almacenamiento energético

España impulsa sus "baterías gigantes de agua" para no desperdiciar el sol y el viento

El IDAE ha adjudicado 165 millones de euros en ayudas a siete proyectos de bombeo hidroeléctrico reversible que sumarán 2.071 MW de potencia y más de 21.000 MWh de capacidad de almacenamiento, una infraestructura clave para dar estabilidad a un sistema eléctrico cada vez más renovable.

Las energías renovables tienen una pega evidente: no siempre producen cuando hace falta. El sol no brilla de noche y el viento sopla cuando quiere, no cuando más se consume. Por eso, a medida que España llena su sistema eléctrico de placas solares y aerogeneradores, se vuelve más urgente resolver un problema paralelo: cómo almacenar la energía que sobra en los momentos de máxima producción para usarla cuando el sol se pone o el viento amaina. Y la solución más madura, más probada y de mayor escala que existe para eso no es una batería de litio de última generación, sino una tecnología con más de un siglo de historia: el bombeo hidroeléctrico reversible.

El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica, acaba de dar un impulso significativo a esta tecnología. Ha adjudicado 165 millones de euros en ayudas a siete proyectos de bombeo reversible repartidos por España, dentro de la segunda convocatoria del programa BORALMAC, financiado con fondos europeos NextGenerationEU. La respuesta del sector fue tal que el Ministerio tuvo que ampliar el presupuesto inicial: de los 90 millones previstos se pasó a 165, tras sumar 75 millones adicionales para atender más solicitudes.

Qué es una central de bombeo reversible

La idea es tan sencilla como ingeniosa, y conviene entenderla porque explica su valor. Una central de bombeo reversible funciona como una batería gigante que almacena energía en forma de agua. Consta de dos embalses situados a distinta altura. Cuando sobra electricidad en el sistema —por ejemplo, un mediodía soleado y ventoso en el que la generación renovable supera la demanda—, esa energía barata se usa para bombear agua desde el embalse inferior al superior. El agua queda ahí arriba, "cargada", como una pila. Y cuando el sistema necesita electricidad —al caer la tarde, cuando la demanda sube y la solar desaparece—, se suelta esa agua, que cae por gravedad y mueve unas turbinas que generan electricidad.

En la práctica, es una forma de "mover" la energía renovable desde las horas en que sobra hasta las horas en que falta. No genera energía nueva —de hecho, se pierde algo en el proceso—, pero hace algo igual de valioso: la almacena a gran escala y la libera cuando de verdad se necesita. Frente a las baterías electroquímicas, el bombeo ofrece una capacidad enorme y una vida útil de décadas, lo que lo convierte hoy en la columna vertebral del almacenamiento energético en cualquier sistema con mucha renovable.

Ese es precisamente el papel que estas centrales están llamadas a desempeñar. Aportan firmeza a un sistema eléctrico cada vez más dependiente de fuentes variables, reducen el desperdicio de energía renovable (los llamados "vertidos", cuando hay que desconectar parques solares o eólicos porque producen más de lo que el sistema puede absorber) y dan estabilidad y seguridad de suministro a la red. En un país que aspira a descarbonizar su electricidad, son una pieza tan poco vistosa como imprescindible.

Los siete proyectos: 2.071 MW de nueva potencia

Los siete proyectos adjudicados sumarán, en conjunto, 2.071 MW de potencia de generación instalada y permitirán incrementar la capacidad de almacenamiento del sistema en 21.091 MWh. Seis de ellos son centrales de nueva construcción, mientras que uno —el situado en Extremadura, de Iberdrola— aprovechará infraestructuras ya existentes para mejorar su capacidad de almacenamiento.

Conviene precisar que se trata de una adjudicación de ayudas a proyectos que ahora deberán desarrollarse, no de centrales ya en funcionamiento. El apoyo público busca precisamente acelerar unas inversiones de gran envergadura y largo plazo de maduración. Los criterios de selección, además de la viabilidad económica, valoraron aspectos como la contribución a integrar renovables, la ubicación en zonas de reto demográfico o transición justa, y el impacto en la cadena de valor nacional o europea.

Asturias, epicentro del bombeo reversible español

Si hay un territorio que sale reforzado de esta convocatoria, ese es Asturias. De los siete proyectos, dos se ubican en el Principado, y son además los dos de mayor cuantía de toda la adjudicación, lo que da idea del peso de la comunidad en esta tecnología.

El de mayor ayuda es el Bombeo Reversible La Barca, promovido por EDP España en los concejos de Tineo y Belmonte de Miranda, que recibirá 48,8 millones de euros, la cifra más alta de toda la convocatoria. Muy cerca queda el segundo, la Central Hidroeléctrica de Bombeo Reversible Grandas de Salime, en los concejos de Grandas de Salime y Pesoz, que obtendrá 45 millones. Entre las dos, casi 94 millones de euros: más de la mitad de todo lo repartido en España.

No es casualidad. Asturias reúne las condiciones idóneas para esta tecnología: un relieve montañoso que facilita los desniveles necesarios entre embalses, una larga tradición hidroeléctrica y un tejido de embalses y centrales heredado de su pasado energético e industrial. La comunidad, que durante décadas fue una potencia en la generación eléctrica basada en el carbón, encuentra en el bombeo reversible una vía para reconvertir ese conocimiento y esa infraestructura hacia la transición energética. Es un ejemplo de cómo un territorio con historia industrial puede reorientar sus capacidades hacia las tecnologías limpias, aprovechando lo que ya tiene.

Una pieza más del rompecabezas del almacenamiento

La apuesta por el bombeo se enmarca en un esfuerzo más amplio por dotar a España de capacidad de almacenamiento energético, un ámbito que se ha convertido en uno de los grandes retos de la transición. Sin capacidad de guardar la energía, buena parte del esfuerzo en renovables se desperdicia. Por eso el almacenamiento avanza en varios frentes a la vez, desde las grandes centrales hidráulicas hasta soluciones más experimentales como el almacenamiento de hidrógeno verde en plataformas marinas o el autoconsumo industrial que integran empresas como la mayor planta solar sobre balsas de residuos, en Asturias.

El bombeo reversible es, dentro de ese abanico, la tecnología más consolidada y la que más capacidad aporta por proyecto. Su desarrollo será determinante para cumplir los objetivos del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima y de la Estrategia de Almacenamiento Energético, que fían buena parte de la descarbonización del sistema a la capacidad de gestionar el desajuste entre cuándo se produce la energía limpia y cuándo se consume. Estas siete centrales, y las dos asturianas a la cabeza, son un paso concreto en esa dirección: la infraestructura, poco glamurosa pero esencial, sobre la que se sostiene un sistema eléctrico que aspira a funcionar con sol y viento incluso cuando no hay ni sol ni viento.