Hablamos con José Antonio Martínez, director general del Grupo TAM, para conocer cómo una pyme asturiana especializada en ensayos, inspección y análisis de materiales ha logrado convertirse en un socio técnico de referencia para distintos sectores industriales. Desde la importancia de la acreditación y la confianza dentro de la industria hasta los retos de la internacionalización, la digitalización o la incorporación de tecnologías avanzadas de inspección, la conversación permite entender el papel -muchas veces invisible, pero esencial- que desempeñan compañías como TAM dentro de los procesos industriales.
Para quien todavía no conozca TAM, ¿cómo definirías la compañía y cuál es el papel que desempeña dentro del ecosistema industrial?
TAM nació en 2006 como un laboratorio de materiales y, aunque esa sigue siendo nuestra actividad principal, con el tiempo fuimos desarrollando nuevas líneas de negocio. Lo hicimos creando empresas independientes y ahora utilizamos TAM también como nombre de grupo para englobar tres compañías: TAM, que es el laboratorio original de Tecnología y Análisis de Materiales; ITS, especializada en inspección; y EO, centrada en ingeniería e inspección de tercera parte.
Al final, lo que hacemos es prestar servicios tecnológicos industriales. Y creo que una de nuestras principales características es que, siendo empresas pequeñas y pymes las tres -en total somos unas 70 personas-, somos capaces de ofrecer un volumen y una variedad de servicios que normalmente solo abarcan grandes multinacionales. En Asturias no existe una empresa de nuestro tamaño con un abanico de servicios tecnológicos industriales tan amplio, y en España tampoco hay demasiadas.
Con el paso de los años fuimos creciendo poco a poco, incorporando capacidades nuevas y ampliando servicios en función de lo que nos iban demandando los clientes. Nunca hubo una idea de convertirnos en una gran estructura gigantesca, sino más bien de especializarnos, ser muy técnicos y tratar de cubrir necesidades reales de la industria desde un enfoque muy práctico.
¿Qué tipo de servicios ofrecéis y qué problemas ayudáis a detectar o prevenir dentro de la industria?
En el laboratorio realizamos lo que se conocen como ensayos destructivos. Básicamente trabajamos en todo lo relacionado con la caracterización de materiales, comprobando sus propiedades y verificando que cumplen con los requisitos establecidos por norma.
También hacemos mucho análisis de fallo. Es decir, cuando una pieza se rompe o un componente no está funcionando correctamente, tratamos de determinar qué ha ocurrido y cuál ha sido el origen del problema. Muchas veces llegamos cuando ya existe una incidencia o cuando un cliente necesita entender por qué algo no ha funcionado como debería, y ahí entramos nosotros a analizar lo ocurrido desde un punto de vista técnico.
Otra parte importante de nuestro trabajo tiene que ver con la soldadura. Cuando se va a fabricar una estructura, primero hay que definir y cualificar el procedimiento de soldadura y certificar a los soldadores. Todo eso requiere ensayos y validaciones que realizamos nosotros.
En el caso de ITS, hacemos algo similar, pero desde el punto de vista de los ensayos no destructivos. Es decir, inspeccionamos materiales o estructuras sin dañar la pieza.
De alguna manera, nuestro trabajo consiste en certificar que algo está bien hecho. Ya sea desde el laboratorio o desde la inspección, lo que aportamos es confianza. Cuando un cliente encarga fabricar una estructura o un componente, necesita asegurarse de que todo cumple realmente con lo que se le ha pedido. Ahí es donde entramos nosotros como una figura independiente que verifica, valida y revisa que todo se haya ejecutado correctamente.
Muchas veces son trabajos que no se ven desde fuera, porque ocurren dentro de procesos industriales muy concretos, pero detrás de muchísimas estructuras, soldaduras o componentes industriales hay una labor de inspección y comprobación previa que resulta fundamental.
¿Qué diferencia a ITS de otras compañías de inspección y qué peso tiene la innovación dentro de vuestro trabajo?
Técnicamente estamos muy desarrollados en la aplicación de técnicas avanzadas de inspección, como Phased Array o TOFD.
El Phased Array funciona de una manera similar a las ecografías médicas. Son tecnologías que permiten inspeccionar una soldadura o una estructura y comprobar no solo que no tiene defectos en ese momento, sino también dejar un registro que permita volver a revisarla dentro de cinco años y comparar su evolución.
Al final, lo que consigues es tener una trazabilidad muchísimo mayor y una capacidad de análisis mucho más precisa. Puedes detectar defectos internos, comprobar cómo evoluciona una estructura con el tiempo y trabajar con muchísima más información que con métodos tradicionales.
