Los edificios consumen aproximadamente el 40% de la energía en Europa y generan más de un tercio de las emisiones de CO₂ relacionadas con el uso energético. Descarbonizar el parque edificatorio es uno de los retos más repetidos en las hojas de ruta europeas de sostenibilidad, pero también uno de los que más lentamente avanza. Una de las razones, probablemente la más subestimada, es financiera: construir o rehabilitar con estándares de alta eficiencia energética cuesta más al inicio, y hasta ahora no existía en España ninguna línea de financiación bancaria diseñada específicamente para hacerlo viable.
Eso acaba de cambiar. Caja Rural de Asturias y la Plataforma de Edificación Passivhaus (PEP) han firmado un acuerdo de colaboración que dará lugar, por primera vez en el mercado financiero español, a una línea de financiación específica y exclusiva para edificios con certificación Passivhaus. La firma se formalizó este lunes en las oficinas centrales de la entidad en Oviedo, con la presencia de Concha Uría, presidenta de PEP, y Mariano Espín, director del Área Comercial de Caja Rural de Asturias.
"Tras varios meses de negociaciones, nos alegra mucho firmar este convenio de colaboración con Caja Rural de Asturias, que supone un hito histórico y que esperamos que nuestros socios puedan aprovechar y se apoyen en él para sacar adelante sus proyectos con certificación Passivhaus", explicó Uría.
Qué es Passivhaus y por qué es importante
El estándar Passivhaus, de origen alemán, es probablemente el referente mundial más exigente en edificación de alta eficiencia energética. Un edificio certificado Passivhaus consume hasta un 90% menos de energía para climatización que un edificio convencional, gracias a un diseño basado en cinco principios técnicos: aislamiento térmico de alta prestación, eliminación de puentes térmicos, hermeticidad del envolvente, ventilación mecánica con recuperación de calor y carpinterías de altas prestaciones.
No es un sello estético ni una etiqueta de marketing. Es un estándar técnico verificable mediante ensayos, que se mide y se certifica con datos reales de consumo. Y precisamente esa verificabilidad es lo que lo convierte en un activo financiable con mayor seguridad: un edificio Passivhaus tiene un consumo energético predecible y muy bajo, lo que reduce el riesgo de impago vinculado a gastos energéticos del propietario y aumenta el valor de reventa del inmueble.
Hasta ahora, sin embargo, el sobrecosto inicial de la construcción Passivhaus —que puede oscilar entre un 5% y un 15% más que una construcción convencional, dependiendo del proyecto— ha frenado su adopción entre promotores y particulares que no encontraban en el mercado financiero productos adaptados a esa realidad.
La primera entidad que da el paso
PEP ha presentado esta propuesta ante diferentes entidades bancarias durante años. Caja Rural de Asturias ha sido la primera en materializarla. "Reafirmamos nuestra apuesta por la sostenibilidad, y lo hacemos con los mejores compañeros de viaje, dado que la Plataforma de Edificación Passivhaus es el referente nacional en cuanto a construcción y rehabilitación energéticamente eficientes, muy por encima de los estándares habituales", señaló Espín.
El acuerdo no se limita a las condiciones financieras. Incluye un plan de difusión y formación técnica con un calendario ya definido: una sesión informativa online para los socios de PEP el 27 de mayo, un encuentro profesional presencial en Asturias el 24 de junio, otro en Madrid en septiembre, y la participación de Caja Rural de Asturias en el panel de ponencias de la 18ª Conferencia Española Passivhaus (18CEPH), que se celebrará en Logroño los días 22 y 23 de octubre.
La lógica detrás del plan es clara: no basta con ofrecer financiación; hay que formar al ecosistema de profesionales —arquitectos, aparejadores, promotores, constructores— para que conozcan tanto el estándar técnico como las herramientas financieras disponibles para hacerlo viable. El objetivo declarado es mejorar la competitividad de los profesionales del sector y facilitar la viabilidad de proyectos que, hasta ahora, se quedaban en el papel por falta de encaje financiero.
Un hito con recorrido en el contexto regulatorio europeo
El timing del acuerdo no es casual. La Directiva europea de eficiencia energética de los edificios (EPBD), revisada en 2024, establece que todos los edificios nuevos deberán ser de emisiones cero a partir de 2030, y que los edificios existentes deberán alcanzar al menos la clase energética E para 2030 y D para 2033. Eso implica una ola de rehabilitación sin precedentes en toda Europa, y especialmente en España, donde buena parte del parque edificatorio es anterior a 1980 y presenta un aislamiento térmico muy deficiente.
En ese contexto, disponer de líneas de financiación adaptadas a estándares de alta eficiencia energética no es un producto de nicho: es una infraestructura financiera que el mercado va a necesitar de forma creciente. Que la primera entidad en darle forma sea una caja rural asturiana, no un gran banco nacional, dice algo interesante sobre dónde se está produciendo la innovación financiera vinculada a la sostenibilidad en España.