Lo de Caja Rural de Asturias es ir a contracorriente (siempre en el buen sentido): cuando las entidades financieras cierran oficinas, ellos abren; cuando la banca online irrumpe, ellos conservan el contacto físico con sus clientes sin renunciar a la digitalización, permitiendo que cada usuario elija cómo relacionarse con su banco; cuando la despersonalización abunda, ellos apuestan más que nunca por las personas y el arraigo a la región, que es su core, la tierrina. Pero, ojo, eso no significa que se queden atrás. Simplemente saben escuchar y cumplir los deseos de los usuarios. Porque no todos quieren tener esa autonomía a la hora de ejecutar movimientos o transacciones con su banco; todavía hay mucha gente que necesita el contacto, una mano amiga que le ayude a dar pasos, a comprender y a confiar.
Y es que Caja Rural de Asturias acaba de estrenar su oficina principal en Gijón, en concreto en la plaza del Humedal. Pero lo relevante no es tanto la apertura en sí, que también, como lo que representa en un momento en el que buena parte del sector avanza en sentido contrario. Mientras la banca reduce oficinas y centraliza decisiones, la entidad asturiana refuerza su capilaridad y multiplica su presencia. Y lo hace en una plaza que considera clave. “Claramente es un sitio estratégico”, explica Noemí Alonso, directora de zona, que sitúa a Gijón como uno de los focos principales de crecimiento de la entidad.
No es solo la nueva sede, detrás hay un movimiento más amplio que pasa por la renovación de oficinas en barrios, la próxima apertura de nuevas ubicaciones, como Natahoyo o Contrueces, y una apuesta sostenida por estar cada vez más cerca del cliente.
Esa cercanía no es solo física, sino, sobre todo, una forma de posicionarse. “Vas por la calle, dices que trabajas en Caja Rural de Asturias y la gente sonríe. Ese es el mayor reconocimiento a nuestro trabajo”, apunta Alonso, que vincula esa percepción a un dato que la entidad utiliza como termómetro: su posicionamiento recurrente entre las entidades mejor valoradas de España según la OCU. Una validación externa que, en su opinión, confirma que el modelo funciona.
Cercanía que se traduce en empresa
Si hay un terreno donde esa proximidad adquiere una dimensión especialmente estratégica es el empresarial. Gijón concentra una de las redes más completas del tejido productivo asturiano, combinando industria, logística, actividad portuaria, parque tecnológico y una base sólida de pymes.
“Gijón tiene una red empresarial grande, no solo de grandes compañías, sino también de medianas y muchas pequeñas”, explica Pedro Lasa, responsable de Empresas en Caja Rural de Asturias. Y es precisamente en esa diversidad donde la entidad ve su oportunidad: “Queremos que nos vean como un compañero de viaje”.
Porque el acompañamiento no es homogéneo, pues cada empresa plantea necesidades distintas en función de su tamaño, su fase de crecimiento o su situación financiera. “Las pequeñas también tienen necesidades: financiación, asesoramiento, crecimiento… y ahí queremos estar”, añade Lasa, que insiste en la importancia de combinar cercanía con especialización real.
Es esta una idea que atraviesa todo el discurso de la entidad, pues para ellos no basta con estar cerca de los clientes, sino que hay que comprenderles. “Cuando te sientas con una empresa, lo que quiere es que entiendas sus problemas y perciba profesionalidad a la hora de ofrecer soluciones”, subraya. Ese posicionamiento cobra aún más relevancia en un contexto de concentración bancaria. Desde su punto de vista, “va a llegar un momento en el que las empresas tengan menos alternativas, y ahí, el papel de una entidad local, con arraigo y capacidad de decisión cercana, se convierte en un valor diferencial”.
Esa lógica de acompañamiento se extiende también al ámbito institucional, donde la relación se construye desde la continuidad y la utilidad. “Trabajamos de forma muy cercana, con un servicio muy personalizado y profesional”, explica Magali Costales, responsable de Instituciones.
