La transición energética no se gana solo instalando paneles y aerogeneradores. Se gana, sobre todo, fabricándolos. Y ahí es donde España tiene su verdadera asignatura pendiente: puede producir ya casi el 100% de los componentes de un aerogenerador y más del 60% de los de una instalación fotovoltaica, pero sigue dependiendo de terceros mercados para determinadas piezas críticas de esa cadena de valor. Cerrar esa brecha es el objetivo de la nueva adjudicación que acaba de aprobar el Gobierno.
El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), a través del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), ha aprobado la resolución definitiva del programa RENOVAL 2, que concede 162,6 millones de euros en ayudas a 40 proyectos para fabricar en España tecnologías limpias y sus componentes clave. La cifra de subvención es relevante, pero lo es más la inversión que moviliza: los proyectos beneficiarios ejecutarán más de 831 millones de euros en actuaciones industriales. Por cada euro público, se activan más de cuatro de inversión.
No se trata de ayudas al despliegue de renovables, sino a su fabricación. Es una distinción importante. RENOVAL 2 financia la creación de nuevas plantas industriales, la ampliación de centros existentes con nuevas líneas de producción y la reconversión de fábricas para producir equipos que antes no fabricaban. Es política industrial aplicada a la energía, financiada con fondos NextGenerationEU dentro del Plan de Recuperación y alineada con el Pacto por una Industria Limpia de la Comisión Europea.
Una gran fábrica de baterías en Navarra como proyecto tractor
El mayor beneficiario de la convocatoria concentra por sí solo la mitad del interés de la adjudicación. La compañía Hithium Spain Innovation recibirá 81 millones de euros —la mayor cuantía individual del programa— para construir en la localidad navarra de Galar una gran fábrica de sistemas de almacenamiento energético en baterías (BESS) y celdas. El proyecto contempla una inversión de 405 millones de euros, creará 700 empleos directos en la zona y prevé arrancar la producción el año que viene.
Es exactamente el tipo de proyecto que justifica un programa como RENOVAL 2: una instalación industrial de gran escala, en una tecnología —el almacenamiento en baterías— que es hoy uno de los cuellos de botella de la transición energética y donde Europa arrastra una fuerte dependencia de la fabricación asiática. Que una planta de esta envergadura se levante en España, y no fuera, es el objetivo último de la política que sostiene estas ayudas.
Junto a la fábrica navarra, la resolución destaca otros proyectos de peso: dos actuaciones en Vitoria-Gasteiz para fabricar cables subterráneos de media tensión y ensamblar nacelles —la estructura que corona la torre de un aerogenerador—, un centro de producción de tecnologías de hidrógeno en Huelva y la ampliación de una planta de componentes de tecnología solar fotovoltaica en Llíria, en Valencia.
El mapa de las tecnologías y los territorios
La adjudicación dibuja un mapa bastante completo de la industria de tecnologías limpias española. Por número de proyectos, las baterías y el almacenamiento lideran con 11 actuaciones, seguidas de las tecnologías vinculadas a la red eléctrica (10), la eólica y las renovables marinas (7), el hidrógeno renovable (5), la solar fotovoltaica (3), las bombas de calor (2) y sendos proyectos de eficiencia energética y descarbonización.
Territorialmente, el reparto tiene un claro protagonista. El País Vasco concentra el 40% de las iniciativas, con 16 actuaciones, lo que confirma el peso de su tejido industrial en el sector de los componentes energéticos y eléctricos. Le siguen Andalucía y la Comunidad Valenciana, con cuatro proyectos cada una, y Castilla y León y Galicia, con tres. El resto se distribuye entre Canarias, Navarra, Aragón, Castilla-La Mancha, Madrid, La Rioja y la Región de Murcia, hasta sumar doce comunidades.
Más allá de los criterios económicos, la resolución explica que se han valorado positivamente los proyectos que incorporaban criterios estratégicos, sociales y ambientales: la reducción de vulnerabilidades en la cadena de suministro, la creación de empleo o la disminución de la huella de carbono asociada al transporte, entre otros. Los beneficiarios disponen ahora de un plazo máximo de 48 meses para ejecutar las actuaciones y pueden solicitar un anticipo a cuenta de la ayuda concedida.
La segunda ola de una estrategia industrial
RENOVAL 2 no es un movimiento aislado, sino la segunda entrega de una estrategia que arrancó el año pasado. En su primera convocatoria, el MITECO otorgó 296 millones de euros a 33 proyectos de fabricación de equipos y componentes para energías renovables. La nueva edición amplía significativamente el abanico de tecnologías subvencionables para cubrir todo el ámbito de la transición energética, desde el almacenamiento hasta la descarbonización industrial.
El trasfondo de ambas convocatorias es una idea que ha ganado fuerza en toda Europa tras los shocks energéticos de los últimos años: la seguridad energética no depende solo de generar energía limpia, sino de controlar la cadena industrial que la hace posible. Un país que instala renovables pero importa todos los equipos sigue siendo dependiente. Uno que los fabrica gana autonomía estratégica, competitividad y empleo cualificado. España parte de una posición sólida —es exportadora neta de tecnología eólica y solar—, pero busca blindar los eslabones donde todavía es vulnerable. Estos 162,6 millones, y los 831 de inversión que arrastran, son un paso más en esa dirección.


