta más interesante que cada tecnología por separado. Sin medición, la regeneración ambiental corre el riesgo de quedarse en una afirmación difícil de demostrar. Sin una intervención sobre el agua, la monitorización puede limitarse a documentar un deterioro que sigue avanzando.
Mediterranean Algae intenta vender ambas cosas como un mismo servicio: conocer el estado del agua y actuar sobre él.
El puerto como banco de pruebas
El Puerto de Alicante permitió comprobar el sistema fuera de una instalación experimental.
Bioremed Algae comenzó a operar en febrero de 2025 en la dársena pesquera. La Comisión Europea recoge que el primer sistema completo trató alrededor de 22 millones de litros y redujo entre un 60% y un 75% los niveles de nitrógeno y fósforo. La empresa trabaja actualmente con más de treinta clientes de las costas mediterránea y atlántica y desarrolla nuevos proyectos en Valencia, Barcelona y Baleares, según la misma institución.
Las mediciones divulgadas por la Autoridad Portuaria permiten mirar con más detalle una parte del ensayo. Durante un periodo experimental de quince días, el cultivo de Ulva terminó con doce kilos de biomasa y registró una absorción media del 65% de nitratos y del 55% de fósforo. Los análisis detectaron además bioacumulación de hierro, zinc, níquel, aluminio, cobre, cromo y plomo, y estimaron una captura equivalente de 21,4 kilos de CO₂ durante el periodo analizado.
Las cifras proceden de momentos y formas de medición diferentes, por lo que no conviene mezclarlas en un único porcentaje de eficacia. Lo relevante es la ampliación del problema que la tecnología pretende abordar. La eutrofización es una parte. La presencia de determinados metales, la acidificación, el carbono fijado por la biomasa y la trazabilidad ambiental ensanchan la utilidad potencial del sistema.
El Puerto de Alicante también ha servido como escaparate europeo. Mediterranean Algae entró en BlueInvest en 2022 como una compañía en fase pre-seed y recibió después asesoramiento sobre estrategia, financiación y posicionamiento. En marzo de 2026 regresó a Bruselas y obtuvo el People’s Choice Award y el premio Ocean Bioresources, este último compartido con Decameal.
El premio da visibilidad. Los datos del puerto son los que permiten salir a vender.
De la dársena a la piscifactoría
La financiación concedida por el CDTI introduce una vertical que no debe confundirse con el despliegue portuario.
MEDALG no está diseñado principalmente para instalar más módulos en puertos. Su denominación oficial es “Sistema revolucionario de cultivo de algas terrestres y biorremediación para una acuicultura sostenible”. El proyecto busca desarrollar, optimizar y validar un sistema modular integrado en las infraestructuras de piscifactorías, donde cultivos controlados de Ulva actuarán como filtro biológico dentro del circuito de agua.
La resolución definitiva del CDTI, firmada en noviembre de 2025, aprobó para Mediterranean Algae un presupuesto de 3,05 millones de euros y una subvención máxima de 2,13 millones, distribuida entre 2025 y 2027. La compañía ha publicado posteriormente cifras algo inferiores para el proyecto, por lo que convendría confirmar con ella el importe vigente antes del cierre editorial.
La acuicultura plantea condiciones diferentes a las de una dársena. El agua forma parte del proceso productivo, la estabilidad del cultivo es crítica y la eliminación de nutrientes puede afectar tanto al impacto ambiental como a la propia eficiencia de la explotación. El sistema debe integrarse sin comprometer la salud de los peces, el funcionamiento de la planta ni la regularidad de la producción.
MEDALG permite entender mejor la ambición de Sierras. Mediterranean Algae no pretende fabricar un único módulo para repetirlo sin cambios en cualquier sitio. Busca convertir una capacidad biológica —la absorción de compuestos por parte de las macroalgas— en una plataforma adaptable a varios circuitos de agua.
Los puertos ofrecen una primera validación visible. Las piscifactorías pueden abrir un mercado donde el tratamiento se integra directamente en la operación.
Un alga dentro de una planta energética
El proyecto desarrollado junto a Saggas y la Universidad de Alicante muestra otra posible aplicación.
Mediterranean Algae instaló un cultivo de Ulva en la planta de regasificación de Sagunto para estudiar la retirada de cloro residual. El sistema utilizó recursos del propio proceso industrial para alimentar las algas y los ensayos registraron concentraciones finales de cloro de entre cero y 0,03 partes por millón. La compañía compara esta vía biológica con el uso convencional de bisulfito sódico, cuyo tratamiento lleva asociada una huella de carbono.
El caso resulta relevante porque lleva la biorremediación fuera de la narrativa habitual de restaurar ecosistemas. Aquí el cliente no es solo una autoridad portuaria preocupada por la calidad ambiental de sus aguas. Es una instalación energética que busca sustituir o reducir un tratamiento químico dentro de un proceso industrial.
Este tipo de proyectos decidirá hasta dónde puede llegar la propuesta. La biotecnología ambiental gana peso cuando deja de ocupar un espacio periférico en la estrategia de sostenibilidad y entra en la ingeniería ordinaria de una instalación.
Eso exige resultados repetibles, costes competitivos y mantenimiento. También obliga a responder qué ocurre con la biomasa después del tratamiento.
Lo que queda cuando el agua sale más limpia
El modelo de Mediterranean Algae no termina al retirar nutrientes. Las algas crecen durante el proceso y esa biomasa puede contener compuestos aprovechables.
