SIN ADITIVOS - OPINIÓN A FUEGO LENTO

TSK toca la campana. Y Asturias lleva más tiempo en bolsa de lo que parece

Ayer fue un buen día para Asturias. La ingeniería gijonesa TSK debutó en el mercado continuo con un precio de salida de 5,05 euros por acción y una valoración inicial de alrededor de 582 millones de euros. Primera salida al mercado en España en casi un año. Primera empresa en estrenar el parqué en 2026. Y, sobre todo, una empresa de aquí.

Me permito un momento de celebración antes de entrar en materia. Porque en un ecosistema empresarial que tiende a la pequeñez -estructural, no vocacional- ver a una empresa asturiana dar un paso así merece ser reconocido sin complejos y sin el complejo de inferioridad que a veces nos lastra cuando miramos hacia fuera buscando referentes.

🍳 Sin aditivos - Opinión a fuego lento
Este es mi espacio de opinión. Aquí no encontrarás la nota de prensa bien vestida ni el dato sin contexto. Encontrarás una lectura propia -con todo el criterio que pueda, con datos y sin filtro corporativo- de lo que ocurre en el ecosistema industrial, innovador y empresarial. Si es la primera vez que te asomas a esta sección y quieres entender por qué aparecen referencias a la cocina, a Bourdain y a los ingredientes reales, aquí te lo explico.


Asturias en bolsa: más de lo que parece

TSK no es la primera empresa asturiana en cotizar. Ni de lejos. Y creo que merece la pena recordarlo, porque creo que en Asturias tendemos a olvidar lo que tenemos cuando miramos hacia fuera buscando referentes.

Solo en el sector tecnológico, Izertis -que en julio de 2025 dio el salto al Mercado Continuo desde BME Growth- cerró 2025 con 166,9 millones de ingresos y un crecimiento del 20,9%, con una hoja de ruta que apunta a los 500 millones en 2030. Seresco, pionera del software empresarial en la región, también cotiza en BME Growth y ha trazado un plan hasta 2028 con el objetivo de alcanzar los 90 millones de ingresos apoyándose en crecimiento orgánico, adquisiciones e internacionalización. Y Treelogic, la empresa de inteligencia artificial del Parque Tecnológico de Asturias, se incorporó a ese mismo mercado en octubre de 2025.

No son empresas que cotizan para presumir. Son empresas que cotizan para crecer. La diferencia importa.

Y parece que hay más en la rampa, o al menos así lo recogen otros medios. Lessthan3, una consultora tecnológica ovetense fundada en 2023 y especializada en ciberseguridad, inteligencia artificial y procesamiento de datos, se encontraría ya en el Entorno Pre Mercado de BME -el programa oficial de preparación para empresas que quieren cotizar- con presencia internacional y un proyecto que apuntaría a ser, si las condiciones acompañan, la cuarta empresa tecnológica asturiana en dar el paso.

Y en el espacio industrial, además de TSK, están GAM, Duro Felguera y elZinc (antes Asturiana de Laminados) que cotiza con sede en Luxemburgo pero con raíces profundamente asturianas. Empresas que en distintos momentos y mercados han buscado financiación y visibilidad en los mercados de capitales.
 
No es Silicon Valley. Pero tampoco es el desierto que a veces se da a entender cuando se habla de Asturias como territorio rezagado en innovación y empresa. Hay músculo. Hay proyecto. Y hay cada vez más empresas que se atreven a demostrarlo fuera de casa.
 
 
Atreverse a crecer: la receta más difícil


TSK cerró 2025 con un volumen de ventas de 1.035 millones de euros y un beneficio neto de 32 millones, un crecimiento del 64,3% respecto al año anterior. La demanda de acciones superó en más de cuatro veces la oferta. El mercado ha validado el proyecto con claridad.

Pero lo que me parece más relevante no son los números. Es la decisión. Cotizar en bolsa no es solo una operación financiera, es una declaración de intenciones. Es decir en voz alta que quieres crecer, que estás dispuesto a rendir cuentas públicamente, que buscas capital para ir más lejos de lo que podrías ir solo. Es, en definitiva, pasar de cocinar en casa a cocinar en un restaurante con cocina abierta. Ya no hay pared entre tú y el comensal. Todo se ve: los aciertos, los errores, los ingredientes que usas y los que te faltan.