Ahí tenemos una parte técnica muy fuerte. Contamos con mucho conocimiento, experiencia y una inversión importante en equipos. Además, tenemos un director técnico muy especializado que está desarrollando muchísimo trabajo en esta área y participamos también en pequeños proyectos de I+D interna.
No hablamos de grandes desarrollos de investigación, pero sí de proyectos que nos permiten mejorar servicios, incorporar nuevas capacidades o digitalizar procesos internos para trabajar de una forma más eficiente. Siempre intentamos evolucionar y mantenernos actualizados dentro de nuestras posibilidades.
Además de esta apuesta por técnicas avanzadas, también estamos trabajando en nuevas soluciones de robotización y automatización de inspecciones, especialmente orientadas a grandes estructuras industriales. Creemos que ese será uno de los grandes pasos del sector en los próximos años, porque permitirá mejorar la eficiencia, la repetibilidad de los ensayos y la seguridad de los trabajos en campo.
Sois un laboratorio acreditado por ENAC y realizáis miles de ensayos e inspecciones al año. ¿Qué supone trabajar con ese nivel de especialización y responsabilidad dentro de la industria?
Las tres empresas están acreditadas cada una dentro de su ámbito. Al final, lo que hace ENAC, la Entidad Nacional de Acreditación, es certificar nuestra competencia técnica y generar confianza en los clientes.
Además de las acreditaciones específicas, todas las compañías cuentan con certificaciones como la ISO 9001, la 45001 en prevención de riesgos laborales o la 14001 de medio ambiente, y trabajamos bajo la 17025 como laboratorios acreditados.
Para nosotros esto es absolutamente imprescindible. Hoy nadie concibe un laboratorio de ensayos o una empresa de inspección seria que no esté acreditada. Es una exigencia que nos trasladan directamente nuestros clientes y que, a su vez, les exigen a ellos.
Pero más allá de ser una barrera de entrada, estas acreditaciones sirven para demostrar que realmente tienes capacidad técnica, rigor y competencia profesional. Si no existiera esa validación externa, cualquiera podría poner en duda tu trabajo o tu metodología.
En el momento en que una entidad independiente acredita tu competencia técnica, todo cambia. Los procesos fluyen de otra manera, el cliente tiene más tranquilidad y tú también trabajas dentro de un marco muy exigente que te obliga a mantener unos estándares muy altos de calidad y trazabilidad continuamente.
Muchas veces vuestro trabajo ocurre ‘entre bambalinas’, pero es clave para garantizar que todo funcione correctamente. ¿Qué valor creéis que aportáis realmente a las compañías con las que trabajáis?
Nosotros no somos un centro tecnológico orientado a grandes proyectos de investigación. Somos empresas de servicios muy enfocadas a resolver problemas reales de la industria y a dar confianza a nuestros clientes.
Eso significa estar al lado de ellos, reducir plazos de entrega al máximo y ayudarles cuando aparece un problema en producción o necesitan responder ante un cliente final.
Muchas veces una gran compañía podría hacer internamente parte de lo que hacemos nosotros, pero la propia industria necesita que exista un tercero independiente que valide, inspeccione o certifique el trabajo realizado. Ahí es donde entramos nosotros.
Y esa independencia es importante. Cuando una propiedad o una gran empresa encarga fabricar algo, quiere tener la tranquilidad de que hay una entidad externa comprobando que todo se está haciendo correctamente y conforme a norma.
Nuestra filosofía siempre ha sido estar muy cerca del cliente. Muchas veces nos llaman fuera de horario, fines de semana o en momentos donde surge un problema urgente, y tratamos de responder. Evidentemente hay que organizarlo y respetar también al equipo, pero entendemos que el cliente te llama porque necesita ayuda y porque confía en que puedes darle una solución.
Al final, más allá de la parte técnica, lo que aportas es confianza, cercanía y capacidad de respuesta.
“Al final, más allá de la parte técnica, lo que aportas es confianza, cercanía y capacidad de respuesta”
La industria vive un momento de transformación constante. ¿Cómo os estáis adaptando a cambios como la digitalización, la modernización tecnológica o las nuevas exigencias del sector?
Tratamos de adaptarnos lo mejor posible a todos esos cambios. Evidentemente, cualquier avance tecnológico tiene ventajas, pero también supone costes importantes, y como pyme tenemos que controlar mucho las inversiones.
