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Elisabet del Valle y la salud que empieza en una gota de sudor

La cofundadora y CEO de Onalabs entra en una nueva fase tras una ronda de más de 9,3 millones de euros, con participación de la SETT, para escalar una tecnología que busca monitorizar salud y rendimiento a través del sudor, sin agujas y con datos continuos.

 

Elisabet del Valle - CEO y cofundadora de Onalabs
photo_camera Elisabet del Valle - cofundadora y CEO de Onalabs

En la cultura popular, sudar suele ser una señal bastante primaria: esfuerzo, calor, miedo, fiebre, cansancio. Algo que se seca con una toalla o se esconde debajo de una camiseta limpia. Pocas veces se piensa en el sudor como una fuente de información.

Elisabet del Valle ha construido Onalabs justo sobre esa posibilidad.

No se trata de mirar el cuerpo desde fuera, como hacen tantos dispositivos que cuentan pasos, pulsaciones o calorías. La propuesta de la compañía barcelonesa es más íntima y más compleja: leer pequeñas señales químicas que el organismo deja en la piel y convertirlas en datos útiles para el deporte, la medicina y el seguimiento de pacientes.

La actualidad ha colocado esa idea en otra escala. La Sociedad Española para la Transformación Tecnológica, SETT, ha anunciado una inversión de 4,6 millones de euros en Onalabs dentro de una ronda de más de 9,3 millones. La operación se canaliza a través de la facilidad Next Tech, con fondos del Plan de Recuperación y Next Generation EU, y busca impulsar soluciones digitales de salud basadas en biomarcadores metabólicos obtenidos a través del sudor.

La cifra importa, pero no debería comerse la historia. En una empresa como Onalabs, el dinero no compra una expansión inmediata; compra tiempo para atravesar una zona especialmente lenta de la innovación: industrializar, validar, certificar, fabricar, convencer al sistema sanitario y demostrar que una señal biológica recogida en la piel puede servir para tomar decisiones.

Ese es el lugar en el que aparece Del Valle. No al frente de una tecnología que ya ha cambiado la medicina, sino de una tecnología que intenta ganarse el derecho a entrar en ella.

La muestra que no espera al pinchazo

La medicina moderna ha aprendido a confiar en momentos concretos. Una analítica. Una consulta. Una prueba. Una medición en urgencias. Una lectura aislada que captura el estado del cuerpo en un instante y deja fuera todo lo que ocurre antes y después.

El planteamiento de Onalabs va por otro camino. La compañía quiere pasar de las mediciones puntuales a una lectura continua de parámetros fisiológicos, metabólicos y bioquímicos. Su tecnología combina hardware propio, dispositivos específicos y una plataforma digital con inteligencia artificial para gestionar datos fisiológicos en continuo a partir de metabolitos presentes en el sudor.

Ese cambio tiene una consecuencia de fondo. Si el cuerpo puede medirse durante más tiempo y con menos interrupciones, la salud deja de depender solo del momento en que el paciente entra en contacto con el sistema. Puede aparecer antes, en tendencias, desviaciones, patrones y alertas.

Es una promesa atractiva, pero también delicada. En salud, medir más no siempre significa entender mejor. Hace falta calidad de dato, validación clínica, regulación, integración con profesionales sanitarios y una pregunta incómoda: qué hacer con una información que llega antes de que alguien se sienta enfermo.

Onalabs se mueve en esa frontera. No en la del dispositivo bonito, sino en la de convertir una señal corporal en información suficientemente fiable como para que un médico, un entrenador, un paciente o una familia actúen con más criterio.

Una científica ante el mercado

Elisabet del Valle no llega a esta historia desde el marketing del bienestar. Su perfil público es el de una científica que ha tenido que aprender los tiempos del emprendimiento.

Es licenciada en Bioquímica, doctora en Biotecnología y máster en Gestión de Empresas de Biotecnología. En entrevistas ha hablado de una adolescencia marcada por la curiosidad hacia las ciencias de la vida y de una fascinación por entender la complejidad escondida detrás de procesos que parecen sencillos.

Ese origen explica parte del tono de Onalabs. La compañía no vende solo cuantificación personal. Su ambición es más exigente: acercar información fisiológica a contextos donde hoy medir resulta invasivo, puntual, caro o incómodo.

Fundada en Barcelona en 2016 por Del Valle y el químico Xavier Muñoz, Onalabs ha pasado casi una década desarrollando su tecnología antes de entrar en la fase actual de industrialización y comercialización. La propia SETT describe su solución como una combinación de hardware, dispositivos específicos e inteligencia artificial para recopilar datos de forma constante a través del sudor, frente al modelo tradicional de analíticas puntuales de sangre.