Marcelino Cortina, CEO de Treelogic, lo explicaba a Conecta hace apenas unas semanas con una honestidad que pocas veces se escucha en este tipo de conversaciones: "veníamos creciendo, pero llegó un punto en el que queríamos hacer más cosas y nos faltaba músculo para dar el siguiente salto." Eso es exactamente lo que la bolsa puede dar cuando se llega a ella con un proyecto sólido: músculo. Capital para crecer sin depender solo de la caja propia o de la banca.

Todavía recuerdo una entrevista hace unos años con Pablo Martín, consejero delegado de Izertis, en la sede de Gijón, en la que me decía que no acababa de comprender cómo en Asturias había tan pocas empresas cotizadas. Que cotizar era una de las herramientas más potentes para crecer -con clientes, con financiación, con talento- y que cada vez que se juntaba con algún empresario que cumplía los requisitos lo animaba a dar el paso. El problema, me decía, es que casi todo el mundo lo rechaza porque cree que va a perder autonomía. Y que su ilusión sería ver 20 empresas asturianas en BME Growth con espíritu de crecer, porque eso significaría que dentro de unos años habrán adquirido un tamaño muchísimo mayor y estarán generando riqueza para la región.

Era 2021. Entonces en Asturias había dos empresas cotizadas en ese segmento. Hoy, con TSK, son bastantes más. Algo se está moviendo.

Y no solo es una cuestión de financiación. Carlos Suárez, consejero delegado de Seresco, contaba a Conecta en octubre de 2024 que cotizar supone publicar todo -lo bueno y lo malo- con total transparencia, y que eso potencia la imagen de la compañía a todos los niveles, incluso internacionalmente. Clientes, proveedores, inversores, talento: todos pueden conocer en cualquier momento cómo funciona la empresa. Y esa credibilidad, decía, es difícil de construir de otra manera. No todas las empresas, pese a tener gran tamaño, están organizadas y controladas como una empresa cotizada.

Eso es exactamente lo que cotizar obliga a ser. Y lo que, bien aprovechado, convierte la bolsa en algo más que un mercado de acciones: en una plataforma de crecimiento y visibilidad que ningún otro instrumento replica.

TSK debuta además en un año especialmente difícil para las salidas a bolsa en España, marcado por la inestabilidad generada por el conflicto en Oriente Medio, que llevó a otras empresas a aplazar sus procesos. Que hayan mantenido el calendario dice algo sobre la solidez del proyecto y la convicción de sus impulsores. 

El elefante en la sala: Duro Felguera

No puedo hablar de empresas asturianas en bolsa sin nombrar lo que está pasando con Duro Felguera. Sería deshonesto, y esta sección no va de eso.

La historia de Duro Felguera es la de una empresa centenaria, símbolo de la ingeniería industrial asturiana, que cotizó durante décadas en bolsa y que hoy atraviesa uno de los momentos más difíciles de su historia. La compañía acumula pérdidas de casi 90 millones en 2025, una deuda neta de 273 millones, y está pendiente de que un juez decida si homologa su plan de reestructuración o la empresa entra formalmente en concurso de acreedores. Ha vendido su sede histórica en Gijón. Ha ejecutado EREs. Ha necesitado rescate público.

Lo cuento porque el contraste importa. Porque cotizar en bolsa no es una varita mágica. Porque crecer conlleva riesgos reales que a veces se materializan. Y porque una región que celebra con razón la salida a bolsa de TSK también debe ser capaz de mirar sin apartar la vista lo que le está pasando a otra de sus empresas más históricas.

Las dos historias son asturianas. Las dos merecen atención. Y las dos enseñan algo. Lo que le pasó a Duro Felguera no invalida el argumento a favor de crecer y de cotizar. Pero sí lo matiza. Cotizar con un proyecto sólido, con cuentas saneadas y con una estrategia clara no es lo mismo que cotizar como palanca para resolver problemas financieros de fondo. La bolsa amplifica lo bueno. Pero también amplifica lo malo.

La campana suena para todos

Cuando TSK tocó la campana el miércoles en Madrid, no fue solo un hito para la familia García Vallina ni para los más de 1.500 empleados de la compañía. Fue también una señal para el ecosistema empresarial asturiano de que se puede. De que hay empresas de aquí con proyecto, con músculo y con ganas de competir en ligas más amplias.

TSK lo hizo ayer. Ojalá no sean los últimos.