La tecnología avanza tan rápido que muchas veces las empresas sienten que juegan una carrera en la que las reglas cambian todo el tiempo. Nuevas herramientas, modelos, exigencias y una sensación permanente de que adaptarse ya no puede verse solo como una opción, sino como una cuestión de supervivencia competitiva. Ahí es donde compañías como hiberus intentan marcar la diferencia. No solo desarrollando proyectos tecnológicos, sino ayudando a las organizaciones a moverse dentro de un contexto que cambia casi en tiempo real.
Inteligencia artificial, automatización, cloud, experiencia digital, dato o ciberseguridad conforman la esencia de una compañía que, según explica Saúl González, Lead Engineering Manager de hiberus, lleva quince años creciendo en esos ámbitos: “La tecnología está en nuestro ADN y eso se nota en la aportación de valor en nuestros clientes en el día a día”. Una filosofía apoyada además sobre tres pilares especialmente presentes dentro de su estrategia: la cultura, la hiperespecialización y la innovación.
Porque, aunque hoy sea la mayor tecnológica española de capital 100% privado, insisten en que su crecimiento no puede entenderse solo desde las cifras. “Nuestra fórmula es ser ágiles e hiperespecializados, pero con la solvencia de una gran compañía global”, señala Javier García-Calvo, Global Head of Digital Experience Platforms en hiberus. Tras crecer por encima del 20% en 2025 y consolidar una expansión sostenida basada principalmente en crecimiento orgánico, la compañía ha dado un salto cualitativo en su posicionamiento internacional. Actualmente cuenta con más de 4.700 profesionales, opera en 35 sedes distribuidas en 15 países y se proyecta alcanzar los 350 millones de euros de ingresos en 2026.
Y junto a esa capa más técnica, aparece también una idea muy presente dentro de la organización: la de “crecer haciendo crecer”. Un concepto que conecta directamente con la manera en la que entienden el desarrollo de equipos, la formación continua y el sentimiento de pertenencia.
La compañía se sitúa además entre los proveedores tecnológicos mejor valorados por los clientes en España según el estudio Whitelane 2025 y ha sido incluida por Forbes entre las 100 mejores empresas para trabajar en España. Un reconocimiento que, para García-Calvo, vuelve a conectar con el valor de los equipos y la cultura interna: “Ese diferencial es gracias a nuestras personas y al valor real que aportan a nuestros clientes”.
Tecnología que avanza, necesidades que cambian
Esa velocidad no solo afecta a la tecnología, pues también está transformando el tipo de retos que las empresas plantean. Y ahí, explican desde hiberus, el cambio se está produciendo casi en tiempo real.
Si hace apenas un año muchas organizaciones todavía trataban de entender qué proyectos vinculados a la IA debían abordar y cómo ejecutarlos, en muy poco tiempo la conversación cambió por completo. “El foco ya no estaba tanto en qué proyectos llevar a cabo, sino en cómo escalar esas soluciones”, señala González; es decir, cómo extenderlas a otros departamentos, cómo integrarlas dentro de toda la organización o cómo llevarlas a distintos mercados internacionales. Y ahora, añade, el reto vuelve a evolucionar: el objetivo es conseguir que esos modelos sean sostenibles económica y operativamente en el tiempo.
Ese cambio constante en las necesidades empresariales es uno de los contextos en los que hiberus desarrolla su actividad. Un escenario donde la innovación ya no consiste solo en incorporar nuevas tecnologías, sino en evolucionar al mismo ritmo que lo hacen las organizaciones y sus prioridades.
Más allá de la prueba de concepto
Aunque la sensación de explosión alrededor de la IA parece reciente, desde hiberus recuerdan que se trata de una tecnología que lleva décadas evolucionando. “Para el público general y también para muchas organizaciones, la irrupción de esta tecnología es un hecho relativamente moderno, pero lleva décadas desarrollándose”, explica Saúl González.
Lo que sí ha cambiado es la velocidad de adopción: en apenas tres años ha pasado de ocupar espacios ligados a departamentos de investigación a convertirse en una parte estratégica de los planes corporativos, esto es, “de ser algo experimental a formar parte de la estrategia de las organizaciones a medio y largo plazo”, dice.
Ese cambio de mentalidad está transformando también la manera en la que las empresas entienden la tecnología y sus procesos internos. Porque, según explica Saúl, el impacto de la IA va mucho más allá de automatizar tareas concretas. “Los cambios más profundos tienen que ver con cómo se gobierna la tecnología, cómo se toman decisiones sobre su uso o cómo se abordan transformaciones que antes eran estructuralmente complejas”, resume.
