Electrificación industrial

Más de 100 empresas, entre ellas cuatro españolas, piden a los gobiernos acelerar la electrificación

Acciona, Iberdrola, Textil Santanderina y Zunder figuran entre los más de 100 firmantes de "Seizing the Electric Advantage", una declaración con una facturación conjunta superior a 1,5 billones de dólares que reclama a los gobiernos convertir la electrificación limpia en un pilar central de la estrategia económica e industrial.

Más de 100 empresas con una facturación conjunta superior a 1,5 billones de dólares han firmado una declaración conjunta dirigida a los gobiernos de todo el mundo con un mensaje directo: la electrificación limpia ya no puede tratarse como una opción verde, tiene que convertirse en un pilar central de la estrategia económica e industrial. Entre las firmantes hay cuatro empresas españolas: Acciona, Iberdrola, Textil Santanderina y Zunder.

La iniciativa, bautizada "Seizing the Electric Advantage" ("Aprovechar la ventaja eléctrica"), está coordinada por We Mean Business Coalition y Global Renewables Alliance, con el respaldo de organizaciones como WWF, Fashion for Climate, Mission Possible Partnership o World Green Building Council. No es una campaña de imagen corporativa. Es una pieza de presión política empresarial dirigida a gobiernos nacionales y foros internacionales como el G7, el G20 o las cumbres del clima de Naciones Unidas.

El argumento de fondo: la electrificación como escudo frente a la volatilidad

El razonamiento que articula la declaración parte de un diagnóstico compartido por las empresas firmantes: la dependencia de los combustibles fósiles expone a las economías a shocks de precios, interrupciones en las cadenas de suministro y retrasos en la inversión. La electrificación con energía limpia y de generación local se presenta como la vía más rápida y rentable para reducir esa exposición y reforzar la seguridad energética.

El texto cita escenarios de la Agencia Internacional de la Energía y de IRENA que sitúan en torno al 35% la electrificación posible del consumo energético final para 2035 si las políticas públicas acompañan. Y advierte de que el ritmo de esa transición depende, sobre todo, de la claridad y la consistencia de las señales regulatorias que reciban las empresas.

Las peticiones concretas a los gobiernos se concentran en cinco frentes: reordenar incentivos fiscales y medidas de eficiencia para abaratar la electrificación; diseñar mercados eléctricos que premien la flexibilidad limpia y den señales de inversión a largo plazo; modernizar las redes eléctricas, ampliando capacidad y desplegando tecnología inteligente; agilizar los permisos para renovables, almacenamiento y conexión de nueva demanda; y desarrollar planes nacionales de electrificación con plazos y objetivos claros.

Quién firma: de Siemens a una operadora de carga nacida en Palencia

La lista de firmantes mezcla a algunos de los grupos industriales más grandes del mundo con compañías de tamaño medio especializadas en electrificación. Siemens, ABB, Schneider Electric, Hitachi Energy y Danfoss representan al sector de equipamiento eléctrico e industrial. IKEA, H&M Group, Unilever, Nestlé y Coca-Cola Europacific Partners aportan la perspectiva de grandes consumidores industriales con cadenas de suministro intensivas en energía. Vestas, Ørsted, E.ON, EDF, EDP, Enel y Fortum representan al sector energético y renovable. Y compañías de automoción y movilidad como Volvo Cars, Scania, Polestar, Traton Group y Uber completan un mapa que abarca prácticamente toda la cadena de valor de la electrificación.

En ese contexto, la presencia española tiene un perfil propio. Iberdrola y Acciona aportan la escala de dos de los mayores grupos energéticos y de infraestructuras del mundo, con inversión masiva en renovables y redes en decenas de países. Textil Santanderina, compañía cántabra centenaria del sector textil, representa a la industria manufacturera que necesita electrificar procesos productivos intensivos en energía térmica. Y Zunder, operadora española de infraestructura de carga ultrarrápida para vehículos eléctricos nacida en Palencia en 2017, aporta la perspectiva de la electrificación del transporte, uno de los tres grandes vectores —junto a edificios e industria— que la declaración identifica como prioritarios.

Que una empresa española de movilidad eléctrica fundada hace menos de una década firme junto a Siemens, IKEA o Schneider Electric es, en sí mismo, una señal del crecimiento del sector de la electrificación en España y de la madurez que ha alcanzado parte de su tejido empresarial en este ámbito.

Las voces detrás del documento

Varios directivos de las compañías firmantes han respaldado la iniciativa con declaraciones que insisten en una misma idea: la tecnología para electrificar ya existe, lo que falta es certidumbre regulatoria para escalarla.

Maria Mendiluce, CEO de We Mean Business Coalition, lo resume así: "Tras los repetidos shocks de los combustibles fósiles, las empresas están diciendo alto y claro que no quieren mayor exposición a mercados de combustibles volátiles. Quieren electrificación más rápida, sistemas eléctricos más robustos y señales regulatorias claras a largo plazo que apoyen la inversión." Olivier Blum, CEO de Schneider Electric, añade: "La electrificación, amplificada por la digitalización y la automatización, es nuestra ruta más rápida hacia un futuro energético más resiliente, competitivo y bajo en carbono."

Por qué es importante para la industria española

Más allá de la declaración en sí, el documento es útil como termómetro de hacia dónde se mueve la conversación industrial global. La electrificación deja de plantearse como un objetivo de sostenibilidad aislado y empieza a presentarse como un factor de competitividad económica: menor exposición a la volatilidad de precios energéticos, menor dependencia de importaciones de combustibles fósiles y mejor posición para atraer inversión industrial.

Para España, con un mix eléctrico cada vez más renovable y una industria que arrastra desde hace años el problema de los costes energéticos, el mensaje de fondo de la declaración —que la electrificación bien ejecutada puede ser una ventaja competitiva, no solo una obligación climática— conecta directamente con el debate que atraviesa sectores como el de la industria electrointensiva, que reclama precisamente eso: reglas claras, redes preparadas y una fiscalidad energética que no penalice a quien electrifica.