Multiverse Computing exporta su IA soberana a la gigafactoría de inteligencia artificial de República Checa
La compañía vasca ha firmado un memorando estratégico con el operador de infraestructuras České Radiokomunikace por el que declara su intención de contratar hasta 30 MW de capacidad de cómputo e invertir hasta 50 millones de euros en el proyecto, del que sería el proveedor de la capa de software de IA soberana.
España lleva meses debatiendo cómo construir soberanía tecnológica en inteligencia artificial. Multiverse Computing, mientras tanto, ha empezado a exportarla. La compañía fundada en San Sebastián, la mayor empresa de software cuántico de Europa, acaba de firmar un memorando de entendimiento estratégico con České Radiokomunikace (CRA), el operador de infraestructuras de telecomunicaciones de República Checa, para participar en la futura gigafactoría de inteligencia artificial del país. En ese proyecto, Multiverse aportaría lo que hoy escasea en Europa: la capa de software de IA soberana sobre la que operaría toda la infraestructura.
El movimiento tiene una lectura que va más allá del acuerdo concreto. Una empresa española se posiciona como proveedora de tecnología crítica en la infraestructura de IA de otro país europeo. No importa capacidades: las exporta. Y lo hace en el marco de una de las apuestas industriales más ambiciosas de la Unión Europea en este terreno.
Qué es una gigafactoría de IA y por qué es importante
El acuerdo se enmarca en la iniciativa de AI Gigafactories que impulsan la Comisión Europea y la empresa común EuroHPC. El concepto es la respuesta europea a una preocupación estratégica: la Unión depende hoy casi por completo de infraestructura estadounidense y asiática para entrenar y operar modelos de inteligencia artificial a gran escala. Las gigafactorías son grandes instalaciones de cómputo diseñadas para revertir esa dependencia, dotando a Europa de capacidad soberana para desarrollar IA de frontera dentro de sus fronteras y bajo su marco regulatorio.
República Checa aspira a albergar una de estas instalaciones y a convertirse en un polo de referencia de la inteligencia artificial en Europa Central y del Este. Para lograrlo necesita dos cosas: infraestructura física —centros de datos, energía, refrigeración, conectividad— y una capa de software capaz de gestionar y explotar esa potencia de cálculo de forma eficiente y segura. CRA aporta lo primero. Multiverse aspira a aportar lo segundo.
30 megavatios y 50 millones, con matices
Según los términos del memorando, Multiverse ha manifestado su intención de contratar hasta 30 megavatios de capacidad de cómputo en la futura gigafactoría y de realizar una inversión en capital de hasta 50 millones de euros en el proyecto. Conviene precisar el alcance de esas cifras: se trata de un memorando de entendimiento, un acuerdo de intenciones que fija el marco de una colaboración futura, no de un contrato vinculante cerrado. Los 30 MW y los 50 millones son techos declarados, sujetos a la materialización efectiva del proyecto y a la disponibilidad de capacidad. Es una señal de compromiso, no un desembolso confirmado.
Hecha esa salvedad, la magnitud del interés dice mucho sobre la ambición de Multiverse. Contratar 30 MW de cómputo no es una prueba piloto: es una apuesta por operar a escala industrial en un mercado exterior. Y encaja con la naturaleza de la tecnología de la compañía, cuyo software de compresión de modelos —basado en técnicas inspiradas en la física cuántica— permite reducir drásticamente el consumo de recursos de los sistemas de IA, precisamente el tipo de eficiencia que una gigafactoría necesita para ser competitiva.
El círculo de la soberanía: del apoyo público a la expansión exterior
El acuerdo llega en un momento significativo para Multiverse. Hace apenas unas semanas, el Consejo de Ministros autorizó a la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica a invertir 107 millones de euros adicionales en la compañía, elevando la apuesta pública total por encima de los 166 millones. Aquella inversión se justificó, precisamente, en clave de soberanía tecnológica: reforzar a una de las pocas empresas europeas capaces de competir con los gigantes estadounidenses y chinos en la capa de software de la inteligencia artificial.
Lo que ocurre ahora cierra el círculo de aquel argumento. El Estado invierte en Multiverse para blindar la soberanía tecnológica española y, casi en paralelo, Multiverse exporta esa misma capacidad soberana a otro país europeo. La apuesta pública no se queda en el mercado interior: se proyecta hacia fuera. Es exactamente el retorno que justifica una política industrial de este tipo: no solo tener campeones nacionales, sino que esos campeones compitan y ganen posiciones en el mercado europeo.
Para República Checa, la colaboración con una empresa que cuenta con respaldo estatal español, tecnología propia patentada y presencia en el proyecto europeo de gigafactorías es una carta de presentación sólida. Para Multiverse, es un paso más en una trayectoria que la ha llevado de startup donostiarra a actor relevante en el mapa europeo de la inteligencia artificial. Y para el ecosistema tecnológico español, es una señal de que la soberanía en IA no tiene por qué ser solo una aspiración defensiva: también puede ser una posición desde la que exportar.