El humano lleva toda su historia siendo ‘camaleónico’, adaptándose físicamente a los cambios; formándose en aptitud y actitud ante cada oleada de nueva realidad que le llegaba; desarrollando nuevas maneras de entender el presente y haciéndose una idea del porvenir. Pero, ¿qué pasa cuando lo que está por llegar no se puede adivinar tan fácil? ¿Cómo se preparan las personas para un futuro que nadie sabe exactamente cómo va a ser?
‘Personas en la era de la innovación’ fue el título de la segunda entrega de Horizontes de Futuro, un proyecto de Conecta que busca dar respuesta desde diferentes prismas a las preguntas que van surgiendo a partir de los retos que la región enfrenta. En este caso, la conversación giró en torno a diferentes cuestiones que preocupan a la sociedad asturiana, como qué va a ocurrir con quienes llevan décadas desempeñando una profesión o con quienes están a punto de incorporarse al mercado laboral; qué se va a hacer con los conocimientos acumulados durante años y con las habilidades que hasta ahora parecían imprescindibles, entre otros temas.
El encuentro tuvo lugar en el AS5HUB de Gijón y contó con Enrique Jáimez, director general del Cluster TIC para dar la bienvenida, quien invitó a reflexionar sobre el papel de las personas en un contexto de transformación constante. Tras recordar que términos como sostenibilidad, economía circular o tecnología centrada en las personas se han convertido en habituales dentro del discurso empresarial, advirtió de que “en Europa somos muy dados a los palabros” y planteó la necesidad de trasladar esas ideas a la práctica. Además, puso el foco en el talento y en la formación al preguntarse si “las competencias que estamos preparando ahora para las personas son realmente las que vamos a necesitar dentro de tres o cuatro años”, especialmente en un entorno donde, recordó, la velocidad del cambio es cada vez mayor.
Prepararse para el cambio en lugar de temerlo
Si Enrique Jáimez abrió la jornada planteando interrogantes sobre el futuro del talento y las competencias que demandará el mercado en los próximos años, Sergio Suárez, vocal del Cluster TIC Asturias y director de Personas y Organización en Ricoh España, trató de aportar algunas claves para afrontar ese escenario.
Bajo el título 'La transformación del talento en la era de la IA', defendió que la historia demuestra que las personas han sabido adaptarse a cada gran cambio tecnológico y que el desafío actual no debería abordarse desde el miedo, sino desde la preparación: “Venimos de una revolución industrial, de la máquina a vapor, de un montón de cosas y aquí seguimos, haciendo y aportando nuestro criterio como personas”.
A su juicio, la inteligencia artificial no sustituirá el valor humano, pero sí obligará a profesionales y organizaciones a evolucionar a una velocidad inédita hasta ahora, reforzando capacidades como el aprendizaje continuo, la adaptación o el pensamiento crítico: “No creo que nos vaya a sustituir; creo que nos va a ayudar a ser mejores”.
Más allá de esa capacidad de adaptación, Suárez puso el foco en el que considera uno de los grandes retos a los que se enfrentan actualmente las organizaciones: ayudar a los profesionales a incorporar nuevas herramientas y formas de trabajo sin perder, al mismo tiempo, el conocimiento acumulado durante décadas por quienes están próximos a la jubilación. En este sentido, defendió que “no somos solo las personas las que tenemos que transformarnos, aprender y formarnos. Las empresas también tienen que ayudarnos poniendo herramientas, medios y personas que acompañen”, afirmó. Para ilustrarlo, compartió el caso de una compañía industrial que está utilizando IA para preservar la experiencia de trabajadores sénior a través de entrevistas y sistemas de consulta que permitirán a las futuras generaciones acceder a ese conocimiento.
El talento en tiempos de transformación
“Antes la digitalización se asociaba a progreso y optimismo. Ahora genera incertidumbre”. Así daba inicio Cristina Fanjul, directora del CEEI Asturias, la mesa redonda de la jornada. La conversación reunió a representantes de la empresa, la industria, la universidad y el ámbito financiero para reflexionar sobre cuestiones como la incertidumbre ante los cambios tecnológicos, el relevo generacional, la escasez de talento o las habilidades que marcarán el futuro del trabajo.
La primera en responder fue Silvia Jiménez, cluster manager de FEMETALIndustry, quien reconoció que en sectores como el metalmecánico la percepción de la innovación también ha evolucionado: “Partíamos de ese miedo y ahora nos lo estamos quitando”, explicó, señalando que muchas de las tecnologías que hace unos años parecían lejanas se han aterrizado ya en las empresas y están ayudando a optimizar procesos y mejorar la eficiencia.
