Un muelle de 105 millones para alimentar el mayor hub de biocombustibles del sur de Europa
Moeve y Exolum, a través de su sociedad conjunta Terminal Puerto Tartessos, han cerrado con BBVA y Kutxabank una financiación de 105 millones de euros en modalidad Project Finance para construir el nuevo Muelle Sur del puerto de Huelva, una infraestructura de 511 metros que dará servicio al complejo de moléculas verdes de La Rábida, ya ejecutado en más de la mitad.
Detrás de cada gran proyecto industrial hay una infraestructura logística que rara vez aparece en los titulares pero sin la cual nada funcionaría. El mayor complejo de biocombustibles de segunda generación del sur de Europa, que Moeve construye en Huelva, necesita una puerta de entrada y salida por mar para las materias primas que lo alimentan y los combustibles renovables que producirá.
Esa puerta acaba de dar un paso decisivo: la financiación del nuevo Muelle Sur del puerto de Huelva está cerrada, y las obras ya superan el ecuador de su ejecución.
Moeve y Exolum, a través de su joint venture Terminal Puerto Tartessos, han firmado una financiación de 105 millones de euros en modalidad Project Finance para el desarrollo de la nueva terminal. En la operación, BBVA ha actuado como entidad estructuradora principal (Sole Bookrunner, Sole Underwriter y coordinador de coberturas) y Kutxabank como Lead Arranger, con los despachos Garrigues y Gómez-Acebo & Pombo como asesores legales de las partes.
Una operación financiera al servicio de un proyecto industrial
El modelo elegido no es un detalle menor. Una financiación Project Finance se estructura de modo que la deuda se sustenta en los flujos de caja que generará el propio proyecto, y no en la garantía directa de las matrices. Que dos entidades como BBVA y Kutxabank respalden la operación bajo esta fórmula es una señal de confianza en la viabilidad del complejo al que servirá el muelle, y permite a los promotores optimizar su estructura de capital para afrontar a largo plazo una inversión estratégica.
"Muelle Sur es mucho más que una infraestructura portuaria: es una pieza esencial para impulsar la transición energética y reforzar la autonomía de Europa", ha subrayado Carmen de Pablo, CFO y directora de Estrategia, Sostenibilidad y M&A de Moeve, que ha vinculado el acuerdo con "la capacidad logística necesaria para impulsar nuestros proyectos de moléculas verdes".
Por parte de Exolum, su CFO, David Folgado, ha puesto el acento en el propio mercado financiero: la operación, ha señalado, "demuestra el interés del mercado de Project Finance por respaldar infraestructuras clave para la transición energética", además de dotar al complejo de una logística "más moderna, flexible y preparada para gestionar nuevos vectores energéticos".
Una infraestructura al servicio de las moléculas verdes
El nuevo Muelle Sur tendrá 511 metros de longitud y modernizará las capacidades logísticas del Parque Energético La Rábida y de las instalaciones de Exolum. Su función es optimizar las operaciones de carga y descarga de buques: recibir las materias primas —residuos orgánicos, aceites usados de cocina, desechos agrícolas— que abastecen la producción, y dar salida a los combustibles renovables que saldrán de la planta, incrementando la flexibilidad operativa y reforzando la seguridad del complejo.
Porque el verdadero protagonista de esta historia no es el muelle, sino lo que hace posible. La planta de biocombustibles de segunda generación a la que servirá supone una inversión de 1.200 millones de euros, generará unos 2.000 empleos directos e indirectos y tendrá una capacidad flexible de hasta 500.000 toneladas anuales de combustible sostenible de aviación (SAF) y diésel renovable (HVO). Con ella, Moeve duplicará su capacidad actual de producción de biocombustibles hasta el millón de toneladas. Es, según la propia compañía, uno de los tres mayores proyectos industriales actualmente en construcción en España.
Por qué importan los biocombustibles de segunda generación
La relevancia del proyecto se entiende al mirar qué son y para qué sirven estos combustibles. Los biocombustibles de segunda generación se producen a partir de residuos y materias primas que no compiten con la cadena alimentaria, y permiten reducir hasta un 90% las emisiones de CO₂ respecto a los combustibles fósiles a lo largo de su ciclo de vida. Su gran ventaja es que son una solución inmediata para descarbonizar sectores donde la electrificación no es viable a corto plazo: la aviación, el transporte marítimo y el transporte pesado por carretera.
Un avión no puede volar con baterías, y un buque transoceánico tampoco. Para esos sectores, llamados "de difícil electrificación", los combustibles renovables como el SAF son hoy la vía más realista de reducir emisiones. Los combustibles producidos en el complejo de Huelva evitarán, según los cálculos de Moeve, la emisión de tres millones de toneladas de CO₂ al año, el equivalente al 4% de las emisiones del transporte por carretera en España. La planta funcionará además con hidrógeno renovable y electricidad cien por cien verde.
La descarbonización, una decisión industrial y competitiva
El muelle y la planta a la que servirá ilustran un cambio de fondo en la manera en que la industria española aborda la transición energética: la descarbonización ha dejado de ser un compromiso reputacional para convertirse en una decisión industrial y competitiva. Es una idea en la que ha insistido la propia compañía. Como explicaba a Conecta Carlos Aguilera, responsable de Desarrollo Comercial y Soluciones de Descarbonización de Moeve, la descarbonización ya no es solo cumplir compromisos ESG, sino que está en el centro de la estrategia y la operativa diaria de las empresas, que buscan con ella reducir costes, protegerse frente a la volatilidad de los mercados energéticos y asegurar su competitividad a largo plazo. Producir moléculas verdes a gran escala, en esa lógica, no es un gesto ambiental, sino un posicionamiento en un mercado —el de los combustibles renovables— que la regulación europea va a expandir a medida que exija porcentajes crecientes de SAF en la aviación.
Ese mismo directivo apuntaba a una idea que la operación del muelle materializa: que la descarbonización "no se logrará con pilotos, sino con infraestructuras industriales capaces de producir a gran escala", y que la transición energética es "un deporte de equipo" que exige integrar a energéticas, industrias, operadores logísticos, centros de innovación y administraciones. El Muelle Sur es exactamente eso: una infraestructura industrial de gran escala levantada por una energética (Moeve) y un operador logístico (Exolum), con el respaldo de la banca. La teoría, hecha hormigón y acero.
La escala y la financiación, precisamente, son dos de los cuellos de botella que la industria señala una y otra vez. Como recordaba también en Conecta Carlos Ayuso, director de Desarrollo Tecnológico y Proyectos de Innovación de Moeve, las tecnologías realmente transformadoras son las que responden a la vez a tres retos: descarbonización, competitividad industrial y autonomía energética. Ayuso subrayaba que el gran desafío no es demostrar que una tecnología funciona, sino desplegarla de forma competitiva a escala industrial, algo que requiere "inversión, capacidad industrial, infraestructuras adecuadas, demanda suficiente y un marco regulatorio estable".
El complejo de Huelva —al que el propio Ayuso se refería como uno de los proyectos que culminarán en los próximos meses— responde a los tres retos que enunciaba: descarboniza sectores difíciles de electrificar, refuerza la competitividad de un polo industrial y reduce la dependencia energética exterior al producir en España combustibles que hoy en buena parte se importan. El muelle es una de esas "infraestructuras adecuadas" sin las cuales, en sus palabras, el escalado no es posible.