Pero hay un elemento que marca la diferencia y que conecta directamente con el modelo cooperativo de la entidad: el retorno al territorio. “Un 10% de nuestros beneficios revierte en el territorio”, destaca. No como una acción puntual, sino como parte estructural de su actividad. Ahí entra en juego la Fundación Caja Rural de Asturias, que canaliza parte de ese impacto en ámbitos como el talento, la investigación o la sostenibilidad. “Escucha a todas las partes implicadas para aportar lo que la sociedad necesita para crecer”, asegura Costales.
A eso se suma una red amplia de colaboraciones con asociaciones, colegios profesionales, entidades empresariales o eventos, que convierten a la entidad en un agente activo dentro del ecosistema. “Generamos relaciones estables y útiles para el territorio”, resume.
Un modelo que, además, tiene un efecto directo en el negocio. “Es una vía de doble sentido”, apunta Lasa. Las alianzas institucionales abren puertas a nuevas empresas, y la relación con las empresas refuerza esa red de colaboración. Un círculo que se retroalimenta.
Un modelo diferente en un sector que cambia
En el plano más individual, ese mismo enfoque se traslada al cliente particular y patrimonial. “Cuando llegan momentos inciertos, el cliente agradece que estemos acompañando”, explica Elena García, asesora de Banca Patrimonial. Ese acompañamiento va más allá de lo financiero, pues implica conocer a las personas, sus familias, sus decisiones. “Nos hace entenderles de forma más global”, señala.
Pero la clave no está solo en la cercanía, sino en el equilibrio: “No es solo estar físicamente, sino saber cuándo intervenir y cuándo dar autonomía”, apunta García. Un cliente que empieza como ahorrador puede necesitar guía en sus primeros pasos como inversor, pero con el tiempo demandará herramientas para operar por sí mismo. “Poder tirar de nosotros y poder también tirar solo. Ese equilibrio es la clave”, resume.
En ese punto, la diferencia de Caja Rural de Asturias no se explica solo por lo que hace, sino por cómo lo hace. Su condición de cooperativa de crédito marca el enfoque. “Somos una entidad financiera, pero bajo el paraguas de una cooperativa”, explica Noemí Alonso. De ahí deriva una forma distinta de relacionarse, con mayor cercanía, arraigo y compromiso con el territorio.
Frente a la tendencia hacia la concentración y la digitalización exclusiva, la entidad apuesta por un modelo híbrido. “Apostamos por la omnicanalidad: que el cliente elija cómo quiere relacionarse con nosotros”, señala.
Eso no implica renunciar a la especialización, al contrario. “Queremos que nos vean como un banco especializado en empresas y banca personal”, insiste Lasa. Una especialización que no es discurso, sino práctica diaria; y que se apoya, además, en estructuras como Gescooperativo, la gestora del grupo, que permite ofrecer soluciones de inversión adaptadas a distintos perfiles y momentos, tanto para empresas como para particulares.
Un nodo para conectar el territorio: la apuesta por la FIDMA
Si hay un proyecto que resume esa vocación de conexión con el territorio es el nuevo pabellón que la entidad prepara en la Feria Internacional de Muestras de Asturias (FIDMA).
“Vamos a inaugurar un pabellón que será muy diferente”, adelanta Noemí Alonso. La idea no es crear un espacio puntual para la feria, sino un lugar con vida propia. “Queremos que sea multiusos, un punto de encuentro abierto a la sociedad”.
Un espacio que no se limitará a los días de la Feria, sino que funcionará durante todo el año como plataforma de actividad. Contenidos, encuentros, ideas, proyectos. Un lugar donde escuchar y, sobre todo, conectar.
“Acogeremos ideas, veremos cómo podemos ayudar, cómo crecer”, explica Alonso, que lo define como un punto de conexión para la sociedad asturiana y, especialmente, gijonesa.
Y es que, al final, todo vuelve al mismo punto: escuchar, entender y acompañar. “No está nada escrito, lo estamos escribiendo sobre la marcha, día a día”, reconoce Alonso. Quizá ahí esté la clave. No tanto en abrir oficinas cuando otros cierran, sino en saber por qué se abren y sobre todo para quién.