Una visión compartida por María Eugenia Bausili, responsable de Formación, Comunicación Interna y EFR en Central Lechera Asturiana, quien consideró que el principal cambio respecto a etapas anteriores tiene que ver con la velocidad a la que se están produciendo las transformaciones. “Toda la vida ha habido cambios, pero nunca a esta velocidad”, afirmó.
En la misma línea se expresó Marta Codrean, responsable de selección del departamento de RRHH en Caja Rural de Asturias. En su opinión, la transformación tecnológica debe ir acompañada de una reflexión sobre la cultura empresarial y sobre el papel que desempeñan tanto empleados como clientes dentro de ella. “La clave es tener claro el propósito de la empresa”, señaló, defendiendo la necesidad de acompañar a las personas durante los cambios y mantener una conversación constante con los equipos.
La conversación derivó después hacia uno de los desafíos que más preocupan actualmente a las organizaciones: el relevo generacional. Silvia advirtió de que sectores como el industrial afrontarán un importante volumen de jubilaciones, lo que obliga a gestionar en paralelo la incorporación de nuevas generaciones y la transferencia del conocimiento acumulado durante décadas. “Los perfiles junior tienen que trabajar mano a mano con los perfiles sénior para complementarse”, defendió.
María Eugenia coincidió en la necesidad de preservar ese conocimiento, aunque recordó que la cuestión no es únicamente almacenarlo, sino conseguir que se transmita de forma efectiva entre personas: “El conocimiento lo encontraremos en muchos sitios, pero la clave es cómo se traslada al trabajo”, afirmó. Considera, además que este proceso exige “dosis altas de generosidad” tanto por parte de quienes acumulan experiencia como de quienes llegan con nuevas perspectivas y conocimientos.
Sobre esta cuestión profundizó también Marta, quien recordó que en actividades como la banca “la IA nos puede ayudar a automatizar tareas, pero el corazón de nuestra actividad es la confianza”, explicó. En este sentido, destacó diferentes iniciativas impulsadas por la entidad para identificar entornos y equipos donde esa transferencia de conocimiento entre generaciones pueda producirse de forma más natural, preservando al mismo tiempo la cultura y los valores de la organización.
Formar para profesiones que aún no existen
El papel de la universidad en este nuevo escenario fue otro de los temas centrales del debate. Joaquín González, subdirector de Relaciones con la Empresa de la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón, explicó que la institución está incorporando herramientas digitales y nuevas metodologías docentes para acercar la formación a la realidad empresarial.
“Seguir llevando el papiro no tiene sentido”, bromeó, asegurando que tecnologías como la IA deben integrarse tanto en el aprendizaje como en los sistemas de evaluación. No obstante, reconoció que uno de los grandes desafíos sigue siendo adaptar los contenidos académicos al ritmo al que evolucionan las tecnologías.
Además de conocimientos técnicos, González destacó la importancia creciente de competencias transversales como la capacidad de adaptación, el aprendizaje continuo o el pensamiento crítico. “No basta con tener un título”, afirmó, recordando que estas habilidades serán cada vez más determinantes en la empleabilidad futura; y destacó la importancia de las microcredenciales.
La mesa abordó también la escasez de talento y los cambios en las expectativas de las nuevas generaciones. Para Silvia Jiménez, el problema actual tiene más que ver “con la falta de personas que con la falta de talento”. En consecuencia, las empresas deben esforzarse cada vez más por resultar atractivas y ofrecer proyectos alineados con sus inquietudes.
Codrean coincidió en este diagnóstico y recordó que sectores como el financiero deben hacer un esfuerzo adicional para acercarse a los jóvenes y explicarles las oportunidades profesionales que ofrecen. “Antes no pasaba esto; ahora las empresas tenemos que salir a contarlo”, señaló. Pero para ella, este nuevo escenario también tiene una lectura positiva: “las organizaciones y los candidatos logran encajar mejor sus expectativas, generando relaciones más sólidas y comprometidas a largo plazo”.
Por último, Joaquín González llamó a reforzar la conexión entre universidad, empresa y estudiantes, advirtiendo de que los jóvenes “tienen la sartén por el mango” y que las organizaciones ya no pueden atraer talento con las mismas fórmulas que hace unos años.

