ENERGÍAS RENOVABLES

“La descarbonización ha dejado de ser un tema corporativo y está en el centro de la estrategia y la operativa diaria de las empresas”

Entrevista a Carlos Aguilera, responsable de Commercial Development & Customer Solutions - Descarbonización & Alianzas Estratégicas en Moeve.
photo_camera Carlos Aguilera, responsable de Commercial Development & Customer Solutions - Descarbonización & Alianzas Estratégicas en Moeve / Fotos de Javier Gómez

En plena fase de ejecución de la transición energética, la descarbonización se ha convertido en un reto inmediato para la industria. En este contexto, Moeve está desarrollando nuevas soluciones energéticas y modelos de acompañamiento para ayudar a las empresas a transformar sus procesos. Hablamos con Carlos Aguilera, responsable de Desarrollo Comercial y Soluciones de Descarbonización en la compañía, para entender cómo está evolucionando la demanda, qué soluciones están sobre la mesa y qué retos implica llevar esta transformación a la práctica.

Carlos, para empezar, ¿cómo estás viviendo este momento profesional dentro de Moeve, en el que se está produciendo una plena transformación del sector energético?

Es un momento excepcional para estar en este sector y en esta compañía. La transición energética, después de años de planificación y debate, ha entrado en fase de ejecución. Y participar desde Moeve en este punto de inflexión es, francamente, una oportunidad única. 

Nuestra compañía ha dado un paso decidido para convertirse en un líder en producción de moléculas verdes para avanzar en el ámbito de la descarbonización en Europa. A través de nuestro plan estratégico Positive Motion, estamos transformando nuestro modelo hacia un negocio cada vez más sostenible: tenemos el compromiso de que más de la mitad de nuestro EBITDA provenga de actividades bajas en carbono antes de 2030 y estamos destinando inversiones históricas para lograrlo. Prueba de ello es que hemos desinvertido el 70% de nuestros activos de upstream, abandonado negocios tradicionales como el butano y el propano, y orientado nuestras inversiones hacia nuevas tecnologías industriales -biocombustibles avanzados, hidrógeno verde, biometano y movilidad sostenible- como parte de un giro estructural hacia negocios más sostenibles.

En lo personal y profesional, formar parte de este cambio es tremendamente motivador. Estamos construyendo proyectos reales, a gran escala, que tendrán impacto directo en la industria, la economía y el futuro energético de nuestro país y de Europa.

Desde tu posición, muy ligada a la relación con grandes clientes, ¿qué cambios estás percibiendo en la forma en que las empresas están abordando la descarbonización?

Lo primero que destacaría es que la descarbonización ha dejado de ser un tema exclusivamente corporativo o vinculado a requisitos regulatorios. Hoy está en el centro de la estrategia y de la operativa diaria de muchas compañías. Las grandes empresas ya no se conforman con cumplir compromisos ESG: buscan soluciones que les permitan reducir costes, protegerse frente a la volatilidad de los mercados energéticos y asegurar la competitividad a largo plazo a la vez que logran sus objetivos de sostenibilidad.

Este cambio de enfoque trae consigo dos transformaciones claras. Por un lado, la demanda de soluciones integrales, no de proyectos aislados. Las compañías quieren acompañamiento para descarbonizar toda su cadena de valor, desde el suministro energético hasta sus procesos industriales. Y por otro, la evolución hacia modelos más colaborativos: las empresas valoran socios que entiendan su negocio, compartan riesgos y trabajen con ellas a largo plazo. Esta visión encaja plenamente con la manera en la que estamos construyendo nuestro porfolio en Moeve.

¿Cómo está evolucionando la demanda en sectores intensivos en energía como el químico, cementero, siderúrgico o cerámico? ¿Qué tipo de soluciones están buscando hoy?

Estos sectores están avanzando muy rápido en la búsqueda de alternativas que les permitan reducir su huella de carbono sin comprometer su proceso productivo. La primera apuesta se centra siempre en mejorar la eficiencia energética de sus procesos y, donde se pueda, electrificar. No obstante, como consumidores energéticos intensivos que son, la electrificación total es compleja, y ahí es donde las moléculas verdes están emergiendo como un vector fundamental. 

