Pablo Ruiz-Escribano y el centro de datos que ya no se construye como antes
En 2023, Pablo Ruiz-Escribano aparecía en una comunicación de Nabiax hablando de su centro de datos ADC2, en Alcalá de Henares. Estaba allí como directivo de Schneider Electric, compañía elegida para aportar parte de la infraestructura eléctrica, el software de gestión y los servicios necesarios para mantener aquella instalación disponible y eficiente.
Nabiax era el cliente. Tres años después, Ruiz-Escribano ocupa el despacho desde el que se decide qué será Nabiax.
En mayo de 2026 se incorporó como CEO después de 19 años en Schneider Electric, donde había terminado dirigiendo el negocio europeo de Secure Power y centros de datos. El movimiento tiene algo de cambio de perspectiva más que de cambio de sector. Durante buena parte de su carrera había trabajado en aquello que hace posible un data center sin que el usuario llegue a verlo: electricidad, respaldo, refrigeración, monitorización, mantenimiento. Ahora tiene que encargarse del edificio entero.
Y lo hace en un momento en el que ese edificio está cambiando.
Del proveedor al operador
Ingeniero industrial por la Universidad Carlos III de Madrid y Executive MBA por IESE, Ruiz-Escribano entró en Schneider Electric en 2007 y fue pasando por responsabilidades comerciales, de servicios e infraestructura crítica hasta llegar a dirigir su negocio europeo de centros de datos.
Ese recorrido ayuda a explicar por qué Aermont Capital lo eligió para la nueva etapa de Nabiax. El fondo había comprado la compañía a Asterion Industrial Partners y Telefónica en 2024, después de varios años en los que el operador concentró su actividad en España y aumentó su escala. Ahora quiere multiplicarla.
Ruiz-Escribano cifra actualmente la capacidad de Nabiax en unos 35 MW IT repartidos entre sus instalaciones de Alcalá de Henares, Julián Camarillo y Terrassa. El plan que tiene sobre la mesa apunta a 140 MW.
La mayor transformación estará en Alcalá. Allí, Nabiax prepara ADC3, una ampliación que llevará el campus hacia el entorno de los 100 MW IT y que concentra una inversión cercana a los 800 millones de euros.
No es simplemente otro edificio al lado de los anteriores. El tipo de máquinas que terminarán dentro obliga a proyectarlo de otra manera.
Cuando cambia lo que hay dentro
Ruiz-Escribano sostiene que, en apenas dos años, la forma de construir centros de datos ha cambiado con una velocidad poco habitual para una infraestructura diseñada para durar décadas. La inteligencia artificial tiene buena parte de responsabilidad.
Los sistemas de computación acelerada concentran mucha más potencia en menos espacio. Donde antes había servidores con unas necesidades relativamente previsibles, aparecen ahora racks capaces de exigir densidades eléctricas y térmicas muy superiores. A medida que crecen esas cargas, también cambia la forma de llevar electricidad hasta ellas y de sacar el calor que generan.
La refrigeración líquida, que durante años fue una solución especializada, está ganando terreno. La modularidad permite ampliar capacidad con mayor velocidad. Los sistemas eléctricos tienen que soportar otras densidades. Y el diseño debe anticipar equipos que quizá ni siquiera existían cuando comenzó la ingeniería del edificio.
Ahí hay una paradoja propia de este sector: el inmueble puede funcionar durante décadas, mientras que el hardware instalado en su interior puede quedar superado en pocos años.
Ruiz-Escribano ha visto ese cambio desde los dos lados. En Schneider trabajaba con operadores que tenían que adaptarse a nuevas generaciones tecnológicas. En Nabiax, la decisión ya no consiste en ofrecerles una solución. Consiste en apostar cientos de millones a que la instalación que construya hoy seguirá siendo útil cuando cambie otra vez la computación.
No toda la IA busca el mismo lugar
Su estrategia introduce además una distinción que ayuda a entender por qué se están anunciando centros de datos gigantes en territorios muy distintos y, al mismo tiempo, sigue teniendo sentido ampliar capacidad cerca de Madrid.
