Microelectrónica

Indra y la UPM ya tienen fabricados los cuatro primeros chips diseñados en su cátedra

Indra y la UPM ya tienen fabricados los cuatro primeros chips diseñados en su cátedra
Tres son circuitos integrados en silicio de 65 nanómetros, enviados a fabricar a TSMC, y el cuarto es un chip fotónico desarrollado en fosfuro de indio. Los cuatro han sido recibidos ya y están en fase de evaluación y caracterización.

Diseñar un chip y fabricarlo son dos negocios distintos, y España lleva años intentando entrar en el primero mientras discute cómo entrar en el segundo. La Cátedra UPM-Indra Group de Microelectrónica acaba de dar un resultado tangible del primero: cuatro circuitos integrados diseñados en la universidad, enviados a fabricar, ya recibidos y en evaluación.

Tres de ellos son diseños en silicio de 65 nanómetros remitidos a TSMC, la mayor fundición del mundo, para probarlos sobre un estándar industrial ampliamente utilizado. El cuarto es un circuito integrado fotónico desarrollado en tecnología de fosfuro de indio, un material que permite emitir y manipular luz en el propio chip, algo que el silicio no hace bien.

Qué hace cada uno

Los tres diseños en silicio se reparten dos objetivos. Uno está basado en arquitecturas RISC-V, el juego de instrucciones de procesador abierto y sin licencia propietaria que Europa promueve precisamente para no depender de arquitecturas ajenas. Los otros dos están orientados a pruebas de heterointegración 3D: apilar en un mismo encapsulado chips fabricados con tecnologías distintas, que es hoy una de las vías principales para ganar prestaciones sin recurrir a nodos de fabricación más avanzados.

El cuarto, el fotónico, explora arquitecturas de conformado de hazbeamforming— para antenas de barrido electrónico: sistemas que orientan el haz sin mover físicamente la antena, y que están en la base de los radares modernos y de las comunicaciones por satélite.

Ahí se entiende el hilo común. Los cuatro diseños persiguen lo mismo: módulos de radiofrecuencia más integrados y compactos. Es decir, la electrónica que hay dentro de un radar, de un sistema de guerra electrónica o de una antena de comunicaciones, tres terrenos donde Indra opera y que están creciendo al calor del aumento del gasto en defensa que está redibujando el mapa industrial español.

Conviene precisar la fase: se trata de trabajo precompetitivo. La propia compañía señala que esta línea requerirá nuevas validaciones y colaboración con el ecosistema especializado para valorar una eventual transferencia futura. No hay producto ni calendario.

Diseñar aquí, fabricar en Taiwán… de momento

El detalle más revelador de la nota es a la vez el más rutinario: los diseños en silicio se han fabricado en TSMC. Es lo normal —casi nadie en Europa tiene acceso propio a un nodo de 65 nanómetros—, pero ilustra bien dónde está hoy la capacidad española: en el diseño, no en la producción.

Eso es exactamente lo que Indra intenta cambiar por otra vía. El grupo es socio mayoritario de SPARC Foundry, la fábrica de semiconductores III-V especializada en fotónica cuya entrada en operación está prevista para 2027 en Vigo, y que es uno de los proyectos más avanzados de los que componen el plan español de chips. Como contamos al revisar en qué se están gastando realmente los 12.250 millones del PERTE Chip, España no está construyendo la megafábrica de la que se habló, sino un conjunto de piezas más pequeñas y especializadas. Un chip fotónico de fosfuro de indio diseñado en Madrid es, precisamente, el tipo de producto que una fundición III-V en Vigo podría acabar fabricando.

La otra cosa que produce una cátedra

Y hay un tercer producto que no es un chip. La cátedra ha generado trabajos de fin de grado y de máster en áreas de interés para la compañía, formación para profesionales de Indra y visitas de estudiantes a los laboratorios de radiofrecuencia, GaN, fotónica y empaquetado avanzado del Centro de Innovación Tecnológica del grupo, con exploración explícita de oportunidades de incorporación.

Es el mismo movimiento que la compañía viene haciendo por otros frentes, como cuando creó el primer grado de ingeniería cuántica de España: en tecnologías donde el cuello de botella no es el dinero sino la gente, las empresas han dejado de esperar a que la universidad forme perfiles y han empezado a formarlos ellas, dentro de la universidad.