La empresa busca transformarlos en ingredientes cosméticos, nutracéuticos o destinados a otras industrias. La viabilidad de cada uso dependerá del origen del agua, la posible presencia de contaminantes, los controles y la trazabilidad. Una biomasa cultivada en un entorno portuario no puede incorporarse automáticamente a un producto de consumo por el simple hecho de haber crecido.
Esa cautela no impide que Mediterranean Algae haya creado cadenas de valorización independientes.
PosiCycle es su gama de ingredientes cosméticos obtenidos a partir de arribazones de Posidonia oceanica. La posidonia no es un alga, sino una planta marina protegida y esencial para el ecosistema mediterráneo. La empresa asegura que recoge selectivamente biomasa acumulada en la costa siguiendo los protocolos ambientales y la procesa mediante una biorrefinería. Según Mediterranean Algae, su ingrediente Ulvanean Posidonia fue adquirido por RNB e incorporado a dos fórmulas comercializadas por Mercadona. La vinculación debe atribuirse a la propia compañía, porque no consta una confirmación pública equivalente de RNB o Mercadona.
La línea PosiCycle reúne cuatro referencias orientadas a formulación cosmética y permite comprender cómo ha evolucionado el antiguo negocio de Siwid. Mediterranean Algae ya no quiere fabricar la crema terminada. Prefiere suministrar el activo que otra empresa incorporará al producto.
Glycaid traslada la misma lógica al ámbito nutracéutico. Se trata de un ingrediente basado en Ulva y orientado al rendimiento y la salud metabólica, reconocido en el FoodTech Startup Forum de 2025. La compañía comunica resultados de un ensayo con setenta deportistas sobre marcadores metabólicos, inflamatorios y de estrés oxidativo, aunque su alcance deberá valorarse a partir del diseño completo y la publicación científica de los resultados.
Agua, biomasa e ingrediente forman así tres capas de un mismo negocio. El cliente puede contratar un servicio ambiental. El cultivo produce materia. La empresa intenta dirigir esa materia hacia el mercado que admita su composición y ofrezca mayor valor.
La naturaleza necesita una sala de máquinas
El término “solución basada en la naturaleza” puede sugerir que el organismo hace el trabajo sin demasiada intervención. La realidad es más exigente.
La velocidad de crecimiento de las algas cambia con la temperatura, la luz, la salinidad, la concentración de nutrientes y el caudal. El sistema debe evitar contaminaciones, mantener el cultivo estable, gestionar la cosecha y conservar un rendimiento previsible. Cada puerto, piscifactoría o instalación industrial introduce una química y una operación diferentes.
Después llega la fase menos visible: convertir una biomasa variable en un ingrediente homogéneo. La industria cosmética, alimentaria o nutracéutica compra especificaciones. Necesita saber qué contiene cada lote, de dónde procede, cómo se ha procesado y si conserva las mismas propiedades.
La principal prueba de Mediterranean Algae no consiste, por tanto, en demostrar que una macroalga absorbe nutrientes. La ciencia conoce esa capacidad. La prueba empresarial es diseñar alrededor de ella un sistema que pueda instalarse, medirse, mantenerse y cobrarse.
Sierras ocupa una posición singular dentro de ese proceso. No es el científico que reivindica en solitario el descubrimiento biológico. Su papel consiste en reunir especialidades, escoger aplicaciones, cerrar líneas que dispersan recursos y encontrar clientes capaces de pagar por una mejora ambiental antes de que el mercado la considere rutinaria.
Su formación en negocio y turismo, alejada del perfil habitual de un fundador biotecnológico, puede explicar esa mirada. Mediterranean Algae necesita conocimiento marino, pero también alguien que convierta distintos proyectos científicos en una propuesta comprensible para un puerto, una energética, una piscifactoría o una empresa cosmética.
Qué habrá que seguir
El primer indicador será la capacidad de replicar los resultados de Alicante. Los proyectos anunciados en Valencia, Barcelona y Baleares permitirán comprobar cómo responde Bioremed Algae en aguas, escalas y modelos de gestión diferentes. También habrá que observar si la red de Posinode termina generando información ambiental comparable entre instalaciones y no únicamente informes independientes para cada cliente.
El segundo frente estará en MEDALG. La integración dentro de piscifactorías es una prueba más compleja que el piloto portuario porque introduce la tecnología en un proceso productivo continuo. Ahí se verá si las macroalgas pueden mantener rendimientos estables, reducir nutrientes y generar biomasa sin añadir una carga operativa desproporcionada.
El tercero será financiero. Mediterranean Algae anunció a finales de 2025 la apertura de una nueva ronda para escalar Bioremed Algae, pero no he localizado una comunicación pública posterior que confirme su cierre o su estado actual. La evolución de esa operación ayudará a medir el apetito inversor por una infraestructura ambiental que necesita instalaciones físicas y plazos más largos que una plataforma puramente digital.
También convendrá vigilar la distancia entre las distintas líneas de la empresa. Puertos, acuicultura, energía, cosmética y nutrición ofrecen oportunidades, pero pueden dispersar a una organización todavía pequeña. El giro que cerró Siwid demuestra que Sierras ya ha tenido que elegir una vez dónde no quería competir.
Mediterranean Algae está intentando que contratar macroalgas para tratar agua deje de parecer una extravagancia biotecnológica. Para lograrlo tendrá que entrar en presupuestos, pliegos, rutinas de mantenimiento y decisiones industriales que rara vez se toman por fascinación hacia la naturaleza.
Si lo consigue, la aportación de Yago Sierras no será haber descubierto que las algas limpian el agua. Será haber construido el sistema empresarial necesario para que alguien las contrate por hacerlo.





