Vicinay, la histórica compañía de Sestao con más de dos siglos de trayectoria, pasa a formar parte al 100% de ECN All Wind, la división de eólica marina y redes eléctricas creada por el grupo Velora, que encabeza el empresario Dámaso Quintana. El Gobierno Vasco acompaña la operación con 7,5 millones de euros para adquirir el 7,8% de esa matriz, una posición minoritaria y sin entrada en la gestión. El acuerdo mantiene en Sestao el principal centro de fabricación y cerca de 200 empleos.
La operación reorienta a una de las empresas más emblemáticas de la industria vasca hacia un mercado en expansión: la eólica marina flotante. Vicinay es referente mundial en cadenas y conectores de gran tamaño, un producto que durante décadas ha servido al sector del petróleo y el gas y que ahora encuentra un destino nuevo. Las previsiones que maneja la operación apuntan a un incremento de la producción cercano al 25% en los próximos años.
Y ahí está la clave industrial del movimiento. Un aerogenerador flotante no se clava en el lecho marino: flota, y necesita un sistema de fondeo y amarre capaz de sujetarlo durante décadas contra el castigo del mar. Ese componente, poco vistoso y absolutamente crítico, es uno de los cuellos de botella de una tecnología llamada a abrir al viento marino las aguas profundas donde hoy no puede instalarse nada.
El fondeo, un eslabón que se vuelve estratégico
ECN All Wind nace con la ambición de construir una plataforma capaz de integrar empresas y capacidades de toda la cadena de valor de la eólica marina, y la incorporación de Vicinay le añade una pieza difícil de replicar: el conocimiento tecnológico y la capacidad productiva en sistemas de fondeo y amarre.
Ese componente gana peso a medida que la eólica flotante avanza. Mientras la eólica marina convencional se limita a aguas someras, donde la torre puede fijarse al fondo, la flotante permite instalar aerogeneradores en profundidades mucho mayores, lo que multiplica las zonas aprovechables, especialmente en un litoral como el español o el atlántico europeo. Pero toda esa promesa descansa, literalmente, sobre las líneas de fondeo. De ahí que su fiabilidad se haya convertido en una preocupación de primer orden para el sector, hasta el punto de que los centros tecnológicos trabajan en sistemas capaces de monitorizar en tiempo real el estado estructural de esos amarres.
La lógica de la operación es, en ese sentido, de política industrial clásica pero con destino nuevo: aprovechar una capacidad manufacturera existente y de altísimo nivel —forjada durante décadas al servicio del petróleo y el gas— para reorientarla hacia un mercado emergente que la necesita. No es crear una industria desde cero, sino redirigir una que ya existe.
Una apuesta que se apoya en la cadena de proveedores
La operación se enmarca en el Plan de Industria Euskadi 2030, y responde a los criterios que la administración vasca aplica a este tipo de acompañamientos: que exista un proyecto industrial sólido, un inversor de trayectoria contrastada, empleo de calidad y actividad para la cadena de proveedores local. Esa última condición es relevante, porque el efecto de una operación así rara vez se limita a la empresa adquirida: alrededor de un fabricante de este tamaño orbitan proveedores, talleres auxiliares, ingenierías y centros tecnológicos.
Los promotores plantean además la incorporación de Vicinay como la primera de una estrategia de crecimiento que prevé nuevas inversiones, con la intención de ir sumando capacidades a esa plataforma industrial. Habrá que ver si esas operaciones futuras se concretan, pero la dirección está marcada.
La conclusión, para el conjunto del sector, es que la energía marina está empezando a mover las piezas de la industria pesada. Ocurre con la eólica flotante y ocurre también con otras tecnologías que buscan sitio mar adentro, como la fotovoltaica flotante en mar abierto, que acaba de estrenarse con plataforma de tecnología propia. En todos los casos, el negocio no se juega solo en lo visible —los aerogeneradores, los paneles, las plataformas—, sino en los componentes que sostienen todo lo demás. Y en ese terreno, una empresa que lleva dos siglos fabricando cadenas se encuentra, casi por sorpresa, en el centro de una tecnología del futuro.