Esa década pesa. En otros sectores, diez años pueden parecer una eternidad. En tecnología sanitaria, muchas veces son apenas el precio de llegar a un producto que no se rompa al tocar paciente, regulación y mercado.

Del Valle lo ha contado con claridad: los proyectos médicos tienen tiempos largos de desarrollo, validación, certificación y acceso al mercado, y no permiten una monetización rápida. También ha reconocido obstáculos como incertidumbre, burocracia, falta de recursos y dudas personales.

Ahí el perfil se aleja del relato sencillo de la startup. Onalabs no es una historia de velocidad. Es una historia de resistencia técnica.

Primero el deportista, después el paciente

La entrada al mercado está llegando por una vía comprensible: el deporte.

ONASPORT, el dispositivo orientado al rendimiento deportivo, monitoriza biomarcadores como lactato, deshidratación, pérdida electrolítica, sodio, frecuencia cardíaca y tasa de sudoración. Según la información publicada por la compañía y recogida en la ronda, ya se encuentra en etapa comercial.

Tiene sentido empezar ahí. El deportista está acostumbrado a medir. Acepta sensores, datos, cargas, umbrales, alertas y decisiones tomadas durante el entrenamiento o la competición. Además, el rendimiento ofrece un terreno de validación más rápido que el hospital, aunque no necesariamente más simple.

La colaboración con el Barça Innovation Hub también apunta en esa dirección. El FC Barcelona anunció en 2023 la entrada de BIHUB en el accionariado de Onalabs y explicó que ONASPORT mide a través del sudor, de forma no invasiva y en tiempo real, niveles de lactato, sudoración y deshidratación en deportistas.

Esa puerta deportiva puede ser estratégica por dos razones. La primera es comercial: permite probar producto, uso y datos en un entorno acostumbrado a la medición. La segunda es narrativa: ayuda a explicar una tecnología que, si empezara directamente por la enfermedad crónica, podría sonar demasiado ambiciosa o demasiado lejana.

El sudor de un atleta permite ver antes el mecanismo. Después viene la pregunta más difícil: qué ocurre cuando esa misma lógica se traslada a una persona mayor, un paciente crónico o alguien que necesita seguimiento continuo sin vivir conectado al hospital.

El hogar como extensión clínica

ONAVITAL es la otra pieza del mapa. La solución sanitaria de Onalabs está diseñada para monitorizar signos vitales de forma continua y no invasiva. La compañía habla de presión arterial, frecuencia cardíaca, saturación de oxígeno y temperatura corporal; la SETT añade que Onalabs trabaja además en soluciones para enfermedades crónicas como diabetes o insuficiencia renal.

Aquí el reto cambia de naturaleza. En deporte, el dato busca mejorar rendimiento. En salud, el dato puede modificar seguimiento, carga asistencial, relación médico-paciente y modelo de cuidados.

Del Valle ha defendido que ONAVITAL permite controlar parámetros clave sin visitas continuas ni interrupciones, y que puede ayudar a supervisar pacientes desde una central, especialmente en personas frágiles o con enfermedades que requieren un seguimiento más intensivo. También ha señalado que el dispositivo atraviesa fase de certificación médica y que aún no se ha implementado en el uso hospitalario diario.

Esa última precisión es importante. No estamos ante una solución clínica plenamente desplegada, sino ante una tecnología que debe completar validaciones y certificaciones. Y ese tránsito es justo donde se juega buena parte del cambio.

El sistema sanitario no necesita más aparatos por acumulación. Necesita tecnologías que reduzcan carga, no que añadan ruido; que ayuden a priorizar, no que disparen alarmas inútiles; que generen datos interpretables, no nuevos paneles que nadie tiene tiempo de mirar.

La salud digital ha prometido muchas veces liberar al paciente y aliviar al profesional. La realidad suele ser menos generosa. Cada dato nuevo necesita gobernanza, responsabilidad, integración, seguridad, privacidad y una decisión clínica detrás.

Onalabs tendrá que demostrar que su tecnología no solo mide el cuerpo, sino que ayuda a cuidarlo mejor.

La piel como interfaz

Hay una imagen poderosa en esta compañía: la piel deja de ser frontera y se convierte en interfaz.

No una interfaz fría, de pantalla o botón, sino una zona de intercambio biológico. El sudor contiene metabolitos, iones y señales que pueden hablar del esfuerzo, la hidratación, el equilibrio fisiológico o determinados cambios del organismo. La SETT señala que Onalabs trabaja incluso en una futura línea de quantum dots integrables en dispositivos wearables para ampliar la captación de información biológica vinculada a metabolitos de interés clínico como lactato, glucosa, sodio o potasio.

