Cien millones de euros de ayuda pública. Doscientos ochenta y uno de inversión industrial asociada. Trescientos metros de línea de atraque mínima, quince metros de calado y quince hectáreas de explanada como requisitos de entrada. Son las cifras que definen el proyecto Golfo Ártabro-Offshore Wind, la propuesta conjunta de las autoridades portuarias de A Coruña y Ferrol-San Cibrao que acaba de recibir la mayor puntuación de la primera convocatoria del programa PORT-EOLMAR del IDAE, con 90,67 puntos sobre 100.
El IDAE publicó el pasado 1 de junio la Propuesta de Resolución Definitiva de esta convocatoria, en la que propone conceder 100 millones de euros al proyecto gallego. Un matiz jurídico importante: se trata de una propuesta, no de la concesión firme. Los beneficiarios disponen hasta el 15 de junio para aceptar la ayuda, y la resolución definitiva de concesión se notificará posteriormente. Pero la señal que envía el expediente es clara: el Golfo Ártabro se posiciona como uno de los principales nodos portuarios de España para la industria eólica marina.
Para qué sirven los 100 millones
Los fondos PORT-EOLMAR no financian aerogeneradores ni parques eólicos. Financian algo más estructural: la infraestructura portuaria que hace posible que esos aerogeneradores se fabriquen, se ensamblen, se almacenen y se expidan hacia los parques offshore.
En la práctica, eso significa muelles preparados para componentes de gran escala, explanadas con capacidad de carga suficiente para cimentaciones flotantes de miles de toneladas, líneas de atraque adaptadas a buques especializados, y espacios industriales para toda la cadena de montaje. Los componentes offshore —flotadores, torres, palas y góndolas— tienen dimensiones que no caben en ninguna infraestructura portuaria convencional. Sin puertos preparados, no hay industria eólica marina. Es así de simple.
El desglose de la ayuda propuesta refleja la complementariedad entre los dos puertos: 97,4 millones se destinan a la Autoridad Portuaria de A Coruña (con actuaciones en Arteixo) y 2,5 millones a la de Ferrol-San Cibrao. Una distribución asimétrica que responde a las características específicas de cada emplazamiento y a las necesidades de cada fase del proyecto.
281 millones de inversión industrial: el efecto tractor
Probablemente el dato más relevante del expediente no es la ayuda pública, sino la inversión privada que arrastra. Los 281,3 millones de euros de inversión industrial asociada proceden de concesionarios que ejecutarán y explotarán proyectos industriales vinculados a la eólica marina dentro del perímetro portuario. Esa cifra multiplica por casi tres la ayuda pública propuesta y convierte al Golfo Ártabro en un polo de atracción para empresas de metalurgia, construcción naval y offshore, ingeniería, logística portuaria, montaje industrial, operación y mantenimiento y servicios auxiliares para renovables marinas.
Es el efecto tractor que toda inversión pública en infraestructura aspira a generar: un euro público que moviliza casi tres euros privados, con impacto directo en empleo industrial y en la cadena de valor del territorio.
Un programa de 212 millones para seis puertos
El proyecto Golfo Ártabro-Offshore Wind no opera en el vacío. Forma parte de la primera convocatoria del programa PORT-EOLMAR, dotada con 212 millones de euros, que también propone ayudas para los puertos de Tarragona, Castellón, Las Palmas y Gijón, entre otros. Es un programa nacional que busca dotar a España de una red de puertos preparados para el despliegue de la eólica marina, una infraestructura que el país necesita si quiere cumplir los objetivos del PNIEC y posicionarse en un mercado europeo que va a mover decenas de miles de millones en las próximas dos décadas.
La inclusión de Gijón entre los puertos beneficiarios refuerza la lectura atlántica del programa: la fachada norte y noroeste de España concentra buena parte de las capacidades industriales, logísticas y geográficas que la eólica marina necesita. El Cantábrico y el Atlántico no son solo el escenario donde se instalarán los parques: son el territorio donde se puede construir la industria que los hará posibles.
Galicia como plataforma atlántica para las renovables marinas
El proyecto tiene una lectura que va más allá de la obra civil portuaria. Galicia cuenta con un tejido industrial vinculado a la construcción naval, la metalurgia pesada y la ingeniería offshore que lleva décadas operando en condiciones atlánticas y que tiene capacidades transferibles directamente a la cadena de valor de la eólica marina. Astilleros, talleres de calderería, empresas de montaje industrial, ingenierías especializadas: el ecosistema existe y lleva tiempo esperando una oportunidad industrial de esta escala.
La pregunta que el Golfo Ártabro-Offshore Wind empieza a responder no es si Galicia puede fabricar componentes para la eólica marina. Es si tendrá la infraestructura portuaria para hacerlo de forma competitiva. Con 100 millones de ayuda pública propuestos y 281 de inversión industrial asociada, la respuesta empieza a tomar forma.