El biometano especialmente puede ser un gran aliado de la descarbonización en el corto y medio plazo; en particular, en empresas con necesidades de calor industrial que buscan soluciones inmediatas sin modificar equipos.  En Moeve ya estamos desarrollando proyectos, tenemos un ambicioso plan para el despliegue de plantas en España y esperamos gestionar 4TWh para 2030.  La reciente aprobación del Real Decreto-ley 7/2026 sin duda es un espaldarazo para el desarrollo y uso de este biocombustible de segunda generación (2G) en cuya producción España tiene un gran potencial. Por otro lado, también estamos impulsando la producción de otros biocombustibles 2G. Nuestra nueva planta en Huelva, con una inversión de 1200 millones, tendrá una capacidad de producción flexible de 500.000 toneladas anuales de SAF y HVO para atender la demanda de la aviación y otras industrias pesadas. 

También los RFNBO (Combustibles Renovables de Origen No Biológico - hidrógeno verde y sus derivados como el metanol-) tienen gran potencial para ser utilizados como materia prima para determinadas industrias, la química entre ellas. 

La aplicación directa del hidrógeno y sus derivados se plantean a más largo plazo. En este ámbito, en Moeve acabamos de dar un paso decisivo con la decisión final de inversión de la primera fase del Valle Andaluz del Hidrógeno Verde, cuyo primer proyecto -Onuba, en Huelva- será el mayor del sur de Europa. Tendrá una inversión conjunta de 1000 millones de euros, junto con nuestros socios Masdar y Enalter, cuyo accionista mayoritario es Enagás Renovable, y con él produciremos unas 45.000 toneladas de hidrógeno verde. 

En ese contexto, ¿qué consideras que está cambiando en la forma en que las compañías toman decisiones energéticas?

La principal transformación es que las decisiones ya no se toman solo desde la perspectiva del coste del kWh, sino desde una visión mucho más amplia: seguridad de suministro, resiliencia, emisiones, impacto regulatorio y posicionamiento competitivo futuro.

Las empresas son conscientes de que la energía es un factor estratégico. La inestabilidad geopolítica reciente ha demostrado que depender de combustibles importados expone a riesgos significativos, mientras que apostar por energías renovables y moléculas verdes ofrece flexibilidad, estabilidad y control del coste a largo plazo.

Además, las decisiones se están acelerando. Los líderes industriales saben que existe una ventana de oportunidad para adaptar sus procesos y asegurar su viabilidad futura, especialmente ante marcos regulatorios como RED III y las crecientes exigencias de sostenibilidad en mercados internacionales. Por eso, buscan partners capaces de acompañarlos con visión, soluciones end-to-end y capacidad de ejecución real.

Muchas veces se habla de descarbonización como un objetivo claro, pero no siempre es fácil aterrizarlo. ¿Cuáles son hoy los principales retos que se están encontrando las empresas industriales?

El primero es definir objetivos claros y cuantificables. Sin un rumbo concreto es difícil priorizar inversiones y medir avances. En Moeve lo hemos puesto en práctica: nos hemos marcado reducir un 55% nuestras emisiones de alcance 1 y 2 en 2030 respecto a 2019, y esa claridad es lo que permite movilizar equipos, inversiones y proyectos.

El segundo reto son precisamente las inversiones. Por ejemplo, vemos cómo muchas empresas no terminan de ejecutar planes por un problema de CAPEX, pero ahora existen alternativas que permiten habilitar proyectos industriales sin que la financiación sea una barrera infranqueable. Gracias a sistemas como los Certificados de Ahorro Energético o los proyectos as a service, muchos pueden ser viables y suponer un salto cualitativo en términos de descarbonización.

Adicionalmente, para que los precios de las alternativas sostenibles sean competitivos existe la necesidad de escalar soluciones. La industria demanda grandes volúmenes de energía renovable y moléculas verdes y eso exige infraestructuras, inversión y colaboración público-privada. En nuestro caso, proyectos como el desarrollo de plantas de biometano, la nueva planta de biocombustibles 2G en Huelva -que ya supera el 50% de ejecución- o el desarrollo del Valle Andaluz del Hidrógeno Verde son ejemplos de cómo estamos ayudando a que esa oferta exista y pueda haber un suministro estable, competitivo y a escala.