Ese es el punto tecnológico más sugerente. La innovación no consiste solo en fabricar una pulsera o una banda. Consiste en convertir una superficie cotidiana del cuerpo en una plataforma de lectura.

Pero esa misma imagen obliga a cierta prudencia. El mercado de los wearables lleva años acumulando métricas, algunas útiles y otras decorativas. Onalabs juega en una categoría más exigente porque no busca solo contar actividad, sino aproximarse a información biomédica. Ahí la tolerancia al error es distinta. También lo son las expectativas.

Una cosa es saber si se ha dormido peor. Otra es inferir un desequilibrio fisiológico. El éxito de la compañía dependerá de que esa diferencia se respete.

La ronda no cierra la historia

La financiación actual permite acelerar, pero no resuelve. La ronda de más de 9,3 millones de euros, con 4,6 millones de la SETT, se destinará a industrializar ONASPORT, avanzar en la validación clínica y regulatoria de ONAVITAL, desarrollar soluciones vinculadas a diabetes, aumentar capacidad industrial, fabricar localmente dispositivos, ampliar equipo, reforzar sensores propios y avanzar en expansión internacional.

El Español añade que Onalabs cuenta con seis patentes, unos 30 profesionales, pilotos con más de diez hospitales y colaboraciones con actores como FC Barcelona y Garmin.

La compañía llega, por tanto, a un momento menos vistoso que una idea brillante y más decisivo que una presentación: el escalado. Fabricar con consistencia. Mantener calidad. Asegurar suministro. Pasar controles. Integrar software y hardware. Hacer que el dato llegue limpio. Convencer a distribuidores, médicos, entrenadores, hospitales, aseguradoras o clubes.

Hay una diferencia enorme entre demostrar que algo puede funcionar y lograr que funcione muchas veces, con usuarios distintos, cuerpos distintos y contextos distintos.

Esa será la prueba.

Cuando medir también responsabiliza

El cambio que representa Elisabet del Valle tiene una dimensión sanitaria, pero también cultural.

La medicina preventiva suele invocarse como una aspiración evidente: detectar antes, seguir mejor, actuar a tiempo. Sin embargo, un modelo de monitorización continua puede abrir preguntas incómodas. ¿Quién mira todos esos datos? ¿Cuándo una desviación merece atención? ¿Qué ocurre con las falsas alarmas? ¿Cómo se protege la privacidad? ¿Qué responsabilidad asume quien interpreta la información? ¿Qué pacientes se benefician primero? ¿Qué desigualdades puede reducir o ampliar?

Del Valle ha hablado de impacto social y de una tecnología al servicio de personas, profesionales sanitarios y sistema de salud. Esa intención es relevante, pero deberá pasar por una comprobación práctica: que la solución mejore el cuidado sin desplazar complejidad hacia quienes ya están saturados.

La salud digital solo cambia algo cuando se adapta a la vida real.

A la vida de quien entrena con fatiga acumulada. A la de quien cuida a una persona frágil en casa. A la del médico que recibe demasiados datos y poco tiempo. A la del hospital que quiere sacar pacientes de una cama sin dejarlos solos. A la del paciente que no quiere sentirse vigilado, sino acompañado.

Qué habrá que seguir

Los próximos meses dirán si Onalabs consigue transformar esta ronda en algo más que músculo financiero.

Habrá que observar la industrialización de ONASPORT, la evolución de sus colaboraciones deportivas, la interoperabilidad con plataformas ya instaladas, los pilotos hospitalarios de ONAVITAL, la certificación médica, la línea vinculada a diabetes y la capacidad de fabricar localmente sensores y dispositivos sin perder precisión.

También habrá que mirar a Del Valle como una figura distinta dentro del ecosistema innovador. No encarna la tecnología que se impone desde el software puro, ni la empresa que promete transformar un sector con una capa de inteligencia artificial. Su terreno es más pequeño en apariencia y más difícil en el fondo: una señal biológica que aparece sobre la piel y debe convertirse en información confiable.

El cuerpo humano lleva siglos avisando de muchas maneras. La diferencia es que ahora algunas de esas señales pueden empezar a leerse antes, mejor y durante más tiempo.

Si Onalabs logra que ese dato sea clínicamente útil, industrialmente escalable y humanamente aceptable, Elisabet del Valle no habrá cambiado solo la forma de medir el sudor. Habrá ayudado a mover la salud desde el instante aislado hacia una conversación continua con el cuerpo.