Uno de los principales cambios tiene que ver precisamente con la gobernanza. La IA ha dejado de gestionarse como una suma de iniciativas aisladas para convertirse en una capacidad corporativa que necesita reglas claras, estructuras internas y modelos de control.
En paralelo, las empresas comienzan también a preocuparse por la eficiencia y sostenibilidad de esos modelos, así como por la modernización de plataformas legacy que hasta ahora resultaban demasiado complejas de transformar.
Administraciones, industria o retail
Ese enfoque es el que la compañía intenta trasladar también a los proyectos que desarrolla junto a sus clientes. “Nuestro impacto es transversal”, explica Javier García-Calvo. “Trabajamos con diferentes clientes y mercados, pero siempre con un denominador común: la aportación de valor más allá de ejecutar un simple proyecto”.
La compañía desarrolla trabajos vinculados tanto a administraciones públicas como a sectores industriales o retail. Desde plataformas digitales para siete comunidades autónomas orientadas a mejorar la relación entre ciudadanía y administración, hasta soluciones de IA y visión artificial aplicadas a procesos logísticos en automoción o modelos predictivos capaces de mejorar tanto la experiencia de cliente como la eficiencia operativa en tienda.
En el ámbito industrial, por ejemplo, trabajan en proyectos capaces de automatizar procesos críticos dentro de entornos logísticos, mientras que en retail aplican modelos de inteligencia artificial predictiva orientados a optimizar operaciones y mejorar procesos de venta cruzada. Porque, como resume García-Calvo, la IA “la aplicamos no como una prueba de concepto, sino como proyectos reales resolviendo retos de negocio”.
Ese mismo enfoque lo trasladan también a sus propios procesos internos, utilizándola para acelerar migraciones desde plataformas legacy hacia nuevos entornos digitales y automatizar determinadas fases del ciclo de vida de desarrollo de proyectos.
Por esa velocidad a la que evoluciona esta herramienta también aparece otro riesgo: que muchas organizaciones intenten incorporarla solo por inercia o presión competitiva, sin tener claro cuál debe ser su papel dentro de la compañía.
Para Saúl González, las empresas que están obteniendo mejores resultados no son necesariamente las que avanzan más rápido, sino aquellas capaces de analizar con honestidad su punto de partida y construir una hoja de ruta realista. “No todas las organizaciones están preparadas para abordar la IA al mismo ritmo”, asegura. A eso se suma la necesidad de invertir no solo recursos económicos, sino también tiempo, procesos y cambios culturales capaces de sostener la transformación.
Inteligencia con alma
En medio de todo este contexto, en hiberus defienden que el futuro de la IA debería construirse, además que desde la capacidad técnica, también desde el propósito con el que se aplica. “En hiberus vamos más allá de la consultoría. Queremos definir el futuro con nuestros clientes desde un punto de vista de aplicar la inteligencia con alma”. Un concepto que, según apunta, parte de la idea de que debe servir para mejorar la vida de los ciudadanos, aumentar la eficiencia de las compañías y potenciar a las personas, no sustituirlas.
Una visión que conecta con la forma en la que la compañía entiende su papel dentro del ecosistema tecnológico. Porque, aunque hoy hiberus se defina como una empresa hiperespecializada y tecnológicamente puntera, insiste en que su objetivo no pasa solo por ejecutar proyectos, sino por construir estrategias junto a sus clientes y acompañarlos en su evolución a largo plazo.
“Queremos seguir construyendo el futuro junto a nuestros clientes y aportar valor real”, resume García-Calvo. Y añade una última idea que sintetiza bastante bien la filosofía de la compañía: “Nos gusta que a hiberus, además de conocernos, se nos descubra”.
Ese futuro, sin embargo, también llega acompañado de desafíos importantes. Para Javier, uno de los principales retos actuales pasa por conseguir que la inteligencia artificial abandone definitivamente el terreno de las pruebas de concepto para convertirse en una herramienta integrada en casos reales de negocio. Pero junto a esa transformación tecnológica aparece otra igual de relevante: la adaptación de las propias personas al uso de la IA dentro de su trabajo diario y la necesidad de que las organizaciones definan estrategias claras para incorporarla de manera útil, sostenible y alineada con sus objetivos.