Y, finalmente, un reto clave es la complejidad regulatoria. La descarbonización industrial depende en gran medida de marcos regulatorios estables, ágiles y que permitan monetizar las inversiones. Avances como la trasposición de RED III y la aceleración de permisos son esenciales.

¿Qué papel juega Moeve decarbonize, la solución que planteáis para ayudar a superar esas barreras? ¿Qué diferencia esta propuesta de otras soluciones que existen actualmente en el mercado?

Las empresas industriales están evolucionando hacia sistemas energéticos más complejos, impulsadas por un entorno regulatorio exigente y con una demanda creciente de soluciones bajas en carbono

Moeve decarbonize se crea para ayudar a superar estos retos y convertirlos en una oportunidad de crecimiento. Se trata de una oferta pionera y holística que nace de la escucha activa de nuestros clientes industriales, con la que queremos acompañarlos a lo largo de toda su agenda de descarbonización, desde la planificación estratégica hasta la ejecución de cada iniciativa, apoyándonos en herramientas digitales que permitan optimizar costes y capturar nuevas oportunidades de valor. 

Lo hacemos poniendo a su disposición un portfolio completo de energías, como electricidad renovable, biometano o HVO, junto con soluciones y servicios dirigidos a optimizar el coste energético y a ayudarles en la transformación sostenible de su actividad sin afectar a su operativa. Y, por supuesto, adaptado a las necesidades de cada empresa. 

En la práctica, ¿cómo funciona esta oferta cuando trabajáis con un cliente industrial? ¿Cómo es ese proceso desde que se detecta la necesidad hasta que se ejecuta la solución?

Trabajamos con proyectos a medida. Nuestra idea es que el cliente alcance sus objetivos de sostenibilidad de forma ágil y eficiente, por lo que les acompañamos desde la planificación, en la que les ayudamos a definir la mejor hoja de ruta de descarbonización, adaptada a su ritmo y necesidades financieras, hasta la ejecución del proyecto y posterior gestión energética. 

La flexibilidad es un punto clave en este sentido y por eso cualquier plan de acción es dinámico y se puede ir ajustando. Ponemos a su disposición una plataforma propia que integra datos, simula escenarios y permite comparar acciones para que puedan tomar decisiones de manera objetiva. Además, también vamos de la mano de expertos en ámbitos concretos que nos permiten que la propuesta de valor sea integral. 

Las alianzas parecen cada vez más relevantes en este ámbito. ¿Qué papel juegan acuerdos como el alcanzado con GreenYellow dentro de vuestra estrategia? ¿De qué modo hace más viable la ejecución de los proyectos a la industria?

Son esenciales. La transición energética requiere escalar soluciones rápido y eso exige sumar capacidades. La alianza con GreenYellow, por ejemplo, nos permite reforzar nuestra oferta en el desarrollo y financiación de proyectos industriales y de eficiencia energética. Estas colaboraciones hacen que los proyectos sean más viables técnica y económicamente, porque combinan experiencia industrial, capacidad de inversión y tecnología avanzada. Para la industria, significa tener soluciones más competitivas y tiempos más ágiles.

Mirando a medio plazo, ¿qué te parece clave para que la descarbonización industrial pase de ser una intención a convertirse en una realidad?

La transición energética ya no es solo un objetivo climático: es una cuestión de competitividad, seguridad energética y resiliencia industrial. Las empresas necesitan información precisa para identificar sus palancas de reducción de emisiones, evaluar alternativas y anticiparse a nuevas exigencias europeas. La consolidación del sistema de los CAE, el impulso regulatorio al biometano y los RFNBO o la mayor penetración de sistemas de almacenamiento creo que van a dar un empujón importante. 

Al mismo tiempo, es imprescindible impulsar la escalabilidad real de los proyectos porque la descarbonización no se logrará con pilotos, sino con infraestructuras industriales capaces de producir biometano, hidrógeno verde y sus derivados y combustibles renovables a gran escala. 

El otro gran eje es la colaboración, ya que, como solemos decir en Moeve, la transición energética es un deporte de equipo, requerirá modelos de cooperación que integren a empresas energéticas, industrias electrointensivas, fabricantes tecnológicos, operadores logísticos, centros de innovación y administraciones públicas. Solo con marcos estables, alianzas sólidas y una visión compartida a largo plazo podremos convertir el potencial en realidad.