Entrenar un gran modelo de inteligencia artificial y utilizarlo son actividades diferentes.
El entrenamiento puede concentrarse en enormes campus situados donde exista abundancia de suelo y energía. La inferencia —el momento en que un modelo ya entrenado responde, analiza, genera o toma parte en una aplicación— puede valorar mucho más la cercanía a usuarios, empresas y nodos de conectividad.
Nabiax quiere jugar especialmente ahí.
Madrid reúne compañías, tráfico digital, conexiones y una concentración de demanda que convierte la latencia en una variable relevante. Cuando una aplicación empresarial consulta un modelo, cuando un sistema financiero procesa información o cuando un software industrial necesita una respuesta rápida, la geografía vuelve a importar.
Eso no significa que Nabiax esté convirtiéndose exclusivamente en una infraestructura para inteligencia artificial. Ruiz-Escribano insiste en que el cloud, el crecimiento del volumen de datos y la digitalización empresarial ya estaban empujando la demanda antes de la explosión generativa. La IA ha acelerado una curva que venía de antes.
Y quizá esa sea una de las claves para separar inversión industrial de entusiasmo coyuntural. Un centro de datos no puede permitirse depender de una moda que dure dos años. Tiene que encontrar clientes y cargas de trabajo durante mucho más tiempo.
La electricidad pone el límite físico
Cada nuevo megavatio informático tiene una traducción inmediata fuera de la sala de servidores. Necesita energía.
Ruiz-Escribano considera que España parte con una ventaja importante por su capacidad de generación y el crecimiento de las renovables, pero sitúa una parte del problema en la red: producir electricidad en un lugar y poder entregarla donde se concentra una nueva demanda industrial son cuestiones distintas.
Para Nabiax, esa diferencia deja de ser teórica cuando pretende pasar de unos 35 MW a 140 MW.
El debate está cobrando además una dimensión europea. Bruselas quiere aumentar considerablemente la capacidad de centros de datos del continente mientras endurece la vigilancia sobre eficiencia energética, consumo de agua y transparencia ambiental. El crecimiento digital tendrá que convivir con redes eléctricas que también deben absorber nuevas fábricas, vehículos eléctricos, bombas de calor y procesos industriales descarbonizados.
Los operadores están intentando demostrar que pueden formar parte de la solución mediante eficiencia, almacenamiento, flexibilidad de demanda o mejor coordinación con el sistema eléctrico.
Nabiax llega a esa fase con instalaciones que ya operan con electricidad renovable y con indicadores de eficiencia que la compañía lleva años midiendo. La expansión será una prueba más exigente: mantener esos estándares cuando el tamaño aumenta y la densidad tecnológica también.
Para alguien procedente de Schneider Electric, esta parte de la ecuación resulta familiar. Lo que ha cambiado es quién asume ahora la inversión.
Un edificio que todavía tiene que adivinar el futuro
La ampliación de Alcalá permite seguir la etapa de Ruiz-Escribano con indicadores bastante concretos.
Nabiax prevé disponer de los primeros 20 MW de ADC3 a finales de 2027 y avanzar después hacia el entorno de los 100 MW del campus entre 2028 y 2029. Al mismo tiempo, la compañía estudia oportunidades de crecimiento fuera de España, con países como Portugal, Reino Unido, Italia o Alemania entre los mercados analizados.
El plan dependerá de acceso eléctrico, construcción, demanda, capacidad de atraer hiperescalares y disponibilidad de profesionales especializados. También de que la elección tecnológica realizada ahora encaje con una industria que seguirá moviéndose mientras se levantan los edificios. Por eso la escena de 2023 resulta útil para volver al protagonista.
Entonces, Ruiz-Escribano contemplaba ADC2 desde Schneider Electric y explicaba cómo mejorar la eficiencia y la disponibilidad de una instalación de Nabiax. Hoy debe decidir cómo será la siguiente generación de ese mismo campus.
Entre una fotografía y otra han pasado apenas tres años. El centro de datos, sin embargo, ya no se construye para el mismo mundo.