Tecnología cuántica

Quside e Ikerlan llevan la aleatoriedad cuántica a la ciberseguridad de los sectores críticos

Quside e Ikerlan llevan la aleatoriedad cuántica a la ciberseguridad de los sectores críticos / Foto: Ikerlan

La tecnológica barcelonesa Quside, spinoff del Instituto de Ciencias Fotónicas, y el centro tecnológico vasco IKERLAN han integrado un generador cuántico de números verdaderamente aleatorios en sistemas criptográficos avanzados, reforzando la base sobre la que se sostiene la seguridad digital.

Cada vez que alguien accede a su banca online, realiza una transferencia o se conecta a un servicio digital, una clave criptográfica trabaja en segundo plano para garantizar que la comunicación es segura y que nadie puede suplantar a las partes. Esas claves son los cimientos invisibles de la seguridad digital, y su solidez depende de un factor que pocas veces se menciona: la calidad de la aleatoriedad con la que se generan. Una clave predecible es una clave vulnerable. Y ahí es donde la tecnología cuántica tiene mucho que aportar.

La empresa tecnológica Quside, con sede en Barcelona, y el centro tecnológico IKERLAN han dado un paso para reforzar esos cimientos, integrando tecnología cuántica en sistemas criptográficos avanzados. El resultado es una forma de generar claves mucho más robustas, aplicable a los sectores donde la seguridad no admite concesiones.

El problema de los números "aleatorios" que no lo son del todo

Para entender el avance conviene detenerse en un detalle técnico con consecuencias enormes. La seguridad de una clave criptográfica depende de que sea única e impredecible, y para lograrlo se necesitan números aleatorios. El problema es que los ordenadores convencionales no generan verdadera aleatoriedad: producen números mediante algoritmos matemáticos que, aunque suficientes para la mayoría de aplicaciones, siguen en el fondo un patrón. Son, técnicamente, pseudoaleatorios. En entornos donde la seguridad es crítica, esa diferencia puede ser una puerta de entrada para un atacante.

La tecnología de Quside aborda justamente ese punto débil. La compañía, spinoff del Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO), está especializada en soluciones de aleatoriedad cuántica: sus módulos generan números verdaderamente aleatorios, imposibles de predecir porque no siguen ninguna regla lógica, aprovechando la naturaleza intrínsecamente impredecible de los procesos cuánticos. Y no solo los generan, sino que verifican de forma local, en el propio elemento que los produce, la calidad de esa aleatoriedad. Es la diferencia entre confiar en que un número es aleatorio y poder comprobarlo en tiempo real.

"La mayoría de los sistemas digitales que utilizamos a diario dependen de claves criptográficas, y sin claves seguras no existe ciberseguridad", resume Haritz Saiz, investigador del equipo de sistemas digitales ciberseguros y coordinador del proyecto en IKERLAN. "La tecnología cuántica permite generar números aleatorios de una calidad muy superior a la de los sistemas convencionales, reforzando así la seguridad de las claves que protegen nuestras comunicaciones y datos".

Del laboratorio a una plataforma real

Lo relevante de esta colaboración es que no se queda en la teoría. La tecnología de Quside se ha integrado en Lamassu, una plataforma de infraestructura de clave pública (PKI) desarrollada por LKS Next con el apoyo de IKERLAN, que crea, gestiona y verifica identidades digitales para que personas, dispositivos y organizaciones puedan comunicarse de forma segura.

Con esta integración, Lamassu evoluciona para garantizar y verificar, en tiempo de ejecución, la calidad de la aleatoriedad con la que se generan las claves. Es decir, la plataforma no solo produce mejores claves, sino que incorpora la información sobre su calidad a lo largo de todo el ciclo de vida de las claves y los certificados. "Nuestro objetivo es facilitar que la tecnología cuántica salga del laboratorio y llegue a aplicaciones reales", subraya Saiz. "Hemos incorporado la tecnología cuántica desarrollada por Quside a sistemas criptográficos reales, reforzando uno de los elementos fundamentales sobre los que se construye la ciberseguridad actual".

Quside e Ikerlan llevan la aleatoriedad cuántica a la ciberseguridad de los sectores críticos / Foto: Ikerlan

Desde Quside, su vicepresidente de Producto, Fernando de la Iglesia, incide en esa misma idea: la integración eleva la seguridad de los sistemas criptográficos no solo por usar una base de mayor calidad, sino por verificar esa calidad e incorporar esa información a todos los niveles del ciclo de vida de las claves y certificados.

Sectores donde la seguridad no es negociable

La aplicación de esta tecnología apunta a los ámbitos donde un fallo de seguridad tiene consecuencias mayores. La integración facilita el uso de tecnologías cuánticas en sectores estratégicos como la energía, la industria conectada, el transporte, las telecomunicaciones, la banca y las infraestructuras críticas.

Los ejemplos son cotidianos y a la vez sensibles. Una red eléctrica inteligente o una infraestructura de transporte incorporan software y comunicaciones que deben protegerse frente a manipulaciones o ciberataques. Una operación bancaria requiere que la criptografía garantice la autenticidad de las partes y la confidencialidad de los datos. En todos esos casos, la robustez de las claves criptográficas es la primera línea de defensa, y mejorarla desde su origen —desde la propia generación de los números aleatorios— refuerza toda la cadena de seguridad.

La colaboración responde a la apuesta de Quside por llevar las tecnologías cuánticas a la industria y afianza su posicionamiento en un ámbito estratégico como el de las comunicaciones seguras. De hecho, ambas organizaciones han cerrado recientemente un acuerdo que une la tecnología de la compañía barcelonesa con la experiencia de IKERLAN, con el objetivo de integrarla en aplicaciones de ciberseguridad e inteligencia artificial. Un movimiento que ilustra cómo la tecnología cuántica, tantas veces asociada a un futuro lejano, ya está encontrando aplicaciones concretas en la seguridad de los sistemas que usamos hoy.