Aun así, invertimos bastante en maquinaria y equipos. Procuramos mantenernos actualizados y apostar por tecnologías que nos permitan mejorar el servicio y ser más eficientes.
De hecho, cuando empezamos, gran parte de la maquinaria que utilizábamos era de segunda mano porque no podíamos asumir otro tipo de inversión. Ahora sí contamos con equipos mucho más modernos y seguimos renovándonos constantemente.
Siempre intentamos estar cerca de la vanguardia tecnológica dentro de nuestras capacidades. Si aparece una máquina nueva o una tecnología que nos permita trabajar mejor, ganar precisión o ser más eficientes, intentamos incorporarla.
También desarrollamos pequeños proyectos internos de I+D y digitalización que nos ayudan a mejorar procesos o incorporar nuevos servicios. Son proyectos modestos, pero muy útiles para seguir evolucionando y adaptándonos a lo que va demandando el mercado.
En un trabajo tan especializado, el equipo humano resulta fundamental. ¿Qué perfiles forman hoy TAM y qué importancia tiene el talento dentro de la compañía?
El equipo está formado principalmente por ingenieros y perfiles técnicos de FP de grado superior. Tenemos ingenieros de minas, industriales, eléctricos o químicos, entre otros perfiles, y luego contamos con especialistas en mecanizado, técnicos de laboratorio e inspectores de ensayos no destructivos.
Al final es un trabajo muy técnico y especializado, y necesitas gente muy preparada. Para una empresa de nuestro tamaño, tener alrededor de una decena de ingenieros dentro de una plantilla de unas 70 personas es algo bastante importante.
Además, hay una parte de experiencia práctica muy relevante. Muchas de las labores que hacemos requieren un conocimiento técnico muy específico y una curva de aprendizaje larga, especialmente en áreas como la inspección o los ensayos no destructivos.
Por eso apostamos mucho por desarrollar y retener talento asturiano. Invertimos de forma constante en formación, especialización y crecimiento interno, porque creemos que contar con un equipo técnico sólido y altamente cualificado es una de las claves que nos diferencia y nos permite seguir ofreciendo un servicio de alto nivel.
En los últimos años habéis empezado a abrir negocio fuera de España, especialmente con el proyecto de Polonia. ¿Cómo está siendo ese proceso de internacionalización y qué retos implica para una empresa como la vuestra?
Ahora mismo estamos desarrollando negocio en Polonia y ya hemos creado empresa allí. Es un proceso complejo, especialmente para una pyme. Hemos contado con apoyo de Asturex para la creación de la empresa, pero gestionar todo desde aquí no es sencillo, sobre todo a nivel administrativo y organizativo.
Aun así, ya llevamos tiempo realizando trabajos internacionales. Hemos tenido personal en Alemania, trabajamos en Portugal para clientes del sector eólico, realizamos inspecciones en Finlandia, contamos con presencia puntual en República Checa y también hemos desarrollado trabajos en Estados Unidos.
Vamos creciendo poco a poco. El principal reto es que no tenemos estructura fuera de Asturias ni delegaciones internacionales, y eso complica mucho las operaciones. Cuando desplazas personal propio, los costes aumentan muchísimo entre dietas, desplazamientos, alojamiento y compensaciones.
En algunos mercados sí conseguimos ser competitivos. Por ejemplo, en Alemania competíamos con ingenierías danesas, holandesas o suecas y ahí nuestros costes eran más competitivos. Ahora queremos ver cómo evoluciona Polonia, aunque sabemos que no va a ser fácil.
Mirando al futuro, ¿cuáles son los principales retos y objetivos que os marcáis como grupo?
Nuestro objetivo es seguir creciendo, desarrollar nuevas líneas de negocio y continuar mejorando y automatizando los servicios que ya ofrecemos. Queremos seguir evolucionando desde un punto de vista técnico, adaptándonos a las nuevas necesidades de nuestros clientes y ampliando nuestras acreditaciones en función de lo que el mercado nos vaya demandando.
Y, sobre todo, queremos crecer fuera de España. Creemos que la internacionalización es necesaria y que puede ser muy positiva para nosotros en el futuro.
A nivel de laboratorio sí nos interesa expandirnos por toda España y ya estamos reforzando esa parte comercial. Hay menos laboratorios que empresas de inspección y ahí creemos que tenemos bastante recorrido de crecimiento. En inspección es más complejo porque requiere mucho personal especializado y desplazamientos constantes, pero en el área de laboratorio sí creemos que tenemos margen para seguir creciendo y consolidándonos en nuevos mercados.